viernes, 1 de junio de 2012

Para Que Los Sueños Se Hagan Realidad


No simplemente por el hecho de que caminamos y hablamos esto significa que estamos verdaderamente despiertos. Zacarías no estaba durmiendo cuando un ángel “me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.” (Zacarías 4:1).

¡Quizá nosotros también necesitamos ser sacudidos de nuestro sueño a fin de poseer las promesas de Dios! Increíblemente, a pesar de todas las señales, maravillas y advertencias anunciadas de que verdaderamente estamos en los últimos días, Jesús también dijo que hay una misteriosa somnolencia a la que tenemos que sobreponernos. Ciertamente, inmediatamente después de enfatizar las varias evidencias del fin (Mateo 24), El compara a la iglesia con las vírgenes que “cabecearon todas y se durmieron” (Mateo 25:5).

Vírgenes durmiendo al final de los tiempos: Esto parece incomprensible con todas las señales en los cielos y maravillas sobre la tierra, sin mencionar la creciente presencia de Cristo. Aun así, este fenómeno es algo que cada uno de nosotros batalla: la tendencia a volvernos espiritualmente somnolientos y perder nuestro foco mientras esperamos el regreso del Señor.

Hay una sutil actividad del enemigo que embota nuestra percepción y seduce nuestro celo. Nuestra visión queda relegada con detrás de otros aspectos menos importantes de la vida. Desde el comienzo, la voz de Satanás ha tenido este adormecedor efecto sobre la humanidad. La excusa de Eva por la desobediencia fue, “La serpiente hizo que me olvidara” (Génesis 3:13 – tomado de la versión en ingles de la Young’s Literal Trans.).

Esta sensación de olvido espiritual, de adormecimiento, es la nube de ceguera que cada uno de nosotros debe discernir y sobreponerse a. Fue respecto a esto que el Espíritu Santo hablo a mi corazón a través del siguiente sueño.

Había un templo en un campo. Yo lo veía de costado desde una distancia aproximada de 200 yardas. No podía ver su frente, aun así debía estar completamente abierto ya que una gran luz se proyectaba hacia afuera desde su interior; palpitaba como un relámpago, y aun era solida como la luz del sol. El bloque de luz se expandía directamente, y yo sabía que esta luz era la gloria de Dios.

El templo estaba tan cerca que yo supe que con un pequeño esfuerzo podía entrar a la gloria de Dios. Su santa presencia estaba claramente a mi alcance. Había asimismo otros enfrente de mí que reconocí como personas de la iglesia. Todos parecían muy ocupados. Y mientras el templo y su luz eran visibles y completamente accesibles a todos, cada cabeza estaba inclinada hacia abajo y dados vuelta lejos de la luz; cada uno ocupado con otras cosas.

Escuche a una persona decir, “Debo lavar la ropa”. Otra dijo, “Debo ir a trabajar.” Pude ver gente leyendo diarios, mirando televisión, y comiendo. Estaba seguro que todos podían ver la luz si quisieran – aun más seguro que todos sabíamos que Su gloria estaba próxima.

Había incluso algunas pocas personas leyendo la Biblia y orando, pero todos mantuvieron la mirada fija hacia abajo; cada uno tenía una barrera mental de algún tipo entre ellos mismos y el lugar de la presencia de Dios. De hecho, ninguno parecía capaz de ponerse de pie, darse vuelta, y caminar firmemente hacia la muy cercana gloria de Dios.

Al mirar, de pronto vi a mi esposa levantar su cabeza y contemplar el templo en el campo. Se puso de pie y camino sin detenerse hacia el frente abierto. Al acercarse a la luz, un manto de gloria se formo y se hizo más denso a su alrededor; cuanto más se acercaba, más densa se hacia la luz que la rodeaba hasta que se paro en frente del templo volviéndose completamente hacia la resplandeciente cara de Dios.

Oh! ¡Cuan celoso me sentí! ¡Mi esposa había entrado a la gloria de Dios antes que yo! Al mismo tiempo me di cuenta que no había nada que me detuviera de acercarme a la presencia de Dios – nada excepto la pila de cosas para hacer y las responsabilidades que, en verdad, gobernaban mi vida mas que la voz de Dios.

Quitándome con fuerza el peso de estas presiones, me determine a levantarme y entrar al templo yo mismo. Pero, para mi gran pesar, en mi sueño cuando me levante, ¡de pronto me desperté!

El anhelo y la desilusión dentro de mí parecieron insoportables. Había estado tan cerca de entrar a la presencia de Dios. ¡Como quise entrar al templo y ser tragado por Su Gloria!

Llore, “¿Señor, porque me permitiste despertar?”

Instantáneamente, la palabra del Señor respondió a mi clamor. El Dijo, “No hare que la vida de mi Siervo sea realizada por un sueño. Si querés que tu sueño se haga realidad, tenés que despertarte.”

Quebrando la Pasividad; Estableciendo las Prioridades
Amados, hoy, Dios esta despertándonos a la realidad de Su presencia. Las promesas que el Señor nos da en las Escrituras deben convertirse para nosotros en mas que sueños reservados solamente para aquellos en el más allá. ¡Moisés frecuento la Gloria de Dios! Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la resplandeciente gloria de Dios (ver Éxodo 24: 9-11). ¡Jesús revelo la gloria de Dios en el Monte de la Transfiguración! Pablo dijo que todos nosotros podemos contemplar la gloria de Dios y ser transformados por ella (ver 2 Corintios 3:18).

Por esta razón, la Escritura dice, “¡Despiértate, tú que duermes! Levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará" (Efesios 5:14).

Si realmente queremos que Cristo “brille” sobre nosotros, debemos prevenirnos de las distracciones que nos sepultan en letargo y oscuridad espiritual.

En este mismo momento, la presencia del Dios vivo está lo suficientemente cerca como para escuchar el susurro de tu corazón. Pero si queremos que nuestro sueño de pararnos en la presencia de Dios se haga realidad, debemos despertarnos.
Despierta mi Corazón, Señor. Abre mis ojos a todos lo que Tú eres y a todo lo que podemos ser juntos. Guíame a Tu Presencia y muéstrame como mantenerte verdaderamente primero en mi vida. Muéstrame aquello con perdurable significado. ¡Quiero todo de Ti, y quiero experimentar Tu gloria!

El artículo precedente fue adaptado de un capitulo en el libro de Francis, “I Will be Found by You”.  Disponible solamente en idioma ingles (no publicado aun en Espanol) en www.arrowbookstore.com.


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Traducción y Edición: Gabriela Rabellino

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jueves, 17 de mayo de 2012

La Fortaleza de Dios

 

El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. . . Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación     — Salmo 91: 1-4,9 —

Existe una morada en el corazón de Dios donde el alma del hombre puede ser a la vez protegida y restaurada. No dudemos, pues las palabras del antiguo himno viven todavía hoy en día: nuestro Dios es en realidad una poderosa fortaleza, Él es un baluarte que nunca falla.

El diccionario define a la palabra inmunidad como: la libertad o exención, tanto de una condena, carga, tarea o mal”. Esa es la forma en que el Dios viviente quiere que caminen sus hijos en libertad de la penas y cargas del pecado, libres de las tareas de la religión legal, protegidos y triunfantes de los asaltos del maligno.

Examina la Biblia. Encontraras cientos de ejemplos de la protección amorosa de Dios. Cada vez que el Señor llamo al pecaminoso Israel para que volviera a El, fue urgiéndolo a que retornara a la protección de Dios; cada vez que ellos respondían, nuevamente estaban seguros dentro de la Fortaleza de Dios. Las escrituras dicen,…”los envolvió en sus brazos, los instruyo y los cuidó como a la niña de sus ojos” (Deut. 32:10, niv).


El Cuidado de un Padre
Dios no es solo nuestro Creador, también es nuestro Padre. Como tal, es inconcebible que pueda dejar a sus hijos desprotegidos. En Mateo 6:8 Jesus dice que nuestro Padre conoce nuestras necesidades antes que se las pidamos. ¡Si nosotros, aun en nuestra condición caída, buscamos provisión para nuestros hijos, cuanto más Dios en su perfección busca abrigo y cuidado para los suyos!

Las Escrituras testifican que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamo por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3).  Cuanto más poseamos el verdadero conocimiento del Todopoderoso, más accesible será su provisión para nosotros.  ¿Que nos da?  Nos ha preparado un lugar de habitación donde todo lo que necesitamos referente a la vida y a la piedad es nuestro. Es un lugar donde cada bendición espiritual es los lugares celestiales nos pertenece en Cristo (Efesios 1:3).

David conocía de esta fortaleza. El Escribió “Jehová roca mía y castillo mío…fortaleza mía…mi escudo…mi alto refugio” (Salmo 18:2).




Nuevamente, hablando a aquellos que temen a Dios, David oro: “En lo secreto de tu Presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (Salmo 31:20).  Y nuevamente: “Tu eres mi refugio; me guardaras de la angustia; con canticos de liberación me rodearas” (Salmo 32:7).



En su vida personal David conocía al Dios vivo como una Fortaleza spiritual y un lugar de seguridad de los conflictos. El rey estaba íntimamente familiarizado con este lugar especial en la Presencia de Dios. Fue allí, en la Fortaleza de Dios, que el alma de David fue refugiada.


Para Aquellos Que Siguen a Cristo

Esta fortaleza no es un lugar especial de provisión solamente para los profetas y los reyes Santos. Desde el día de la resurrección de Cristo, la entrada a esta ciudadela del Cielo fue abierta para todos los que seguirían al Mesías. Descubrir esta residencia donde Cristo literalmente nos inunda con su vida, no es meramente el tema de este libro; ¡es el objeto de nuestra existencia!

Como encontraremos este lugar spiritual? Simplemente comenzando por amar a Jesus. El dijo,…”el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amare, y me manifestare a el” (Juan 14:21). Si perseveramos en amar y obedecer, Jesus ha prometido revelarse a nosotros progresivamente. El resultado de la revelación de Dios para nosotros es que Él nos conduce a la morada de Su presencia.  El continuó,


“El que me ama, mi palabra guardara; y mi Padre le amara, y vendremos al, y haremos morada con El” (Juan 14:23).


Esta revelación de Jesucristo a nuestros corazones es el camino para la residencia de Dios. Este refugio del Altísimo es la Fortaleza de Dios. Amado, el Espíritu Santo desea guiarnos hacia la Fortaleza de la Presencia de Cristo. Si lo seguimos a Él, Él nos guiara hacia la fortaleza de Dios. 

Señor, junto al salmista clamo, “¿Cuanto entrare a las cortes del Dios vivo? ¡Tú eres nuestro Padre; no te escondas de nosotros tus hijos! ¡Llévanos a tu regazo, o Dios! Sostennos en tu Corazón, asegúranos con la llenura de tu Espíritu que tu verdaderamente, estas cerca. ¡Gracias Señor!



El mensaje precedente ha sido adaptado de un capítulo del libro de Francis, El Refugio de Dios. Disponible en www.arrowbookstore.com.



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viernes, 11 de mayo de 2012

Una Palabra a las Mujeres de Dios


(English)
Antes de comenzar este mensaje, permítame hacer un breve descargo: a pesar de que yo aliento a las mujeres a moverse libremente en medio del orden provisto por Dios en sus Iglesias locales, mi objetivo es exaltar y soltar una gracia especial que Dios ha específicamente colocado en las mujeres, la cual Dios ha usado en tiempos pasados para traer avivamiento.

Las Características distintivas en el Génesis
Cuando el Señor creo a la humanidad, puso dones únicos en el hombre y otros, pero igualmente únicos, en la mujer. Le dijo a Adán que pusiera nombre a todas las especies que estaban sobre la Tierra y “todo lo que Adán llamo a los animales vivientes, ese es su nombre” (Génesis 2:19). Este acto de poner nombre a las criaturas, era mucho más que llamar al perro “Pichicho”. Adán fue creado con una capacidad organizativa y administrativa que le permitía identificar y definir el mundo que lo rodeaba. Al ponerles nombre a los seres vivientes, Adán no solo los reconocía, sino que también introducía orden y estructura a la experiencia humana. En efecto, definía la realidad.

Dentro de la genética de este primer hombre, también existían las cualidades ponderosas – pero dormidas – de la mujer. Mientras Adán descansaba, el Espíritu tomo del hombre una costilla. Modelándola en una mujer, el Señor creó una compañera para Adán. No solo era apropiada para el sino que, además, era capaz de expandir poderosamente las capacidades creativas del hombre. De hecho, la mujer trajo muchos dones al mundo de Adán que no existían previamente, como ser, la capacidad de concebir y dar a luz nueva vida.

Es importante que recordemos lo siguiente: Dios creó al varón y la mujer a su imagen, conforme a su semejanza (Génesis 1:26). En cierto modo, por supuesto, tanto Adán y Eva como individuos poseían el reflejo de la naturaleza divina. Podían pensar, hablar, sonar y crear. Pero fue, sin embargo, en la unión de Adán y Eva, en su respeto mutuo de las fuerzas y los dones particulares de cada uno, que la humanidad poseería una más perfecta expresión de la naturaleza completa de Dios.

Cuando Adán contemplo a esta primera hembra, dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona” (Génesis 2:23). El término “varona” era una delineación usada por Adán, identificándola como una variedad única en la especie del hombre. Mi esposa dice, “Piensa en ella como la versión mejorada”. En cierto modo tiene razón, porque la naturaleza de la mujer es doblemente refinada. Adán fue creado de la tierra; la mujer emergió no de la tierra sino del hombre. Es más compleja y emocionalmente más sofisticada.

Pronto Adán comenzó a entender el gran poder de su compañera: la capacidad de concebir y traer vida al mundo. Reconociendo esta cualidad, Adán la llamo Eva, que significa “vida”. Eva jugaría un papel importante en los nuevos comienzos de la vida. “Ella era madre de todos los vivientes” (Gen. 3:20).

Necesitamos Avivamiento
El Señor le dio a Adán una habilidad inicial para poner nombre y establecer la realidad; también le dio a la mujer la capacidad única de concebir y luego dar a luz esa realidad. La fuerza primaria de cada género es que el hombre establece, la mujer da a luz. Recuerde: estas cualidades no son simplemente “humanas”; son reflejos de lo divino. La capacidad del hombre de traer orden al mundo, de tomar lo que esta suelto y darle definición y estructura, es una facultad divina; la capacidad de la mujer de concebir e incubar la vida, y luego soltarla a través del nacimiento, es también un aspecto de la naturaleza divina.

Note, además, que Adán llamo a la mujer Eva – o “Vida” – antes de que hubieran tenido hijos. Dios le dio a la mujer no solo la habilidad de tener hijos, sino de soltar la vida en una innumerable variedad de expresiones. De hecho, una traducción dice que Eva significa “vivificar”. Solo, Adán hubiera estado decaído; no era bueno que Adán estuviera solo. Eva vivifico a Adán en formas que ninguna otra criatura hubiera podido hacerlo. Adán podía construir una casa; Eva lo hizo un hogar. Cuando Adán llamo a Eva “Vida”, no solo le estaba hablando proféticamente a la primera madre, sino que estaba declarando su propia experiencia: Eva trajo vida a la estructura del mundo de Adán.

Estamos hablando en forma general aquí, pero cuando observamos el ámbito espiritual vemos esa misma codificación reproducida en los ministerios del hombre y la mujer. Jesús puso el fundamento de la Iglesia con doce hombres a los que llamo a ser apóstoles. Eso no significa que nunca habría mujeres en el liderazgo, sino que una de las mejores habilidades que se le han dado al hombre era la capacidad de traer orden y poner estructura. Por el mismo principio, antes del nacimiento de Cristo encontramos a Ana, la profetiza, ocupada en mucha oración y ayunos. En mi opinión, es muy posible que esta mujer no estuviera sola en su intercesión. Pienso que es probable que ella fuera líder de su ministerio de oración profética que existía con anticipación a sus tiempos.

Las mujeres superan a los hombres en intercesión, en sensibilidad espiritual y la liberación de nuevos comienzos. Pero ¡eso no es excusa para los hombres para no orar! En verdad, ¡algunos de los mejores ejemplos de intercesión en la Biblia son hombres! Estamos hablando de generalidades en referencia a las tendencias espirituales de ambos sexos. Ninguna es más importante que la otra. Ambas son absolutamente vitales para el desarrollo de la voluntad de Dios sobre la Tierra.

Hoy, nos encontramos peleando contra el avance de Satanás en muchas áreas: tanto en las guerras y los ataques terroristas o la expansión creciente de la maldad en nuestro mundo, necesitamos un avivamiento. Para tener un despertar nacional, el poder de “dar a luz” que Dios ha depositado en la mujer debe ser liberado. Todos los esfuerzos del hombre para establecer leyes y gobernar justamente no transformaran verdaderamente nuestra cultura. Necesitamos algo mayor; necesitamos la presencia de Dios derramada. Me refiero a que Dios está levantando y ungiendo un ejército de oración de mujeres, a las que se les han de otorgar un poder mayor aun para interceder ante el trono de Dios por sus familias y naciones.

Las Oraciones de mi Madre
Conozco en forma personal el poder de las oraciones de una mujer, las de mi madre. Al final de la década de 1960, yo era un joven perdido que vivía en pecado y rebeldía. A juzgar por mi apariencia, era un caso perdido. Pero a pesar de las apariencias externas, mi amada madre católica se presentaba delante de Dios por mí. En mi Resistencia, el poder divino en respuesta a sus oraciones, comenzó a acorralarme. Su clamor fue incesante e implacable; con frecuencia oraba toda una noche. Estaba embarazada de las oraciones por su hijo. En el año 1970 Dios finalmente le respondió, y durante el despertar del “Movimiento de Jesús”, vine a Cristo.

Años más tarde le pregunte al Señor por este avivamiento. Como usted sabrá, ha sido parte de mi misión ayudar a engendrar unidad y establecer movimientos de oración en las ciudades, cosas que siempre preceden a un avivamiento. Pero, hasta donde sabia, no había ninguna u oración que haya encendido el “Movimiento de Jesús”. Entonces le pregunte al Señor como podía ser que un avivamiento ocurriese sin un movimiento de oración que lo originara. El Señor enseguida me rectifico diciéndome que había habido un inmenso poder de oración: El había oído las oraciones de un millón de madres; cada una de ellas clamaba por su propio hijo.

De todas las denominaciones, en una “unidad de desesperación”, Dios oyó el clamor de esas madres creyentes. Su Corazón fue tocado, y como resultado, multitudes de jóvenes pecadores encontraron arrepentimiento y salvación en Jesús. Ese es el ejercito que Dios desea lanzar nuevamente hoy, pero ahora con mayor visión, mayor poder del Espíritu Santo ¡y con el apoyo de los hombres también!

Mujeres de Dios: el hecho es que ¡el cielo las necesita! Han sido creadas por el Todopoderoso para dar a luz la Victoria en el planeta Tierra. Dios las ha diseñado singularmente con una habilidad latente de liberar la vida a través de su intercesión. Junto con ustedes, nosotros los hombres podemos edificar y establecer, y estamos aprendiendo a orar, pero ustedes tienen un don único y especial para soltar nuevos comienzos. Sea que el centro de su oración sean sus esposos o el liderazgo de la iglesia, sus hijos, su ciudad o su nación, ustedes poseen en su espíritu la semilla que puede ser liberada con la oración para traer vida a este mundo.

Si, ciertamente hay una batalla, todavía existe “enemistad entre ti [la serpiente] y la mujer” (Gen. 3:15). Satanás las odia especialmente, porque fue su simiente la que lo golpeo en la cabeza. Me sorprende que Dios haya elegido traer su Hijo al mundo, no a través de los cielos ni a través de una mujer embarazada por un hombre, ¡sino a través de una mujer que ha concebido de Dios! ¡Dios mismo vino a la Tierra a través del poder de una mujer de dar a luz!

Hoy el Señor está dando a las mujeres una nueva gracia, una nueva seguridad contra los poderes del infierno. Por la intercesión, esas mujeres santas darán a luz poderosos ministerios sobre la Tierra, tanto femeninos como masculinos. Lanzaran nuevos comienzos para el Cuerpo de Cristo.

También quiero alabar y personalmente agradecer a las muchas mujeres que componen ministerios y grupos de oración como Aglow y Fraternidad Lidia. Ha habido muchas, muchas veces en que he experimentado una protección divina repentina, o una Victoria inesperada. Cuando le he preguntado al Señor por esto, El me dijo: “Estoy contestando las oraciones de las mujeres de Aglow” – o de las mujeres de tal o cual ministerio -. A cada una de ustedes les debo un agradecimiento especial. ¡Que el Señor multiplique sus dones hacia ustedes y les conceda los deseos de su Corazón!

Apocalipsis 12 también habla de una “mujer vestida del sol”. Este pasaje no habla solo de Israel o de la Iglesia. También revela como Dios ve espiritualmente a las mujeres: ellas son honradas y coronadas con distinción; puras y vestidas con la Gloria de Dios. Con confianza, ellas aplastan los poderes de la oscuridad. Querido ejercito de mujeres de oración, es su destino inherente dar a luz lo que gobernara a las naciones.

“Padre Celestial: vengo en el nombre de Jesús. Señor, envía las mujeres de Dios. Libera el poder de la oración, la carga y el dolor de parto, a nuevos niveles. Padre, los terroristas islámicos desde afuera y la decadencia moral desde adentro, buscan destruir nuestra tierra y nuestras familias. Necesitamos que las oraciones de un ejército sean elevadas. ¡Ayúdanos, oh Dios, a orar hasta que tu propósito celestial se cumpla tanto en la Tierra como en el cielo! En el nombre de Jesús, amen”.

El mensaje precedente ha sido adaptado de un capítulo del libro de Francis, This Day We Fight versión en ingles (publicado por Chosen Books). Publicado en español bajo el título Alístese junto al Señor de los Ejércitos Editado por Editorial Peniel Argentina.

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino

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jueves, 3 de mayo de 2012

El Don del Discernimiento

Si nos vamos a mover en verdadero discernimiento espiritual, nuestra percepción de la vida se debe limpiar de reacciones y pensamientos humanos. Debemos percibir la vida a través de los ojos de Cristo.


Para Discernir No Podemos Juzgar
El comienzo del discernimiento verdadero no se descubre, sino hasta cuando crucifi- camos nuestros instintos para juzgar. Toma muchos meses, y habitualmente años, desarraigar todos los sistemas de pensamiento que no se hayan plantado en el terreno divino de la fe y el amor por las personas. Para apropiarnos del discernimiento que está en la “mente de Cristo” (1 Corintios 2:16), primero debemos encontrar el corazón de Jesús. Su corazón y su amor se resumen en sus propias palabras: “no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” (Juan 12:47).

El discernimiento espiritual es la gracia de ver dentro de lo invisible. Es un don del Espíritu para percibir lo que está en el espíritu. Su propósito es ver dentro de la naturaleza de lo que está velado. Mas el primer velo que se debe quitar es el velo de nuestro corazón. Debemos vernos nosotros mismos a la medida de nuestra necesidad. Pues la capacidad para ver dentro de lo que está en el exterior, viene de Cristo que revela todo lo que hay en el interior. Jesús pide que entendamos nuestra propia necesidad de su misericordia, de manera que además de la gracia que hemos recibido, con toda compasión podamos ministrar a otros. En este proceso descubriremos la depravación y el egoísmo de nuestra naturaleza carnal. Sabremos a cabalidad que el don de discernimiento no es una facultad de nuestra mente.

Siempre debemos estar conscientes que la meta de Cristo es salvar, no juzgar ni condenar. Somos Llamados a navegar en una angosta y bien escondida vía, dentro de la verdadera naturaleza de las necesidades de los hombres. Si realmente vamos a ayudarles, debemos recordar que seguimos al Cordero.

Este cimiento se debe poner correctamente, pues si discernimos, no podemos reaccionar. Para percibir, debemos hacernos ciegos a todo aquello que parece aparente. Los hombres pueden reaccionar contra nosotros, pero no debemos reaccionar contra ellos. Siempre deberemos permanecer con una naturaleza perdonadora, porque los demonios que expulsemos nos pueden hablar con voces de hombre, y se disfrazarán como ese mismo hombre. Por esta misma razón Jesús dijo: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado” (Mateo 12:32). Jesús estaba preparado en su corazón para perdonar a los hombres inclusive antes que siquiera hubieran pecado contra El. Sabía que su misión era morir por ellos, no condenarlos.

No sólo somos llamados a (vivir) la vida de Cristo, sino también a su misión. En efecto, el Señor dijo: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18). Somos llamados a morir para que otros vivan. Por tanto, debemos darnos cuenta que antes que nuestra percepción se desarrolle, nuestro amor se debe desarrollar hasta cuando nuestra actitud normal sea la de perdonar. Si Dios nos va a mostrar el corazón de los hombres y nos va a usar para liberarlos de la cautividad satánica, no podremos reaccionar a todo lo que digan. A medida que nuestra percepción crece, y viene a ser más como la del mismo Cristo y se nos revela el corazón de los hombres, ni siquiera podremos reaccionar a cuanto piensen. Si no nos movemos en el perdón divino, caminaremos en mucho engaño. Presumiremos de tener discernimiento, cuando en verdad sólo vemos a través del velo de un “espíritu de crítica.” Debemos vernos nosotros mismos antes de poder realmente ver a otros.

Debemos conocer nuestras debilidades, pues si somos ciegos a nuestros pecados, lo que pensamos que discernimos en los hombres no será sino el reflejo de nosotros mismos. Desde luego, si no nos movemos en amor, en realidad vendremos a convertirnos en una amenaza para el cuerpo de Cristo.

Esta es exactamente la enseñanza de Jesús cuando dijo:

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:1-5).

El arrepentimiento es quitar las “vigas” dentro de nuestra visión; es el comienzo de ver con claridad. Hay quienes suponen que reciben el discernimiento del Señor respecto a una y otra cosa, y quizás en algo lo reciben; solo Dios sabe. Pero hay muchos que simplemente juzgan a los demás y de manera atrevida lo llaman discernimiento. Jesús ordenó: No juzguéis. La misma mano eterna del Todopoderoso que en el Antiguo Testamento escribió la ley moral en tablas de piedra (Éxodo 31:18), escribe hoy la ley del reino en tablas de carne. Estas palabras “no juzguéis” son tan inmutablemente finales y definitivas como sus diez mandamientos. Todavía es DIOS quien habla.

La Meta Es Ver Con Claridad
La mente carnal, que siempre está juzgando, ve de manera constante la imagen de sí misma en los demás. Sin darse cuenta que se ve a sí misma, supone que percibe a otros. Jesús se refiere a la persona que juzga como “hipócrita.” El Señor no dice que debamos dejar de pensar respecto de las demás personas. Quiere que seamos capaces de ayudarnos unos a otros. El énfasis en el mandamiento de Jesús de “no juzguéis,” se resume en la nota con que construye este mandamiento “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces versa bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:5). El Señor desea que podamos ayudarnos entre nosotros mismos. Pero la forma como nos ayudamos no es por medio del juicio, sino al ver con claridad. Y no vemos con claridad sino hasta cuando hayamos sido lo suficientemente cuidadosos para ir en un arrepentimiento profundo y verdadero. Hasta cuando el instinto para juzgar según la carne, sea desarraigado por completo.

Hemos visto que Jesús hizo un paralelo cuando habló a la gente sobre sus pecados, respecto a quitar o sacar la viga del ojo propio. El ojo es la parte más tierna, más sensible del cuerpo humano. ¿Y cómo vamos a sacar algo como una paja del ojo de alguien? Con todo cuidado. Debemos ganar la confianza de esa persona. Esto significa que en forma consistente hay que demostrar una actitud que no juzga, que carece de la condenación instintiva. Para ayudar a la gente, debemos ver con claridad.

Debemos ser capaces de ver dónde está obstruida la visión de las personas, desarrollar confianza entre ellas y nosotros, y quitarles su paja, sin juzgarlas ni condenarlas. Si buscamos tener un corazón que no condene, si en verdad crucificamos nuestros instintos de juzgar, habremos puesto una base verdadera para recibir el don del discernimiento. Pues, entonces habremos preparado nuestro corazón para recibir visiones, profecías, sueños y profundidades de Dios que no estarán teñidos ni por la corrupción ni por el desvío humano.

El articulo precedente ha sido adaptado de un capitulo del “best seller” del pastor Francis, Los Tres Campos de la Lucha Espiritual – a la venta en www.arrowbookstore.com.

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viernes, 27 de abril de 2012

Las Palabras de Dios

(English)
Mucho de lo que estamos hoy viviendo estuvimos hablando ayer. Por supuesto, no todo en el futuro de una persona está determinado por sus palabras. Sin embargo, de manera real, nuestras palabras son semillas que florecen en futuras esperanzas y temores; son los pioneros de nuestro futuro, los pioneros de nuestro mañana.
 
Más todavía, la mayoría de nosotros somos demasiado casuales, o ignorantes acerca del peso de nuestras palabras. Recuerde: fue Jesus Mismo quien advirtió, “Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio.” Y continuo, "Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mat. 12:36-37).

Cada uno de nosotros compareceremos delante de Dios y daremos cuenta de nuestras palabras. En realidad seremos justificados o condenados por las cosas que pronunciamos en la vida. En verdad, las palabras ociosas crean ídolos, realidades falsas y metas huecas, ante las cuales nos inclinamos y servimos.



La Semilla de la Vida o la Muerte
Hay peso en las palabras, una sustancia spiritual en nuestras palabras, y esa sustancia tiene el poder de impactar a aquellos quienes las reciben. Jesus dijo Jesus dijo que Sus palabras eran “espíritu y vida” (Juan 6:63). La sustancia en las palabras de Cristo es la vida eternal, y el creer en Sus palabras nos transforma.

Y asimismo nuestras palabras pueden contener sea vida o por el contrario, pueden contener muerte. Si yo escribiese una serie de obscenidades, blasfemias y maldiciones, la vileza de tales palabras dichas, al menos temporalmente, ¿no degradarían su alma con su efecto tóxico? Nuestras palabras, manipuladas por el infierno, pueden realmente volverse en armas que el enemigo utilice para destruirnos y herir a otros, como Job reto a sus llamados amigos: “¿A quién has proferido palabras, y de quién es el espíritu que habló en ti?” (Job 26:4).

Cuando calumniamos o chismeamos, debemos preguntarnos: ¿De quién es el espíritu que se expresa a través de nosotros? Vea, Satanás busca utilizar nuestras palabras contra nosotros. Con nuestras palabras, criticamos pero no oramos; juzgamos sin mostrar misericordia. Estas cosas afectan inmediatamente nuestro futuro. Satanás sabe que si el puede capturar nuestras lenguas, el puede capturar nuestro futuro. Como está escrito: “La lengua...prende fuego el curso de nuestra vida y es encendida por el infierno” (Vea Santiago 3:2-6).

El diablo puede tomar nuestras descuidadas, insensibles palabras y, literalmente, aplastar a la gente con ellos. A pesar de que una palabra no tiene masa medible, puede convertirse en una carga insoportable para el alma de una persona, especialmente una palabra dura que se habla en ira. En realidad, puede destruir la vida de otro.


 
¿Aun piensa que las palabras carecen de importancia?  Un definitivo aspecto de nuestra salvación se despliega cuando "confesamos con [nuestra] boca que Jesús es el Señor" (Romanos 10:9). Nuestra confesión saca a la salvación de un estado vago, provisional y la convierte en una dimensión distinta, una efectiva dimensión de nuestra vida. Nuestra confesión de fe en todas las cosas ayuda a trazar nuestras vidas en dirección a Dios.
La oración misma es la expansión del corazón hacia Dios a través de palabras, y al orar de acuerdo a la voluntad de Dios, sus palabras empiezan a dar forma a su futuro en Dios.


Combinando Pensamientos Espirituales con Palabras Espirituales
Y nosotros hemos recibido… el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente, de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales” (1 Cor 2:12-13).

Cuando combinamos pensamientos espirituales con palabras espirituales, las cosas gratuitamente dadas a nosotros por Dios comienzan a manifestarse en nuestras vidas. Esto no quiere decir que la mera repetición de palabras tiene poder, como por arte de magia. No. Sin embargo, la Biblia nos llama a combinar "pensamientos espirituales", con “palabras espirituales,” haciendo posible que nuevas dimensiones se abran en nuestra relación con Dios."


Volviéndonos como Cristo, la Palabra
La iglesia está comenzando a darse cuenta que su propósito singular es ser como Cristo. Ser como Jesus, sin embargo, es ser purificado en ambas cosas el Corazón y el hablar. Santiago dijo que “si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto” (Santiago 3:2). Nuestras palabras, por lo tanto, son una medida de nuestra madurez.


 
O considere a Isaías. Cuando este poderoso profeta vio al Señor, el recibió inmediata convicción acerca de sus palabras. Isaías dijo, “¡Ay de mí! Porque perdido estoy pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito” (Isa. 6:5).
 Tomando un carbón encendido del altar, lo primero que el Señor limpió fue el discurso de Isaías.

 
Del mismo modo, cuando en verdad veamos a Jesús, nuestras palabras también serán puestas bajo el carbón encendido de la convicción divina, un proceso de limpieza comenzara. Así, Pedro dice, “El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11).

Es un honor ser ungido para hablar una palabra a tiempo; es un honor más grande hablar un mensaje eterno. Cristo habló ambos. Si hoy debiéramos estar de pie delante de Dios, nuestras palabras ¿nos justificarían o condenarían? Seriamos honrados por hablar las palabras de Dios?


 Señor, pon guarda sobre mi Corazón para que no peque con mi boca. Maestro, purifícame que mis palabras sean la expresión de Su Corazón. Ayúdame a crucificar mi instinto de hablar. Que pueda servirte como el encargado de hablar, por así decirlo, las palabras de Dios

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Traducción y Edición: Gabriela Rabellino



viernes, 20 de abril de 2012

Cuando Se Establece la Confianza

Herido al Ir en Pos de la Unidad
La Biblia dice, “Buscad la paz con todos los hombres.” (Heb. 12/14). Buscad significa que agresivamente tomamos la iniciativa de hacer las cosas correctamente.  Quiere decir que actuamos a favor del Cielo antes de permitir que el enojo de otro sirva al propósito del infierno.

No obstante, debemos ser realistas. Cuando nos extendemos a una persona profundamente ofendida, es probable que nuestros primeros esfuerzos sean rechazados.  La Escritura nos dice, “El hermano ofendido es más difícil de ganar que una ciudad fortificada, y las contiendas son como cerrojos de fortaleza (Prov. 18:19). Si una persona ha sido herida, necesitara confianza para ser restaurada, y este proceso de recuperar la confianza puede realmente se doloroso para ambas partes. Una persona herida puede atacar. Usted puede sentir que el precio de restaurar la confianza de la persona ofendida es simplemente demasiado alto como para pagar.

Permítame compartir una revelación que recibí sobre la naturaleza básica de las relaciones y reconciliaciones. Mi esposa y yo estábamos cuidando un pájaro de nuestra hija mayor. Este tipo es la mitad del tamaño de un loro y con colores similares. No obstante, esta criatura era hostil. Cada vez que yo tocaba la jaula, chillaba e intentaba morderme. Luego de muchos intentos de ser bueno, llegue a la conclusión, “¿Quien necesita de esto?” Si voy a ser atacado, puedo ser atacado en la iglesia.” Asique por dentro concluí que se nos había dado un “pájaro asesino.” Obviamente, me dije, este pájaro proviene del lado equivocado.

Mi esposa, sin embargo, decidió que lo iba a amar. A pesar de que era tan agresivo con ella como lo era conmigo, Denise implacablemente se abrió hacia la pequeña India. Cada vez que la alimentaba con la mano, la atacaba, arrancando piel de sus dedos con cada mordida. Denise gritaba del dolor, e instantáneamente volvía a hablarle suavemente, llevandole comida a la jaula. Luego de una semana, finalmente el pajarito comenzó a relajarse.  Sus instintos de sobrevivencia, basados en la suave respuesta de mi esposa al ser atacada, convencieron a India que mi esposa no era un depredador sino un amigo.  Prontamente, Denise pudo acceder a la jaula sin ser atacada, y un par de días después descubrí que este pequeño devorador de dedos descansaba cariñosamente sobre el hombro de mi esposa, y su pequeña y redonda cabeza se acurrucaba contra su cuello y arrullaba en su oído.

Denise se ganó el corazón de este pequeño pájaro:  la amó, porque Denise la amó primero.  Vea, el problema con el pájaro no era la agresión, sino el miedo.  Mi esposa se permitió ser lastimada para que la confianza pudiese ser establecida; herida ella, no tomó represalias. Se ganó el corazón de este pequeño pajarito una lastimadura a la vez.

Mientras observaba esto desarrollarse, ví algo básico, más aun profundo, respecto a la relación de Dios con nosotros. La confianza no es algo accidental, es el resultado de un amor que paga el precio.



¿No es esta la manera del Señor con nuestros propios corazones? El vino a nosotros, mas aun repetidamente nosotros lo herimos. En vez de tomar represalias, Jesus oró, “Padre perdónalos.”. Vez tras vez El mostró que Su amor era seguro, que Él no era nuestro enemigo.



Con tanta frecuencia Él nos muestra misericordia; incluso cuando nos revelamos y pecamos, trabaja para restaurarnos hacia Él.  Es Su bondad, dice la Escritura, que nos guía al arrepentimiento (Rom. 2:4). Repetidamente se muestra a Si mismo digno de confianza, misericordioso y amoroso. El sabe que, a su tiempo, vendremos a descansar en Su bondad. Y mientras lo hacemos, le permitimos poner Sus manos dentro de nuestras jaulas; nos subimos a Su mano, y Él nos carga sobre Sus hombros.



Como ha sido Él con nosotros, así quiere que seamos nosotros hacia otros, incluso aquellos quienes pueden parecer hostiles y alienados de nosotros. El apóstol Pablo nos dice, “El amor es sufrido” (1 Cor. 13:4). Debemos estar dispuestos a permitir ser heridos, incluso repetidamente si es necesario, en pos de sanar relaciones. Debemos probar, no solamente de palabra sino en hechos, que nuestro amor es real y nuestros corazones son dignos de confianza. Sea que enfrentemos división en nuestras familias, Iglesias o conflictos raciales que vemos hoy día, solamente cuando se establece la confianza, puede comenzar la sanidad.



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viernes, 13 de abril de 2012

El Fuego Viviente


(English)
Lo que nosotros definimos como “salvación” es, en verdad, la entrada, y luego la expansión, de la Presencia de Cristo en nosotros. Cuando lo aceptamos, Cristo se une con nuestro espíritu y comienza Su obra transformadora; comienza a influenciar nuestros pensamientos, dándonos revelación de la Escritura, trayéndonos convicción de pecado, y creando actitudes piadosas en nosotros. El trae sanidad a las heridas de nuestro pasado, e incluso nuestros cuerpos mortales son vivificados por Su morada en nosotros.


Nuestro viaje en Cristo es, al mismo tiempo, su viaje hacia nosotros. Nosotros somos Su tierra prometida.  Podemos estar seguros que los gigantes en nuestras vidas, aunque nos han humillado, no le humillaran a El.  El conquistara a nuestros enemigos y morara en nosotros para siempre.

Así, la realidad que nosotros llamamos “salvación” es en verdad, el paulatino despliegue de la gloria de Dios en el hombre. De hecho, si usted es un Cristiano, entonces Cristo esta en usted; usted ya está en la gloria. Usted está revestido con Cristo (Gal. 3:27), y Cristo el Mismo es el “resplandor de la gloria [del Padre]" (Heb. 1:3).

Satanás sabe que es usted un Cristiano, no solamente porque le escucho repetir una oración en el altar de la iglesia; el Diablo vio lo que ocurrió cuando usted oro: la gloria de Cristo entro a su espíritu!

Allí, ahora mismo dentro de su espíritu, habita la sustancia viviente – incluso el radiante resplandor- de Cristo Mismo. Su oración para recibir al Señor Jesús en su corazón fue eternamente eficaz.

 El Refugio Divino
Alcanzar la gloria de Dios es la razón de nuestra existencia. Por consiguiente, el Señor está más preocupado con nuestra completa conversión que con nuestro confort carnal; El busca establecer en nosotros verdadera santidad antes que falsa felicidad. El incluso nos hará pasar por aguas y fuegos si es necesario para erradicar el flagelo de nuestra adicción a los objetivos de los hombres.


 El resultado de lo que parecen ser duros o severos tratos es que, habiendo sido liberados de las endebles defensas del hombre, la gloria de Dios Mismo se vuelve en nuestro refugio.


"Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sion... con el espíritu del juicio y el espíritu abrasador, entonces el SEÑOR creará sobre todo lugar del monte Sion y sobre sus asambleas, una nube durante el día, o sea humo, y un resplandor de llamas de fuego por la noche; porque sobre toda la gloria habrá un dosel.” ---Isaías 4:4-5



La gloria de Su Presencia “será un dosel.” Isaías continua, “habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero” (Isa. 4:6).

¡Piense en ello! En los últimos días la gloria de Dios se incrementara tanto volviéndose tan manifiestamente tangible, tan substancia, que Su resplandor se volverá en un “abrigo”, un “refugio”, y un “escondedero” para Su pueblo.

 Entre todas las razones para servir a Dios, Su llamado más elevado a nuestros corazones es nada menos que alcanzar la gloria de Cristo: “Y fue para esto que El os llamó mediante nuestro evangelio, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:14).

Si, Cristo separara los Cielos y, a la ultima trompeta, seremos puestos en inmortalidad y en complete conformidad con nuestro Redentor (1 Cor. 15; 1 Juan 3:2). Más aun, le diré un misterio: hay un escenario previo al regreso de Cristo – un corto periodo cuando (en vez de nuestra debilidad humana) una gloria especial será “dada” a la novia. Si, ella se “vestirá de lino fino, resplandeciente y limpio" (Apoc. 19:8; ver también Isaías 60:1-3; Mateo 13:41-43). Cristo está viniendo, y en anticipación a Su retorno, Su novia, “resplandeciente y limpia,” anunciara Su regreso.

De hecho, el ingreso a la gloria de Cristo no solo se volverá más alcanzable; se volverá más necesario. Porque al intensificarse los tiempos finales, la gloria de Dios se volverá en un refugio viviente para Su pueblo. En Su gran amor para con nosotros, mientras se acerca el Señor, Su Presencia consumirá la paja de nuestra mundanalidad; nuestros miedos se disolverán en alabanza. Lo que quedara será un pueblo purificado y seguro en el fuego vivo de Su Presencia.


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