viernes, 2 de marzo de 2012

El Dominio de Satanas: El Reino de las Tinieblas

Muchos cristianos discuten sobre si el Diablo está en la tierra o en el infierno. Sobre si puede vivir en los cristianos o solamente en el mundo. El hecho es que el diablo está en las tinieblas. Dondequiera que haya tinieblas espirituales, allí estará el diablo.

Preparación para la guerra espiritual
Para casi todos los creyentes el término “guerra espiritual” introduce una dimensión nueva, pero no necesariamente bien recibida, en su experiencia cristiana. El pensamiento de enfrentar en batalla a los espíritus del mal, es un concepto inquietante, sobre todo porque llegamos a Jesús como ovejas perdidas, y no como guerreros. En definitiva, algunos en verdad nunca podemos iniciar la guerra espiritual, pero todos debemos enfrentar el hecho que el demonio ha comenzado la guerra contra nosotros. Por tanto, es esencial para nuestro bienestar básico que podamos discernirlas áreas de nuestra naturaleza que están sin vigilancia y abiertas a los ataques satánicos.

Las Escrituras dicen: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones
eternas, para el juicio del gran día” (Judas 6).

Cuando Satanás se rebeló contra Dios, fue puesto bajo el juicio eterno en lo que la Biblia llama “abismo” o “prisiones” de oscuridad. Satanás, y los ángeles caídos con él, han sido relegados a vivir en las tinieblas. Estas tinieblas no solamente significan “regiones sin luz” o áreas desprovistas de luz visible. Las tinieblas eternas a las cuales se refiere este versículo son sobre todo y en esencia las tinieblas morales, que degeneran en la oscuridad literal, pero su causa no es simplemente la ausencia de luz; es la ausencia de Dios que es la luz.

 Es vital reconocer que estas tinieblas a las cuales se desterró a Satanás, no se limitan a áreas fuera de la humanidad. Sin embargo, al contrario de quienes no conocen a Jesús, nosotros fuimos sacados del dominio o potestad de las tinieblas (Colosenses 1:13). Ya no somos más prisioneros de la oscuridad si hemos nacido de la Luz. Pero si mediante la tolerancia al pecado, toleramos las tinieblas, nosotros mismos nos hacemos vulnerables a los asaltos del enemigo. Pues dondequiera que haya una desobediencia voluntaria a la Palabra de Dios, hay tinieblas espirituales y la virtual actividad de los demonios.

Es bueno recordar que el propio Señor Jesús advirtió: “Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas” (Lucas 11:35). Dentro de ti hay una luz muy fuerte. En efecto, las santas Escrituras afirman de manera categórica y firme: “Lámpara de Jehová es el espíritu del hombre, la cual escudriña lo más profundo del corazón” (Proverbios 20:27). Tu espíritu, iluminado por el Espíritu de Cristo, se convierte en la lámpara de Jehová por cuyo medio El escudriña tu corazón. Desde luego hay un resplandor santo alrededor del cristiano que en verdad está lleno del Espíritu. Pero cuando albergas el pecado, “la luz que hay en ti se vuelve tinieblas.” Satanás tiene acceso legal, dado por Dios, para morar en el dominio de la oscuridad. Debemos fijar este punto: Satanás se puede mover en cualquier área de tinieblas, inclusive en las tinieblas que todavía haya en el corazón de un creyente.

La Trilladora de Dios
Un ejemplo de cómo Satanás tiene acceso al lado carnal de la naturaleza humana, se ve en la negación que hizo Pedro del Señor Jesucristo. Es obvio que Pedro falló. Pero no podemos ver con la misma facilidad o rapidez lo que sucedía en el mundo invisible del espíritu.

El Señor había advertido a Pedro que lo negaría tres veces, y así sucedió. Cualquiera que observara las acciones de Pedro esa noche, podría pensar simplemente que su negativa era una manifestación de temor. Pero, Pedro no era de naturaleza miedosa. Fue el discípulo que pocas horas antes, esgrimió una espada contra la multitud que había venido para arrestar a Jesús (Juan 18:10). No, el temor humano no hizo que Pedro negara al Señor. La negación de Pedro fue inducida satánicamente.

En efecto, Jesús había dicho al apóstol: “Simón, Simón, he aquí, Satanás os ha pedido para zarandearos como a trigo; pero yo he rogado por ti, que tu fe no falte; y tú, una vez vuelto, confirma a tus hermanos” (Lucas 22:31-32). Detrás de la escena, Satanás había pedido y recibió permiso para zarandear a Pedro como trigo. Satanás había tenido acceso a un área de tinieblas en el corazón de Pedro.

Exactamente, ¿cómo causó Satanás la caída de Pedro? Después de comer la Pascua, Jesús dijo a sus discípulos que uno de ellos le iba a traicionar. Entonces comenzaron a discutir entre sí cuál de ellos sería el que iba a hacer esto (Lucas 22:23).

 Era un tiempo muy difícil y amargo. Pues bien, durante este terrible momento dice la Biblia: “Hubo también entre ellos una disputa sobre quién de ellos sería el mayor” (Lucas 22:24). Iban de una actitud de choque y debilidad a una contienda sobre quién era el mayor. Sin duda, Pedro el “camina-aguas,” que era el más firme, el más audaz y el más elocuente de los apóstoles ganó la discusión. Podemos imaginar que la alta visibilidad de Pedro entre los discípulos le dejó un aire superior que fue abanicado por Satanás hacia una actitud de presunción y jactancia. En una forma muy desganada, los otros apóstoles evidentemente estuvieron de acuerdo, que Pedro era mejor que ellos. Al levantarse sobre su orgullo, Pedro estaba listo para la caída.

 La Escritura nos dice: “Antes del quebrantamiento es la soberbia, y antes de la caída la altivez de espíritu” (Proverbios 16:18). La soberbia causó la caída
de Satanás y éste usó la misma oscuridad para provocar la caída de Pedro. Lucifer, por su propia experiencia, conocía bien el juicio de Dios contra la envidia y el orgullo religioso. Satanás no tenía derecho a as altar y destruir indiscriminadamente a Pedro. Antes de poder ir contra el apóstol, debía obtener permiso de su Señor. Pero el hecho es que el diablo solicitó permiso...y lo consiguió.

Someteos a Dios
La caída de Pedro se indujo satánicamente por medio del propio pecado de orgullo del discípulo. Reconozcamos antes de entrar en la lucha espiritual que las áreas que ocultamos en tinieblas son las mismas áreas de nuestras derrotas futuras. A menudo las batallas que enfrentamos no cesarán sino hasta cuando descubramos las tinieblas que hay en nosotros y nos arrepintamos de ellas. Si queremos ser efectivos en la batalla espiritual, debemos discernir nuestro propio corazón; debemos caminar humildemente con nuestro Dios. Por tanto, nuestro primer curso de acción debe seguir siempre el sabio consejo de la Biblia: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo, y huirá de vosotros” (Santiago 4:7).

Las buenas nuevas para Pedro y para nosotros mismos, es que a Satanás nunca se le dará permiso para destruir a los santos, sino más bien está limitado a zarandearlos “como trigo.” Dentro de cada uno de nosotros “hay trigo.” El resultado de este tipo de asalto satánico, que es aprobado por la voluntad permisiva de Dios, es limpiar el alma de orgullo y producir mayor transparencia y mansedumbre en nuestra vida. Se puede sentir como algo terrible, pero Dios hará que obre y ayude para bien. Nuestra naturaleza exterior, semejante al afrecho y a la cáscara, debe morir para permitir que brote la naturaleza similar al trigo, del hombre que es la nueva criatura. Como en el caso del trigo, tanto el afrecho como la cáscara eran necesarios; nos protegían para que no fuésemos destruidos por los elementos contrarios de
la vida. Pero antes que Dios verdaderamente nos pueda usar, pasaremos por un tiempo de zarandeo para dejarnos preparados.

En el caso de Pedro su naturaleza anterior, su vieja naturaleza, era presuntuosa e impulsiva. Sus éxitos iniciales le habían hecho ambicioso y autosuficiente. Dios nunca puede confiar su reino a cualquiera que no haya roto su orgullo. Así, cuando Satanás pidió permiso para zarandear a Pedro, Jesús le dijo en efecto: “Muy bien, puedes zarandearlo, pero solamente hacer eso; no lo puedes destruir.” La batalla contra Pedro fue devastadora, pero medida. Servía para el propósito de Dios.

Pedro era ignorante de las áreas de tinieblas dentro de él y su ignorancia le dejó abierto al ataque. El Señor nos preguntará a cada uno: “¿Conoces las áreas donde eres vulnerable al asalto satánico?” Jesús no quiere que ignoremos nuestras necesidades. De hecho, cuando revela el pecado en nuestro corazón, lo hace para que El pueda destruir las obras del demonio. Deberíamos darnos cuenta que la mejor defensa que podemos presentar contra el diablo es mantener un corazón honesto delante de Dios.

Cuando el Espíritu Santo comience a mostrarnos un área que necesita arrepentimiento, debemos vencer la tendencia a defendernos instintivamente. Debemos silenciar el abogadito que surge del cuarto oscuro de nuestra mente para alegar: “Mi cliente no es tan malo, dice tal y tal, porque ellos hicieron así y así.” Nuestro abogadito nos defenderá hasta el día de nuestra muerte, y nunca veremos lo que hay errado en nosotros, ni lo que necesita cambio. Para tener éxito en la batalla y alcanzar la justicia de Dios, los instintos de auto conservación se deben someter a nuestro Señor Jesucristo, pues solamente Jesús es nuestro verdadero abogado.

No podemos seguir adelante en la batalla espiritual sin captar y aprender bien estos conceptos que se acaban de decir. Es bueno, sobre el tema recordar la sabiduría de las Escrituras: “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes” (Santiago 4:6). Dios se opone al orgulloso. Este es un versículo muy importante. Si Dios se enfrenta al orgulloso y si somos demasiado orgullosos para humillarnos y arrepentirnos, entonces Dios se nos opone.

Por esta razón la Biblia dice: “Someteos, pues, a Dios; resistid al diablo y huirá de vosotros” (Santiago 4:7). Cuando vemos este versículo, usualmente todo por
sí mismo es como un monumento a la guerra espiritual. Sin embargo, sólo en el contexto del arrepentimiento, de la humildad, y de la posesión de un corazón limpio, encontraremos que Satanás huye de nosotros.

Debemos ir más allá de una sumisión vaga a Dios. Le debemos someter el área exacta de nuestra batalla personal. Cuando vamos contra el poder del demonio, eso se debe hacer desde un corazón que está en pleno sometimiento a Jesús.

Hay un principio repetitivo a través de todo este libro. Es vital que entiendas y apliques este principio para alcanzar el éxito futuro en tu batalla espiritual. El principio es el siguiente: La victoria comienza con el nombre de Jesús en tus labios, pero no se consumará sino hasta cuando la naturaleza de Jesús esté en tu corazón. Esta regla se aplica a toda faceta de la lucha espiritual. Obviamente a Satanás se le permitirá ir contra el área de tu debilidad, hasta cuando te des cuenta que la única respuesta de Dios es ser como Cristo. A medida que comienzas a apropiarte no solamente del nombre de Jesús, sino también de su naturaleza, el adversario se retirará. Satanás no continuará en sus ataques si las circunstancias que diseñó para destruirte, trabajan ahora para perfeccionarte.

Como resultado de la experiencia de Pedro, después de Pentecostés, cuando Dios le usó para sanar al cojo, un Pedro humilde, nuevo, habló a la multitud reunida: “¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?” (Hechos 3:12). La victoria de Pedro sobre el orgullo y sobre el diablo se inició con el nombre de Jesús en sus labios, y se consumó por la naturaleza de Jesús en su corazón. La luz desplazó las tinieblas en Pedro; el orgullo en Pedro fue reemplazado con Cristo.

    —Francis Frangipane, 
    adaptado de Los Tres Campos de la Lucha Espiritual


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