El Señor cuya espada está desenvainada


Por Francis Frangipane
(English)

Hay algo en el momento justo antes del mover de Dios, que hace que muchos se pregunten si el Señor en realidad está a favor o en contra de ellos. El parece que nos enfrentara, intensamente, muy “distinto” de aquel  gentil y paciente Pastor en quien hemos aprendido a confiar. Sin embargo para guiar Su pueblo hacia el futuro, necesitamos no solamente ser ¨salvos”; necesitamos ser entrenados en guerra espiritual.

Quizás hemos tenido un tiempo donde la espada del Señor parece como dirigida hacia nuestro corazón. Permítame asegurarle: Dios está por nosotros. De hecho, su propósito expreso es liberar esa misma “espada del Espíritu” (Efesios 6:17), por medio de nuestras palabras y oraciones. Pero antes que la espada del Señor salga por nuestra boca, debe pasar primero por nuestro corazón.

El tabernáculo de reunión


Por Francis Frangipane
(English)

“Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Señor” (Salmo 27: 8)

Un tiempo para buscar a Dios
Hay ciertas ocasiones en las que el Señor nos llama a salir de la rutina diaria de nuestra vida. Estos son tiempos especiales cuando su único mandato es: “Busca mi rostro.” Él tiene algo precioso y vitalmente importante para darnos, que no puede encajar en el patrón familiar de nuestras devociones diarias. En esos tiempos especiales los creyentes son liberados de aquellos pecados que por muchos años han afligido sus vidas; otros descubren una mayor profundidad en su caminar con Dios que los lleva a una mayor eficacia en el ministerio y en la oración; mientras que otros experimentan avances y bendiciones en sus familias además de usados por el Señor para traer a sus seres queridos al reino de Dios.

Cuando los reyes salen a la guerra


Por Francis Frangipane
(English)

Los efectos de un espíritu de pasividad
Las Escrituras contienen muchos ejemplos del valor de David. Siendo joven, por ejemplo, mientras otros temblaron, David estaba pronto y deseoso de enfrentar a Goliat. David es un ejemplo de uno a quien Dios elije, cuyas pasiones por Dios lo sostuvieron durante la mayor parte de su vida.

Aun así, David también nos proporciona un ejemplo de lo que puede ocurrirle incluso a buenas personas cuando nos rendimos a un espíritu de pasividad. Pues hubo una ocasión cuando David no fue detrás de sus enemigos, y las consecuencias fueron graves. Sucedió porque permitió que un espíritu de pasividad dominara su voluntad.

“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén” (2 Samuel 11:1). 

La fortaleza del piadoso: la humildad


Por Francis Frangipane
(English)

Satanás teme a la virtud. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. El diablo  tiembla ante el manso, pues en las mismas áreas donde una vez tuvo acceso ahora se levanta el Señor y Satanás le tiene terror a  Jesucristo.


¿Realmente contra quién luchamos?
Antes de lanzarnos en la lucha espiritual debemos reconocer que la fuente inmediata de muchos de nuestros problemas y opresiones no es demoníaca, sino carnal en su naturaleza. Un aspecto de nuestra vida, nuestra naturaleza carnal, siempre será blanco del diablo. Estas áreas carnales suministran a Satanás una avenida de acceso lista para minar y luego  neutralizar nuestro caminar con Dios. 

La descendencia de Cristo


Por Francis Frangipane
(English)

¿No es esta la maravilla y el misterio, sí, y el poder, de la cruz de Cristo? En angustia y dolor, herido de corazón y  alma, todavía se ofreció a sí mismo por los pecados de sus verdugos. Sin evidencia visible de éxito, considerado un pecador y un fracaso delante del hombre, Él valientemente se mantuvo fiel a la misericordia. El dejó que el amor alcanzara su perfección más gloriosa cuando pronunció las inmortales palabras: "Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen" (Lucas 23:34).

Cristo pudo haberse escapado. Le dijo a Pedro cuando venían los romanos a arrestarlo, “¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles?” (Mateo 26:53). En menos de un latido de su corazón, los cielos hubiesen estado cubiertos de legiones de ángeles guerreros. Sin embargo, en lugar de condenar a la humanidad, se “entrego a Si mismo como ofrenda de expiación” (Isaías 53:10, énfasis añadido). A través de Él la misericordia triunfó sobre el juicio (Santiago 2:13). 

El don de las heridas



Por Francis Frangipane
(English)

El mundo y todo lo que contiene fue creado con un solo propósito: ser una vitrina para exponer la grandeza del Hijo de Dios. En Jesús, la naturaleza de Dios se revela en perfección y magnificencia. Él es la “imagen misma” de Dios (Hebreos 1:3). No obstante, mirarle a Cristo es también ver el modelo de Dios para el hombre. Al buscar ser como Él, descubrimos que nuestra necesidad fue creada para ser suplida por el Todo Suficiente Dios. También vemos que, cuando empieza a triunfar la naturaleza redentora de Cristo en nuestras vidas, la misericordia empieza a triunfar en el mundo que nos rodea.
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¿Cómo sabremos que el avivamiento ha llegado? Mira, este es el despertar que buscamos: hombres y mujeres, jóvenes y viejos, todos conformados a Jesús. ¿Cuándo comenzará el avivamiento? Comienza en el momento en que decimos “sí” a ser como Él; se transmite a otros a medida que Cristo es revelado a través de nosotros.

Las heridas de un guerrero de oración


Por Francis Frangipane
(English)

Los intercesores viven en la frontera del cambio. Estamos posicionados para pararnos entre las necesidades del hombre y la provisión de Dios. Debido a que somos agentes de la redención, Satanás usará una variedad de métodos para ofender, desalentar, golpear o robar la fortaleza de nuestras oraciones. Las heridas que recibimos deben ser interpretadas a la luz de la promesa de Dios de revertir los efectos de estos ataques y de hacerlos realmente trabajar para nuestro bien (Romanos 8:28). Dado que los ataques espirituales son inevitables, debemos descubrir cómo Dios usa nuestras heridas como el medio para un mayor poder. Exactamente así fue cómo Cristo trajo la redención al mundo, porque fue por Sus heridas que fuimos sanados (1 Pedro 2:24).

Jesús sabía que mantener el amor y el perdón en medio del sufrimiento era la clave que desataba el poder de la redención. Isaías 53:11 nos dice: " Por su conocimiento, el Justo, mi Siervo, justificará a muchos, y cargará las iniquidades de ellos.”