¡Levántate y resplandece!


Por Francis Frangipane
(English)

«Para esto Dios los llamó por nuestro evangelio, a fin de que tengan parte en la gloria de nuestro Señor Jesucristo» (2 Tesalonicenses 2:14)

El mandato claro de la Palabra de Dios para quienes vivan los últimos tiempos es que sean intrépidos al enfrentar las tinieblas. Hablando a través del profeta Isaías, el Espíritu del Señor ordena a los suyos:

            « ¡Levántate y resplandece, que tu luz ha llegado!
                ¡La Gloria del Señor brilla sobre ti!
                Mira, las tinieblas cubren la tierra,
                y una densa oscuridad se cierne sobre los pueblos.
                Pero la aurora del Señor brillará sobre ti;
                ¡sobre ti se manifestará su gloria!
                Las naciones serán guiadas por tu luz,
                y los reyes, por tu amanecer esplendoroso»
                                                                 -Isaías 60:1-3-


El dominio de Satanás: el reino de las tinieblas



Por Francis Frangipane
(English)

Muchos cristianos discuten sobre si el Diablo está en la tierra o en el infierno. Sobre si puede vivir en los cristianos o solamente en el mundo. El hecho es que el diablo está en las tinieblas. Dondequiera que haya tinieblas espirituales, allí estará el diablo.

Preparación para la guerra espiritual
Para casi todos los creyentes el término “guerra espiritual” introduce una dimensión nueva, pero no necesariamente bien recibida, en su experiencia cristiana. El pensamiento de enfrentar en batalla a los espíritus del mal, es un concepto inquietante, sobre todo porque llegamos a Jesús como ovejas perdidas, y no como guerreros. En definitiva, algunos en verdad nunca podemos iniciar la guerra espiritual, pero todos debemos enfrentar el hecho que el demonio ha comenzado la guerra contra nosotros. Por tanto, es esencial para nuestro bienestar básico que podamos discernirlas áreas de nuestra naturaleza que están sin vigilancia y abiertas a los ataques satánicos.

Las Escrituras dicen: “Y a los ángeles que no guardaron su dignidad, sino que abandonaron su propia morada, los ha guardado bajo oscuridad, en prisiones eternas, para el juicio del gran día” (Judas 6).

Sus hijos regresarán



Por Joy Frangipane Marion
(English)


[Este mensaje fue escrito por la hija de Francis, Joy en 1995. Sentimos que sería de especial bendición a aquellos de ustedes que estén en oracion por sus hijos. Hoy en día, Joy y su esposo, Steve, tienen dos hijos. Ella es una exitosa mujer de negocios quien continúa siendo una inmensa bendición para sus padres.]

Nadie puede decirme que padres e hijas no pueden tener una relación cercana, y hasta volverse los mejores amigos .La gente tiene casi envidia del amor que mi papá y yo nos profesamos .El único momento que discutimos es para decidir quién ama más a quien. Pero nuestra relación no siempre fue así de cálida .Hubo un tiempo en mi vida en que pensé que había perdido la habilidad de amar a mi padre. Yo era una joven estudiante cristiana asistiendo al secundario público. Mi antecedente cristiano me hacía diferente. Yo era nueva, buscando ansiosamente aceptación. Las reglas de mi padre parecían ser la fuente de mis rechazos. 

El Señor cuya espada está desenvainada


Por Francis Frangipane
(English)

Hay algo en el momento justo antes del mover de Dios, que hace que muchos se pregunten si el Señor en realidad está a favor o en contra de ellos. El parece que nos enfrentara, intensamente, muy “distinto” de aquel  gentil y paciente Pastor en quien hemos aprendido a confiar. Sin embargo para guiar Su pueblo hacia el futuro, necesitamos no solamente ser ¨salvos”; necesitamos ser entrenados en guerra espiritual.

Quizás hemos tenido un tiempo donde la espada del Señor parece como dirigida hacia nuestro corazón. Permítame asegurarle: Dios está por nosotros. De hecho, su propósito expreso es liberar esa misma “espada del Espíritu” (Efesios 6:17), por medio de nuestras palabras y oraciones. Pero antes que la espada del Señor salga por nuestra boca, debe pasar primero por nuestro corazón.

El tabernáculo de reunión


Por Francis Frangipane
(English)

“Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Señor” (Salmo 27: 8)

Un tiempo para buscar a Dios
Hay ciertas ocasiones en las que el Señor nos llama a salir de la rutina diaria de nuestra vida. Estos son tiempos especiales cuando su único mandato es: “Busca mi rostro.” Él tiene algo precioso y vitalmente importante para darnos, que no puede encajar en el patrón familiar de nuestras devociones diarias. En esos tiempos especiales los creyentes son liberados de aquellos pecados que por muchos años han afligido sus vidas; otros descubren una mayor profundidad en su caminar con Dios que los lleva a una mayor eficacia en el ministerio y en la oración; mientras que otros experimentan avances y bendiciones en sus familias además de usados por el Señor para traer a sus seres queridos al reino de Dios.

Cuando los reyes salen a la guerra


Por Francis Frangipane
(English)

Los efectos de un espíritu de pasividad
Las Escrituras contienen muchos ejemplos del valor de David. Siendo joven, por ejemplo, mientras otros temblaron, David estaba pronto y deseoso de enfrentar a Goliat. David es un ejemplo de uno a quien Dios elije, cuyas pasiones por Dios lo sostuvieron durante la mayor parte de su vida.

Aun así, David también nos proporciona un ejemplo de lo que puede ocurrirle incluso a buenas personas cuando nos rendimos a un espíritu de pasividad. Pues hubo una ocasión cuando David no fue detrás de sus enemigos, y las consecuencias fueron graves. Sucedió porque permitió que un espíritu de pasividad dominara su voluntad.

“Aconteció al año siguiente, en el tiempo que salen los reyes a la guerra, que David envió a Joab, y con él a sus siervos y a todo Israel, y destruyeron a los amonitas, y sitiaron a Rabá; pero David se quedó en Jerusalén” (2 Samuel 11:1). 

La fortaleza del piadoso: la humildad


Por Francis Frangipane
(English)

Satanás teme a la virtud. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. El diablo  tiembla ante el manso, pues en las mismas áreas donde una vez tuvo acceso ahora se levanta el Señor y Satanás le tiene terror a  Jesucristo.


¿Realmente contra quién luchamos?
Antes de lanzarnos en la lucha espiritual debemos reconocer que la fuente inmediata de muchos de nuestros problemas y opresiones no es demoníaca, sino carnal en su naturaleza. Un aspecto de nuestra vida, nuestra naturaleza carnal, siempre será blanco del diablo. Estas áreas carnales suministran a Satanás una avenida de acceso lista para minar y luego  neutralizar nuestro caminar con Dios.