De Visitación a Habitación

No había habido un profeta en Israel por más de 400 años. Ahora, en el espíritu y poder de Elías, Juan el Bautista se paraba en el desierto de Judea. Relámpagos salían de sus ojos mientras su mensaje sonaba con estruendo atravesando el terreno de las almas humanas delante de el. ¡La Tormenta de Dios había regresado!

Los Historiadores nos cuentan que el penetrante ministerio de Juan trajo alrededor de un millón de personas al bautismo de arrepentimiento . Fue el comienzo de un tiempo de visitación sin precedentes. Fue en esta electrificada atmosfera de despierta fe que vino Jesús, trayendo milagros no vistos previamente en la historia de Israel. La presencia del Dios vivo había venido a través de Cristo; Su mensaje fue incomparable: ¡el reino de los cielos se había acercado!

Aun, a pesar de todas las multitudes, milagros, señales y maravillas, increíblemente, Jesús se lamento por la nación. Lloro porque, de acuerdo a Su punto de vista, ellos fallaron en reconocer “el tiempo de [su] visitación” (Lucas 19:44).

¿De que modo ellos perdieron este mover de Dios? Ciertamente, vastas multitudes respondieron al llamado al arrepentimiento de Juan. Claramente, las personas estaban atemorizadas de lo sobrenatural: ¡lo incurable había sido curado y los endemoniados liberados! ¿Y, qué de las multitudes que siguieron a Jesús en el desierto, que Él alimentó con los panes y los peces---no reconocieron ellos la unicidad de esta hora?

Obviamente, las multitudes estaban muy familiarizadas con la sanidad y las dimensiones milagrosas de una visitación (ver Lucas 4:14-19; Isaías 61: 1-2). Aun así, cuando Dios viene con visitación El busca el despliegue de dos realidades: destruir las obras del diablo y entonces edificar Su reino en las vidas de los recién curados. El no viene a sanarnos para que regresemos a la deriva de nuestra vida anterior. El nos sana para poder transformarnos a Su imagen. De hecho, a los mismos cautivos que libera entonces El les da el poder para “reedificar las ruinas antiguas…levantar los asolamientos primeros y…restaurar las ciudades arruinadas” (Isaías 61:4).

Ignorar o minimizar este objetivo de transformación es algo serio. Cuando se nos da mucho, mucho se nos requiere. Vea, la palabra visitación no solamente significa un tiempo de sanidad; también se refiere a un tiempo de inspección, de ser examinado minuciosamente. Dios no solamente participa en el gozo de nuestra liberación, El esta asimismo examinándonos para ver si ahora responderemos con mayor obediencia.

Nuestra obediencia realmente crea para nosotros un futuro diferente, uno que es bendecido. Así, si no respondemos, también nos esperan calamidades. El dice a los recién sanados, “no peques mas” para que no te venga una cosa peor (Juan 5:14). A los que fueron libres les advierte que, si sus almas permanecen vacías luego de que sus vidas fueron limpiadas y puestas en orden, el “postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero” (Mateo 12:45).

Vea, en el mismo momento que Dios remueve nuestras cargas, esta también removiendo nuestras excusas. Habiendo sido ahora liberados de opresión, el Señor espera que dejemos de lado nuestras diferencias, que nos reconciliemos y unamos como una comunidad celestial, y comencemos a transformar nuestro mundo.

Una nueva estación de Derramamiento
Durante los pasados años, el Señor ha levantado una armada internacional de ministerios de intercesión. Como resultado del movimiento de oración, especialmente “The Call” y otras asambleas solemnes, están surgiendo los comienzos de una visitación. Casi semanalmente llegan informes sobre manifestaciones sobrenaturales y avivamiento. Muchos sienten que estamos cerca de un despertar espiritual.

Yo personalmente he estado siguiendo el avivamiento de Lakeland en God. Tv. Si, hay cosas menores que yo podría hacer diferente, pero he sido conmovido por el hambre espiritual de la gente y también por los notables milagros y las conversiones. Pero sobre todo, he sido conmovido por la presencia de la gloria de Dios. Aun, mientras mi corazón se ensancha con gozo, también temo. Porque cuando clamamos por una visitación santa, estamos clamando por el reino de Dios---que el propio reinado de Dios sea hecho en la tierra como en el cielo. Mi preocupación es, cuando rogamos al Todopoderoso por su Reino, ¿estamos verdaderamente prontos para rendir el nuestro?

La mayoría en el primer siglo no entendieron el propósito de una visitación; fueron bendecidos; tocados y sanados, pero no lograron alcanzar el propósito de Dios, y por ellos Jesús lloro. Sin embargo, en Pentecostés, de hecho, los discípulos de Cristo, llevaron la visitación a su designado propósito: la iglesia primitiva se convirtió en la morada de Dios en la tierra. La iglesia de la ciudad estaba unida, comprometida con la oración y enfocada en Jesús. (Ver Hechos 3:1). Los milagros eran algo común, así como lo era dar de forma extravagante al pobre. La iglesia primitiva estableció el estándar para la visitación: señales, milagros y conversiones, pero también unidad Cristo céntrica tanto entre los lideres de la iglesia y entre los creyentes.

Si no hay unidad Cristo céntrica funcional entre las Iglesias en su ciudad, entonces comencemos orando por los líderes. Si, regocijémonos con los comienzos del avivamiento. Pero, con sobriedad, mantengamos en mente que el objetivo de una visitación de Dios es que nos volvamos en la habitación de Dios.


Francis Frangipane Derechos de Autor 2008
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