El Bautismo de Amor

Meditar en Dios
Es difícil para nosotros en esta era de ansiedad y temor, aquietar nuestras almas y verdaderamente meditar en Dios en nuestros corazones. Podemos comprometernos con estudios bíblicos u otros actos de obediencia; a distintos niveles sabemos como testificar, exhortar y bendecir. Sabemos como analizar estas cosas, y aun perfeccionarlas; pero elevar nuestras almas por encima de este mundo material y meditar conscientemente en Dios mismo parece mas allá del alcance de nuestra experiencia Cristiana.

A pesar de eso, comprender verdaderamente la sustancia de Dios es entrar al lugar espiritual de inmunidad; es recibir en nuestros espíritus la victoria que Cristo gano para nosotros, la cual es la unidad con Dios en Cristo.

Así, no podemos conformarnos simplemente con las tareas que somos llamados a llevar a cabo. Mas allá de todo, descubriremos que estudiar y concurrir a una iglesia son solo formas que tienen poco de satisfacción en si mismas. Estas actividades deben convertirse en lo que Dios ha ordenado que sean: medios a través de los cuales buscamos y encontramos a Dios. Nuestro placer se encontrara en la mecánica de disciplinas espirituales, pero que estas disciplinas nos coloquen mas cerca a Dios.

El clamor de Pablo fue, “¡A fin de conocerle!” (Filipenses 3:10). Fue este deseo de conocer a Jesús que produjo el conocimiento de Pablo sobre la salvación, el orden en la iglesia, evangelismo y los eventos de tiempos finales. De la pasión en su Corazón por conocer a Dios vino revelación, escritura de la Palabra y conocimiento del Eterno. El conocimiento de Pablo estuvo basado en su experiencia con Cristo.

Por otra parte, nos hemos conformado no con buscar el rostro de Dios, sino con estudiar los hechos de Dios. Estamos satisfechos con una religión sobre Cristo sin la realidad de Cristo.

La Biblia es el archivo histórico de las experiencias del hombre con el Todopoderoso. A partir de encuentros personales con el Dios vivo, se han desarrollado nuestras perspectivas teológicas. Pero el conocimiento sobre Dios es solo el primer paso hacia el entrar en la presencia de Dios. Tanto como la Biblia es un libro de verdades, es también un mapa para Dios. Como cristianos, nosotros estudiamos y debatimos el mapa para aun así con frecuencia fallamos al hacer el viaje.

El Amor Excede al Conocimiento
Hay un lugar mayor que el conocimiento; es un simple y aun eternamente profundo lugar donde realmente habitamos en el amor de Cristo. Este es, sin lugar a dudas, el abrigo del Altísimo.

Recuerde, la oración del apóstol fue que, cada uno llegara a “conocer el amor de Cristo” el cual “excede a todo conocimiento.” Tan importante como el conocimiento es; el amor “lo excede”. El conocimiento doctrinal es el marco, el vehículo que abre la puerta a las realidades divinas, pero el amor hace que seamos “llenos de toda la plenitud de Dios.” (Efesios 3:19).

Hay una morada de amor a la que Dios desea que entremos. Es un lugar donde nuestro conocimiento de Dios es llenado por la sustancia de Dios. Escuche la traducción en la versión en ingles amplificada de la Biblia a este versículo: “¡Pueda Cristo a través de su fe [realmente] morar (establecerse, habitar, hacer Su hogar permanente) en sus corazones! Pueda ser profundamente arraigado en amor y firmemente encontrado en amor, que pueda tener el poder y ser fuerte para alcanzar el entendimiento y comprender con todos los santos [el devoto pueblo de Dios, la experiencia de ese amor] cual es la anchura y longitud y profundidad y altura [de el];[para que puedan realmente llegar] a conocer [ prácticamente, a través de experimentar] el amor de Cristo, el cual largamente excede al mero conocimiento [sin experiencia]; que puedan ser llenos [en todo su ser] hasta la plenitud de Dios [puedan tener las mas rica medida de presencia divina, y volverse en un cuerpo totalmente lleno e inundado con Dios mismo]!” (Efesios 3:17-19).

¿No es esta nuestra meta, ser profundamente arraigados en amor, para conocer la anchura, longitud, altura y profundidad del amor de Dios y conocer por nosotros mismos el profundo, personal amor de Cristo? ¿Puede algún propósito ser más maravilloso? ¡Sin lugar a dudas, ser lleno e inundado con Dios mismo es la esperanza misma del evangelio!

Vea, Dios no puede verdaderamente ser conocido sin, de alguna manera, ser también experimentado. Si nunca hemos visto un amanecer o una noche estrellada, ¿puede alguna descripción sustituir el contemplar por nuestros ojos tal expansiva belleza? Sobrecogimiento viene como consecuencia del ver y encontrar, no simplemente del conocer que en algún lugar existe un cielo hermoso.

De la misma manera, para verdaderamente conocer a Dios debemos buscarle hasta que traspasemos la exterior esfera de información sobre Dios y realmente encontremos la viva presencia del Señor mismo para nosotros. Este es el “supremo llamado” de Dios en Cristo Jesús. Nos atrae a través de nuestras doctrinas hacia la inmediatez de la presencia divina. El viaje nos deja en el lugar de rendición trascendente, donde escuchamos Su voz y, del escuchar, ascendemos a Su amor.

El ultimo gran mover de Dios será distinguido por un derramamiento de irresistible deseo por Su pueblo por parte de Cristo. Su aparición vendrá a aquellos que en verdad lo anhelen, en crecientes olas, de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (ver Hechos 3:19-21). Intimidad con Cristo será restaurada a su más alto nivel desde el primer siglo.

Muchos desde afuera de este mover de Dios, así como aquellos tocados y sanados por el, miraran y se maravillaran: ¿De donde obtuvieron estas simples personas tal poder? Porque ellos verán Milagros similares a cuando Jesucristo camino en la tierra. Multitudes serán llevadas al valle de la decisión. Para ellos, verdaderamente, el Reino de Dios se habrá acercado. Pero para aquellos a quienes el Señor atrajo a Si mismo, no habrá misterio en cuanto a como El les invistió de poder. Habiendo regresado a la simplicidad y pureza de la devoción a Cristo, ellos habrán recibido el bautismo de amor.


El mensaje que antecede fue adaptado de un capitulo en el libro de Francis,  El Refugio de Dios.


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