El Factor Credibilidad

Yo valoro y defiendo los orígenes de nuestras muchas denominaciones. La mayoría nacieron cuando hombres piadosos pelearon contra el pecado y la apostasía espiritual de sus épocas. Su heroica determinación preservaron (o en algunos casos, restauraron) la verdad de Dios en un mundo de otra manera en tinieblas. De corazón, doy gracias a Dios por nuestra herencia en denominaciones.

Hoy, sin embargo, la necesidad de permanecer divididos de otras congregaciones evangélicas es injustificada. Podemos permanecer siendo iglesias únicas con llamados únicos y con una herencia espiritual única, y aun podemos estar unidos espiritualmente, y aun funcionalmente, con otras congregaciones en nuestras comunidades.

Sabiendo que Cristo ha llamado a la unidad en Su iglesia, muchos líderes hoy están re- examinando la legitimidad de la división en la iglesia. Los héroes de hoy no se aíslan de otras iglesias; antes, están trabajando con otros para reparar los muros, buscando edificar la iglesia de la ciudad solamente sobre el fundamento de Cristo.

Aun así, nuestras tradiciones de división se han puesto vestiduras de ortodoxia; se ven bíblicos, pero no lo son. Las divisiones varias en la historia de la iglesia fueron etapas en restauración pensadas para preservar la verdad, no aislarla.
¿ Está Dividido Cristo? Cada verdadero cristiano cree que la Biblia es la sagrada y eterna palabra de Dios. Sin lugar a dudas, cielo y tierra pasaran, mas la palabra de Dios permanecerá para siempre. Lo que fue relativo y poderoso en el primer siglo debería ser tan poderoso hoy. Escuche, por tanto, lo que Pablo escribió a los cristianos en Corinto:

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya entre vosotros divisiones, sino que estéis perfectamente unidos en una misma mente y en un mismo parecer. Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas. Quiero decir, que cada uno de vosotros dice: Yo soy de Pablo; y yo de Apolos; y yo de Cefas; y yo de Cristo. ¿Acaso está dividido Cristo? " (1 Corintios 1:10-13a)”.

Que extraño que consideramos engreídamente las divisiones en la iglesia de Corinto. Audazmente criticamos su carnalidad. Pero ¿porque fue equivocado decir en el primer siglo, “soy de Pablo” (o de Apolos), pero admisible en estos últimos días decir, soy de Lutero o de Wesley o de los Bautistas o Pentecostales?

Nuevamente, por favor recuerde, no estoy sugiriendo que debemos esforzarnos por lograr la unidad con iglesias que no creen en Cristo o en la palabra de Dios o en el Espíritu Santo o en el nacimiento de la virgen o en la segunda venida de Cristo. Sin embargo, estoy diciendo que, dentro de la esfera de la iglesia nacida y viva de Jesucristo, las divisiones son equivocadas y no bíblicas.
El apóstol continuó mas adelante, "porque aún sois carnales; pues habiendo entre vosotros celos, contiendas y disensiones, ¿no sois carnales, y andáis como hombres?" (1 Cor 3:3).

La Credibilidad de la iglesia es que no somos “simplemente hombres,” criaturas nacidas de mujeres sin visión espiritual o destino. Hemos nacido de nuevo de un Espíritu superior. En nuestros espíritus está la verdadera sustancia espiritual de Cristo mismo.

"¿ No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?" (1 Cor 3:16).

Somos el templo de Dios. Nuestras Iglesias, como las piedras del templo, deben colocarse una al lado de la otra, siendo nosotros “juntamente edificados para morada de Dios en el Espíritu” (Efesios 2:22).

Pablo expreso luego una advertencia que todo Cristiano debería atender. El dijo,

"Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es" (1 Corintios 3:17).

Hemos intentado utilizar este versículo para condenar cosas como el fumar cigarrillos y los vicios sexuales, y sobre una base individual, si, hay consecuencias para estos pecados. No obstante, Pablo esta hablando aquí acerca de algo mas que los pecados de exceso y placer inmoral. El apóstol esta advirtiendo contra el permitir la división en el templo de Dios, la iglesia. El dice, “si alguno destruyere el templo de Dios” (a través de celos y sectarismo), "Dios le destruirá a el." El contexto está claramente hablando con ¡respecto a las divisiones en la iglesia!

Cuando el Cristianismo puro degenera en campos divididos de personas ambiciosas, destruye literalmente la armonía, el poder y la bendición del “templo de Dios”. El individuo que introduce o apoya tales divisiones carnales se ha colocado a si mismo en un lugar muy peligroso delante de Dios. El Templo de Dios es santo. Nuestra unidad es santa. El amor que tenemos entre nosotros es santo, porque el Padre mismo mora en donde hay actitudes de cariño y relaciones de amor. Colectivamente, somos la morada de Dios en la tierra.

La advertencia es severa: "Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a el."

Si, hay veces cuando los lideres de iglesia pecan y la confusión entra en la dinámica de la vida de la iglesia. Por tanto, demos lugar a caídas y transiciones. Pero no perdamos de vista el hecho que el Dios vivo es un Dios de orden; El no morara en ruinas! Por cuanto El es un Dios de amor, El trabajará con nosotros para reedificar, pero El no aprobara nuestra caída condición con poder. El no prestara Su credibilidad a nuestro desorden.
¿Como te afecta la falta de Unidad? Cuando Nehemías, que estaba viviendo entre los Judíos exiliados, oyó de la condición de Jerusalén y su templo, el “se sentó y lloro”, e “hizo duelo por algunos días, y ayuno y oro delante del Dios de los cielos” (Nehemías 1:4). Los Judíos de hoy en día también lloran apoyados contra el Muro de los Lamentos, lamentándose por las ruinas de su templo. Pablo se lamentó cuando vio la condición en ruinas en que se encontraba la iglesia de Corinto. El dijo, “Pues me temo…que haya entre vosotros contienda, envidia, iras, divisiones, maledicencias, murmuraciones, soberbias, desordenes; que cuando vuelva, me humille Dios entre vosotros, y quizá tenga que llorar por muchos de los que antes han pecado” (2 Corintios 12:20-21). Y Jesús mismo lloro sobre las divisiones de Jerusalén, lamentándose, “Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste” (Mateo 23:37).

Este lamento concerniente a la desunida condición de la casa del Señor debe estar también en nuestros corazones. Y aun, la mayoría de nosotros, no solamente hemos fallado en lamentar nuestra situación, sino que ni siquiera hemos comprendido que nuestra falta de unidad, celos y disputas ¡son un estado decadente! ¡Cuan bajo hemos caído y cuan poco lo sabemos!

Mientras la redención del hombre era lo que motivaba siempre a Jesús, recuerde, Su deseo mas ferviente era Su celo por la casa de Su Padre; ese celo lo consumía (ver Juan 2:17). Edificar la casa del Señor---la renacida iglesia de la ciudad, que ora, que ama---es todavía la mas alta prioridad de Cristo. El mundo es Su cosecha; la iglesia es Su novia. Su amor por la iglesia fue la base de su última oración registrada en la biblia: que seamos uno. Todavía esa es su mayor pasión hoy. Porque, mientras no estemos unidos en Él y entre nosotros, a nuestro testimonio le falta credibilidad. El mundo no creerá que Dios ha enviado a Cristo si nuestras vidas están infectadas con las mismas divisiones que asolan a los no - Cristianos (ver Juan 17:20-23).

El Privilegio de Ser Semejante a Cristo
Hubo muchas razones por las cuales Jerusalén cayó ante Babilonia durante el día de Jeremías, pero la principal era la apostasía espiritual de los líderes religiosos. Dios mismo hubiese defendido a una ciudad humilde y que orara, pero en Jerusalén los líderes espirituales eran corruptos. Escuchen, por tanto, la atemorizante revelación de Jeremías:

“ Nunca los reyes de la tierra, ni todos los que habitan en el mundo, Creyeron que el enemigo y el adversario entrara por las puertas de Jerusalén. Es por causa de los pecados de sus profetas, y las maldades de sus sacerdotes” (ver Lamentaciones 4:12-13).

¿ Vemos esto? Los enemigos de Israel entraron a Jerusalén porque los líderes espirituales estaban llenos de pecado y sin arrepentimiento. Oh Dios, ayúdanos a ver y a aceptar que el futuro de nuestras ciudades está en la relación corporativa que los lideres espirituales tienen contigo y entre ellos. Jesús dijo que cada ciudad, cada casa “dividida contra si misma no permanecerá” (Mateo 12:25). El lugar de protección de una comunidad tiene sus orígenes en la calidad de vida que hay en el liderazgo espiritual de esa comunidad. En otras palabras, una iglesia unida, vibrante y que ora moverá a esa ciudad hacia la bendición de Dios; un liderazgo lleno de pecado y dividido permitirá al adversario entrar por las puertas de la ciudad.

El camino se estrecha para los que somos líderes hasta que nuestra única opción es ser semejantes a Cristo en todo. ! Un liderazgo semejante a Cristo en la iglesia puede transformar el mundo a su alrededor! Vea, nuestras ciudades están desordenadas porque la iglesia está en desorden. Santiago nos dice que donde hay celos y contención, “allí hay perturbación y toda obra perversa” (Santiago 3:16).

Nuestras egoístas ambiciones han quitado nuestros ojos de la voluntad y propósitos de Dios para nuestras ciudades. Tenemos celos unos de otros. En consecuencia, el “desorden”, la anarquía, y “toda obra perversa”, que vemos en nuestra sociedad están, al menos en parte, arraigadas en el suelo de una mal encaminada y distraída iglesia de la comunidad.

Por esa razón, la iglesia ha perdido mucha credibilidad. ¿Como podemos esperar que el mundo escuche nuestro mensaje de amor cuando nosotros, como Cuerpo de Cristo, fallamos en amarnos unos a otros? No tenemos derecho a condenar al mundo por su orgullo y arrogancia cuando nosotros, el Cuerpo de Cristo, todavía nos rehusamos a humillarnos y trabajar con otras iglesias en nuestros vecindarios.

Amados, a través de los años el mundo ha visto muchos ministerios increíbles. No obstante, el tiempo de lo “increíble” ha pasado; la hora de lo creíble esta siendo establecida.



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El mensaje que antecede está tomado de un capitulo en el libro de Francis, La Casa del Señor


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