El Justo Precio

El Rey David y los ancianos de Israel estaban todos vestidos de cilicio. Habían venido, cada uno de ellos lamentándose en profundo arrepentimiento, a una montaña en particular que daba a Jerusalén. David había pecado al hacer un censo no autorizado. Su corazón se había deslizado de su perdurable confianza en Dios a confiar en la fuerza y el número de hombres. Esta fue una seria rebelión para un hombre como David. Peor aun, el pecado de David había despertado la ira del Señor y la nación se encontraba bajo juicio severo. ( ver 1 Crónicas 21)

Aun así, el ángel del Señor se le apareció a David y a sus hombres y les instruyo que edificaran un altar al Señor en una era cercana. Este no es simplemente un evento más en la historia de Israel; David estaba a punto de entrar en un momento fundamental de la voluntad de Dios en la tierra. Porque este monte en particular era en realidad el Monte Moriah, el lugar mismo donde siglos atrás Abraham, el padre ancestral de Israel, vino a ofrecer a Isaac en un acto de suprema adoración a Dios. Es probable que David estuviera realmente parado a un paso del propio lugar donde Abraham habría ofrecido a Dios a Isaac si el Señor no lo hubiera detenido.

Por tanto David no estaba de pie simplemente en cualquier Montaña, sino sobre el Monte Moriah donde Dios probo y comprobó la devoción de Su siervo ( ver Génesis 22). Seis siglos habían pasado, y aunque nada visible permanecía en el altar de Abraham, la memoria del viaje de Abraham e Isaac a Moriah en incuestionable adoración es una realidad viva ardiendo luminosamente en el Corazón de Dios.

Los Jebuseos
Cuando el ángel dice a David que edifique un altar en el terreno cercano; debe notarse que la tierra y la era pertenecen a un hombre identificado como Ornán ( 1 Crónicas 21:18; “Arauna” en 2 Samuel 24:18). Notablemente, Ornán es un Jebuseo. El es uno de los pocos jebuseos sobrevivientes quienes fueron enemigos permanentes de Israel durante largo tiempo, y está viviendo fuera de Jerusalén en el Monte Moriah.

Cuando David se convirtió en rey, conquisto a los Jebuseos, capturando al jefe de la ciudad, Jebus, y re- bautizándola Jerusalén. Solo unos pocos Jebuseos vivían todavía en el área; entre ellos Ornán, quien era dueño de la era cercana a donde David estaba parado. Ornán estuvo mirando al Rey David junto a los ancianos de Israel, cuando se postraban al suelo delante de Dios. Increíblemente, este Jebuseo también contemplo al ángel del Señor, con la espada en la mano, suspendido en el aire entre el cielo y la tierra.

Debe haber sido una escena increíble. Aterrorizado ante ambos, el ángel y el rey, Ornán sale sigilosamente de la era y se postro a tierra delante del rey, ofreciéndole por voluntad propia no solo la era, sino también “ los bueyes para el holocausto, y los trillos para leña, y trigo para la ofrenda” Ornán dice, “Yo lo doy todo” (1 Crónicas 21:23). Aun así David se negó.

Recuerde, Ornán es un Jebuseo, no un Judío. El no tenia derecho a esta tierra, especialmente desde que Dios se la había dado toda a Israel, incluyendo la tierra de los Jebuseos.(ver Éxodo 13:5). Como rey conquistador, David podía justificar tomar la era, pero escuche cuidadosamente las palabras de David. El le esta hablando a un Jebuseo cuando dice, “efectivamente la compraré por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste.” (1 Crónicas 21:24).

Al igual que Abraham antes que el, David no ofrecería a Dios aquello que no le costara nada. El pagaría el justo precio.

El Templo de Dios
" Comenzó Salomón a edificar la casa de Jehová en Jerusalén, en el monte Moriah, que había sido mostrado a David su padre, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo” (2 Crónicas 3:1).

Cuando Salomón edifica el templo, elige este sitio: el lugar donde Abraham ofreció a Isaac y donde David, vestido de cilicio, pago “el justo precio”. Hoy en día, para los verdaderos cristianos, Cristo mismo es nuestro templo. Ciertamente, de todos los hombres, Jesús pago “el justo precio ¨.

Además, a través de nuestra unión con Cristo y de la unión de unos con otros, nosotros también nos hemos convertido en el templo de Dios. Y así, no nos midamos con estándares menores, porque Dios revela el AND espiritual del templo como se manifiesta en la historia – en Abraham, en David y en Cristo, quienes todos pagaron el justo precio de rendición. Tal es el estándar para nosotros también.

Hoy, el templo espiritual de Dios esta siendo reedificado en el Mesías, Jesucristo, y Judíos y Gentiles se están uniendo en una habitación santa del Señor. Mas aun, esta unidad no es una simple reunión de personas, sino la ascensión de las naciones al monte santo del Señor (Salmo 15, 24; Isaías 2:2). Como nuestros antepasados ejemplificaron, no ofrezcamos a Dios aquello que es superficial o que nos cueste nada. Por Jesús mismo, presentémonos a Dios como sacrificio vivo, el cual es nuestro culto racional (ver Romanos 12:1).

En un mundo intoxicado de auto- gratificación y engaño, estoy diciendo que hay costos para volvernos a semejanza de Cristo. No le ofrezcamos a Dios aquello que es de otro ni presentemos a Dios sacrificio que nos cueste nada. Si, la salvación es gratuita, pero para poseer la vida de Cristo, dejemos de lado una vida de compromiso. Por la gracia de Dios, paguemos el justo precio.

Señor Jesús, deseo entregarme totalmente a Ti. Perdóname por ofrecer dones prestados que poco me cuestan. Yo quiero pagar el justo precio. Señor, hazme un sacrificio voluntario. Que mi vida sea un verdadero sacrificio, nacido de Tu gracia y apropiado para la edificación de Tu casa. Amen.


Francis Frangipane Derechos de Autor 2008
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