Mirad Como Nos Ama

Nuestra capacidad de habitar en la Presencia de Cristo está basada en conocer la verdadera naturaleza de nuestro Dios. Si lo vemos como una Padre de amor, nos acercaremos; si El parece ser un juez severo, nos retraeremos En efecto, todo lo que nos define esta influenciado por nuestra percepción de Dios.

Si no creemos que Dios tiene cuidado de nosotros, estaremos demasiado enfocados en cuidarnos a nosotros mismos. Si nos sentimos insignificantes o ignorados por Dios, nos agotaremos buscando el reconocimiento de hombres. Sin embargo, una vez que nos damos cuenta que Dios realmente nos ama, que anhela que nos acerquemos a El, una puerta hacia Su Presencia se abre delante de nosotros. Aquí, al abrigo del Altísimo Dios, podemos encontrar descanso y poder renovador para nuestras almas.

El amor de Dios no es una realidad distante de nuestras necesidades. La Biblia revela que el Señor “es capaz de compadecerse de nuestras debilidades” (Hebreos 4:15). El siente el dolor de lo que estamos experimentando en la tierra. El participa en la vida que vivimos, porque “en El vivimos y nos movemos y somos” (Hechos 17:28 RV 1960). El no se aparta de nuestra necesidad; nosotros somos Su cuerpo. El es uno con nosotros.

La Verdad es, no estamos solos en nuestras batallas. Sin embargo, si creemos que estamos solos – si aceptamos la mentira de que Dios no tiene cuidado – nuestro entenebrecido pensamiento nos aislara del compromiso de amor de Dios.

Amado, aun en nuestras épocas de rebelión, el corazón de Dios no está distante. Considere la relación del Señor con Israel. A pesar que Israel había pecado y estaba sufriendo opresivas consecuencias, el Señor no estaba lejos. Leemos que cuando El Señor “no pudo soportar mas el sufrimiento de Israel” levanto libertadores (Jueces 10:16). El Señor no estaba distante; ¡El estaba con ellos, realmente sufriendo sus aflicciones mismas!

En la tumba de Lázaro, Jesús lloro. Jesús supo que iba a levantar a Lázaro; lo supo seis días antes de llamar a Lázaro fuera de la muerte. El lloro porque ellos estaban llorando.

¿Usted sabe que el Espíritu de Dios realmente siente nuestras penas? El está con nosotros en nuestros conflictos y cercano en nuestros temores. En la tumba de Lázaro, algunos sugerirían que el llanto de Cristo fue en realidad por la incredulidad de Sus discípulos. Yo pienso que no. Cuando el Señor lloro por Lázaro, aquellos que vieron a Cristo vieron a un hombre conmovido por el dolor de otros. Ellos comentaron, ¡“Mirad como le amaba”! (Juan 11:36).

Nuestra sanidad viene cuando contemplamos como nos ama. Somos levantados de la muerte cuando El viene a nuestra tumba y nos llama por nombre fuera de la muerte.

Debemos personalizar el amor de Dios. El dio a Su Hijo por mis pecados, Su Palabra para mi guía y Su Espíritu para mi fuerza. ¿Si el Todopoderoso es por mi, quien puede estar contra mi?

Querido amigo, con maravillados ojos, contemplemos como nos ama, y seamos sanados de nuestro aislamiento.



Francis Frangipane Derechos de Autor 2008
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