“Dadles vosotros de comer”

(English)
 Por lo cual, oh rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial – Hechos 26: 19


 Lo que yo he llegado a creer respecto a la gloria del Señor y su manifestación en la iglesia está respaldado por muchas escrituras.  Más todavía, fue a través de una visión durante de la noche en 1971 que Dios me concedió entendimiento dentro de Su plan. En este encuentro espiritual, vi una gran metrópolis languideciendo bajo el peso de profundas y terribles tinieblas. Grabado sobre los rostros de aquellos en esta desdichada sociedad estaba la imagen de la desesperanza. El lugar estaba desolado y sin vida real, y el tiempo para una recuperación parecía haberse pasado.


Yo estaba con un grupo fuera de la ciudad.  Nosotros no éramos parte de las tinieblas, sino que habíamos sido “bautizados” en una gloriosa y poderosa luz.  Durante la visión, yo experimente en realidad el poder de este resplandor vivo levantándose desde mi ser interior.  Nos recorrió pasando a través de nuestras manos como torrentes de rayos laser; un visible esplendor brillo desde nuestros cuerpos, especialmente en nuestros rostros.


De pronto, desde la ciudad, la gran multitud comenzó a buscar a tientas su camino hacia nosotros – miles de personas.  Rápidamente todos invocaban el nombre del Señor.  Al imponerles nuestras manos y orar sobre ellos, ellos recibieron también la luz.


La visión termino, y a pesar que permanecí en la cama, no me volví a dormir. Cuando el amanecer llego, abrí el libro de Isaías. Como un cristiano novato, era esta la primera vez que yo leía la Biblia. Gire la pagina de mi lectura del día anterior y ahí,   por primera vez, leí Isaías 60. Las palabras se fijaron en mi mente como un relámpago, luego sacudieron mi interior como un trueno:


Levántate, resplandece; porque ha venido tu luz,
 y la gloria de Jehová ha nacido sobre ti.
Porque he aquí que tinieblas cubrirán la tierra,
y oscuridad las naciones;
 mas sobre ti amanecerá Jehová,
y sobre ti será vista su gloria.
Y andarán las naciones a tu luz,
y los reyes al resplandor de tu nacimiento.
 —Isaías 60:1–3

El texto decía, “tinieblas cubrirán la tierra.” ¡Esto era exactamente lo que vi en la visión! Proclamaba, “sobre ti amanecerá Jehová y sobre ti será vista su gloria.” ¡Describiendo con precisión lo que yo había visto en la visión! Era como si verdaderamente hubiese entrado al futuro y sido testigo del cumplimiento de esta profecía.  El Espíritu Santo y la Palabra, trabajando en simetría divina, revelaron que, la gloria del Señor seria manifiesta en Su gente al fin de la era, y que “naciones,” actualmente languideciendo en tinieblas, ¡vendrían a Cristo!


Hoy en día muchos están expectantes respecto a la cosecha. Sin embargo, a comienzos de los setenta y a través de los ochenta la idea de multitudes viniendo a Cristo no era una expectativa común.  Con la amenaza permanente de una guerra nuclear, la mayoría de los cristianos no pensaban, ni oraban, ni actuaban como si viniera un avivamiento. Lo más esperado era una guerra nuclear con la Unión Soviética y no el rapto de la iglesia o el comienzo de la gran tribulación.


Fue contradiciendo esta siniestra marea de miedo e incredulidad que el Señor me hablo de la cosecha. Hoy, varios cientos de miles de almas vienen a Cristo en todo el mundo.  Y todavía, incluso esto es poco comparado con lo que Dios va a hacer en los días venideros.


Tan importante como lo es la cosecha, sin embargo, el enfoque primario de la visión no era ganar a los perdidos; estaba en la ascendiente presencia de Cristo en la iglesia.  La prioridad de Dios es que el Señor Jesús sea exaltado: ¡La gran cosecha que viene será el resultado de la Presencia de Cristo! No serán nuestros programas o métodos que traerán esta cosecha a los graneros de Dios; será la gloria Señor.  


Un Tercer Testigo
La visión soltó dentro de mi expectativa para el futuro, mientras el texto en Isaías afirmo mis pies en el camino firme de la eterna Palabra de Dios. Más todavía, el Señor no había terminado conmigo, y un nuevo testigo estaba por llegar. Luego de leer Isaías, mi próxima lectura del día me llevo a Mateo, capítulo 14.  Al leerla, me detuve al final del verso 15, el cual dice, “se acercaron a él sus discípulos, diciendo: El lugar es desierto, y la hora ya pasada; despide a la multitud” 


Esta Escritura recuerda el tiempo cuando Jesús milagrosamente alimento a las multitudes. Cuando lo leí, note similitudes entre la visión de las multitudes en tinieblas y esta escena de los Evangelios.  Ambas describían un lugar de desolación, y ambas transmitían la sensación de que la situación no tenía remedio.  Aun así a pesar de la aparente desesperanza de cada uno, las multitudes fueron ministradas en ambos casos.


Por supuesto, no hubo una obvia conexión teológica entre los dos textos; ni siquiera el más imaginativo cristiano referiría Mateo 14:13–21 con Isaías 60:1–3.  Y aun así, el Señor estaba hablando algo que personalmente me afectaría por el resto de mi vida. En respuesta al instar de los discípulos a Jesús a que hiciera ir a las multitudes, El respondió,


“¡No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer!”   Y ellos dijeron: No tenemos aquí sino cinco panes y dos peces.   El les dijo: Traédmelos acá.”

El resultado fue que “tomando los cinco panes y los dos peces, y levantando los ojos al cielo, bendijo, y partió y dio los panes a los discípulos, y los discípulos a la multitud” (Mateo 14:16–19). 


Jesús cuando hubo tomado el pan, lo bendijo y entonces lo partió. Otra vez, yo me detuve. Esta vez debido a una particularidad respecto a mi apellido: en italiano, Frangipane significa “partir el pan.”  Me pregunte ¿estaba el Señor usando el significado de mi nombre para conectar de alguna forma la alimentación de las multitudes con las multitudes que vi en la visión?


Más tarde esa mañana, le relate la visión y la promesa del Señor en Isaías mi esposa, Denise.  Le dije luego sobre la alimentación a los cinco mil.  Le mencione como me sentí, que durante el último tiempo, cuando gran parte del mundo parecería desolado y perdido, el Señor nos usaría como lo hizo con los panes para alimentar las multitudes.  Entonces, en un esfuerzo por realmente asombrarla, por primera vez en nuestra joven vida de matrimonio le explique que nuestro apellido Frangipane, en realidad significaba “partir el pan.”  Fue en ese momento que mi esposa me hizo saber el significado de su apellido de soltera, Piscitelli. Increíblemente, su nombre significaba “peces pequeños.” 


Con Jesús lo poco es mucho
Mucho antes de que Dios llamara a Noé, Abraham, Moisés y muchos otros en la Biblia, El había confirmado Su propósito eterno en el significado de sus nombres. Con nosotros, hizo lo mismo: ¡Revelo el ADN de nuestro destino en el significado de nuestros apellidos!


Con la visión, el texto en Isaías, y el significado de nuestros apellidos, tengo la convicción de que un periodo de gran gloria y cosecha aguarda a la iglesia.  Mediante el relato de la alimentación de las multitudes por parte de Cristo, el Señor también nos advirtió que esperáramos que personas sin una visión similar intentaran desalentar nuestros espíritus. A este respecto, puede que usted haya leído críticas a este ministerio en la Internet. Cada uno de los críticos está enojado con nuestra doctrina primaria: la enseñanza que presento de que hay un último gran derramamiento viniendo antes de que la iglesia sea arrebatada. ¡Me encanta el hecho de ser perseguido por una visión de Dios! ¡Aleluya! El hecho es, mientras los críticos buscan distorsionar y difamación, la visión de Dios y la gran cosecha sigue ocurriendo en naciones alrededor del mundo.


Así, cuando los cristianos se quejan de que el tiempo de la cosecha “ya paso,”  o que la sociedad  está  demasiado “desolada,”  cualquiera de nosotros que  mediante  palabras, doctrinas o acciones, le pidiera  al Señor que “ despida a las multitudes,”  cometería  un error. El Señor lo ha dejado claro: no será demasiado tarde o desolado para El.


El Señor ha demostró muchas veces que, como cristianos, no necesitamos almacenar recursos antes de intentar lo “imposible.”  Mientras permanezcamos “bendecidos y quebrantados” en las manos del Maestro, nuestros pocos panes y peces, serán suficientes. Lo que hemos aprendido es que Jesús no necesita mucho para obrar Su milagro; El requiere simplemente que le demos a El todo lo que tenemos. 


La Escritura No Puede Ser Quebrantada
Para mi esposa y para mí, los significados proféticos de nuestros apellidos nos dicen que los propósitos de Dios son ordenados de antemano.  Sin embargo, con todo lo que estas cosas significan para nosotros personalmente, es sobre las Escrituras que nuestra fe debe descansar. Sueños, visiones y coincidencias sobrenaturales siguen siendo experiencias subjetivas que deben ser confirmadas y establecidas por la palabra escrita de Dios.  Descansamos sobre la palabra de Dios porque Jesús dijo, “La escritura no puede ser quebrantada.”  (Juan 10:35).


Así, el Señor nos asegura que Su palabra “... no volverá a mi vacía, sino que hará lo que yo deseo y cumplirá con mis propósitos” (Isa 55:11 NVI). A pesar de la actual condición espiritual del cristianismo, cada promesa que Dios hizo relacionada con Su gloria en la iglesia, Su propósito con Israel, y la cosecha al final de los tiempos, -¡cada palabra tendrán su día de cumplimiento! Con el Todopoderoso nunca se trata de si Su Palabra se cumplirá o no, sino de cuándo y con quien. 


Si, la hora es avanzada; cierto, nuestras sociedades están desoladas. Más todavía Jesús aun habla poderosamente a mi espíritu.  Por poco calificados que podamos ser, si en verdad le damos nuestro todo a Cristo, El nos bendecirá y quebrantara, y luego nos llenara con Su gloria para alcanzar a las multitudes. Ciertamente, lo que El dijo a Sus discípulos, nos dice a todos: No tienen necesidad de irse; dadles vosotros de comer.  

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El mensaje precedente fue adaptado de un capitulo en el libro de Francis, "Los Días de Su Presencia” editado en español por Asociación Editorial Buena Semilla bajo su sello Editorial Desafío.



 




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Traducción y Edición Gabriela Rabellino



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