La Reunión de todas las Cosas en Cristo

(English)
"dándonos a conocer el misterio de su voluntad, según su beneplácito, el cual se había propuesto en sí mismo, de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra" (Ef. 1:9-10).

Dios y el Tiempo Están de Mi lado
Pablo nos dice que el precio que Jesús pagó no solo trajo salvación a la iglesia, sino que el pacto de Cristo traerá también redención a toda la creación.  El apóstol explica que esta singular estación ocurrirá al final de los tiempos. Durante los últimos años de esta dispensación Dios en realidad comenzara a reunir “todas las cosas en Cristo, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.”



Esta gran reunión de todas las cosas no es tanto un evento en particular sino una serie de iniciativas divinas. Así, la palabra traducida “reunión” era un término usado por los griegos antiguos. Simplemente describe la secuencia o suma utilizada para llevar elementos separados a un único total.  Aquellos quienes Lo aman serán consumidos por El en amor; aquellos quienes Le odian serán consumidos en juicio.  Sea como sea, Dios no dejara nada más que la plenitud de Cristo permeando el universo.


Lo que es para nosotros importante saber es que estamos en esa estación de la cual habló Pablo en las Escrituras.  Ciertamente, incluso ahora mismo hay una energía, un poder, de parte de Dios que ha comenzado el proceso de reunión. Vemos evidencia de Su poder mientras reúne a Israel de regreso a su tierra y a la iglesia a su unidad y destino. Esta es una verdad profunda. El mundo está siendo llevado hacia una realidad que en última instancia será llenada con Cristo. Sea que tome cinco o cincuenta años, este es el gran “misterio de la voluntad de Dios” que ocurrirá al final de los tiempos.


Para ganar nuestra guerra por la justicia debemos permanecer enfocados en esta mayor perspectiva cósmica de un mundo consumido en Cristo. Sí, el mundo permanece oscurecido en su caída condición. Más aun, cada vez que oramos, “Venga Tu reino,” le estamos pidiendo al Espíritu Santo que nos invada, y que luego nos use para redimir y transformar cada entenebrecida faceta de la existencia humana.


Observamos el sistema del mundo y creemos que está más allá de la esperanza. Miramos a la industria del entretenimiento, por ejemplo, y creemos que Dios debe destruirla para que no contamine al resto del mundo. Pero qué si, en este momento, ¿el plan de Dios no es destruir al mundo, sino invadirlo y transformarlo? ¿Qué si él quiere reunirlo en Cristo? Debemos orar como si viniera un tiempo cuando las películas piadosas sean algo corriente, donde el mundo sea ministrado por la moral cristiana que revela a Jesucristo. Imagine un día en el cual el poder de la cruz permee tanto la industria del entretenimiento   que se le conocerá como “Holywood” (Holy en ingles, santo/a, wood del ingles, Madera – santo madero) en vez de “Hollywood.”


Puede que miremos a los gobiernos del mundo con el mismo cinismo e incredulidad, pero recuerde que Dios va a reunir “todas las cosas” en Cristo. El tiempo está llegando cuando toda rodilla se doblara y toda lengua confesara que Jesucristo es el Señor (Fil 2:10-11). Por tanto, debemos aprender a mirar a la maldad del mundo con la visión del reino de Dios. Porque en algún momento, en todo el mundo, será proclamado con grandes gritos de alegría, “El reino del mundo ha venido a ser el reino de nuestro Señor y de su Cristo” (Apoc 11:15c).


El plan de Dios para el fin de los tiempos es invadir cada dimensión de vida y reunir todas las cosas en Cristo. Lo que sea que se niegue a someterse a Cristo será destruido; y lo que se someta a Él será transformado. Este es el misterio de la voluntad de Dios. Este es el panorama general.


Cuando escucho sobre terrible desastres naturales tales como los que hemos visto en Japón y otros lugares en los años recientes o cuando miro los turbulentos trastornos en el mundo Árabe, oro como si, de alguna manera, el resultado de lo que veo va a ser en última instancia cumplido en Cristo. Cuando oro sobre la maldad en el mundo, no miro a la ilusión de permanencia que parece proteger al diablo; miro por encima de ello al día del reino de Dios. Yo veo lo que está mal, pero asimismo estoy diciendo, que la voluntad de Dios es reunir las cosas en Cristo. Oro como si Dios y el tiempo están de mi lado.


Viniendo a ser Como Cristo
El panorama general, es que todas las cosas en última instancia serán reunidas en Cristo. Por cierto, el Señor utilizara muchas poderosas maneras de cumplir este gran plan.  No obstante, hay una dimensión integral al proceso de consumación divina que nos pertenece directamente a nosotros. Pablo escribe, “
Haya, pues, en vosotros esta actitud que hubo también en Cristo Jesús, el cual, aunque existía en forma de Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres... se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz" (Fil. 2:5-8).

Pablo dice, “Haya en vosotros esta actitud…” ¿Qué actitud? La actitud que Cristo demostró cuando vio el pecado y la maldad de la humanidad.  El no los destruyo. El no se aisló a sí mismo de la maldad humana. El no se sentó en el cielo criticando al hombre. Cristo, quien “existía en forma de Dios,” tomo sobre sí mismo la forma de hombre. Se identifico completamente con la humanidad, incluso al punto de hacerse semejante a los hombres.


En Cristo vemos el modelo de como transformar nuestro mundo: Entramos, tomamos sobre nosotros su forma, y al volvernos siervos (no jueces), nos entregamos a lo que sea para redimirlo.  Para entender esto mejor, sustituya la idea de Cristo de “hacerse semejante al hombre” con esta: El tomó sobre sí mismo “la forma de la necesidad.”


Asique, a pesar que Cristo existió en forma de Dios, El supo que no podría transformar al mundo sin tomar la forma del hombre. Siendo Dios, El pudo destruir a la humanidad, pero no hubiese podido redimirla. Mantenga esto presente: Usted no puede transformar nada desde afuera. Tiene que entrar y tomar su forma a fin de traer redención.


La Biblia clara y repetidamente afirma que Jesús no está solo en la misión de redención. El comenzó solo y estableció el modelo, pero El es también el primogénito entre muchos hermanos. Al igual que Cristo entró a nosotros a fin de redimirnos y transformarnos, así aquellos a quienes El levanta al fin de los tiempos harán lo que El hizo, pero a menor escala. Ellos verán la necesidad, tomaran su forma, y trabajaran desde adentro para traer redención.


Por ejemplo, miremos al campo de la política. Como cristianos, rápidamente juzgamos y pensamos que todo el sistema es irremediablemente corrupto.  Aun así, Cristo desea que personas con Su naturaleza ingresen al sistema y sean allí luz. La transformación es un trabajo desde adentro. La iglesia, sin embargo, ha tomado una postura externa hacia la necesidad, quedando al margen del mundo que necesita redención. Nuestra única contribución ha sido juzgar y criticar lo que está mal.


 Cuando sin orar al respecto o sin buscar transformación, simplemente juzgamos, podemos permanecer aislados de la naturaleza y el modelo de Cristo.  Sino hasta que tengamos la actitud que estuvo primero en Cristo, no empezaremos a crecer verdaderamente en nuestra experiencia cristiana.  Debemos permitir a Cristo manifestarse a través de nosotros. El área de necesidad misma que vemos y remediamos, es la “tierra de nuestra unción,” donde la naturaleza de Cristo tiene la oportunidad de ser revelada a través de nosotros.


2 Corintios 5:21 dice, "Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él."  Nuevamente aquí, el modelo de Dios es identificarse con la necesidad, no colocarse el mismo por encima de ella, sino sacrificarse a sí mismo por la redención de esa necesidad.  El mismo le pone el hombro a la necesidad. Esta es la naturaleza de la cruz.  Cristo se hizo pecado por nosotros. El se identificó con nuestra necesidad para que pudiéramos transformados por Su justicia.  Sea en la escuela, el vecindario o un lugar de trabajo, Dios desea que nos identifiquemos con esa necesidad y traigamos luz a ella.

Por tanto el panorama general es que todo será reunido en Cristo.  Y el movimiento en aumento dentro de ese panorama se mide en cada uno de nosotros, viendo la necesidad del mundo que nos rodea, identificándonos con las personas que se encuentran atrapadas en el pecado, y llevándoles libertad mediante la revelación de Cristo. Una vez que usted se haya identificado con la necesidad, no juzgara más.  Como parte de ello, usted deseara su redención antes que la ira de Dios. Usted orara por ello como ora por usted mismo.


Dios nos libre de hacer oraciones de juicio y destrucción. La voluntad de Dios no es juzgar o destruir, sino redimir. El escucha nuestras oraciones si oramos de acuerdo a Su voluntad. ¿Por qué entonces oraríamos de otra manera?  Por tanto ore, Señor Dios, levanta gente desde adentro para transformar (mi escuela o nuestro gobierno o la industria del entretenimiento).


Debemos de dejar de pensar y orar negativamente. Hoy Dios está haciendo algo que es tan maravilloso y hermoso que El dice: si os contara, no creeréis. Imagine tabernas, convirtiéndose en Iglesias. Iglesias trabajando juntas para ver ciudades cambiadas. Este es el misterio de la voluntad de Dios, ver todas las cosas reunidas en Cristo.  No miremos a cosa alguna como que no puede ser transformada.  Antes bien, recordemos que en lo que deseamos ver redención, eventualmente todas las cosas serán realizadas con Cristo.  Dios y el tiempo están de nuestra parte.
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Este particular mensaje, sobre la reunión de nuestras vidas en Cristo, es un tema central en nuestro programa A Imagen de Cristo. Oprima aquí por más información.
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Traducción y Edición Gabriela Rabellino

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