Porque Él Nos Amó Primero

(English)
¿Ama usted a Jesucristo? ¿No hay una parte en su corazón que no solamente acepta la verdad de que Cristo murió por usted sino que, en respuesta, realmente Le ama por el precio que El pagó? ¿No ama usted Su Palabra, incluso cuando duele y valora usted las muchas veces que El le rescato, incluso de dificultades y batallas ocasionadas por su propio pecado? 

 
 Sin embargo, para muchas personas, Jesus es superficial; no va más allá del estar de acuerdo con el hecho histórico de Su existencia. Amarlo es una realidad distante, casi antinatural para ellos. Algunos inclusive toman Su nombre en vano o con enojo.   

Para usted, sin embargo, el sonido mismo de Su nombre, Jesus, trae calma a la inquietud de su corazón.  Usted llora en películas en las que con reverencia mencionan Su nombre. Incluso si queda usted corto en sus propias aspiraciones espirituales, aun ama Su justicia. 

El hecho de que usted tiene amor por Cristo, aun cuando su amor sea imperfecto, prueba algo vital sobre usted. La propia existencia de su amor ha sido cultivada y despierta por el amor de Dios hacia usted.  El Cristo Vivo en realidad se le ha acercado. Usted Le ama porque Él se le ha revelado a sí mismo. Como está escrito, “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).  

Cristo, Nuestra Fuente  de Unidad
Hoy en día, los cristianos discuten sobre doctrinas y se dividen de acuerdo a la  percepción que tienen de los tiempos finales. Más todavia, demos una mirada a un asunto más profundo: Cada uno de nosotros, ¿amamos a Jesucristo? Si lo hacemos, nuestro amor a El es el resultado de Su amor por nosotros. Incluso si tenemos desavenencias doctrinales debemos tratarnos unos a otros con reverencia, porque Cristo nos ha amado de manera personal. 

Vea usted, la prueba de que realmente conocemos a Jesucristo no se mide por el nivel de lo que publiquemos  en nuestro muro sino por el nivel de amor hacia El que arde en nuestros corazones. 

¿No Le ama usted? Su amor es la respuesta a la implacable calidez del amor de Dios por usted, y Su amor se ha probado a si mismo irresistible. El dice, “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16).  Nuevamente, El dice, “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). Incluso nuestro venir a Él es producto de Su amor por nosotros.
  
Cuando yo digo, “Te amo, Jesús,” es porque en algún momento mucho antes de que yo Le  conociera, antes de que pudiese discernir Su voz o reconocer Su influencia en mi vida, un poder nacido de Su amor me estaba llevando a Él. Sí, yo sé que no soy digno, mas aun Cristo me amó. Cierto es, yo no tengo en mi mismo justicia, pero me imagino que hubo un momento en el cielo cuando el Hijo se volvió al Padre Celestial y dijo, “Yo amo a Francis. Lo atraeré a Mi, le mostrare Mis caminos, y me convertiré en la Fortaleza de su vida.”

Mirad Como Nos Ama
Nuestra capacidad de morar en la Presencia de Cristo está basada en conocer la verdadera naturaleza de Dios. Si Lo vemos como una Padre cariñoso, nos acercaremos; si lo vemos como un juez duro, nos apartaremos. Ciertamente, todo lo que nos define está influenciado por nuestra percepción de Dios. 

Si no creemos que Dios se preocupa por nosotros, estaremos demasiado enfocados en preocuparnos por nosotros. Si nos sentimos insignificantes o ignorados por Él, nos agotaremos buscando significado de parte de otros. Una vez que aceptamos la profunda verdad de que Dios nos ama, que El desea que nos acerquemos a Él, una puerta hacia Su corazón se abre frente a nosotros. Aquí, al abrigo del Altísimo, podemos encontrar descanso y renovada fuerza para nuestras almas. 
Nuestro Señor no está distante de nosotros, porque en verdad El se “compadece de nuestras debilidades” (Heb. 4:15). El siente el dolor de lo que experimentamos en la tierra. El participa en la vida que vivimos, “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). El nos es removido de nuestra necesidad; nosotros somos Su cuerpo.  
 
La verdad es, nunca estamos solos en nuestras batallas. No obstante, si creemos que estamos solos – si aceptamos la mentira de que a Dios no le importa – nuestro entenebrecido pensamiento nos aislara del compromiso eterno de nuestro Padre Celestial. Amado, aun en nuestras épocas de pecado o rebelión, el corazón de Dios no está lejano. Considere la relación del Señor con Israel. A pesar que Israel había pecado y estaba sufriendo las opresivas consecuencias, leemos que, cuando el Señor “fue angustiado a causa de la aflicción de Israel,” El envió “libertadores” (Jueces 10:16; Nehemías 9:27). Dios no estaba distante; El estaba con ellos; en realidad ¡angustiado a causa de sus aflicciones!  

En la tumba de Lázaro, la Biblia nos dice que Jesús lloró. Por supuesto, Jesús sabía que iba a resucitar a Lázaro; El lo supo seis días antes de que levantara a Lázaro de entre los muertos. El lloró porque aquellos a quienes El amaba estaban llorando. El Espíritu de Dios siente nuestras penas. El está con nosotros en nuestros conflictos y temores. En la tumba de Lázaro, algunos sugieren que el llanto de Cristo fue en realidad por la incredulidad de Sus discípulos.  Yo no pienso así. Cuando el Señor lloró sobre Lázaro, aquellos quienes vieron a Cristo vieron a un hombre conmovido por el sufrimiento de otros, y ellos se maravillaron, “¡Mirad cómo le amaba!” (Juan 11:36).  

Nuestra sanidad llega cuando contemplamos como Él nos ama. Somos levantados de la muerte cuando Él viene a la tumba de nuestras penas y fracasos espirituales. (Efesios 2:4-5). Él nos llama fuera de la muerte por nombre. 

Vea, debemos aceptar la personalización del amor de Dios. El dio a Su Hijo por mis pecados, El da vida a Su Palabra para mi dirección, y Su Espíritu está conmigo como mi ayudador. Si el Todopoderoso es por mí, ¿quien contra mí?

Nunca dude que Dios le ama. Antes bien, mire a su corazón.  ¿Le ama usted? Si lo hace, su amor por Él es la prueba de Su amor por usted. Nosotros Le amamos porque Él nos amó primero.
 
Querido amigo, con asombrados y abiertos ojos, contemplemos cuanto nos ama, y seamos sanados de nuestra soledad.


 Padre del Cielo, ayúdanos a detenernos, a absorber dentro de nuestra consciencia el impacto de Tu determinado amor por nosotros. Que tu maravilloso amor influencie todo lo que pensamos y todo lo que hacemos y nos volvemos: Yo soy de Mi amado y El es mío. Tu estandarte sobre mi es amor. Tenga mi vida el sabor de Tu misericordia fiel hasta que, con todo mi corazón, yo Te ame como Tú me has amado.

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Este mensaje ha sido tomado del mas reciente libro del Pastor Frangipane, "And I Will Be Found By You". (Aun no disponible en español)  
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Traducción y Edición Gabriela Rabellino



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