Por Nada Estéis Afanosos

(English)
Jesús nos advirtió que, en los postreros días, el mundo enfrentaría un despliegue de trauma. Habría guerras, terremotos y muchos otros desastres. Aun así, para Sus discípulos, El dijo “no os alarméis” (Lucas 21:9). Dijo también que, debido a las condiciones del mundo, los corazones de los hombres desfallecerían “por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra” (Lucas 21:26 – traducción literal al español de la versión en ingles de la Biblia NKJV). No solamente verdaderos eventos generarían temor mundial, sino la expectativa de dificultades haría desfallecer los corazones de los hombres.

Hoy en día, la falla cardiaca es la causa numero uno de muertes en Norteamérica. Aproximadamente cada treinta y cuatro segundos deja de latir un corazón y otra persona muere, en general abruptamente. Puede que haya muchos elementos que contribuyan a la falla cardiaca, pero una de las fuentes más importantes es la inhabilidad de manejar el estrés.

Hay veces que el estrés es inevitable – la muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo, mudarse a una nueva casa, severa enfermedad, o atravesar un divorcio – todo esto tiene un costo. Pero la mayoría del tiempo no debería dársele lugar rápidamente a la ansiedad. El problema es que, así como la muerte entró al mundo a través del pecado de Adán (ver Rom. 5), así la sustancia de la muerte ingresa a nuestro mundo personal a través de nuestros pecados. Ciertamente, cuando cargamos estrés relacionado con la ansiedad, estamos cargando en nuestra alma un contenedor de muerte que, sin fallar, adquiere un creciente costo en nuestras vidas.

Considere nuestro mundo: Guerra y ataques terroristas pueden ocurrir en cualquier momento y en cualquier lugar.  Nuestra bolsa de valores y economía continúa subiendo y bajando, como una salvaje rueda gigante.  Tenemos muchas preguntas sin respuesta acerca del futuro que son Fuentes de estrés múltiples.

 Tenemos asimismo situaciones personales. Nos preocupamos sobre nuestro envejecimiento y nuestra salud. Tenemos estrés en nuestros lugares de trabajo y estrés por la falta de trabajo. Nuestros hogares deberían ser un lugar de paz, mas con frecuencia son un lugar de lucha y ansiedad, especialmente cuando nuestros hijos se vuelven adolescentes. Alguien dijo una vez, “Una madre esta tan feliz como su niño más triste”. Esto es cierto también para los padres. Todos portamos personas en nuestros corazones, y al amarlos sus batallas se tornan nuestras, añadiendo aun mas a las cargas de estrés y ansiedad que portamos.

 Si quiere saber cuan estresado está, observe su disposición cuando maneja. Si usted siempre excede el límite de velocidad, ello revela la falta de descanso en su alma. Ese apretón extra en su acelerador está continuamente ocurriendo en su corazón a lo largo del día, no solamente cuando está manejando. La forma de manejar solamente hace aparente el nivel de ansiedad con el cual hemos aprendido a vivir.



Pablo escribió, “Por nada estéis afanosos” (Filipenses 4:6). Aun así, parece que nos afanamos por todo. De hecho, el estrés relacionado con la ansiedad es tan parte de nuestras vidas que, de alguna forma, ha dejado de ser identificado como pecaminoso. Lo medicamos, pero no cambiamos los hábitos de temor que lo han causado. Mas la ansiedad es pecado. En su esencia, es una terca negación a confiar en la bondad de Dios o a descansar en Su poder. La ansiedad es producto de la incredulidad. Es un “ataque terrorista” espiritual del infierno que silenciosamente está matando a cientos de miles cada día.

Dios está con Nosotros
Por cierto, no estoy sugiriendo que nos tornemos pasivos. No obstante, estoy diciendo que deberíamos abandonar nuestros miedos y las ansiedades estresantes que vienen de no confiar en Dios. Nuestro Mesías es “Emanuel”, lo cual significa, “Dios con nosotros.” Jesús prometió estar con nosotros, incluso “hasta el fin del mundo” (Mateo 28:20). En algún momento debemos aceptar la maravilla y el poder de la promesa de Cristo. Aquellos que creen entraran en su reposo (Hebreos 3).  ¡El está con nosotros siempre! Desconfiar de esta promesa es rechazar el carácter mismo de la naturaleza divina. No es un asunto menor.

Aun así, incluso ahora, Jesús dice,

“Venid a mí, todos los que estáis cansados y cargados, y yo os haré descansar. Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallareis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es fácil y mi carga ligera” (Mateo 11:28-30).

Vayamos a Él. Echemos sobre Él nuestras cargas, porque ciertamente Él tiene cuidado de nosotros. Rompamos nuestra adicción al estrés. No tenemos que estar atados en nuestro interior. El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies (ver Rom. 16:20). La ansiedad es pecado. Rompamos la atadura de este pecado y caminemos como hijos e hijas de Dios, quienes por nada están afanosos.

Señor, perdóname por mi pecado de ansiedad. Yo renuncio al temor. Yo declaro que mi alma es Tu propiedad, que Tú has prometido tener cuidado de mi. Yo creo a Tu palabra. Vengo a Ti y encomiendo todo lo que soy a Tu amor y cuidado. En el Nombre de Jesús. Amén.

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