Con la Mirada de Tus Ojos

(English)

“¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10).

A pesar de toda la controversia y lucha en nuestro mundo, sin hacer caso a la disparidad de opiniones en las guerras religiosas de estos días, el foco de Cristo todavía se mantiene sobre Su novia. Es nuestra búsqueda fijar nuestra mirada en Él.

La mayoría de nosotros amamos sinceramente al Señor y estamos agradecidos por todo. No obstante, muchos estamos más cómodos celebrando lo que Jesús ha hecho por nosotros que con aceptar lo que El desea que seamos. Danzamos con Sus victorias y enseñamos de Sus misericordias, aun así raramente aquietamos nuestros corazones y nos rendimos ante Su presencia. Lo queremos lo suficientemente cerca como para que nos proteja pero no tanto como para que nuestras conciencias sean capturadas por Su presencia.

Con todo lo grandioso y liberador que es conocer lo que Jesús ha hecho por nosotros, hasta que realmente nos rindamos a El, nuestra religión nunca será más que una “lección de historia.” La religión no es suficiente. No nos satisface ni a nosotros ni a Cristo. Jesús también quiere conocernos.

Usted dice, pero ¡Él ya nos conoce! En su Omnisciencia, El conoce todas las cosas.

Si, pero en Su amor, El busca conocernos como seres que viven en inquebrantable unión con El. El tiene el derecho de poseer nuestras almas, nuestros secretos, y nuestros sueños. El quiere la persona que soy cuando nadie más me mira. No obstante, El no se fuerza a sí mismo. Esa no es la forma de obrar del amor.

En realidad, nosotros le amamos porque El nos amo primero. Nos comprometemos con El debido a Su compromiso con nosotros.  Esta inter relación de nuestras vidas con la de Cristo – esta unidad nacida del amor – es el único destino de la iglesia con el cual Cristo está satisfecho. Al final de los tiempos, cualquier cosa inferior a la unidad con Cristo no nos sostendrá.

Dios es Amor
Yo conozco el temor del Señor y este es el principio del verdadero conocimiento. Pero, como el apóstol, también llegue a conocer y creer el amor que Dios tiene para nosotros (1 Juan 4:16). Dios es amor. Consideremos esto, que el apóstol que cayó ante Jesús como hombre muerto en la Isla de Patmos, mas tarde escribió, “En el amor no hay temor” (1 Juan 4:18).

El Señor sabe que el temor de Dios que tenemos es un fuerte disuasivo del pecado y un poderoso aliado para caminar rectamente. No obstante, para acercarnos a El tenemos que conocer más que el temor de Dios; tenemos que creer en el amor que Dios tiene por nosotros. El amor de Dios es perfecto. Este amor “hecha fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo.” (v. 18). Es solamente este amor que puede llevar a la novia de Cristo a su destino.


El Corazón de Dios
Puede que usted este leyendo este artículo y el pensamiento de buscar a Dios, de acercarse a Cristo,  haya despertado en usted una iniciativa a hacerlo. Y aun, cuando el pensamiento inicialmente se apareció en usted, instándole a entrar en Su Presencia, algo también se aceleró en el Corazón de Cristo.  Él dice,

"Has cautivado mi corazón, hermana mía, esposa mía; has cautivado mi corazón con una sola mirada de tus ojos” (Cantares 4:9).

Su mirada, aunque haya sido solo la más breve expectativa de estar con Él, hizo que el corazón divino palpitara más fuerte. Otra versión dice, “Prendiste mi corazón”. Es así como el corazón de Cristo responde a nuestro deseo de estar con El.


Jesús no regresara solamente para destruir la maldad; El viene por una esposa. Al final de la era nuestra tarea no es simplemente prepararnos para el arrebatamiento o la tribulación sino ¡para Cristo Mismo!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).


Vea, nuestra preparación es para Cristo. La novia no está dando vueltas en temor sobre lo que está viniendo sobre el mundo; ¡ella esta consumida en amor por el que está viniendo a este mundo! ¡No estamos siendo preparados para una fecha determinada, sino para un matrimonio! No hay nada más importante para Jesucristo que Su novia, la iglesia. El murió por ella; y por ella El vive para interceder.

Su amor se mostro capaz y digno de ganar nuestra completa redención. Nuestra más noble tarea es rendirnos con temor reverente a El cuyo corazón late más rápido con una simple mirada de sus ojos.

 Señor Yo confieso, me he distraído y he estado ansioso con mis muchas tareas. Ciertamente, incluso mis responsabilidades a Tu favor han, de alguna manera, tomado el lugar de Tu Presencia. Maestro, amado amante de mi alma, Yo me arrepiento. Deseo conocerte, aun como Tú me has conocido a mi Señor.




El mensaje que antecede fue adaptado de un capítulo del libro de Francis Los Días de Su Presencia – versión en ingles – Por más información sobre este libro, visite por favor “Arrow Bookstore”.


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