Un Dios que Busca

(English)




Pregunta: ¿Que pasara si, en su caminar espiritual, usted se vuelve tibio en vez de continuar persistentemente buscando al Señor?  La respuesta es, nada ocurrirá. No caerán meteoritos del cielo golpeándole. Nada que no sea común al hombre le ocurrirá. Usted simplemente permanecerá el mismo que ha sido: sin cambiar. Una vida sin cambio es suficiente juicio.



Si no caminamos tenazmente con Dios, simplemente no podemos ser transformados. Si, el espíritu aun puede ser salvo incluso si hemos edificado nuestras vidas con “madera, heno y hojarasca” (1 Cor. 3). Pero llegaremos a poco de nuestro destino eterno. La gloria que nos espera será apenas notable, una guiñada, comparados con aquellos quienes abrazaron su transformación en la tierra y ahora, en la eternidad, “resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mat. 13:43).

El Omnipotente no nos exige que cambiemos. Cierto es, El nos convence de pecado y nos aleja de deslizarnos al infierno, pero El no va a dominar nuestra voluntad o hacer que nos sea imposible desobedecerlo. Las convicciones y advertencias de parte del Espíritu nos ayudaran a salvarnos del infierno, pero ellas no nos equiparan para el Cielo.



Mi punto es el siguiente: nuestra búsqueda del Señor no puede estar motivada simplemente por el temor o el alivio de un conflicto presente. El tesoro de la Presencia de Dios es de extremo valor en todo el universo.  El debe ser buscado por el incomparable valor de conocerle a El por El mismo. Con este propósito Le buscamos.



Y todavía, El también busca algo de nosotros. ¿Simplemente disfruta de mirar, año tras año, a billones de seres humanos alimentándose de realidades temporales? ¿O el Altísimo está buscando algo más profundo en Su creación del hombre?



He aquí lo que Jesús enseñó acerca de la naturaleza de Dios. El dijo que el Dios de la creación es un Dios que busca: El busca lo que se había perdido; El busca verdaderos adoradores; y El es “semejante a un mercader que busca buenas perlas” (Mat.13:45). Necesitamos comprender esto acerca del Señor: El no está buscando lo típico, sino lo valioso.  Es su naturaleza buscar personas que, habiendo aceptado a Cristo, ahora van en pos de la conformidad a El como pasión central de sus corazones.



El prueba la sinceridad del compromiso de ellos: ¿ofrecerán sus preciosas vidas a Dios como seguidores de Cristo?  Aunque se levanten y caigan a menudo, no se retiran. Ellos se han determinado a ofrecer al Padre corazones que se han purificado en el fuego de Su amor.



 ¿No es esto lo que el Padre espera, sobre todo porque el Espíritu de su Hijo habita en nosotros? Aunque muchos son llamados y pocos escogidos, sin embargo, quienes responden ¿no le anticipan una recompensa por Sus sufrimientos? Esa recompensa es esta: que vea replicado en nosotros la misma fe, el amor y la naturaleza redentora que Cristo Jesus mismo manifiesta. Esto es lo que busca el Padre.



Capacitados no solamente Salvos
 
“por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:5-6).



Una cosa es creer en Cristo, otra es creer como El. Jesus dijo que Su propósito con nosotros no es solamente salvar nuestras almas, sino luego “prepararnos bien” hasta que seamos realmente “como [nuestro] Maestro” (Lucas 6:40).  Esta es la santa búsqueda de Dios; es el primer y eterno propósito de la creación; hacer al hombre a imagen de Dios (Gen. 1:26).



Alguien puede argumentar: bueno, yo intente seguir a Cristo pero fui lastimado (o, no estuve de acuerdo con las doctrinas de mi iglesia; o enfrenté una batalla más grande de lo que podía soportar).



Sí, pero sin tales desafíos ¿como se desarrollaría en nosotros la naturaleza de Cristo? Dios nos coloca en situaciones imposibles específicamente para dar lugar a nuestra transformación – donde aprenderemos a descansar en la gracia y el poder de Su Hijo. El viaje hacia la semejanza nos impulsara, inevitablemente mas allá de los límites de nuestra naturaleza humana, y así debe ser.



El Padre encontró una perla de gran precio en Su Hijo. Sin embargo, Su corazón todavía busca ver a Su Hijo revelarse en un cuerpo de muchos miembros. Hoy el continúa buscando a verdaderos adoradores cuyos corazones permanezcan tiernos incluso cuando las condiciones sean duras. El busca el precioso valor de un pueblo redimido que, cuando enfrenta injusticia, encuentra mayores manifestaciones del amor de Cristo con el cual responder.  Sus corazones están firmes independientemente de retrasos o pruebas.



Puede que sea simplemente un individuo en un vecindario o solo dos en una ciudad que verdaderamente estén buscando a Cristo, pero estos adoradores han atraído la atención de Dios. Ellos son la sal de la tierra.  Ellos van en pos de ser hijos. Ellos son el enfoque del Dios que busca.

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino

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