Una Guerra en los Cielos

(English)
El horrible crimen de Lucifer no fue solo que se rebeló contra Dios, con todo lo malo que ese hecho haya sido. Peor aún es que, utilizando la calumnia contra Dios y el engaño, también robó la tercera parte de los ángeles. Y aunque fue desterrado al infierno, la guerra de Lucifer contra el Todopoderoso continúa. Ciertamente, cada vez que divide una nueva iglesia, el alcanza parte de su objetivo, el cual es golpear el corazón de Dios.

Si usted ha pasado por la experiencia de la división de una iglesia, estará familiarizado con la terrible mezcla de emociones y la angustia inconsolable que acompaña este descenso al infierno. Si no lo está, espere ver una cantidad de cristianos que en otras circunstancias son encantadores, enfrentándose los unos a los otros.  Ellos serán participes de la calumnia, de la cólera, del engaño, del temor, de la amargura, del odio, del chisme, de la falta de perdón, de la contienda, de la rebelión y del orgullo.

Cualquiera de estas actitudes aislada en un solo individuo seria identificada y expuesta a la luz como pecado. Sin embargo, de alguna manera se consideran correctas cuando ellas se manifiestan masivamente en la división de una iglesia. La Cólera es redefinida como "luchar por un principio" y a la calumnia y al chisme se les consideran aliados "en la búsqueda de la verdad."

Quizá el epicentro del cisma este localizado en una sola iglesia, pero la onda expansiva se siente a lo largo del cuerpo de Cristo. Las noticias del conflicto se cuentan en voz baja, como cuando alguien de la familia tiene un cáncer avanzado. Y de hecho este es un cáncer en la iglesia; un cisma es un sistema maligno, un tumor falso impulsado por el enojo, el orgullo y la ambición en vez de la humildad y la paciencia de Cristo.

Los líderes de las iglesias en toda la ciudad sacuden sus cabezas y suspiran. Incluso cuando escasamente conozcan la iglesia en problemas, se conduelen de la situación. Ellos se preocupan.  Quienes han experimentado el dolor de su propio cisma también se estremecen al recordar el conflicto que llevan en su corazón y que aun esta sin resolver en relación con quienes dividieron su iglesia. Y otros pastores se inquietan y se vuelven más cautelosos con sus rebaños, temerosos de que el espíritu de contienda se infiltre en sus iglesias también.

Además, los evangelistas de la ciudad saben que, por lo menos por alguna temporada, será difícil ganar a los perdidos. En efecto, a medida que los rumores y los detalles del cisma llegan a oídos de los inconversos, las pequeñeces y la politiquería que acompañan el cisma le recuerdan el porqué el  mundo incoverso se  mantiene a distancia de la iglesia.



Yo he viajado por la mayor parte del mundo cristiano y he hablado con los pastores y los líderes de las iglesias. Mi experiencia me ha ensenado que aunque las divisiones ocurren en todas partes, los cismas son más frecuentes y más fuertes en los Estados Unidos de América. ¿Se debe quizá a nuestro apasionado amor por la independencia y la libertad? ¿O tal vez por causa de nuestra naturaleza cultural agresiva? Independientemente de porque sea, los cismas en los Estados Unidos tienden a ser menos civilizados.

Las causas de los cismas en la iglesia son muchas. Pueden ser originadas por la confusión en cuanto al gobierno y la administración o a quien ha dado Dios la autoridad final en una congregación dada.  A veces la raíz del conflicto se encuentra en la ambición disfrazada de uno o más lideres asociados. Y por supuesto, siempre existe el factor de la guerra espiritual. Ocurre a menudo que tan pronto una iglesia comienza a crecer en asistencia o en crecimiento espiritual, la contienda demoníacamente manipulada surge. Por eso, cuando vemos una división seria en una iglesia debemos preguntarnos: ¿estamos presenciando la obra del mismo tipo de espíritu que manipuló a Absalón, a Core o a Jezabel?

Tal vez las divisiones involucran una combinación de todos los factores mencionados anteriormente. No obstante, sin importar la causa particular de la división, Jesus nos advierte que "una casa dividida contra sí misma, no permanecerá." (Mateo 12:25). Es claro que cuando la división golpea una iglesia, el impacto se siente a través de toda la comunidad. Es una guerra en la cual el mal es el único que gana.



Dolor en el Cielo
Podríamos pensar que el Señor no está familiarizado personalmente con el dolor de la división de una iglesia. Pero si lo está. En efecto, puede servir de algún consuelo a los pastores saber que Dios mismo, con toda su perfección sufrió un cierto tipo de cisma. Recordara que antes de la creación del hombre, el cielo tuvo que soportar un tiempo de gran rebelión, o si prefiere un "cisma.” El cielo mismo no pudo cumplir los deseos de Satanás.

En esos días Satanás era conocido como Lucifer o "Hillel Ben Shahar" en la lengua hebrea. El nombre Hillel proviene de la palabra Hallel que significa "alabar, adorar”.  Ben Shahar significa "hijo de la aurora." El significado es que Lucifer era el líder de la adoración en la alborada de la creación. A pesar de que estaba dotado con los dones de liderazgo y su creatividad en la música, su posición no fue suficiente para el. Impulsado por los celos y la ambición, Lucifer dirigió una rebelión de la tercera parte de los ángeles contra la autoridad de Dios (ver Apocalipsis 12). No podemos verificarlo, pero podemos imaginarnos que los ángeles que cayeron fueron aquellos que, en la estructura de autoridad del cielo, estaban bajo la influencia de Lucifer.

Piense en la astucia de Satanás, nuestro antiguo adversario. Fue capaz de convencer a los ángeles, de que podían ganar una guerra contra su Creador, aún contemplando estos la resplandeciente gloria de Dios. Con un privilegiado asombro pudieron presenciar cuando las galaxias surgieron como resultado de la palabra creadora de Dios. No obstante, de alguna manera llegaron a creer que, bajo el liderazgo de Lucifer, podían derrotar al Omnipotente.

Ellos sabían que Dios era pleno conocedor de cada uno de sus pensamientos, sin embargo, creyeron que podían superarlo. Lucifer cautelosamente engendro descontento entre los ángeles mediante la calumnia y la seducción, de modo que ya todos los deleites del cielo no los satisfacían. Luego los sustrajo del inimaginable esplendor de la presencia de Dios y los convenció de que las insondables tinieblas exteriores congeniaban mejor con su causa. Considere el poder engañoso de nuestro antiguo adversario y no se maraville que pueda separar a buenos amigos dividiendo una iglesia aquí en la tierra.

Cuanto duro la rebelión en los Cielos no lo sabemos. Tampoco está escrito que tipo de engaño utilizó Lucifer. La Biblia solo nos ofrece una reflexión fugaz de tan horrible y cataclìsmica división. Y uno se pregunta: ¿No produjo la contienda ningún efecto en el Señor? ¿Se mantuvo el Padre perfectamente aislado del dolor y la separación o se afligió cuando todos aquellos a quienes había dado el don de la vida se rebelaron contra Él? Recuerde que Dios vio como la gran mentira se extendía contagiando un ángel tras otro, hasta que una tercera parte se unió a la insurrección. ¿Fue esta división el primer gran dolor en el corazón de Dios?

Amados, consideren también lo siguiente con temor reverente: Hasta donde llega nuestro conocimiento, el infierno no existía antes de esta antigua rebelión. El infierno llegó a ser una realidad como consecuencia de la división nacida de la ambición, los cellos y el orgullo.

Es tiempo para la iglesia de despojarse de las vestiduras de división y de ataviarse con la unidad de Cristo. Así, arrepintámonos del pecado de división. Posicionémonos en intercesión hasta que veamos a la división en la iglesia renacida removidas de la casa del Señor.

Señor, perdónanos por tolerar este terrible pecado. Maestro, sabemos que la división es una plaga sobre Tu pueblo. Límpianos de los efectos de la división y capacítanos a cada uno, con gracia para traer unidad a Tu iglesia. En el nombre de Jesus. Amén.

El mensaje precedente ha sido adaptado de un capitulo en el libro de Francis, No Dividamos mas la Iglesia (Editado en Español por Asociación Editorial Buena Semilla). www.arrowbookstore.com



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Traducción y Edición Gabriela Rabellino

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