El Futuro de America: Cristo o Caos

(English)
Hay una raza elegida. Sin embargo, esta raza no es nacida de identidades étnicas o de orgullo carnal; su origen es celestial. Es spiritual y sus ciudadanos proceden de “toda tribu, lengua y nación” (Apoc. 5:9). Individuos que han sido comprados por el Cordero de Dios y que ahora están unidos por Su sangre. Su patria es el Cielo, y en su amor por cada uno, ellos presentan a Cristo como la respuesta de Dios para sus divisiones y conflictos étnicos.

El Éxodo de los Gentiles
Mientras que el regreso de los Judíos a Israel en el siglo pasado fue el éxodo mas notable, no es la única Restauracion de razas étnicas en años recientes De hecho, la restauración de Israel es sólo una de decenas de culturas resurgiendo en el mundo hoy, cada uno tratando de ser definido por los mejores aspectos de su patrimonio.


En este “Éxodo Gentil,” las naciones no solamente están regresando a sus identidades nativas sino, como Israel, muchos están asimismo reclamando el regreso de sus patrias. Desde el cese del colonialismo en África, Asia y los países de Oriente Medio a la aparición de decenas de pueblos étnicos en la caída del comunismo, los países están volviendo a sus orígenes étnicos.

Yo creo que este deseo de regresar es, en parte, el resultado de un decreto divino. El Señor dice en Sofonías, “mi decisión es reunir a las naciones, juntara los reinos… '' (3:8). La separación de Checoslovaquia en dos grupos étnicos y la Restauracion de Alemania en una nación no fueron simplemente decisiones políticas; fueron el cumplimiento de un decreto de arriba.

 Nunca en la historia ha habido un tiempo cuando las naciones y los pueblos fueron tan universalmente atraídos a sus distinciones ancestrales.  Increíblemente, desde la Segunda Guerra mundial ha habido más de 100 nuevas republicas establecidas, el sesenta por ciento del total de naciones. Muchas de las cuales fueron aseguradas mediante guerras y derramamiento de sangre. En los últimos cincuenta años mas identidades nacionales y fronteras fueron remplazadas que por durante todas las anteriores guerras en la historia.

Aun así, despertándose simultáneamente con estas nuevas naciones, como si las ocupaciones extranjeras fueran un sueno en la noche, hay odios y conflictos.  Y donde los pueblos vecinos han ocupado el mismo territorio en diferentes épocas, como con la división en Yugoeslavia, es donde los fuegos de los confortamientos étnicos y raciales son peores.

 Jesus advirtió a Sus discípulos sobre este día, diciendo, “nación se levantara contra nación” (Mat. 24:7). Así, no debe ser ninguna sorpresa que, en el idioma original de las Escrituras, la palabra griega para "nación" es etnia, de la que deriva nuestra palabra étnicos. Cristo auspicio que conflictos étnicos, guerras y violencias raciales alcanzarían niveles sin precedentes durante la consumación de esta era.

América: Una Nación de Naciones
No es difícil imaginar un tiempo en el futuro cercano cuando revueltas raciales irrumpan nuevamente en las ciudades de los Estados Unidos. Con seriedad démonos cuenta que sin un avivamiento Cristiano puro (no simplemente tradiciones cristianas, sino valores celestiales eternos), nunca Habrá soluciones duraderas para la injusticia racial antes de la venida de Jesus. De hecho, el Señor advirtió sobre estos días. El dijo que “nación se levantaría contra nación”- grupos étnicos contra grupos étnicos. Recuerde también: América, la tan llamada “crisol” de los mundos, en realidad es una nación de naciones.


Sin embargo, hay algo que no debemos hacer, es permitirnos ser movidos por miedo o incredulidad.  Aumento de guerras, anarquía y conflictos étnicos son señales que indican algo más significativo que ellos mismos. Jesus dijo, “Así también vosotros, cuando veáis que suceden estas cosas, sabed que está cerca el reino de Dios” (Lucas 21:31). Ciertamente, la turbulencia que vemos en el mar de la humanidad es causada por una tormenta en los lugares celestiales: ¡El Reino de los Cielos se ha acercado! Las señales a nuestro alrededor en realidad son efectos de una confrontación entre el Reino de Dios y el campo del infierno.

Y mientras que los pueblos luchan por sus identidades ancestrales, de igual manera hay otro pueblo tomado de cada nación, tribu, lengua, quienes, en sus corazones y mentes, están regresando a su patria: el Reino de Dios. Porque mientras gran presión se ejerce sobre las naciones para exaltar sus etnicidad, así también hay en la verdadera iglesia un verdadero regreso a la pureza y a nuestros orígenes en Cristo.  Como ningún otro momento en la historia, nuestra identidad en Cristo debe ser mayor, de más peso y más real para nosotros que cualquier conexión natural que tenemos en el mundo.

Recuerde, fue en este exacto contexto de agitación internacional que Jesus dijo, “Y será predicado este evangelio del reino en todo el mundo, para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mat. 24:14).

¿Por qué Jesus habló del Evangelio del Reino siendo predicado al final de los tiempos? La respuesta es al menos doble. Primero, proclamamos el reino porque en verdad se acercara. Dios en Su gran misericordia va a dar a todas las naciones una última legítima oportunidad de elegir, no simplemente entre la iglesia y el mundo, sino entre el Cielo y el infierno.  Se les dará un “testimonio…” del cielo... y entonces vendrá el fin.”  Aquellos quienes clamen al Señor se volverán parte de la Gran Cosecha.  Aquellos quienes Lo rechacen, no obstante, se endurecerán tanto que ellos mismos se ganaran la ferocidad de la ira de Dios.

El segundo motivo del Señor en llamar a la proclamación de Su reino es separar a Su pueblo de la violencia étnica. El busca sacarnos de nuestra individual mentalidad étnica hacia la vida eterna de Su reino. Porque el reino de Dios carece de racismo ni orgullo cultural.  En verdad, si los cristianos de entre los grupos étnicos oponentes se humillaran y se unieran en oración; si, en vez de permitir la escalada de ofensas, confesaran sus pecados y se perdonaran mutuamente, se preservarían a ellos mismos y a sus comunidades durante este tiempo de gran agitación.

Es vital que nosotros, como la iglesia de Cristo, regresemos a lo que Jesus llamo el “Evangelio del Reino.”  ¿Cual es este mensaje?  Es la enseñanza de Cristo. Es más penetrante que nuestro típico mensaje de salvación. El Evangelio del Reino crea discípulos, no simplemente convertidos.  Es mas exigente que el evangelio de la prosperidad; porque este, verdaderamente, nos costara todo.  Pero mientras el Evangelio del Reino exige más, da más. Porque es el evangelio como lo vivió Jesus – lleno de poder, amor y reconciliación. Y sus “buenas nuevas” no son que algún día iremos al Cielo, sino que este día el Cielo está viniendo a nosotros.

Una Respuesta para el Choque de las Etnias
Las presiones que en última instancia, empujaran al mundo a aceptar el anticristo y su gobierno no van a erradicar el origen étnico de los pueblos. Bajo la superficie de un gobierno mundial, las culturas étnicas permanecerán intactas y en conflicto unas con otras. Este es un juicio sin fin que Dios mismo pronunció frente al primer intento de la humanidad de unidad étnica: la antigua Babilonia. Dios  decretó que, sin unidad con El, los hombres no se “entenderían” unos con otros…” (Gen. 11:7).


Hay demasiadas heridas, demasiados antiguos conflictos sin reconciliación, tan larga historia de injusticia, odios y miedos en la humanidad para unirse sin el perdón de Cristo.  Al describir estos últimos días, especialmente el ultimo reino en la tierra, Daniel revela un hecho intrigante: “será un reino dividido.” Y aunque dividido, “se mezclarán mediante simiente humana; pero no se unirán el uno con el otro” (Dan. 2:41,43).

El dijo, “se mezclaran mediante simiente humana.” Al fin de los tiempos, los asuntos étnicos continuaran impulsando a la humanidad hacia remedies extremos, incluso uniendo la simiente humana (¿ingeniería genética?). La palabra simiente significa “cría, familia, raza.” Los humanistas harán todo lo posible para lidiar con las crisis étnicas; pero, según Daniel continua, “No se unirán el uno con el otro.”

 No habrá una perdurable solución para ofrecer a los problemas étnicos y raciales de la humanidad separados de Cristo en el Reino de Dios. Pero Daniel tenía más que decir respecto al futuro.  Directamente conectada a esta profecía del dividido reino del hombre, Daniel también revelo que “En los días de estos reyes, el Dios del cielo levantará un reino que jamás será destruido, y este reino no será entregado a otro pueblo; desmenuzará y pondrá fin a todos aquellos reinos, y él permanecerá para siempre" (Dan. 2:44).

Daniel hablo de un tiempo sin precedentes al final de la era, un tiempo cuando el pueblo de Dios se mostrara fuerte y actuara.  Ambos, Jesus y Daniel hablan del Reino de Dios comenzando a manifestarse mientras el mundo experimenta conflictos étnicos y geográficos.

A Medida que la Iglesia se convierte en el Reino de Dios
Antes de que gastemos otros trillones de dólares en problemas étnicos irreconciliables, nosotros, la iglesia, necesitamos posicionarnos como agentes de redención y sanidad, como es revelado en el Reino de Dios.


Admito, no todas las unidades son nacidas de Dios. Para algunos, la unidad significa vaciar su fe de las verdades fundamentales del mensaje Cristiano. Nosotros no queremos unidad sin fe. Pero hay un ámbito al cual Pablo describe como mantener “la unidad del Espíritu… hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe” (Efesios 4:3, 13). Y en el proceso de edificación y sanidad que está teniendo lugar entre los líderes, podemos extender gracia mientras nos sujetamos unos a otros y aprendemos los unos de los otros.

He aquí en lo que estamos de acuerdo: Jesucristo es nuestro Señor y Salvador.  Nuestras vidas están arraigadas en la tierra de Su Corazón. Su palabra define nuestros caminos y el Reino de Dios es nuestra patria. Juntos, corporativamente estamos comenzando a manifestar el Reino de Dios. Esto fue exactamente lo que se le revelo a Juan. El escribió,

 “Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque tú fuiste inmolado, y con tu sangre compraste para Dios a gente de toda tribu, lengua, pueblo y nación. Y los has hecho un reino y sacerdotes para nuestro Dios; y reinarán sobre la tierra" (Apoc. 5:9-10).

Fuimos comprados por Cristo para Dios, no para estar separados los unos de los otros por orgullo religioso sino para convertirnos en un “reino y sacerdotes para nuestro Dios.”  Somos una nueva criatura; Dios ha comenzado un segundo Génesis – una cultura cuyo AND consiste en hombres de “toda tribu, lengua y nación,” tomados de la mano, Llamados por nombre por el buen Pastor, y en unidad unos con otros con valores que trascienden las barreras de nuestras identidades étnicas.

¿Hay una raza elegida? Si. Como ciudadanos de Su reino, somos “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa." (1 Pedro 2:9). Somos una raza de cada color, un pueblo cuyo Padre es Dios y cuya patria es el Reino del Cielo.


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