El Lugar de Edificación del Templo

(English)
El edificar la casa del Señor implica más que buscar ayuda en nuestros momentos de necesidad. Hay un precio que pagar para obtener lo mejor del Señor. Si queremos tener Sus mas grandes provisiones, debemos rendir a El nuestros amores mas grandes.

Dos Templos

Las Escrituras se refieren a dos tipos de templos: uno hecho de piedra, el cual fue construido en Israel, y otro hecho de carne, el cual es la iglesia. El primer templo, el de Salomón, fue construido en el lugar específico que Dios había elegido. De la misma forma que el Señor escogió cuidadosamente el lugar donde se habría de edificar el templo de piedra, El está mirando en nuestros corazones, buscando hacer de nosotros Su templo de carne. Dos importantes acontecimientos contribuyeron decisivamente en la designación del lugar del templo. Estos hechos se desarrollaron a lo largo de muchos años pero fueron sin embargo un retrato de lo que nosotros debemos llegar a ser. El primero lo encontramos en la vida de Abraham.


El Señor llevo a Abraham a la realización espiritual en su hijo, Isaac. Pero llego un día en que se le requirió a Abraham decidir entre su amor por Dios y su amor por lo que Dios le había dado. El Señor ordeno a Abraham llevar a su hijo a la tierra de Moriah. Se le dijo que tenía que sacrificar allí a Isaac, en el monte que Dios le indicara. 

“Al tercer día alzó Abraham sus ojos, y vio el lugar de lejos. Entonces dijo Abraham a sus siervos: Esperad aquí con el asno, y yo y el muchacho iremos hasta allí y adoraremos, y volveremos a vosotros” (Gen 22:4–5). Fíjese en su última afirmación: “adoraremos y volveremos a vosotros”.  Aquí vemos la perfección de la fe en la atmosfera de adoración. La fe de Abraham le decía a él mismo que ambos volverían, pero fue su actitud de adoración lo que le hizo proseguir. La historia es bien conocida.  El ángel del Señor detuvo a Abraham, quien con cuchillo en mano, se preparaba a quitarle la vida a Isaac. Pero era necesario, como parte del plan y del propósito de Dios, que su siervo le obedeciera.  El amor de Abraham por Dios fue puesto a prueba y resulto ser verdadero.

De la misma manera, para calificar para ser parte de la casa del Señor, la primera actitud que debemos poseer es un Corazón adorador; debemos estar dispuestos a entregar a Dios lo que más amamos. Para los pastores puede ser rendir sus sueños personales referentes a sus ministerios o Iglesias. Para los intercesores puede ser abandonar su rol de liderazgo en un grupo local de oración para que los que están orando puedan ser integrados en un grupo más grande.

En la muerte todo hombre rinde finalmente todo lo que posee a Dios.  Aquellos que son llamados a edificar la casa de Cristo lo hacen rindiendo sus amores mas elevados y sus propios deseos de realización al Omnipotente.  Es una muerte no distinta a la muerte de la carne.  Se abandona la esperanza de la recuperación humana; el sentido de confianza habita solamente en Dios. Abraham ofreció a Dios su más grande amor, Isaac, quien era la encarnación de su realización espiritual. El colocó todos sus sueños sobre un altar que edificó con sus propias manos.

Abraham estuvo dispuesto a confiar en Dios para el cumplimiento de Sus promesas, sabiendo que la muerte no es una barrera para el Todopoderoso. Así también aquellos a quien Dios elige como lugar para edificar Su casa darán a Dios lo que más han amado. Dentro de sus rendidos y adoradores corazones, el edificara Su casa.

El Precio Justo
La siguiente escena que revela el “ADN” del templo espiritual proviene de la vida del Rey David. Parado en la cima de un monte contemplando Jerusalén; su pecado ha traído el desagrado de Dios sobre la nación. En respuesta a su arrepentimiento, Dios le dice a David que le edifique un altar en la era de Ornan. A pesar que Ornan ofreció voluntariamente sus bueyes para el sacrificio y los trillos para la leña, David se rehusó a aceptarlos. Antes dijo: “Dame este lugar de la era, para que edifique un altar a Jehová; dámelo por su cabal precio, para que cese la mortandad en el pueblo... efectivamente la compraré por su justo precio; porque no tomaré para Jehová lo que es tuyo, ni sacrificaré holocausto que nada me cueste”  (1 Crónicas 21:22–24). La actitud de David es ejemplo del corazón que Dios busca.


Ciertamente, una cosa es venir a Cristo “tal cual somos” y encontrar salvación; y otra muy distinta, una vez salvos, pagar el precio de unirnos como Su templo. Si vamos a servir a Dios, sirvámosle entonces de todo corazón y por el precio justo.

Asimismo consideremos que Ornán era un Jebuseo, no Judío. El pueblo de Ornán había sido derrotado por David y así fugado de la región en una guerra anterior, a pesar de ello Ornán permaneció allí.  El rey podría haber tomado la tierra de Ornán como botín, pero nuevamente David paga el precio justo.

Amado, la actitud de David completamente contrasta con el típico cristianismo estadounidense.  Muchos de nosotros buscamos atajos o alejarnos sin visión o compromiso. No busquemos atajos en nuestro camino a Dios, ni ofrezcamos al Señor aquello que es de otro. Antes bien, paguemos el precio justo.

Es aquí, en esta era, que David construyó su altar y donde designó que el templo debía ser construido

Una Profunda Revelación
El tiempo pasó y finalmente, como todos los hombres, David murió. Es Salomón, su hijo, quien está completando la visión del templo de David. Escuche como las sagradas escrituras describen el lugar de edificación del templo:


"Entonces Salomón comenzó a edificar la casa del SEÑOR en Jerusalén en el monte Moriah, donde el SEÑOR se había aparecido a su padre David, en el lugar que David había preparado en la era de Ornán jebuseo” (2 Crónicas. 3:1).

Increíblemente, el monte donde David estuvo, donde se rehusó a ofrecer un sacrificio que no le costara, es el Monte Moriah, el mismo lugar donde Abraham ofreció Isaac a Dios seis siglos antes.

Amado, las Escrituras nos aseguran que antes del regreso de Cristo, el monte de la casa del Señor será establecido y todas las naciones confluirán a el. (Isaías 2:2). Abracemos el llamado como adoradores, como aquellos que dejan en el altar de Dios aquello que mas aman. Si, paguemos el precio justo para ver la casa del Señor edificada en nuestras vidas y en nuestra época.

 Señor Jesus, deseo entregarme completamente a Ti. Perdóname por ofrecer sacrificios que no me cuestan nada y ofrendas prestadas. Jesús, quiero pagar el precio justo. Señor, yo se que el asunto no es lo que yo puedo hacer por Ti, sino lo que Tu puedes hacer de mi.  Rindo a Ti todo mi ser. Que la calidad de mi vida sea apropiada para Tu casa. Y concédeme un Corazón de fe y adoración para llevar a mi Isaac al altar. En el nombre de Jesús, amen.


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El mensaje que antecede está tomado de un capitulo en el libro de Francis, La Casa del Señor


Francis Frangipane Derechos de Autor 2011
Todos los Derechos Reservados


Traducción y Edición Gabriela Rabellino

ICIT En Español - Escuela en Línea
http://www.frangipanehispano.org/



1 comentario:

  1. Sin duda rendir no es lo que el corazón quiere a nivel de naturaleza humana, pero el espíritu está dispuesto y lo importante de despojarnos, es apropiarnos cada día de la naturaleza de CRISTO!!!

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