¡Domina en medio de tus enemigos!

(English) 
La verdadera paz no proviene de una indiferencia extrema, ni se origina por volvernos tan “espirituales” que fracasemos en ver el mundo a nuestro alrededor. Paz es el fruto de tener confianza en el amor de Dios; nace de la revelación de que, a pesar de la batalla, “mayor es el que están en nosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).  No se trata de la confianza en usted, sino de la confianza en Dios.

El Dios de Paz Aplastará a Satanás
Para sostener una lucha espiritual efectiva, debemos entender y hacer uso de la autoridad espiritual. Sin embargo, la autoridad espiritual, no consiste en imponer a la fuerza nuestra voluntad sobre otra persona.  Cuando usted tiene autoridad espiritual, usted ha establecido la paz de Dios en un área que alguna vez estuvo llena de conflicto y opresión. Por lo tanto, para poder verdaderamente movernos en autoridad, debemos primero tener paz.

El apóstol Pablo enseňó, “el Dios de paz aplastara en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Rom. 16:20). Mantener la paz durante la lucha es dar un golpe mortífero y aplastante a la opresión y al temor.  Nuestra victoria nunca proviene de nuestras emociones o intelecto. Nuestra victoria viene cuando nos negamos a juzgar según lo que nuestros ojos ven o nuestros oídos escuchan y en confiar que todo lo que Dios nos ha prometido, sucederá.

 Nunca conoceremos la victoria de Cristo en su plenitud, si no hasta que dejemos de reaccionar como seres humanos a nuestras circunstancias.  Cuando realmente tenemos autoridad sobre algo, podemos mirarlo sin preocupación, temor o intimidación. Su paz es la prueba de su victoria. La autoridad de Jesus sobre la horrible tormenta (ver Mateo 8:23–27) fue el ejercicio y la extensión de Su paz sobre los elementos.  El no luchó contra la tormenta, ni le tuvo temor. En completa paz, El enfrento su furia y la sujeto con Su autoridad.  En la corte de Pilatos, en un mundo agitado hasta un delirio emocional por los poderes del infierno, una santa tranquilidad rodeo a Cristo, una paz que nacía de Su resolución por hacer la voluntad de Dios, sin importar el costo.  Su Espíritu emanaba una calma que perfectamente representaba la paz del trono de Dios. En cuestión de instantes, ya no era a Jesus a quien se juzgaba, sino los que estaban sometidos a juicio eran Satanás, Pilatos y toda la nación de Israel.

El arsenal de Satanás está compuesto por miedo, pena, duda, autocompasión, etc. Cada una de esas armas nos roba la paz y nos deja interiormente turbados.  ¿Queremos discernir donde viene el enemigo contra nosotros? En la esfera de nuestras relaciones, dondequiera que no tengamos paz, tenemos guerra. Por el contrario, dondequiera que haya victoria, tenemos paz. Cuando Satanás nos arroja sus dardos de fuego, cuanto más paz tengamos durante la adversidad, más verdaderamente caminaremos en la victoria de Cristo.


Pablo nos dice que debemos estar: “…en nada intimidados por los que se oponen, que para ellos ciertamente es indicio de perdición, mas para nosotros de salvación…” (Fil. 1:28). Su paz, su inconmovible firmeza sobre la Palabra de Dios, es una señal de estar correctamente colocado en perfecta sumisión a la voluntad de Dios. El hecho mismo de no estar “en nada intimidados” por nuestro adversario, es una señal de tener autoridad sobre él.

Los Pacificadores son los Hijos de Dios
La paz es poder espiritual.  La paz es un atributo del Espíritu Santo, y cuando usted está caminando en paz, usted está caminando en poder. Un pacificador no es simplemente alguien que protesta contra la guerra, es aquel que interiormente ha cedido tanto a Cristo, en su espíritu y propósito, que puede ser llamado “hijo de Dios”. (ver Mateo 5:9).  A donde el va, Dios va y a donde va Dios, el va.  El no teme, es calmado, y audaz. Su paz le rodea y sale de el en la misma forma que la luz y el calor se irradian del fuego.

En las batallas de la vida, su paz es en realidad un arma.  Ciertamente, su confianza declara que usted no está cayendo por las mentiras del diablo. Vea, el primer paso hacia poseer autoridad espiritual sobre el adversario es tener paz a pesar de nuestras circunstancias. Cuando Jesus confrontó al diablo, no lo confrontó con Sus emociones o en temor.  Conociendo que el diablo era un mentiroso, El simplemente rehusó ser influenciado por cualquier otra voz que la de Dios. Su paz abrumo a Satanás. Su autoridad entonces derribo y aplasto a la mentira, y esto hizo huir a los demonios.

Descansar antes de Gobernar
En el Salmo 23, David declara, “Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tu estarás conmigo…” (v. 4). Hay un lugar en el caminar con Dios donde simplemente ‘no temeremos mal alguno.”  Durante su vida, David enfrento muchos enemigos, incluidos un león, un oso y un gigante. En este salmo el enfrento la “sombra de muerte”, y aun así no temió mal alguno.  Dado que Dios está con usted, cada adversidad que enfrente se tornara en victoria mientras mantiene usted su fe en Dios.  David continuó, “Tú preparas mesa delante de mí en presencia de mis enemigos…” (v. 5). La batalla en la que se encuentra pronto se volverá en una comida para usted, una experiencia que lo nutrirá y lo edificara espiritualmente.

Solamente la paz de Dios domara nuestras reacciones carnales en la batalla. La fuente de la paz de Dios es Dios Mismo. Ciertamente, “delante del trono había como un mar de vidrio, semejante al cristal” (Apoc. 4:6). El mar de vidrio es un símbolo: no hay agitaciones, ni olas, ni ansiedades perturbando a Dios. El Señor nunca está preocupado, nunca en afanes y nunca sin una respuesta. El mar que le rodea es totalmente quieto y calmo. Todas nuestras victorias fluyen desde el estar sentado allí con Él.

Dios es nuestro Padre. La Jerusalén Celestial es nuestra madre, el sitio de nacimiento de nuestra nueva naturaleza (ver Gálatas 4:26).  Y usted, usted es un hijo de Dios amado, parte de la familia del Padre y miembro de Su familia (ver Efesios 2:19). Usted debe tener la revelación de que no está luchando para subir a los Cielos; antes bien; usted ha nacido de nuevo en un nacimiento espiritual (ver Juan 3:1–8). Esté su corazón firme y correctamente colocado en su relación con el Todopoderoso.



A quienes han nacido de nuevo, desde lo alto, El dice, “Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies” (Salmo 110:1).  Antes de ir a la batalla, reconozca que no es a usted a quien el diablo teme; ¡es a Cristo en usted! Hemos sido levantados y sentados junto con Cristo en lugares celestiales (Efesios 2:6). De ahí porque el Espíritu Santo continua hablándonos que la adoración es la primera respuesta en la batalla. Coloquémonos en la Presencia de Dios. Sentémonos, descansados, en el conocimiento y la certeza de que Cristo ya ha puesto a nuestros enemigos como estrado para nuestros pies.  Desde esta posición de descanso, la Palabra del Señor continúa, “Jehová enviara desde Sion la vara de [Su] poder, diciendo, “domina en medio de tus enemigos” ’ ” (Salmo 110:2).





El descanso antecede al gobierno. La paz precede al poder. No busquemos gobernar sobre el diablo hasta que nos sometamos al gobierno de Dios sobre nosotros.  El punto principal de toda victoria proviene de buscar a Dios hasta que lo encontremos, y habiéndolo encontrado, permitir que Su Presencia llene nuestro espíritu con Su paz. En completa confianza a Su mano derecha, mientras descansa en Su victoria, dominara en medio de sus enemigos.
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El mensaje precedente fue adaptado de un capítulo en el libro del Pr. Francis "Los Tres Campos de la Lucha Espiritual" - Publicado por Editorial Desafío- y disponible en “Arrow Bookstore”. Por derechos de reimpresión por favor contactar a la editorial



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Francis Frangipane Derechos de Autor 2011
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Traducción y Edición Gabriela Rabellino

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Porque Él Nos Amó Primero

(English)
¿Ama usted a Jesucristo? ¿No hay una parte en su corazón que no solamente acepta la verdad de que Cristo murió por usted sino que, en respuesta, realmente Le ama por el precio que El pagó? ¿No ama usted Su Palabra, incluso cuando duele y valora usted las muchas veces que El le rescato, incluso de dificultades y batallas ocasionadas por su propio pecado? 

 
 Sin embargo, para muchas personas, Jesus es superficial; no va más allá del estar de acuerdo con el hecho histórico de Su existencia. Amarlo es una realidad distante, casi antinatural para ellos. Algunos inclusive toman Su nombre en vano o con enojo.   

Para usted, sin embargo, el sonido mismo de Su nombre, Jesus, trae calma a la inquietud de su corazón.  Usted llora en películas en las que con reverencia mencionan Su nombre. Incluso si queda usted corto en sus propias aspiraciones espirituales, aun ama Su justicia. 

El hecho de que usted tiene amor por Cristo, aun cuando su amor sea imperfecto, prueba algo vital sobre usted. La propia existencia de su amor ha sido cultivada y despierta por el amor de Dios hacia usted.  El Cristo Vivo en realidad se le ha acercado. Usted Le ama porque Él se le ha revelado a sí mismo. Como está escrito, “Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19).  

Cristo, Nuestra Fuente  de Unidad
Hoy en día, los cristianos discuten sobre doctrinas y se dividen de acuerdo a la  percepción que tienen de los tiempos finales. Más todavia, demos una mirada a un asunto más profundo: Cada uno de nosotros, ¿amamos a Jesucristo? Si lo hacemos, nuestro amor a El es el resultado de Su amor por nosotros. Incluso si tenemos desavenencias doctrinales debemos tratarnos unos a otros con reverencia, porque Cristo nos ha amado de manera personal. 

Vea usted, la prueba de que realmente conocemos a Jesucristo no se mide por el nivel de lo que publiquemos  en nuestro muro sino por el nivel de amor hacia El que arde en nuestros corazones. 

¿No Le ama usted? Su amor es la respuesta a la implacable calidez del amor de Dios por usted, y Su amor se ha probado a si mismo irresistible. El dice, “No me elegisteis vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros” (Juan 15:16).  Nuevamente, El dice, “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere” (Juan 6:44). Incluso nuestro venir a Él es producto de Su amor por nosotros.
  
Cuando yo digo, “Te amo, Jesús,” es porque en algún momento mucho antes de que yo Le  conociera, antes de que pudiese discernir Su voz o reconocer Su influencia en mi vida, un poder nacido de Su amor me estaba llevando a Él. Sí, yo sé que no soy digno, mas aun Cristo me amó. Cierto es, yo no tengo en mi mismo justicia, pero me imagino que hubo un momento en el cielo cuando el Hijo se volvió al Padre Celestial y dijo, “Yo amo a Francis. Lo atraeré a Mi, le mostrare Mis caminos, y me convertiré en la Fortaleza de su vida.”

Mirad Como Nos Ama
Nuestra capacidad de morar en la Presencia de Cristo está basada en conocer la verdadera naturaleza de Dios. Si Lo vemos como una Padre cariñoso, nos acercaremos; si lo vemos como un juez duro, nos apartaremos. Ciertamente, todo lo que nos define está influenciado por nuestra percepción de Dios. 

Si no creemos que Dios se preocupa por nosotros, estaremos demasiado enfocados en preocuparnos por nosotros. Si nos sentimos insignificantes o ignorados por Él, nos agotaremos buscando significado de parte de otros. Una vez que aceptamos la profunda verdad de que Dios nos ama, que El desea que nos acerquemos a Él, una puerta hacia Su corazón se abre frente a nosotros. Aquí, al abrigo del Altísimo, podemos encontrar descanso y renovada fuerza para nuestras almas. 
Nuestro Señor no está distante de nosotros, porque en verdad El se “compadece de nuestras debilidades” (Heb. 4:15). El siente el dolor de lo que experimentamos en la tierra. El participa en la vida que vivimos, “Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (Hechos 17:28). El nos es removido de nuestra necesidad; nosotros somos Su cuerpo.  
 
La verdad es, nunca estamos solos en nuestras batallas. No obstante, si creemos que estamos solos – si aceptamos la mentira de que a Dios no le importa – nuestro entenebrecido pensamiento nos aislara del compromiso eterno de nuestro Padre Celestial. Amado, aun en nuestras épocas de pecado o rebelión, el corazón de Dios no está lejano. Considere la relación del Señor con Israel. A pesar que Israel había pecado y estaba sufriendo las opresivas consecuencias, leemos que, cuando el Señor “fue angustiado a causa de la aflicción de Israel,” El envió “libertadores” (Jueces 10:16; Nehemías 9:27). Dios no estaba distante; El estaba con ellos; en realidad ¡angustiado a causa de sus aflicciones!  

En la tumba de Lázaro, la Biblia nos dice que Jesús lloró. Por supuesto, Jesús sabía que iba a resucitar a Lázaro; El lo supo seis días antes de que levantara a Lázaro de entre los muertos. El lloró porque aquellos a quienes El amaba estaban llorando. El Espíritu de Dios siente nuestras penas. El está con nosotros en nuestros conflictos y temores. En la tumba de Lázaro, algunos sugieren que el llanto de Cristo fue en realidad por la incredulidad de Sus discípulos.  Yo no pienso así. Cuando el Señor lloró sobre Lázaro, aquellos quienes vieron a Cristo vieron a un hombre conmovido por el sufrimiento de otros, y ellos se maravillaron, “¡Mirad cómo le amaba!” (Juan 11:36).  

Nuestra sanidad llega cuando contemplamos como Él nos ama. Somos levantados de la muerte cuando Él viene a la tumba de nuestras penas y fracasos espirituales. (Efesios 2:4-5). Él nos llama fuera de la muerte por nombre. 

Vea, debemos aceptar la personalización del amor de Dios. El dio a Su Hijo por mis pecados, El da vida a Su Palabra para mi dirección, y Su Espíritu está conmigo como mi ayudador. Si el Todopoderoso es por mí, ¿quien contra mí?

Nunca dude que Dios le ama. Antes bien, mire a su corazón.  ¿Le ama usted? Si lo hace, su amor por Él es la prueba de Su amor por usted. Nosotros Le amamos porque Él nos amó primero.
 
Querido amigo, con asombrados y abiertos ojos, contemplemos cuanto nos ama, y seamos sanados de nuestra soledad.


 Padre del Cielo, ayúdanos a detenernos, a absorber dentro de nuestra consciencia el impacto de Tu determinado amor por nosotros. Que tu maravilloso amor influencie todo lo que pensamos y todo lo que hacemos y nos volvemos: Yo soy de Mi amado y El es mío. Tu estandarte sobre mi es amor. Tenga mi vida el sabor de Tu misericordia fiel hasta que, con todo mi corazón, yo Te ame como Tú me has amado.

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Este mensaje ha sido tomado del mas reciente libro del Pastor Frangipane, "And I Will Be Found By You". (Aun no disponible en español)  
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Pureza de Corazón

 (English)
Pureza de Corazón: La Visión Abierta
a percepción espiritual tiene su fundamento en la pureza de corazón. Lo que vemos en la vida, y la manera en que lo vemos, depende de lo que hay en el campo de nuestra manera de pensar interior. Para tener una visión abierta y clara en relación con el reino de Dios, es absolutamente esencial tener un corazón puro. 

Revelación y Percepción Frente al Trono de Dios
En el libro de Apocalipsis hay una maravilla: “Y delante del trono había como un mar de vidrio semejante al cristal; y junto al trono, y alrededor del trono, cuatro seres vivientes llenos de ojos delante y detrás” (Apocalipsis 4:   6-8). Nuestro propósito aquí no es enfrascarnos en especulaciones sobre estos cuatro seres. Nuestra meta es adquirir esa pureza de corazón que resulta de vivir consciente de la presencia de Dios. Procuramos tener la visión amplia y abierta que se manifiesta ante su trono.

Aunque estos “seres vivientes” pueden representar muchas cosas, una cosa es cierta: Juan no estaba teniendo una pesadilla de una visión de bestias con seis alas y con docenas de ojos cubriendo sus cuerpos. Lo que vió fue algo simbólico o representativo de una verdad más profunda. Los muchos “ojos” representan la visión amplia e incluyente que trae como resultado el estar en la presencia de Dios.

Que se sepa bien esto: donde está el Señor, está también su trono. Si usted tuvo un encuentro con el Señor es porque su espíritu está ante su trono. Cuando usted nació de nuevo espiritualmente, nació de arriba (Juan 3: 3 - Versión Amplificada).
 
En este mismo momento, por la obra del Espíritu Santo, su espíritu está “sentado” con Cristo en su trono en lugares celestiales (Efesios 2: 6) Donde está la presencia de Dios hay también una visión amplia y clara. 

Estos “seres vivientes” son símbolos de la vida que uno encuentra al habitar en la presencia del Señor. Estando en El, nuestros ojos pueden pensar: pueden ver con discernimiento y entendimiento. La mente de Cristo se fusiona con nuestra visión revelando lo que era imposible ver debido a la estrechez de nuestra percepción; entonces vemos “de frente y hacia atrás.” Nuestra visión también se enfoca “desde el centro del trono.” No solamente vemos las realidades espirituales distantes, sino que estamos lo suficientemente cerca para escudriñar las profundidades de Dios mismo (I Corintios 2: 10). 

También el estar cerca de Dios nos da “visión interior”, ojos que monitorean los motivos que guían al yo; visión interna que nos mantiene en guardia contra el pecado. Mientras más se amplía nuestra visión, mejor vemos a Dios en su santidad. El pecado más pequeño en nuestras vidas llega a ser significativo, y somos animados a vivir puros delante de El. 

Los cuatro seres vivientes delante del trono de Dios no cesaban de decir: “Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso” (Apocalipsis 4: 8). Día y noche, Dios es santo.Cuando nuestros ojos espirituales se abren, lo que nuestras bocas expresan es “santo, santo, santo.” 

Un Verdadero Israelita Tiene Percepción Espiritual
Refiriéndose a Natanael Jesús dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1: 47-51). ¿Qué clase de hombre era este joven discípulo a quien Jesús elogió? Era un hombre en cuyo corazón había sinceridad y no había engaño. ¡Ah, cómo deberíamos desear esta pureza en nosotros! Natanael tenía “visión interior.” Se conservaba libre del auto-engaño. Cuando usted se adhiere interiormente a la verdad, la percibirá exteriormente. También Natanael miró a Jesús y pudo declarar: “Tú eres el Hijo de Dios; Tú eres el Rey de Israel” (Juan 1: 49). 

 Jesús a su vez le dijo: “Cosas mayores que estas verás... De aquí en adelante verás el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1: 50-51). Por la sinceridad de corazón de Natanael, Jesús concluyó que éste inevitablemente tendría una visión más amplia. Una visión amplia y clara es la consecuencia de tener un corazón puro. Usted que batalla contra el pecado, que detesta la falsedad, que procura habitualmente y con humildad la santidad, a usted le digo que su lucha es una preparación para ver a Dios. Usted verá los cielos abiertos.

 Por la torpeza de nuestro corazón hemos llegado a aceptar la ceguera espiritual como la desafortunada situación de este mundo. La verdad es que en el Antiguo Testamento uno de los juicios o castigos de Dios por el pecado era que los cielos se volvían de “bronce”, sordos al clamor de los pecadores. De manera similar la mayoría de cristianos ven los cielos cerrados. Pocos ven con visión abierta en los ámbitos celestiales, o aún dentro de sus propios corazones. Los cielos serán siempre de “bronce” para un corazón endurecido. Pero el Señor prometió: “... ¡verás el cielo abierto, y a los ángeles de Dios...”! 

Dios quiere que tengamos una verdadera visión espiritual. Una señal de que el Espíritu Santo está involucrado en una iglesia es que “...los jóvenes verán visiones, y los ancianos soñarán sueños” (Hechos 2: 17). Existe continuidad entre el reino de Dios en los cielos, y su reino aquí en la tierra. 

Oh, sí; hay quienes dicen que lo sobrenatural estuvo limitado estrictamente a los cristianos del primer siglo, que nosotros hoy « andamos por fe, no por vista » (II Corintios 5: 7). Sí, a menudo damos pasos de fe y caminamos sin un previo conocimiento de lo que cada paso significa. Pero sentimos a Dios quien está con nosotros. La nuestra no es una confianza ciega; es una confianza probada y con visión. Andar por fe y tener visión espiritual no son situaciones que se excluyan la una a la otra, o que sean incompatibles entre sí. Precisamente, momentos antes de que afirmara que andaba por fe, el apóstol Pablo escribió: “...miramos las cosas que no se ven... las cuales son eternas...” (II Corintios 4: 18). Pablo tenía revelación y percepción del mundo espiritual. Vió el cuerpo espiritual eterno que estaba preparado para él y que lo esperaba en los cielos (II Corintios 5: 1, 4). Conoció a un hombre que “...fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables...” (II Corintios 12: 3-4).

Podríamos seguir hablando de la comprensión espiritual de Pablo, pero el hecho es que debido a la amplia visión que tenía de Cristo, escribió una tercera parte del Nuevo Testamento. ¿Cómo o por qué pudo ver las cosas que vio? Inmediatamente después de afirmar que “...a cara descubierta... miramos la gloria de Dios...” (II Corintios 3: 18), escribió: “...renunciamos a lo oculto y vergonzoso” (II Corintios 4: 1-2). Y después continuó: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (II Corintios 7: 1). Su corazón purificado y su santidad perfeccionada le permitieron tener una amplia visión de la gloria de Dios.

Recuerde: no estamos buscando experiencias; procuramos tener un corazón puro. No corremos detrás de visiones; queremos santidad. Aunque los fenómenos sobrenaturalesfueron algo esperado en la iglesia del primer siglo, también lo fue la pureza de corazón como una condición normal en el cristiano. Por lo tanto, no sea como los tontos que andan en busca de visiones. Usted debe procurar la santificación y cuando esté listo, si Dios así lo quiere, le hablará en maneras sobrenaturales (Hechos 2: 17-18). No se esfuerce por tener una “experiencia” con Jesús. Procure más bien tener un corazón puro, permitiendo que Cristo lo examine y lo purifique diariamente. Y a medida que lo lava con su palabra y lo purifica con su santidad, lo introducirá a su presencia, y abrirá sus ojos a las “cosas externas e internas.”

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El mensaje precedente fue tomado del Libro del Pastor Francis La Verdad, LaSantidad y La Presencia de Dios. Disponible en Editorial “ArrowPublications”.





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Amor Implacable

(English)
¡Simplemente debemos tener más de Jesús! Frente al incremento de la maldad en el mundo, las ideas humanas han fracasado. Quienes comprenden la hora en la que vivimos, están buscando a Dios. Poseer más de Cristo mismo es nuestra única estrategia y esperanza.

 Más aun, buscar a Dios es embarcarnos en un viaje que incluirá obstáculos y enemigos espirituales a lo largo del camino. No debemos darnos razones o excusas para fracasar.

Como modelo, por tanto, miraremos al libro de Cantares 3.1-4. Aquí encontramos a la novia y al novio, ambos, intolerantes respecto a la distancia entre ellos. La novia en el pasaje simboliza a la iglesia en su más profundo anhelo por Jesús; el novio simboliza al Señor.