Reparadores de Portillos

(English)





"Y los tuyos edificaran las ruinas antiguas; los cimientos de generación y generación le­vantaras, y serás llamado reparador de porti­llos, restaurador de calzadas para habitar" (Isaías 58:12).

La reunión de los santos
Casi todos Los cristianos verdaderos de toda procedencia comparten una doctrina llamada el "rapto de la Iglesia" (1 Tesalo­nicenses 4:16-17). Y mientras el estudio y las discusio­nes rodean el tiempo de este hecho, la Biblia nos asegura que con el último sonido de la trompeta seremos arrebatados para encontrar al Señor en las nubes. Por tanto, mientras los críticos dirán que Francis no cree en el rapto, la verdad es que lo hago. No obstante, es claro que, de acuerdo a muchas Escrituras, antes que así suceda, habrá una época extraordinaria de gracia donde la iglesia vivien­te de Jesucristo, se "prepara como una esposa" (Apocalipsis 19:7). En este periodo sin paralelo de preparaci6n, quienes estén vivos en Cristo alcanzaran un nivel tan santo y tan intachable como el que tuvo Jesus, y que El quiere para la iglesia, donde esta viene  a ser santa y sin mancha, irreprensible (1 Tesaloni­censes 3:11-13; Efesios 5:26-27; Filipenses 1:9-10). El resultado de este nuevo nivel de santidad será un nivel nuevo de unidad. Desaparecerán la murmuración y el hallar faltas. En su lugar habrá intercesión y amor. La sanidad regresara a la iglesia. Esto también significa que las ambiciones, contiendas y divi­siones que hoy vemos entre las diversas comunidades, se identificaran como pecados, de los cuales habrá que arrepentirse antes de la segunda venida del Señor.

La verdad de este mensaje debe quedar bien clara, porque casi todos los cristianos consideran que la unidad dentro del cuerpo de Cristo es inconcebible antes del regreso de Jesus. No han podido discernir ni luchar contra el espíritu del anticristo que ha condi­cionado a los creyentes para que acepten las divisiones y el sectarismo dentro de la iglesia. Pero debemos saber por la Palabra del Señor (1 Tesalonicenses 3:11­13; Efesios 5:26-27; Filipenses 1:9-10), que la iglesia que será arrebatada, ha de ser una iglesia libre de contiendas y de divisiones carnales.

Durante el arrebatamiento nuestro cuerpo cam­biara. Pero nuestro carácter, es decir, la esencia de quienes hemos venido a ser, permanecerá lo mismo, sin cambio. No habrá pesares ni admirarse de "coma los de esa iglesia lo hicieron", porque la novia viviente será una iglesia construida en la unidad del amor, que se refine en locales o edificios separados, pero donde se sirve y se adora a un solo Jesucristo. Los verdaderos discípulos del Señor se conocerán por su intenso y santo amor entre 4., no solamente en sus congregacio­nes individuales, sino también dentro del contexto de una iglesia que comprende a toda la ciudad.

También es significante que el termino escritural para el rapto sea "juntar, reunir, congregar" (2 Tesalonicenses 2:1; Mateo 24:31, etc.). Lo que al final se consumará en nuestra reunión juntos físicamente  en uno, con el Señor, ya está comenzando a acontecer ahora espiritualmente con El dentro de su cuerpo. Respecto al "fin del siglo" Jesus enserio que los "pe­ces buenos" serán "recogidos en cestas" (Mateo 13:47-48). Asimismo, en el contexto de la batalla espi­ritual, sus labios dijeron: "El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, despa­rrama" (Mateo 12:30).


Este proceso separatista y divisor de las ovejas del Señor ha tenido lugar durante un tiempo demasiado largo. Jesus entrego su corazón para traer sanidad y unidad a su cuerpo. En este aspecto, por medio de su profeta, el Espíritu Santo hizo una sombría adverten­cia: "¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño!..." (Jeremías 23:1). A Cristo no le agradan las divisiones carnales de su cuerpo. Obviamente habrá un tiempo de sanciones, y viene pronto, donde el Señor habrá de castigar a esos pas­tores que continuan en la construcción de sus reinos, sin que se reúnan con otros para levantar el reino de Dios. A ellos les dice: "...yo castigo la maldad de vuestras obras..." (Jeremías 23:2).


Asimismo, en el Nuevo Testamento, el Señor expone con toda claridad su meta y su objetivo: "También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y (Aran mi voz; y habrá un rebaño y un pastor" (Juan 10:16). También revelo que la naturaleza de pastores asalariados permite al lobo arrebatar las ovejas y dispersarlas. Pero su promesa a sus ovejas es así: "...yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras...y las hare volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicaran. Y pondré sobre ellas pas­tores que las apacienten; y no temerán mas, ni se amedrentaran, ni seran menoscabadas..." (Jeremías 23:3-4). Al final los pastores de la Iglesia de Cristo serán subpastores del Señor Jesus; serán ungidos para reunir y recoger su remanente y bajo esa unción las ovejas crecerán y se multiplicaran.


Precisamente ahora, en el contexto de humillar­nos y someter nuestro corazón a su voluntad, partici­pamos en ser "reunidos juntos", y ese proceso aumentará progresivamente hasta cuando las barreras entre hermanos se derritan por el calor y la naturaleza vencedora del amor de Cristo que vive en nosotros. Antes de la segunda venida del Señor, seremos verda­deramente "un rebaño con un pastor". Seremos un rebaño santo e intachable que se reune en edificios o locales diferentes, pero bautizados en un solo cuerpo.

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Libro del Pastor Frangipane del cual fue adaptado el presente mensaje ha sido publicado en español por Editorial Desafío bajo el titulo Los Tres Campos de la Lucha Espiritual. Disponible para su adquisicion en "Arrowbookstore"
 
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La Última Gran Cosecha

(English)
En medio de ataques terroristas, flagrante rebelión y conflictos mundiales, ¿hay aun en el corazón de Dios un “gran despertar” que llevara a multitudes hacia Su reino? ¿O el futuro esta irreversiblemente cronometrado, avanzado segundo a segundo hacia conflictos catastróficos y condenación? Yo, por mi parte, estoy convencido que el corazón del Señor arde por las naciones. Creo que una estación de gran cosecha nos espera.

Es fácil ver el pecado y predecir condenación. Sin embargo, el hecho mismo de que Dios nos conceda el privilegio de la oración nos dice que Él desea que participemos con Él en la transformación de nuestro mundo. Ciertamente, aun cuando una nación aparenta estar completamente atrapada en la maldad, el corazón de Dios está buscando a alquilen quien “se pusiese en la brecha delante de [Él], a favor de la tierra.” El corazón de Dios es redimir, “no destruir” (Ezequiel 22:30).  Que tremenda revelación de la naturaleza de Dios, que si simplemente una persona abraza la transformación a semejanza de Cristo—si el o ella se paran en la brecha con inofendible intercesión—¡ese individuo puede alterar el futuro de una nación! Antes de pensar que estoy exagerando, tanto la Biblia como la historia secular nos dicen que ese es exactamente el caso. Personas individuales se han parado por sus familias, Iglesias, ciudades y naciones, y a través del tiempo Dios los ha usado para alterar el curso de la historia (ver Heb. 11; Ecl. 9:15).

La llave para desatar este gran poder de Dios es vivir la vida con un objetivo: obtener la semejanza a Cristo.  Todo en nuestro Programa a Imagen de Cristo (ICIT) esta diseñado en enfocar nuestra fe en Jesucristo. Las prioridades que presentamos, si se asimilan correctamente, capacitaran a cada uno de nosotros a poseer la verdadera transformación espiritual.

Nuestra visión en el Programa de Formación a Imagen de Cristo es capacitar y lanzar cientos de miles de pastores, líderes e intercesores a países a través del mundo en la imagen de Cristo. Estamos ingresando en la estación de nuestra mayor transformación; se acelera hacia nosotros. Dios quiere usarnos para alcanzar a nuestras familias, vecindarios y más. Pero primero El deber renovar y transformar nuestros corazones. No dude que el Espíritu de Dios puede hacer una obra profunda y total en usted. Al final de los tiempos, el Señor ha prometido que Su obra de levantar personas y alcanzar naciones será cumplida “muy pronto. . . en todo el mundo” (Rom. 9:28 DHH).  Aliéntese. El asegura que a su tiempo” hara que nuestra transformación sea “cumplido pronto” (Isa. 60:22).

-- adaptado de ICIT Nivel I
 Por mas informacion www.frangipanehispano.org




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Traducción y Edición Gabriela Rabellino



Quitando la Carga de la Lamentación

(English)
"¿Por qué desobedecí al Señor?"

"Si solo me hubiese mantenido callado."


"Si tal cosa o tal cosa no hubiese ocurrido, mi vida sería mucho mejor."

El lamentarse. Nada nos encadena a nuestros fracasos del pasado como el lamentarse.


Yo conozco demasiados cristianos que iban bien, sin embargo en algún momento cayeron en pecado. Lo peor es que ellos sabían lo que hacer. Ellos no ignoraban las artimañas de Satanás sin embargo cayeron. El resultado de su caída fue que, en el mismo lugar donde su alegría alguna vez brillaba, ahora existe una pesada opresión. Esta opresión se ve como una parte del arrepentimiento, pero no lo es. Es demoniaca, Se trata de una visión forjada en los fuegos del infierno.

No estoy diciendo que no debemos lamentarnos nunca o que el lamentarse no tiene un lugar legítimo en nuestro arrepentimiento. Sí, debemos tener remordimiento y un lamentar piadoso por las cosas que hemos hecho mal, pero hay una diferencia entre la pena piadosa y la opresión demoníaca. Si nos hemos arrepentido de nuestros pecados, y si realmente nos hemos dolido por ellos, hay un momento de entregar la carga al Señor. Es tiempo de soltarlo, así como la Escritura nos ordena entregar nuestra ansiedad al Señor “porque El tiene cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7).

Que nunca olvidemos: Jesús no es solamente el Salvador de aquellos nuevos conversos; El permanece siendo nuestro Salvador, comprometido y fiel a lo largo de nuestras vidas.

A Liberar a los Cautivos
Aun así, no podemos permitir que el lamentarse se torne en un arma demoníacamente manipulada y utilizada contra nosotros.  Paralizara nuestro caminar con Dios. Estoy pensando en padres que sienten que han fracasado en la educación de sus hijos o líderes de iglesia o cívicos que han tropezado y caído en pecado. Ellas son grandes personas que han caído –que han estado enterrados espiritualmente bajo el peso de la auto- condenación y la lamentación.


Cristo vino a liberar a los cautivos, incluso a aquellos que se han provocado ellos mismos un lío.  Considere al Rey David quien, reflexionando sobre su vida, escribió, “Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado. . ." (Salmo 37:25). Recuerde, este es el mismo hombre que, en medio de tiempos “de juventud’ y ahora “envejecido”, cometió el más atroz de los pecados de adulterio con Betsabé, y luego, para cubrir su pecado, ordenó matar a Urías, su esposo.

Sin embargo, mirando atrás a su tiempo de arrepentimiento, David se dio cuenta que, a pesar de la disciplina y el juicio que cayeron sobre el, el no “quedó derribado.”  A través de todo eso el Señor sostuvo firmemente “su mano” (v. 24). Considere: ¡incluso en el pecado de David, el Señor no lo abandono!

En vez de rechazar a David, el Señor obró para restaurarlo. Sí, hubo consecuencias. El Señor advirtió que debido al pecado de David “no se apartará jamás de [su] casa la espada” (2 Sam. 12:10). Mal se levantaría contra [el] “de [su] misma casa”. (v. 11).  Esto se cumplió con el hijo de David, Absalón quien cometió sus propios crímenes contra David.

Mas todavía, incluso cuando David huyó de Jerusalén, incluso en su quebrantamiento y pena y siendo maldecido por sus enemigos (2 Sam. 16:5-15), vemos una notoria calidad en el corazón de David.  Afligido y humillado delante de los hombres, David se fortaleció delante del Señor.  Abriéndose camino hacia el Señor, escribió una canción llena de confianza en Dios.  Con todos los problemas y dolor que se acarreo a sí mismo, he aquí un hombre quien pecó pero que no estaba viviendo preso del lamentarse.

 El subtitulo del tercer salmo nos dice que es el “ Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo."

!!Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí.
 Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios. Selah
 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza.
 Con mi voz clamé a Jehová,
Y él me respondió desde su monte santo. Selah
 Yo me acosté y dormí,
Y desperté, porque Jehová me sustentaba.
 No temeré a diez millares de gente,
Que pusieren sitio contra mí.
 Levántate, Jehová; sálvame, Dios mío;
Porque tú heriste a todos mis enemigos en la mejilla;
Los dientes de los perversos quebrantaste.
 La salvación es de Jehová;
Sobre tu pueblo sea tu bendición. Selah
 

Un Nuevo Pacto de Gracia
Cuando venimos a Cristo, venimos a Quien nos ha prometido nunca dejarnos ni desampararnos (Heb. 13:5).  Usted y yo, aun como Gentiles, hemos sido escogidos por Dios quien personalmente prometió reedificar y restaurar el tabernáculo de David (Hechos 15:15-17).  Para quienes son de Cristo, El promete “
Os daré las misericordias fieles de David" (Hechos 13:34).

Estoy diciendo que es tiempo de levantarnos otra vez- con mas sabiduría, mas discernimiento, pero completamente libres de las cadenas que nos han atado. Estoy pensando asimismo en Noemí, la suegra de Rut, en la genealogía de David. Noemí sufrió la pérdida de tanto, sin embargo en sus últimos años, de nuevo encontró la bendición del Señor tal que las mujeres alabaron al Señor como el redentor de Noemí y oraron “Sea él también para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez” (Rut 4:15).

Y esta es mi oración por usted también, que el Señor sea a usted el “restaurador de vida” y Quien le “sustenta” incluso en “su vejez.”  Aun mientras crece en sabiduría y más humildad, quite el Señor de usted la carga de la lamentación.



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Un Dios que Busca

(English)




Pregunta: ¿Que pasara si, en su caminar espiritual, usted se vuelve tibio en vez de continuar persistentemente buscando al Señor?  La respuesta es, nada ocurrirá. No caerán meteoritos del cielo golpeándole. Nada que no sea común al hombre le ocurrirá. Usted simplemente permanecerá el mismo que ha sido: sin cambiar. Una vida sin cambio es suficiente juicio.



Si no caminamos tenazmente con Dios, simplemente no podemos ser transformados. Si, el espíritu aun puede ser salvo incluso si hemos edificado nuestras vidas con “madera, heno y hojarasca” (1 Cor. 3). Pero llegaremos a poco de nuestro destino eterno. La gloria que nos espera será apenas notable, una guiñada, comparados con aquellos quienes abrazaron su transformación en la tierra y ahora, en la eternidad, “resplandecerán como el sol en el reino de su Padre” (Mat. 13:43).

El Omnipotente no nos exige que cambiemos. Cierto es, El nos convence de pecado y nos aleja de deslizarnos al infierno, pero El no va a dominar nuestra voluntad o hacer que nos sea imposible desobedecerlo. Las convicciones y advertencias de parte del Espíritu nos ayudaran a salvarnos del infierno, pero ellas no nos equiparan para el Cielo.



Mi punto es el siguiente: nuestra búsqueda del Señor no puede estar motivada simplemente por el temor o el alivio de un conflicto presente. El tesoro de la Presencia de Dios es de extremo valor en todo el universo.  El debe ser buscado por el incomparable valor de conocerle a El por El mismo. Con este propósito Le buscamos.



Y todavía, El también busca algo de nosotros. ¿Simplemente disfruta de mirar, año tras año, a billones de seres humanos alimentándose de realidades temporales? ¿O el Altísimo está buscando algo más profundo en Su creación del hombre?



He aquí lo que Jesús enseñó acerca de la naturaleza de Dios. El dijo que el Dios de la creación es un Dios que busca: El busca lo que se había perdido; El busca verdaderos adoradores; y El es “semejante a un mercader que busca buenas perlas” (Mat.13:45). Necesitamos comprender esto acerca del Señor: El no está buscando lo típico, sino lo valioso.  Es su naturaleza buscar personas que, habiendo aceptado a Cristo, ahora van en pos de la conformidad a El como pasión central de sus corazones.



El prueba la sinceridad del compromiso de ellos: ¿ofrecerán sus preciosas vidas a Dios como seguidores de Cristo?  Aunque se levanten y caigan a menudo, no se retiran. Ellos se han determinado a ofrecer al Padre corazones que se han purificado en el fuego de Su amor.



 ¿No es esto lo que el Padre espera, sobre todo porque el Espíritu de su Hijo habita en nosotros? Aunque muchos son llamados y pocos escogidos, sin embargo, quienes responden ¿no le anticipan una recompensa por Sus sufrimientos? Esa recompensa es esta: que vea replicado en nosotros la misma fe, el amor y la naturaleza redentora que Cristo Jesus mismo manifiesta. Esto es lo que busca el Padre.



Capacitados no solamente Salvos
 
“por esto sabemos que estamos en él. El que dice que permanece en él, debe andar como él anduvo” (1 Juan 2:5-6).



Una cosa es creer en Cristo, otra es creer como El. Jesus dijo que Su propósito con nosotros no es solamente salvar nuestras almas, sino luego “prepararnos bien” hasta que seamos realmente “como [nuestro] Maestro” (Lucas 6:40).  Esta es la santa búsqueda de Dios; es el primer y eterno propósito de la creación; hacer al hombre a imagen de Dios (Gen. 1:26).



Alguien puede argumentar: bueno, yo intente seguir a Cristo pero fui lastimado (o, no estuve de acuerdo con las doctrinas de mi iglesia; o enfrenté una batalla más grande de lo que podía soportar).



Sí, pero sin tales desafíos ¿como se desarrollaría en nosotros la naturaleza de Cristo? Dios nos coloca en situaciones imposibles específicamente para dar lugar a nuestra transformación – donde aprenderemos a descansar en la gracia y el poder de Su Hijo. El viaje hacia la semejanza nos impulsara, inevitablemente mas allá de los límites de nuestra naturaleza humana, y así debe ser.



El Padre encontró una perla de gran precio en Su Hijo. Sin embargo, Su corazón todavía busca ver a Su Hijo revelarse en un cuerpo de muchos miembros. Hoy el continúa buscando a verdaderos adoradores cuyos corazones permanezcan tiernos incluso cuando las condiciones sean duras. El busca el precioso valor de un pueblo redimido que, cuando enfrenta injusticia, encuentra mayores manifestaciones del amor de Cristo con el cual responder.  Sus corazones están firmes independientemente de retrasos o pruebas.



Puede que sea simplemente un individuo en un vecindario o solo dos en una ciudad que verdaderamente estén buscando a Cristo, pero estos adoradores han atraído la atención de Dios. Ellos son la sal de la tierra.  Ellos van en pos de ser hijos. Ellos son el enfoque del Dios que busca.

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Con la Mirada de Tus Ojos

(English)

“¿Quién es ésta que se muestra como el alba, Hermosa como la luna, Esclarecida como el sol, Imponente como ejércitos en orden?” (Cantares 6:10).

A pesar de toda la controversia y lucha en nuestro mundo, sin hacer caso a la disparidad de opiniones en las guerras religiosas de estos días, el foco de Cristo todavía se mantiene sobre Su novia. Es nuestra búsqueda fijar nuestra mirada en Él.

La mayoría de nosotros amamos sinceramente al Señor y estamos agradecidos por todo. No obstante, muchos estamos más cómodos celebrando lo que Jesús ha hecho por nosotros que con aceptar lo que El desea que seamos. Danzamos con Sus victorias y enseñamos de Sus misericordias, aun así raramente aquietamos nuestros corazones y nos rendimos ante Su presencia. Lo queremos lo suficientemente cerca como para que nos proteja pero no tanto como para que nuestras conciencias sean capturadas por Su presencia.

Con todo lo grandioso y liberador que es conocer lo que Jesús ha hecho por nosotros, hasta que realmente nos rindamos a El, nuestra religión nunca será más que una “lección de historia.” La religión no es suficiente. No nos satisface ni a nosotros ni a Cristo. Jesús también quiere conocernos.

Usted dice, pero ¡Él ya nos conoce! En su Omnisciencia, El conoce todas las cosas.

Si, pero en Su amor, El busca conocernos como seres que viven en inquebrantable unión con El. El tiene el derecho de poseer nuestras almas, nuestros secretos, y nuestros sueños. El quiere la persona que soy cuando nadie más me mira. No obstante, El no se fuerza a sí mismo. Esa no es la forma de obrar del amor.

En realidad, nosotros le amamos porque El nos amo primero. Nos comprometemos con El debido a Su compromiso con nosotros.  Esta inter relación de nuestras vidas con la de Cristo – esta unidad nacida del amor – es el único destino de la iglesia con el cual Cristo está satisfecho. Al final de los tiempos, cualquier cosa inferior a la unidad con Cristo no nos sostendrá.

Dios es Amor
Yo conozco el temor del Señor y este es el principio del verdadero conocimiento. Pero, como el apóstol, también llegue a conocer y creer el amor que Dios tiene para nosotros (1 Juan 4:16). Dios es amor. Consideremos esto, que el apóstol que cayó ante Jesús como hombre muerto en la Isla de Patmos, mas tarde escribió, “En el amor no hay temor” (1 Juan 4:18).

El Señor sabe que el temor de Dios que tenemos es un fuerte disuasivo del pecado y un poderoso aliado para caminar rectamente. No obstante, para acercarnos a El tenemos que conocer más que el temor de Dios; tenemos que creer en el amor que Dios tiene por nosotros. El amor de Dios es perfecto. Este amor “hecha fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo.” (v. 18). Es solamente este amor que puede llevar a la novia de Cristo a su destino.


El Corazón de Dios
Puede que usted este leyendo este artículo y el pensamiento de buscar a Dios, de acercarse a Cristo,  haya despertado en usted una iniciativa a hacerlo. Y aun, cuando el pensamiento inicialmente se apareció en usted, instándole a entrar en Su Presencia, algo también se aceleró en el Corazón de Cristo.  Él dice,

"Has cautivado mi corazón, hermana mía, esposa mía; has cautivado mi corazón con una sola mirada de tus ojos” (Cantares 4:9).

Su mirada, aunque haya sido solo la más breve expectativa de estar con Él, hizo que el corazón divino palpitara más fuerte. Otra versión dice, “Prendiste mi corazón”. Es así como el corazón de Cristo responde a nuestro deseo de estar con El.


Jesús no regresara solamente para destruir la maldad; El viene por una esposa. Al final de la era nuestra tarea no es simplemente prepararnos para el arrebatamiento o la tribulación sino ¡para Cristo Mismo!

Gocémonos y alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado” (Apocalipsis 19:7).


Vea, nuestra preparación es para Cristo. La novia no está dando vueltas en temor sobre lo que está viniendo sobre el mundo; ¡ella esta consumida en amor por el que está viniendo a este mundo! ¡No estamos siendo preparados para una fecha determinada, sino para un matrimonio! No hay nada más importante para Jesucristo que Su novia, la iglesia. El murió por ella; y por ella El vive para interceder.

Su amor se mostro capaz y digno de ganar nuestra completa redención. Nuestra más noble tarea es rendirnos con temor reverente a El cuyo corazón late más rápido con una simple mirada de sus ojos.

 Señor Yo confieso, me he distraído y he estado ansioso con mis muchas tareas. Ciertamente, incluso mis responsabilidades a Tu favor han, de alguna manera, tomado el lugar de Tu Presencia. Maestro, amado amante de mi alma, Yo me arrepiento. Deseo conocerte, aun como Tú me has conocido a mi Señor.




El mensaje que antecede fue adaptado de un capítulo del libro de Francis Los Días de Su Presencia – versión en ingles – Por más información sobre este libro, visite por favor “Arrow Bookstore”.


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