Donde un Alma Desolada Encuentra a Dios

(English)
A pesar de que irrumpimientos están ocurriendo en varias ciudades, mucha gente buena se ha cansado. Ellos están siguiendo simplemente por rutina. El profeta Daniel advirtió sobre un tiempo en el cual el enemigo… “quebrantaría a los santos del Altísimo” (Dan. 7:25). A fin de salir victoriosos en este día, debemos ascender a la realidad que Dios nos ha dado en el Salmo 91. Hay un lugar donde volver a llenarnos de vida – una fuente de vida eterna donde podemos habitar. La Biblia llama a este lugar el abrigo del Altísimo.

Elías: Un Hombre Como Nosotros
Elías fue un hombre con pasiones como las nuestras, y el peleó en una guerra espiritual similar a la nuestra. En su batalla por el alma de Israel, se paró contra las artimañas de Jezabel y su esposo, el Rey Acab. Aun así, su batalla más intensa no fue contra los enemigos visibles sino contra el desaliento personal.

Tan valiente como lo fue Elías, vivió como un fugitivo yendo desde cuevas hacia sitios donde ocultarse. Jezabel había matado a casi todos los profetas del Señor, reemplazando su influencia divina con la oscura opresión satánica que acompañaba a los sacerdotes de Baal y Asera. Sin embargo, una nueva iniciativa vino de parte del Señor: Tanto Elías como los profetas de Baal tenían que construir altares para cada una de las deidades que individualmente servían. El Dios que respondiera seria reconocido como Señor sobre la nación.

El Rey Acab y todo Israel acudieron a ver la confrontación. Por más que lo intentaron, los sacerdotes de Baal no pudieron obtener respuesta de su demoniaco ídolo, Baal. En dramático contraste, cuando Elías oró, inmediatamente cayó fuego del cielo y consumió su sacrificio. Esta fue la más grande victoria de Dios. Y cuando los Israelitas vieron el despliegue del poder de Dios, se postraron sobre su rostro y dijeron: “El SEÑOR, El es Dios; el SEÑOR, El es Dios.” (1 Reyes 18:39 - Biblia de las Américas).

Mas el Señor no había terminado. Luego que Elías ejecutó a los profetas de Baal, se fue al Monte Carmelo, y postrándose, oró siete veces por lluvia hasta que el Señor envió una gran lluvia que termino con tres años de devastante sequía. ¡En solo este día, tanto fuego como lluvia cayeron del cielo milagrosamente!

Quizá si este tremendo día hubiese ocurrido en casi cualquier otro momento de la historia de Israel, la nación se habría arrepentido, pero no lo hizo. La adoración a Baal debería haber terminado, pero continuó. De hecho, nada cambió. En lugar del avivamiento previsto por Elías, lo opuesto ocurrió: una Jezabel enfurecida juró matar al profeta del Señor, forzando a Elías a huir al desierto. Elías se desplomo allí, exhausto y abatido, debajo de un enebro. “Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4).

Elías había ofrecido al Señor su mejor esfuerzo. Este día había sido el evento culminante de su vida. Elías había orado que Israel conociera que el Señor era su Dios, y en respuesta, el Señor “volvería el corazón” de Israel a El. (1 Reyes 18:37). Aun así, al igual que los profetas anteriores a él, Elías no pudo desencadenar avivamiento para Israel. El desaliento le abrumo. Había tenido suficiente.

¿Ha llegado usted al punto de agotamiento espiritual o emocional que también ha dicho, “Es suficiente”? Quizá fue frustrado por su propia incapacidad de lograr un cambio positivo en su familia o usted ha orado y ayunado por su iglesia o sociedad pero ningún cambio visible ha ocurrido. Usted lo ha dado todo pero ha encontrado poco éxito. Descorazonado y cansado como Elías, todos sus recursos se agotaron.

Elías se acostó y durmió. Al hacerlo, un ángel lo toco y le dijo, “Levántate y come” (1 Reyes 19:5). A su cabecera había pan y agua. Elías, cansado de la vida misma, comió y se volvió a dormir.

Una vez más el ángel lo toco. “Levántate”, dijo. “…Come, por es muy largo el camino para ti” (v. 7). Así mismo para todas nuestras visiones, planes y programas, el viaje delante de nosotros es “muy largo”. Ciertamente nuestro camino está divinamente diseñado para ser largo para nosotros. El Señor no tiene plan en el que podamos tener éxito sin El. La vida está extremadamente construida para conducirnos a Dios.

Regresando a los Fundamentos

“Se levantó, pues, [Elías] y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” (1 Reyes 19:8).

El Señor le dio fuerza a Elías, no para enviarlo de regreso a la batalla sino para llevarlo de regreso a lo esencial. Si terminamos consumidos con nuestra tarea más de lo que lo estamos consumidos por nuestro amor a Dios, nuestras vidas finalmente se volverán frágiles y solitarias. A fin de restaurar nuestras almas, el Señor nos lleva de regreso a lo esencial de nuestra fe. Ciertamente, El podría aun detener nuestras tareas completamente y dirigirnos a las simples realidades de la oración, tiempo en la Palabra, y adoración. El nos recuerda que, de todo lo que El nos llama a alcanzar, Su mas grande mandamiento es amarlo con todo nuestro “corazón… alma…mente…y…fuerzas” (Marcos 12:30). Sin este foco, perdemos contacto con la presencia de Dios; estamos fuera del abrigo del Altísimo.

El Señor llevó a Elías a “Horeb, el Monte de Dios.” En Hebreo, Horeb significa “desolación.” [Hebreo: Charab- crear la desolación.]

El estéril ambiente reflejaba el alma de Elías. Aun así para Dios, Horeb fue realmente un lugar donde los asuntos del corazón del hombre fueron arrastrados a la superficie. No hay teatro en Horeb, no hay actuación. Es el lugar de honestidad sin maquillaje y completa transparencia de corazón.

¿Como Llegó Usted Aquí?
Quizá la más grande virtud de Elías fue su celo. Ciertamente, dos veces durante sus conversaciones con Dios, Elías hablo de estar “con celo” por el Señor. Pero el celo que no es acompañado de sabiduría eventualmente se convierte en su propio dios. Nos impulsa hacia expectativas que son irreales y fuera del tiempo y de la unción del Señor.

Para permanecer equilibrados, el celo debe ser refrenado y dirigido por estratégicos encuentros con el Dios vivo. De otra manera, nos tornaremos frustrados con la gente y desalentados con las demoras. Salimos fuera de nuestro lugar de fortaleza y protección espiritual.

Elías había venido a Horeb y se refugió en una cueva. Prontamente la Palabra de Dios vino a el: “¿Que haces aquí Elías?” (v. 9). Esta es una de las preguntas más importantes que Dios nos hará jamás. Su pregunta prueba la realidad de nuestro estado espiritual: “¿Como se torno seco y desolado tu servicio a Mi?” Dios quiere que sepamos que cuando fallamos en estimarlo como nuestro primer amor, siempre encontraremos un desierto esperándonos.

Nuestro propósito primario en la vida debe ser habitar en Cristo. De otra manera podemos terminar tan consumidos por la condición en deterioro del mundo que fallamos en ver la condición en deterioro de nuestra propia alma. En Su amor, el Señor nos detiene y nos fuerza a mirar honestamente a nuestro corazón: ¿Es esta existencia que vivo ahora la vida abundante que Cristo prometió para mí?

Hablemos francamente. No tenemos nada que probar ni necesidad de aparentar. Podemos abandonar los mecanismos internos de defensa y orgullo. Si estamos desilusionados, somos libres de expresarlo; si frustrados, podemos admitirlo. Debemos simple y sinceramente evaluar, sin racionalizar, nuestra verdadera condición espiritual.


La transparencia es la vestidura externa de la humildad, y la humildad atrae la gracia de Dios a nuestros corazones. ¿No es la intimidad con Dios la cosa misma que más desatendemos? Y ¿no es solamente el Señor la fuente de nuestra fuerza en batalla? Si el enemigo puede distraernos de nuestro tiempo a solas con Dios, nos aislara de la ayuda que viene solamente de Dios.



Acerquémonos, por tanto, al Dios vivo sin ninguna otra vestidura más que transparencia

Una Unción Fresca
Mientras las presiones de esta era aumentan, prontamente descubriremos que la unción de ayer no será suficiente para las batallas del hoy. El Señor trajo un nuevo comienzo a la vida de Elías en Horeb – uno que a la larga soltaría una “doble porción” de poder al sucesor de Elías, Eliseo. Bajo esta nueva unción, Jezabel seria destruida, la adoración a Baal abolida, y el único periodo de avivamiento que las tribus del norte experimentaron, comenzaría.

Alcanzar un lugar similar de irrumpimiento, tomara más que el ímpetu de nuestro propio celo. No deberíamos sorprendernos si Dios nos llama a pasar por nuestro propio Horeb.

¿Como reconoceremos este lugar? Horeb es la voz de la desolación personal; es la irresistible desesperación de nuestro corazón por poseer más de Dios. Debemos ahora escuchar cuidadosamente a la voz de Dios. Porque es en Horeb que El nos lleva profundamente hacia El mismo. Es aquí, bajo la cobertura de Su compasión, que descubrimos el propósito de nuestro quebrantamiento: nuestra desolación es, de hecho, un tiempo de preparación.

El Señor está por traer un nuevo comienzo para usted. Cuando regrese a la batalla, usted peleara desde el abrigo del Altísimo.

Señor Jesús, separado de Ti, mi vida está seca y desolada. Perdóname por intentar hacer Tu voluntad sin habitar en Tu presencia. Señor, te necesito desesperadamente. Este día, me comprometo en mi corazón a regresar a mi primer amor. Enséname, Señor, a considerar la intimidad contigo la más grande medida de mi éxito. Déjame ver Tu gloria; revélame Tu bondad. Guíame, Oh Espíritu Santo, hacia la fortaleza espiritual de la presencia de Dios. Amén.







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El mensaje precedente ha sido adaptado de un capitulo en el nuevo libro del Pr. Francis, revisado y actualizado, “The Shelter of the Most High” (El Abrigo del Altísimo de acuerdo a su traducción literal). Su versión previa fue publicada anteriormente en español bajo el titulo El refugio de Dios”.  

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino
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