Introducción a la Guerra Espiritual

(English)
Quiero hablarle hoy sobre la guerra espiritual. Sin embargo, antes de continuar, tengo dos inquietudes. La primera tiene que ver con nuestra necesidad de sabiduría. Hay un antiguo proverbio europeo que es digno de atención. Dice: “La edad y la perfidia siempre derrotarán a la juventud y al celo.” Antes de comprometernos en la guerra espiritual, deberíamos saber esto sobre Satanás: es un enemigo viejo y extremadamente pérfido. Por otra parte, la fuerza de casi todos los cristianos está sobre todo en el idealismo y en un fervor que no ha sido puesto a prueba. No es necesario que transcurra mucho tiempo, por lo general de cinco a diez años en el ministerio, y casi todo el celo se habrá desvanecido. Imperceptiblemente, el llamado ministerial se deteriora pasando de un caminar con visión a un simple oficio rutinario.



Sucedió que el celo, por sí mismo, desafió a la falsedad del infierno y perdió. El brillo de la visión juvenil se empañó bajo los negros nubarrones de los ataques satánicos implacables. Con el peso del desaliento y la frustración creciente, se instalaron primero los términos medios y luego la atadura espiritual.



Pero el villano verdadero no ha sido el pecado, sino la ignorancia. Metemos al diablo en una caja doctrinal y esperamos que se quede allí. No lo hace. Socavó las relaciones y nuestro amor se volvió desconfiado y cauteloso. Nos resistió en la oración y nuestra fe se debilitó. La desilusión se ha instalado. Después de pasar mucho tiempo con pastores que están en esa lucha, he visto un rasgo común en la mayoría. Fracasaron en discernir los ataques del mal. Quedaron desprotegidos contra un enemigo viejo, mañoso y lleno de falsedad.



Jesús preparó a sus discípulos para todo, inclusive para la guerra espiritual. Le vieron expulsar demonios, claramente sabían que el diablo era real. De hecho, los envió a hacer lo mismo. Pero antes de hacerlo, les encomendó ser sabios y prudentes como “serpientes”, pero llenos de inocencia y sencillez como “palomas” (Mateo 10:16). Esta fusión de la sabiduría de Dios y la sencillez de Cristo, es la clave de toda victoria espiritual. Obviamente podemos derrotar al enemigo, pero la sabiduría debe preceder a la batalla y la virtud debe estar antes del triunfo.



En consecuencia, mi objetivo es capacitar a la iglesia en sabiduría y hacerle a esta un llamado a la sencillez. No desconoceremos lo aprendido con anterioridad; todavía viviremos por fe. Pero debemos conocer y aprender los caminos de Dios, lo cual quiere decir que debemos pensar con sabiduría. Y debemos ir en pos de la pureza de corazón, para que podamos ver a Dios y adquirir discernimiento.  Ciertamente, es la falta de discernimiento lo que nos hace vulnerable a los ataques satánicos.



 Con respecto a mi segunda inquietud, permítanme decir que no hay atajos para una guerra espiritual exitosa; los atajos son sólo modos de hacerla más larga y más peligrosa. Un camino hacia el peligro es ingresar en la lucha mientras se está cegado por la presunción.  Para una batalla espiritual efectiva, es necesario considerar el ser cuidadosos como la esencia de la victoria.

Cualquiera sea el inminente plan espiritual en el que cree estar, recordemos que Adán se encontraba en el Paraíso cuando cayó. Antes que nuestras experiencias religiosas y el aumento de nuestra sabiduría nos hagan estar confiados en exceso, recordemos que aunque Salomón escribió tres libros de la Biblia y en verdad pudo contemplar la gloria de Dios, también cayó. Sí, inclusive en nuestra más profunda adoración al Todopoderoso no olvidemos que en un pasado remoto Lucifer mismo estuvo una vez en el cielo, dirigiendo y cantando alabanzas a Dios.



Todos hemos visto a muchos que han caído. Jesús advirtió que el amor de muchos se enfriaría. No presumamos que no nos pueda suceder a nosotros. Nuestro enemigo ha estado engañando a la humanidad por miles de años. En cambio, nuestra experiencia es apenas breve. Es sabio reconocer que no sabemos todo lo que se debe saber con respecto a la guerra espiritual.



Por tanto, séa firme, pero nunca insolente o arrogante en su vida de oración. Use su autoridad espiritual administrándola bien, compasivamente, pero nunca en forma presuntuosa. Muchos cristianos con buenas intenciones pero ignorantes se han acercado al enemigo en actitud de petulancia y han sufrido en gran manera por eso. Estudie varios libros y busque la confirmación del Señor para sus estrategias. Como está escrito: “Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con dirección sabia se hace la guerra” (Proverbios 20:18).



Así, nuestro propósito acá es ayudar a equiparlo para la batalla en tres áreas primarias: la mente, la iglesia y los lugares celestiales. Hay otros frentes de lucha o subcategorias en la pelea, sin embargo, es aquí donde casi todos enfrentaremos los conflictos.



 Una palabra final. Algunos de ustedes serán usados como instrumentos en para volver sus ciudades a Dios. Es nuestra oración que la verdad de la gracia de Dios lo equipe para este propósito y que otros se le unan en esa gracia a fin de ver un perdurable mover de Dios. La promesa del Espíritu dice: “Una pequeña ciudad y unos pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre” (Eclesiastés 9:14-15).



Mientras muchos predicen la destrucción de nuestra nación y el colapso de nuestras ciudades, ellos no han tenido en cuenta el poder de Cristo en nosotros.  Mas recuerde, “Mejor es la sabiduría que la fuerza y...mejor es la sabiduría que las armas de guerra” (Eclesiastés 9:16,18).

                                                       —Francis Frangipane,
                                                                      Julio 1989
   adaptado de la Introducción a
Los Tres Campos de la Lucha Espiritual


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Traducción y Edición Gabriela Rabellino
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