La Oración Hizo Que Dios Desistiera


(English)
La visible gloria de Dios descendió, luego se manifestó en la cumbre del Monte Sinaí. Seis millones de Israelitas escucharon la audible voz de Dios hablándoles desde el majestuoso fuego. La nación entera fue sacudida en temblor santo. En respuesta, los líderes Israelitas le suplicaron a Moisés que Dios no les hablara más a ellos directamente. Moisés estuvo de acuerdo, se volvió y subió a la cima de la montaña y entró en la aterradora hoguera, donde permaneció durante cuarenta días. (Ver Éxodos 19:17-20:19; 24:18.)

Increíblemente, cuando Moisés retrasó su regreso, los Israelitas comenzaron a rebelarse, haciéndose ídolos, un becerro de oro, similar a los ídolos de Egipto. Esto hicieron a la vista de la gloria de Dios, desafiando Su gloria con su escandalosa idolatría. (Ver 31:1-8.)

Nada enoja mas al Dios vivo que la idolatría del hombre, y este acto fue suficiente para haber destruido a todo Israel, tanto a los pecadores como a aquellos que vieron el pecado y no hicieron nada por detenerlo. En respuesta, el Señor le dijo a Moisés, “He visto a este pueblo, y he aquí, es pueblo de dura cerviz. Ahora pues, déjame, para que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; mas de ti yo haré una gran nación” (Éxodo 32:9-10).

Este es un versículo increíble. Revela algo sobre el funcionamiento interno de la mente divina. En particular estoy pensando en la afirmación del Señor: “Déjame.”   La implicancia es que si “dejamos” al Señor --- esto es, sin un intercesor que apele a Su Misericordia--- la ira divina puede ser expresada en su plenitud. A la inversa, también lo contrario es verdadero: la ira puede ser restringida si nosotros, como intercesores, no renunciamos a nuestra súplica. Mientras Moisés no dejara la oración, una oportunidad de misericordia era posible.

El objetivo de un intercesor es permanecer en oración; o sea “no dejar” a Dios. No quiero con esto decir que nosotros somos más misericordiosos o más capaces de perdonar que Dios.  Esto sería más que falso. Pero lo que es verdad es que, alguna medida de misericordia divina y perdón- una razonable medida- está reservada en el corazón de Dios y es escoltada a la tierra a través de la intercesión humana. La santidad de Dios exige que el pecado sea penado; Su misericordia, sin embargo, triunfa sobre el juicio y puede obtenerse a través de la oración.

Nuestra búsqueda es volvernos uno con la misericordia de Dios. Por el contrario, el objetivo del diablo es crear una relación inversa entre nosotros y Dios, donde acusamos a la gente por sus pecados y fracasos. Satanás busca amargarnos contra nuestros seres queridos y socios, vecinos y nación de forma que nuestro deseos no sean redentores sino acusatorios y enjuiciadores.

Pedro advierte a los maridos que no permitan amargura contra sus esposas para que sus “oraciones no sean estorbadas” (1 Pedro 3:7). Subraye esta verdad: la amargura impide la intercesión. El Señor desea que ascendamos a sus propios pensamientos de extender misericordia a la tierra. Así, el intercesor enfocado en misericordia atrae toda la atención de Dios.

"Déjame," dijo el Señor. Aun así Moisés se negó. En cambio, le recordó al Señor Sus promesas para Israel así como Su relación con los antepasados de Israel: Abraham, Isaac y Jacob (Ex. 32:11-13). Muchos intercesores malinterpretaron el retroceso inicial y reportaron, erróneamente, que Dios había agotado Su misericordia.  No lo había hecho. De hecho, Sus misericordias son nuevas cada mañana. La respuesta de Moisés fue prevalecer sobre el amor de Dios. El le recordó al Señor Su propósito, repitió las promesas del Señor, y no dejó de orar por Israel.

Moisés se volvió en un intercesor maduro. Se mantuvo cerca de Dios, prevaleciendo en oración. Incluso cuando el Señor dijo que haría de Moisés una gran nación, Moisés ignoro la posibilidad. El supo que todo pueblo tendría tiempos de pecado y fracaso. Moisés había llegado muy lejos para comenzar de nuevo. Este viaje se trataba de un pacto hecho con los antepasados de Israel. 

Recuerde, la misión era llevar a un pueblo imperfecto con una promesa de parte de Dios hacia su cumplimiento.  El rol del intercesor es orar desde el inicio de ese viaje, a través de los valles del pecado y vueltas atrás, y continuar en oración hasta que se obtenga la promesa de Dios.

Puede que usted sea un pastor de una iglesia o un intercesor o un padre. No importa, por quien sea que usted este en oración, debe tener esta actitud: “Señor, respecto a este a quien amo, no te dejo.”

Cuando yo oro, nunca pido que caiga la ira de Dios; siempre oro por misericordia y gracia.  Me pongo de acuerdo con Dios en que la ira se justifica debido al pecado del hombre, mas aun suplico a Dios por misericordia y corrección.

El Resultado
El resultado de la intercesión de Moisés es absolutamente increíble: “Y el SEÑOR desistió de hacer el daño que había dicho que haría a su pueblo” (Éxodo 32:14).

¡Sea esto una revelación para todos nosotros!  ¡La Oración de Moisés hizo que Dios cambiase de idea!

 Mucho acerca de cómo Dios se relaciona con el futuro de una nación está basado en como ora la sociedad. El Espíritu ha hecho una verdad evidente para mí: El futuro de una sociedad no pertenece a los pecadores, sino que pertenece a los que oran.  Así, Jesus le dice a Sus discípulos que si dos se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan (Mateo 18:19), les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Dos o tres siervos de Dios que se nieguen a abandonar su fidelidad en oración pueden soltar la misericordia de Dios en su mundo.

Para Moisés y los Israelitas, el resultado fue profundo: “el SEÑOR desistió de hacer el daño que había dicho que haría a Su pueblo” (Éxodo 32:14).

Piense en ello: la oración hizo que Dios desistiera.

 Señor, gracias por estar siempre abierto a nuestro clamor.  Ayúdame a perseverar, a no darte descanso, hasta que Tú cumplas Tus más elevados propósitos con mi familia, iglesia y nación. Gracias porque no hay voz tan débil que Tu no puedas oír. Maestro, me paro en la brecha por aquellos que amo. Revélales tu misericordia. Amén.
                                              ---adaptado de un capítulo en el libro de Francis,
                                                                     “The Power of One Christlike Life”

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino
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