Una Espada Atravesará Tu Corazón

Rendición del que guarda la Visión,
Segunda Parte

Los planes de Dios están llenos de sorpresas.

No importa cual verdadera sea una visión de Dios, nunca será completada en la forma en que nosotros nos imaginamos. Todas nuestras expectativas quedaran incompletas. De hecho, nuestras mismas ideas a menudo llegan a ser los obstáculos más sutiles que se levantan entre nosotros y nuestro señalado futuro en Dios. De este modo, debemos mantener nuestras mentes abiertas y sometidas a Dios, porque cuando Dios hace realidad Su Palabra, es siempre “más abundantemente de lo que pedimos o entendemos” (Efesios 3:20).

En nuestro último mensaje hablamos de María, la madre de Jesus, y su rol como “Guardiana de la Visión”. Ahora vamos a discutir cómo el Señor debe cambiar nuestra identidad del control a la entrega completa. Interesantemente, durante la primera etapa de la transición de Maria, Maria encuentra a Jesus resistiéndola. Antes de que el Señor pueda traer a alguno de nosotros a una nueva fase en de Su voluntad, El debe de desmantelar el “sentido de logro” que a menudo acompaña a nuestras antigua relación con El. Es un hecho que muchos movimientos, tanto dentro como fuera de las denominaciones, comenzaron de manera simple. Almas hambrientas anhelaron y encontraron más de Dios. Con el pasar del tiempo, según crecían en número, el logro reemplazó al hambre, la gente creció más satisfecha con las bendiciones de Dios que con Su Presencia. Hay una profunda diferencia.

El apóstol Pablo ilumina este fenómeno usando a Israel como ejemplo. El escribe: “Israel… falló en alcanzar su meta. ¿Y por qué? Porque sus mentes estaban fijas en lo que habían alcanzado en vez de lo que creían” (Romanos 9:31,32 PHILLIPS traducida al español).

Lo que le sucedió a Israel es típico de todos nosotros. Sin darnos cuenta, nos encontramos dependiendo de lo que hemos logrado. La Biblia dice que Dios resiste al orgulloso pero da gracia al humilde (Santiago 4:6). Es siempre su misericordia quien guía nuestra mirada, sacándola de nuestros logros y llevándola de regreso al conocimiento de nuestra necesidad.

Hoy en día, gente de diferentes corrientes de pensamiento cristiano están comenzando a reconocer sus propios defectos. En realidad, ¡todos necesitamos corrección! Y el principio de ese proceso se encuentra en Jesús resistiendo nuestro orgullo y restaurándonos a un hambre fresca por conocerlo. Así, a fin de poner más en alto a María, el Señor debe disminuir la opinión que ella tenía sobre sí misma: El la resiste en el nivel que se encontraba.


“Y se agolpo de nuevo la gente, de modo que ellos ni aun podían comer pan. Cuando los oyeron los suyos, vinieron para prenderle; porque decían: Esta fuera de sí.” Marcos 3:20, 21

Estas palabras son muy fuertes: “vinieron para prenderle… porque decían: Esta fuera de sí.”Es probable que la prevaleciente influencia sobre los familiares de Cristo proviniese de María. ¿Había su malestar causado el malestar de ellos? El asunto no es que Jesús estuviese fuera de sí, sino que ellos habían perdido control. Para que Jesús tome el control, nosotros debemos rendir nuestro control. El avivamiento es tan simple como esto.

Debemos de ser conscientes que, cuando el verdadero Cristo comience a revelarse a Su iglesia, primero nos reducirá de ser triunfadores a volvernos otra vez en seguidores. El poder mismo de Cristo para sanar, liberar y obrar milagros está contenido en la revelación de Su Señorío. Niéguele Su soberanía en su iglesia, y le estará negando a su iglesia Su poder. El no puede ser manipulado, sobornado o mendigado. Recuerde, Jesús no hizo ningún milagro hasta que El comenzó a manifestarse como Señor. De ahí en adelante, las únicas relaciones que El activamente sostuvo fueron aquellas que reconocieron y se sometieron a Su Señorío sobre ellos.

La próxima escena en el evangelio de Marcos, comienza: “Vienen después sus hermanos y su madre” (Marcos 3:31). Podemos imaginarnos que, por fuera María es sutil pero claramente a cargo. Por dentro, probablemente está preocupada e insegura. A Jesús, rodeado por una multitud, le dicen: “Tu madre y tus hermanos están afuera y te buscan.” (Marcos 3:32). El tono implicado aquí es: “Hay alguien aquí con algo más importante de lo que tú estás haciendo ahora”.

En cualquier otro orden de cosas, puede ser correcto honrar a alguien de su propia familia con privilegios especiales, pero no por encima de hacer la voluntad de Dios. María está afuera mirando hacia adentro. En lo que puede ser la primera vez en su vida, ella siente una distancia espiritual entre ella y su Hijo. Deberíamos ver que mientras más nos ponemos a controlar a otras personas, menos íntimos podemos ser con ellos; porque la intimidad se encuentra en vulnerabilidad y entrega, no en control. De todos aquellos allegados a Jesús, María y la familia se han deslizado a los más lejanos; están fuera de la esfera de intima camaradería.

De hecho, cuando le dijeron a Jesús que Su madre había llegado, El dijo,

 “--¿Quién es mi madre y mis hermanos? Y mirando a los que estaban sentados alrededor de él, dijo He aquí mi madre y mis hermanos. Porque todo aquel que hace la voluntad de Dios, ese es mi hermano, y mi hermana, y mi madre.” (Marcos 3:33-35)

Aunque ellos estaban afuera, estaban lo suficientemente cerca para oír claramente Su reprensión. Allí mismo, la palabra hablada a María treinta años atrás por Simeón, fue cumplida. “y una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones.” (Lucas 2:35) Cristo quirúrgica y misericordiosamente removió de María la fortaleza de control.

Hoy, el Espíritu Santo esta quirúrgicamente removiendo de nosotros aquello que busca controlar a Cristo. Fue por el bien de María que Jesús la separo. Fue para propia ganancia de María que El destruyó aquello que inconscientemente se Le oponía. Hay tiempos en nuestro caminar con Dios que es bueno que el Señor corte viejas actitudes que han limitado Su libertad de cambiarnos. Si verdaderamente somos Sus discípulos, no simplemente sobreviviremos su reprensión; daremos más fruto bajo su poda.

Mientras el día de su regreso se acerca, espere ver muchos cambios. Nuestro destino es llegar a ser el cuerpo de Cristo con Jesús como la Cabeza. La iglesia fue creada para recibir sus directivas a partir de una relación viva con El. No hay otra forma para nosotros de ser conducidos por El que buscándolo en oración y recibiendo Su Palabra con un corazón contrito.

Cristo como Señor sobre todo
Al mismo tiempo, corresponde una advertencia. Esta transición de nuestra fresca rendición a Cristo no es una excusa para justificar la rebeldía o la falta de orden en la iglesia. Si nos postramos en oración, ministrando a Jesus como Señor, como lo hicieron los lideres en Hechos 13: 1-3, vamos a ver las mas magnificas demostraciones del poder y la gloria de Dios.

Si verdaderamente deseamos que nuestro Cristianismo tenga a Cristo, debemos dejar que El reine. Ciertamente, habrá un impulso de nuestras vidas a una dependencia mayor. Sí, seremos forzados a abrazar los cambios más drásticos. Sin duda, seremos reducidos a lo que parecerá ser como el comienzo de nuestro caminar con Dios. Aun así, ¡recuperaremos también las pasiones de nuestra alma en buscar al Todopoderoso seriamente! Y, Oh, ¡Cómo le complace a El tal búsqueda!

Bíblicamente esta condición del corazón es llamada primer amor, y no hay realidad de Dios en nuestras vidas sin el. Como usted puede ver, Sus brazos no son cortos, que no puedan estirarse para alcanzar nuestras iglesias y nuestras ciudades. El privilegio que el Señor nos está concediendo es entrar en la más profundamente maravillosa, más gloriosa imprevisible experiencia que podamos tener: ¡conocer el poder del Dios vivo!


El fin de nuestra historia sobre María es ésta: En el día de Pentecostés, María y los hermanos de Jesús eran todos parte de los ciento veinte en el aposento alto. Las escrituras mencionan a María por nombre (Hechos 1:14). María verdaderamente demostró ser una sierva del Señor. Esta extraordinaria mujer totalmente sirvió a Dios en el nivel más alto de rendimiento. ¡Pasó de dar a luz a Cristo, a educarlo, a rendirse a El; soporto el indecible dolor a los pies de Su cruz, para recibir el Espíritu Santo el día de Pentecostés!  Bendita fue ella entre todas las mujeres. Más todavía, soporto el dolor de la espada de Dios atravesando su corazón. Alcanzo su meta no apresurándose o intentando controlar a Jesus sino a través de su rendición a Él.














Adaptado de un capítulo del libro de Francis, Los Días De Su Presencia


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Traducción y Edición Gabriela Rabellino





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