¡Este día pelearemos!

(English)
Las Escrituras dicen que el Señor dejó naciones en la tierra prometida “para probar con ellas a Israel, a todos aquellos que no habían conocido todas las guerras en Canaán; solamente para que el linaje de los hijos de Israel conociese la guerra, para que la enseñasen a los que antes no la habían conocido” (Jueces 3: 1-2).

Para completar nuestra madurez espiritual, el Señor debe “probarnos” con nuestros enemigos; como Israel, debemos ser enseñados a guerrear.”

Yo me doy cuenta que la mayoría de nosotros preferimos paz. Si, si fuera por nosotros, viviríamos en paz con todos los hombres (Rom. 12:18). Nuestra lucha no es contra carne ni sangre, sino que estamos en conflicto mundial con principados y potestades (ver  Ef 6:12). Vea, hay un “tiempo de guerra” (Ec. 3:8). Como cristianos, debemos aceptar y ajustarnos a esta verdad.

Para pararnos en victoria, necesitamos expandir nuestro entendimiento que quien es Jesucristo. La Biblia dice que Cristo “como guerrero saldrá, como hombre de guerra despertará su celo; gritará, sí, lanzará un grito de guerra, contra sus enemigos prevalecerá” (Isa. 42:13).

Incluso el rapto debe ser entendido en términos militares “Pues el Señor mismo descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, y los muertos en Cristo se levantarán primero” (1 Tes 4:16).

La imagen de la venida del Señor es explosiva. El viene con “voz de mando” (o “grito de guerra”). ¡El es seguido por la impresionante “voz del arcángel”, y luego “la trompeta de Dios”, tan fuerte que las potencias de los Cielos serán confrontadas y colapsaran! ¡Finalmente, los “muertos en Cristo” comenzaran a levantarse! Toda la operación es de naturaleza militar y feroz.

 Alguien puede argumentar, si el Señor viene para guerrear, pero Su primer objetivo es rescatarnos. Bueno, ¡por cierto que no estoy en contra de ser rescatado, habiendo sido rescatado por el Señor muchas veces! Pero el cuadro de la iglesia es también uno de militancia. Recuerde, Jesus dijo, “edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella” (Mat 16:18). Nuevamente considere: ¡es la iglesia la que está avanzando contra las puertas del hades, y el infierno no está prevaleciendo!

La Necesidad de Luchar
Francamente, yo soy pro la paz, pero reconozco que no puedo tener paz a menos que primero no sea entrenado para la guerra.  Es mi preparación para la guerra que asegura mi habilidad de tener paz. Ciertamente, fue durante los tiempos de guerra – de lucha y batalla – cuando mas he crecido en coraje, fe, sacrificio y amor. La batalla me llevo más allá de los límites de mi espiritualidad. Si, cuando estaba peleando por mi familia, iglesia o comunidad, fue la lucha misma lo que definió y estableció mi crecimiento espiritual.


De hecho, al envejecer, he llegado a comprender que cada generación esta ordenada para confrontar y derrotar a los enemigos de su era. En los últimos cien años, hombres y mujeres pelearon en la Primera Guerra Mundial; luego vino la Gran Depresión, y la pobreza y el temor fueron conquistados. La Segunda Guerra Mundial comenzó, y nuevamente una generación se levanto y salvo al mundo de una innombrable tiranía. Luego, los Estados Unidos de Norteamérica se levantaron contra la propagación del impío comunismo Soviético.

Vea usted, cada generación, en algún momento, enfrentara una guerra que deberá ser ganada.  En esa pelea aprendemos lecciones de coraje. ¿Ve usted esta generacional guerra spiritual? Así, no podemos interpretar las decadentes condiciones de nuestro mundo y asumir que el fin del mundo está sobre nosotros. ¡No! Lo que estamos viendo en nuestro mundo es el campo de batalla contra los impíos enemigos de nuestros tiempos.

Recuerde, yo creo en el rapto; y también creo que estamos en la estación del fin. Pero no puedo excusarme a mí mismo de enfrentar a los gigantes de las guerras de hoy día. Así como nuestros antecesores tuvieron que tener éxito contra grandes y altamente entrenados enemigos, también nosotros tenemos que vencer la radical agenda de aquellos que buscan promover la perversión dentro de nuestra sociedad.  Algunos de nosotros hemos físicamente peleado en las guerras de Iraq y Afganistán – y debemos también orar por la justa finalización de estas. Otros están peleando para ver a la nación volver a Cristo.  Yo sé que muchos están cansados, mas aun es tiempo de que también nosotros “seamos ensenados” en la guerra.

Independientemente de la batalla delante de nosotros, no importa cuan oscura se vuelva la atmosfera spiritual, debemos luchar por los propósitos de Dios en la tierra. No podemos descansar en nuestra intercesión ni rendir nuestra visión del futuro de nuestra nación. No hemos entrado al día de tinieblas irreversibles.

Seguramente conoce usted la trilogía escrita por J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos. Tolkien, un Ingles, negó que su obra reflejara las realidades de la Segunda Guerra Mundial. Más aun, muchos de sus manuscritos fueron escritos durante el epicentro de tal gran conflicto, cuando reinos enteros estaban en guerra.  El fue claramente influenciado por su época. Su libro es una metáfora para todos los tiempos y los conflictos, especialmente destacando el rol de hombres comunes para alcanzar niveles de valor y victoria fuera de lo común contra las fuerzas del mal.

En una escena de la tercera película del Señor de los Anillos, el Rey Aragorn busca inspirar a sus hombres a pelear a pesar de lo que parecía una segura derrota: Un enjambre de legiones del infierno se han acumulado delante de ellos y el coraje de los combatientes de Aragorn se está debilitando. Cabalgando a lo largo del frente de su humilde ejercito, grita:

Veo en vuestros ojos el mismo miedo al que daría lugar este mi Corazón. Y llegara el día en el cual el valor de los hombres falle, cuando abandonemos a nuestros amigos y rompamos todo lazo de fraternidad. Pero este no es ese día… ¡Este día pelearemos! ¡Por todo aquello que quiera en esta tierra, os digo, párense, hombres del Oeste!

Asimismo dejemos de lado nuestros temores y especialmente la carga de una existencia pasiva y carente de oración. Tomemos la espada del Espíritu, que es la Palabra de Dios. Y peleemos por todo lo que amamos en nuestra época y cultura. Si, puede que llegue el día cuando el mundo sucumba totalmente por una pizca de anos, a las fuerzas del mal. Pero no es este el día.  ¡Este día pelearemos!


---Adaptado del libro de Francis, “Alístese junto al Señor de los Ejércitos”







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