El Fuego Viviente


(English)
Lo que nosotros definimos como “salvación” es, en verdad, la entrada, y luego la expansión, de la Presencia de Cristo en nosotros. Cuando lo aceptamos, Cristo se une con nuestro espíritu y comienza Su obra transformadora; comienza a influenciar nuestros pensamientos, dándonos revelación de la Escritura, trayéndonos convicción de pecado, y creando actitudes piadosas en nosotros. El trae sanidad a las heridas de nuestro pasado, e incluso nuestros cuerpos mortales son vivificados por Su morada en nosotros.


Nuestro viaje en Cristo es, al mismo tiempo, su viaje hacia nosotros. Nosotros somos Su tierra prometida.  Podemos estar seguros que los gigantes en nuestras vidas, aunque nos han humillado, no le humillaran a El.  El conquistara a nuestros enemigos y morara en nosotros para siempre.

Así, la realidad que nosotros llamamos “salvación” es en verdad, el paulatino despliegue de la gloria de Dios en el hombre. De hecho, si usted es un Cristiano, entonces Cristo esta en usted; usted ya está en la gloria. Usted está revestido con Cristo (Gal. 3:27), y Cristo el Mismo es el “resplandor de la gloria [del Padre]" (Heb. 1:3).

Satanás sabe que es usted un Cristiano, no solamente porque le escucho repetir una oración en el altar de la iglesia; el Diablo vio lo que ocurrió cuando usted oro: la gloria de Cristo entro a su espíritu!

Allí, ahora mismo dentro de su espíritu, habita la sustancia viviente – incluso el radiante resplandor- de Cristo Mismo. Su oración para recibir al Señor Jesús en su corazón fue eternamente eficaz.

 El Refugio Divino
Alcanzar la gloria de Dios es la razón de nuestra existencia. Por consiguiente, el Señor está más preocupado con nuestra completa conversión que con nuestro confort carnal; El busca establecer en nosotros verdadera santidad antes que falsa felicidad. El incluso nos hará pasar por aguas y fuegos si es necesario para erradicar el flagelo de nuestra adicción a los objetivos de los hombres.


 El resultado de lo que parecen ser duros o severos tratos es que, habiendo sido liberados de las endebles defensas del hombre, la gloria de Dios Mismo se vuelve en nuestro refugio.


"Cuando el Señor haya lavado la inmundicia de las hijas de Sion... con el espíritu del juicio y el espíritu abrasador, entonces el SEÑOR creará sobre todo lugar del monte Sion y sobre sus asambleas, una nube durante el día, o sea humo, y un resplandor de llamas de fuego por la noche; porque sobre toda la gloria habrá un dosel.” ---Isaías 4:4-5



La gloria de Su Presencia “será un dosel.” Isaías continua, “habrá un abrigo para sombra contra el calor del día, para refugio y escondedero contra el turbión y contra el aguacero” (Isa. 4:6).

¡Piense en ello! En los últimos días la gloria de Dios se incrementara tanto volviéndose tan manifiestamente tangible, tan substancia, que Su resplandor se volverá en un “abrigo”, un “refugio”, y un “escondedero” para Su pueblo.

 Entre todas las razones para servir a Dios, Su llamado más elevado a nuestros corazones es nada menos que alcanzar la gloria de Cristo: “Y fue para esto que El os llamó mediante nuestro evangelio, para que alcancéis la gloria de nuestro Señor Jesucristo (2 Tesalonicenses 2:14).

Si, Cristo separara los Cielos y, a la ultima trompeta, seremos puestos en inmortalidad y en complete conformidad con nuestro Redentor (1 Cor. 15; 1 Juan 3:2). Más aun, le diré un misterio: hay un escenario previo al regreso de Cristo – un corto periodo cuando (en vez de nuestra debilidad humana) una gloria especial será “dada” a la novia. Si, ella se “vestirá de lino fino, resplandeciente y limpio" (Apoc. 19:8; ver también Isaías 60:1-3; Mateo 13:41-43). Cristo está viniendo, y en anticipación a Su retorno, Su novia, “resplandeciente y limpia,” anunciara Su regreso.

De hecho, el ingreso a la gloria de Cristo no solo se volverá más alcanzable; se volverá más necesario. Porque al intensificarse los tiempos finales, la gloria de Dios se volverá en un refugio viviente para Su pueblo. En Su gran amor para con nosotros, mientras se acerca el Señor, Su Presencia consumirá la paja de nuestra mundanalidad; nuestros miedos se disolverán en alabanza. Lo que quedara será un pueblo purificado y seguro en el fuego vivo de Su Presencia.


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Traducción y Edición: Gabriela Rabellino


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