Las Palabras de Dios

(English)
Mucho de lo que estamos hoy viviendo estuvimos hablando ayer. Por supuesto, no todo en el futuro de una persona está determinado por sus palabras. Sin embargo, de manera real, nuestras palabras son semillas que florecen en futuras esperanzas y temores; son los pioneros de nuestro futuro, los pioneros de nuestro mañana.
 
Más todavía, la mayoría de nosotros somos demasiado casuales, o ignorantes acerca del peso de nuestras palabras. Recuerde: fue Jesus Mismo quien advirtió, “Y yo os digo que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio.” Y continuo, "Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado” (Mat. 12:36-37).

Cada uno de nosotros compareceremos delante de Dios y daremos cuenta de nuestras palabras. En realidad seremos justificados o condenados por las cosas que pronunciamos en la vida. En verdad, las palabras ociosas crean ídolos, realidades falsas y metas huecas, ante las cuales nos inclinamos y servimos.



La Semilla de la Vida o la Muerte
Hay peso en las palabras, una sustancia spiritual en nuestras palabras, y esa sustancia tiene el poder de impactar a aquellos quienes las reciben. Jesus dijo Jesus dijo que Sus palabras eran “espíritu y vida” (Juan 6:63). La sustancia en las palabras de Cristo es la vida eternal, y el creer en Sus palabras nos transforma.

Y asimismo nuestras palabras pueden contener sea vida o por el contrario, pueden contener muerte. Si yo escribiese una serie de obscenidades, blasfemias y maldiciones, la vileza de tales palabras dichas, al menos temporalmente, ¿no degradarían su alma con su efecto tóxico? Nuestras palabras, manipuladas por el infierno, pueden realmente volverse en armas que el enemigo utilice para destruirnos y herir a otros, como Job reto a sus llamados amigos: “¿A quién has proferido palabras, y de quién es el espíritu que habló en ti?” (Job 26:4).

Cuando calumniamos o chismeamos, debemos preguntarnos: ¿De quién es el espíritu que se expresa a través de nosotros? Vea, Satanás busca utilizar nuestras palabras contra nosotros. Con nuestras palabras, criticamos pero no oramos; juzgamos sin mostrar misericordia. Estas cosas afectan inmediatamente nuestro futuro. Satanás sabe que si el puede capturar nuestras lenguas, el puede capturar nuestro futuro. Como está escrito: “La lengua...prende fuego el curso de nuestra vida y es encendida por el infierno” (Vea Santiago 3:2-6).

El diablo puede tomar nuestras descuidadas, insensibles palabras y, literalmente, aplastar a la gente con ellos. A pesar de que una palabra no tiene masa medible, puede convertirse en una carga insoportable para el alma de una persona, especialmente una palabra dura que se habla en ira. En realidad, puede destruir la vida de otro.


 
¿Aun piensa que las palabras carecen de importancia?  Un definitivo aspecto de nuestra salvación se despliega cuando "confesamos con [nuestra] boca que Jesús es el Señor" (Romanos 10:9). Nuestra confesión saca a la salvación de un estado vago, provisional y la convierte en una dimensión distinta, una efectiva dimensión de nuestra vida. Nuestra confesión de fe en todas las cosas ayuda a trazar nuestras vidas en dirección a Dios.
La oración misma es la expansión del corazón hacia Dios a través de palabras, y al orar de acuerdo a la voluntad de Dios, sus palabras empiezan a dar forma a su futuro en Dios.


Combinando Pensamientos Espirituales con Palabras Espirituales
Y nosotros hemos recibido… el Espíritu que viene de Dios, para que conozcamos lo que Dios nos ha dado gratuitamente, de lo cual también hablamos, no con palabras enseñadas por sabiduría humana, sino con las enseñadas por el Espíritu, combinando pensamientos espirituales con palabras espirituales” (1 Cor 2:12-13).

Cuando combinamos pensamientos espirituales con palabras espirituales, las cosas gratuitamente dadas a nosotros por Dios comienzan a manifestarse en nuestras vidas. Esto no quiere decir que la mera repetición de palabras tiene poder, como por arte de magia. No. Sin embargo, la Biblia nos llama a combinar "pensamientos espirituales", con “palabras espirituales,” haciendo posible que nuevas dimensiones se abran en nuestra relación con Dios."


Volviéndonos como Cristo, la Palabra
La iglesia está comenzando a darse cuenta que su propósito singular es ser como Cristo. Ser como Jesus, sin embargo, es ser purificado en ambas cosas el Corazón y el hablar. Santiago dijo que “si alguno no tropieza en lo que dice, es un hombre perfecto” (Santiago 3:2). Nuestras palabras, por lo tanto, son una medida de nuestra madurez.


 
O considere a Isaías. Cuando este poderoso profeta vio al Señor, el recibió inmediata convicción acerca de sus palabras. Isaías dijo, “¡Ay de mí! Porque perdido estoy pues soy hombre de labios inmundos y en medio de un pueblo de labios inmundos habito” (Isa. 6:5).
 Tomando un carbón encendido del altar, lo primero que el Señor limpió fue el discurso de Isaías.

 
Del mismo modo, cuando en verdad veamos a Jesús, nuestras palabras también serán puestas bajo el carbón encendido de la convicción divina, un proceso de limpieza comenzara. Así, Pedro dice, “El que habla, que hable conforme a las palabras de Dios” (1 Pedro 4:11).

Es un honor ser ungido para hablar una palabra a tiempo; es un honor más grande hablar un mensaje eterno. Cristo habló ambos. Si hoy debiéramos estar de pie delante de Dios, nuestras palabras ¿nos justificarían o condenarían? Seriamos honrados por hablar las palabras de Dios?


 Señor, pon guarda sobre mi Corazón para que no peque con mi boca. Maestro, purifícame que mis palabras sean la expresión de Su Corazón. Ayúdame a crucificar mi instinto de hablar. Que pueda servirte como el encargado de hablar, por así decirlo, las palabras de Dios

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Traducción y Edición: Gabriela Rabellino



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