El Deleitarse en Permanecer Oculto


El deseo de ser reconocido y apreciado por otros es básicamente naturaleza humana. Después de sanar a diez leprosos, Jesús mismo pareció perturbado cuando, solamente uno regresó a darle las gracias (vea Lucas 17). Sin embargo mientras el deseo de ser ocasionalmente apreciado no es pecado, puede convertirse en pecado cuando nuestro objetivo cambia de buscar la gloria de Dios a buscar el elogio del hombre. Debemos determinar que nuestro servicio a la humanidad este guiado por una más elevada y enfocada obediencia a Dios.



Jesús vivió solamente para la gloria de Dios. Nosotros, sin embargo, con demasiada frecuencia buscamos la alabanza del hombre. A pesar del hecho de que Jesús repetidamente afirmó que el Padre, quien ve en secreto, nos recompensará. (Vea Mateo 6), permanecemos ofendidos si no recibimos crédito por nuestras buenas obras. Esta búsqueda de reconocimiento puede convertirse en una fuente de motivos falsos y fracasadas expectativas; puede dar lugar a celos, orgullo y ambiciones egoístas si no tenemos cuidado.



Quisiera poder decir que yo nunca caminé en este tipo de debilidad humana, pero eso no sería verdad. De hecho, experimente algo años atrás que, aunque doloroso en aquel momento, finalmente se torno en una revelación maravillosa concerniente a la naturaleza del Espíritu Santo.



Sin embargo, antes de seguir adelante, déjeme decir que para compartir esto públicamente es necesario que yo deje ver mis propias debilidades ante usted. Así que por favor, concédame su gracia.



El escenario fue la convocatoria de pastores “Promise Keepers “en Atlanta en el año 1996. Este evento fué la más grande reunión de pastores en la historia de los Estados Unidos de Norteamérica – mas de 40,000 ministros unidos provenientes de una gran variedad de orígenes y culturas. Se destacaron dos temas en los cuales yo había estado muy activo: la unidad y la reconciliación. Aunque yo había sido instrumento para unir a miles de pastores y líderes en cientos de ciudades, y de haber aprendido algunas revelaciones importantes a lo largo del camino, no me habían pedido que contribuyera a la conferencia.



No le mencioné mi dilema a nadie, más aun la falta de reconocimiento estaba profundizando una creciente molestia en mis pensamientos. Al mismo tiempo, no obstante, el gozo de ver una unidad mas allá de denominaciones manifestarse en oración y arrepentimiento me impulso a participar. Confiándole al Señor mi conflicto interno, sentí que quizá podría haber una manera de que yo sirviera durante el desarrollo de la conferencia.



Pero ninguna puerta se abrió. Pastores quienes estaban familiarizados con mi trabajo preguntaban: ¿Por qué no estás predicando en esta conferencia? Yo sonreía y respondía, “Esto debe crecer y yo debo disminuir.” Mientras mi respuesta era humilde y sincera, yo estaba desarrollando mucha más humildad de lo que yo había planeado.



El hecho era, que yo me hacia la misma pregunta: ¿Por qué yo no voy a hablar? Espíritus de rechazos pasados comenzaron a manipular mis temores. Así que mientras asistí a la conferencia y ciertamente me regocijé en la unidad que había, me sentí asimismo separado de ella. Vi una visión espiritual que llevaba en mi alma, emerger y tomar forma, solamente para encontrarme flotando, como en un sueño, fuera de su realización. Estaba grandemente bendecido y al mismo tiempo minuciosa y completamente miserable.



Finalmente, yo desnude mi alma a varios amigos. ¿Qué debo de hacer?”les pregunté. Si me promociono a mí mismo, Dios se levantará en mi contra; si permanezco en silencio sacrifico mi contribución a este histórico evento”. Sin mas, supe que el Señor estaba crucificando mi orgullo y mi ambición carnal.



 La conferencia tuvo lugar y termino, pero la lucha interna se quedo conmigo. Después de varios meses enterré exitosamente el conflicto debajo de mis pensamientos diarios. Continué con mi vida. Sin embargo, en mayo, el asunto resurgió.  Estaba en una reunión de Misión América en Washington, DC, escuchando como un amigo a la hora del almuerzo compartía una historia acerca de cómo el Señor usó a otros líderes para poner cimientos en su vida. Mientras hablábamos, comencé a ver que yo no estaba fuera de lo que Dios estaba haciendo, sino por debajo. Mis labores en Cristo (y de aquellos otros muchos) eran parte de una cimentación divina sobre la cual este trabajo actual se estaba desenvolviendo.



Los esfuerzos de aquellos quienes sirven en alta exposición hoy, probablemente serán los cimientos para grandes obras de otros en el mañana. Sentí que estaba empezando a entender mi rol en el desenvolvimiento del reino de Dios. Me fue posible mirar a mi propia vida y ver individuos cuyas enseñanzas y ejemplos espirituales habían venido a ser cimientos en mí – personas a quienes yo tampoco nunca les había dado las gracias ni reconocido.



La Naturaleza del Espíritu Santo
Mi necesidad de ser reconocido había disminuido grandemente, sin embargo el Espíritu Santo tenía algo vital que añadir.  Esa noche confesé al Señor mi pecado de buscar reconocimiento. Inmediatamente el Espíritu Santo habló a mi corazón con una simple pregunta concerniente a El mismo. Me preguntó: “¿Conoces Mi Nombre?”



Este fue un momento especial, y pude sentir la inundación de la presencia del Espíritu, acercarse. ¿Su nombre?  Yo conocía la revelación primaria de que el Nombre del Padre, era Yahweh y que el Nombre del Hijo, por supuesto, es Jesús (Yeshua). Recordé todos los “nombres” de Dios en la Biblia, pero otra vez, no podía identificar el nombre específico del Espíritu Santo. Me di cuenta que “Espíritu Santo” o “Espíritu de Verdad” eran mas nombres descriptivos que nombres propios en sí; no eran nombres como Jesus o Yahweh. . El término “Consolador” (o Paracleto en Griego, “uno que viene al lado a ayuda”) tampoco no es tanto un nombre como una función.





Lo que estoy por decir aquí puede que no vaya con la teología de todo el mundo. Pero hubo un momento cuando Moisés, de pie delante del fuego del Omnipotente, pregunto conocer el nombre de Dios, a lo cual el Altísimo respondió, “ YO SOY EL QUE SOY” ( Ex. 3:13-14). YO SOY fue un nombre propio.  De nuevo, hubo una vez cuando el arcángel Gabriel le dijo a Maria que ella debía llamar a su hijo Jesus (Lucas 1:31). Ambos, el Padre y el Hijo tienen muchos nombres descriptivos, pero en la tierra son conocidos por un nombre en particular.  De igual manera, el Espíritu Santo tiene muchos títulos y funciones, pero no pude recordar una vez en la Biblia donde el específico nombre propio del Espíritu Santo fuera revelado.



Lo que quiero señalar es esto: cada buena obra, cada milagro de gracia, cada virtud que se ha manifestado en la tierra, ha ocurrido a través de la obra del Espíritu Santo. Aun así, El nunca atrae la atención hacia Sí Mismo, eligiendo en cambio inspirar nuestra alabanza hacia el Padre o el Hijo. Mientras permanecí en este increíble momento, rápidamente recorrí con mi memoria las Escrituras. Nuevamente, no pude recordar ninguna escena o versículo donde el nombre propio del Espíritu Santo fuera revelado - desde la pre-creación del universo hasta el fortalecimiento del Hijo del Dios en la cruz, y al levantamiento de Jesus de la muerte, al ser derramado durante el Pentecostés, a obrar milagros de redención en expandir el Evangelio alrededor del mundo a millones de vidas – ¡El nunca revelo Su nombre!



Contrariamente, en este mundo todos tratamos de promover nuestro nombre y hacernos un nombre a nosotros mismos, especialmente en el mundo occidental. La naturaleza del Espíritu Santo está en marcado contraste con nuestros deseos humanos de ser vistos, elogiados y reconocidos por otros hombres.



Verdaderamente, el Espíritu Santo apasionadamente se deleita en permanecer oculto. Luego vi que las dos grandes pasiones del corazón del Espíritu Santo son ver a Jesus glorificado y el cumplimiento de la voluntad del Padre en la Tierra.  Esta fue la humildad perfecta – el modelo de Dios que me guiaría al reposo espiritual y la madurez.





Amado, si estuviéramos llenos con el Espíritu, deberíamos deleitarnos nosotros en ver a Jesus glorificado y en hacer el trabajo que Dios nos llama a realizar. Dios ve y conoce nuestros motivos. Si vamos a guiar a otros, debemos hacerlo como siervos del Cielo.  Busquemos por tanto, la plenitud del Espíritu Santo y trabajemos puramente para ver a Jesus glorificado y la voluntad del Padre cumplida.



Señor, perdóname por buscar reconocimiento de hombre. Ayúdame, bendito Espíritu Santo, a ser lleno de Tu substancia – Tus pensamientos y motivos, Tu contentamiento y poder. Vive Tu maravillosa vida oculta a través de mí. 



-- El precedente mensaje ha sido adaptado de una capitulo en el curso de Humildad del Programa de Formación a Imagen de Cristo.



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Traducción y Edición: Gabriela Rabellino



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