Para Que Los Sueños Se Hagan Realidad


No simplemente por el hecho de que caminamos y hablamos esto significa que estamos verdaderamente despiertos. Zacarías no estaba durmiendo cuando un ángel “me despertó, como un hombre que es despertado de su sueño.” (Zacarías 4:1).

¡Quizá nosotros también necesitamos ser sacudidos de nuestro sueño a fin de poseer las promesas de Dios! Increíblemente, a pesar de todas las señales, maravillas y advertencias anunciadas de que verdaderamente estamos en los últimos días, Jesús también dijo que hay una misteriosa somnolencia a la que tenemos que sobreponernos. Ciertamente, inmediatamente después de enfatizar las varias evidencias del fin (Mateo 24), El compara a la iglesia con las vírgenes que “cabecearon todas y se durmieron” (Mateo 25:5).

Vírgenes durmiendo al final de los tiempos: Esto parece incomprensible con todas las señales en los cielos y maravillas sobre la tierra, sin mencionar la creciente presencia de Cristo. Aun así, este fenómeno es algo que cada uno de nosotros batalla: la tendencia a volvernos espiritualmente somnolientos y perder nuestro foco mientras esperamos el regreso del Señor.

Hay una sutil actividad del enemigo que embota nuestra percepción y seduce nuestro celo. Nuestra visión queda relegada con detrás de otros aspectos menos importantes de la vida. Desde el comienzo, la voz de Satanás ha tenido este adormecedor efecto sobre la humanidad. La excusa de Eva por la desobediencia fue, “La serpiente hizo que me olvidara” (Génesis 3:13 – tomado de la versión en ingles de la Young’s Literal Trans.).

Esta sensación de olvido espiritual, de adormecimiento, es la nube de ceguera que cada uno de nosotros debe discernir y sobreponerse a. Fue respecto a esto que el Espíritu Santo hablo a mi corazón a través del siguiente sueño.

Había un templo en un campo. Yo lo veía de costado desde una distancia aproximada de 200 yardas. No podía ver su frente, aun así debía estar completamente abierto ya que una gran luz se proyectaba hacia afuera desde su interior; palpitaba como un relámpago, y aun era solida como la luz del sol. El bloque de luz se expandía directamente, y yo sabía que esta luz era la gloria de Dios.

El templo estaba tan cerca que yo supe que con un pequeño esfuerzo podía entrar a la gloria de Dios. Su santa presencia estaba claramente a mi alcance. Había asimismo otros enfrente de mí que reconocí como personas de la iglesia. Todos parecían muy ocupados. Y mientras el templo y su luz eran visibles y completamente accesibles a todos, cada cabeza estaba inclinada hacia abajo y dados vuelta lejos de la luz; cada uno ocupado con otras cosas.

Escuche a una persona decir, “Debo lavar la ropa”. Otra dijo, “Debo ir a trabajar.” Pude ver gente leyendo diarios, mirando televisión, y comiendo. Estaba seguro que todos podían ver la luz si quisieran – aun más seguro que todos sabíamos que Su gloria estaba próxima.

Había incluso algunas pocas personas leyendo la Biblia y orando, pero todos mantuvieron la mirada fija hacia abajo; cada uno tenía una barrera mental de algún tipo entre ellos mismos y el lugar de la presencia de Dios. De hecho, ninguno parecía capaz de ponerse de pie, darse vuelta, y caminar firmemente hacia la muy cercana gloria de Dios.

Al mirar, de pronto vi a mi esposa levantar su cabeza y contemplar el templo en el campo. Se puso de pie y camino sin detenerse hacia el frente abierto. Al acercarse a la luz, un manto de gloria se formo y se hizo más denso a su alrededor; cuanto más se acercaba, más densa se hacia la luz que la rodeaba hasta que se paro en frente del templo volviéndose completamente hacia la resplandeciente cara de Dios.

Oh! ¡Cuan celoso me sentí! ¡Mi esposa había entrado a la gloria de Dios antes que yo! Al mismo tiempo me di cuenta que no había nada que me detuviera de acercarme a la presencia de Dios – nada excepto la pila de cosas para hacer y las responsabilidades que, en verdad, gobernaban mi vida mas que la voz de Dios.

Quitándome con fuerza el peso de estas presiones, me determine a levantarme y entrar al templo yo mismo. Pero, para mi gran pesar, en mi sueño cuando me levante, ¡de pronto me desperté!

El anhelo y la desilusión dentro de mí parecieron insoportables. Había estado tan cerca de entrar a la presencia de Dios. ¡Como quise entrar al templo y ser tragado por Su Gloria!

Llore, “¿Señor, porque me permitiste despertar?”

Instantáneamente, la palabra del Señor respondió a mi clamor. El Dijo, “No hare que la vida de mi Siervo sea realizada por un sueño. Si querés que tu sueño se haga realidad, tenés que despertarte.”

Quebrando la Pasividad; Estableciendo las Prioridades
Amados, hoy, Dios esta despertándonos a la realidad de Su presencia. Las promesas que el Señor nos da en las Escrituras deben convertirse para nosotros en mas que sueños reservados solamente para aquellos en el más allá. ¡Moisés frecuento la Gloria de Dios! Los setenta ancianos de Israel comieron y bebieron en la resplandeciente gloria de Dios (ver Éxodo 24: 9-11). ¡Jesús revelo la gloria de Dios en el Monte de la Transfiguración! Pablo dijo que todos nosotros podemos contemplar la gloria de Dios y ser transformados por ella (ver 2 Corintios 3:18).

Por esta razón, la Escritura dice, “¡Despiértate, tú que duermes! Levántate de entre los muertos, y Cristo te alumbrará" (Efesios 5:14).

Si realmente queremos que Cristo “brille” sobre nosotros, debemos prevenirnos de las distracciones que nos sepultan en letargo y oscuridad espiritual.

En este mismo momento, la presencia del Dios vivo está lo suficientemente cerca como para escuchar el susurro de tu corazón. Pero si queremos que nuestro sueño de pararnos en la presencia de Dios se haga realidad, debemos despertarnos.
Despierta mi Corazón, Señor. Abre mis ojos a todos lo que Tú eres y a todo lo que podemos ser juntos. Guíame a Tu Presencia y muéstrame como mantenerte verdaderamente primero en mi vida. Muéstrame aquello con perdurable significado. ¡Quiero todo de Ti, y quiero experimentar Tu gloria!

El artículo precedente fue adaptado de un capitulo en el libro de Francis, “I Will be Found by You”.  Disponible solamente en idioma ingles (no publicado aun en Espanol) en www.arrowbookstore.com.


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Traducción y Edición: Gabriela Rabellino

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