El Arrepentimiento y el Camino que Dios llama Santo


(English)
Muchos están llamando nuestra nación a la oración. Me gustaría añadir a ese mensaje un llamado al arrepentimiento. Ciertamente, 2 Crónicas 7:14 no solamente nos llama a orar sino a humillarnos y a volvernos agresivamente contra la maldad. Entonces, en ese espíritu, buscamos el rostro de Dios. Hay demasiada liviandad entre nosotros. Necesitamos un irrumpimiento hacia el quebrantamiento. Hay un mover de Dios que viene, pero su profundidad alcanzara solamente el nivel al que nuestro arrepentimiento nos prepare.

El propósito de este mensaje es llevarnos más allá de decir simplemente que lo sentimos mucho, cuando hemos pecado. Dios quiere conducirnos a una actitud de arrepentimiento, qué hace que volvamos a él persistentemente hasta que se manifieste que el en nuestras vidas el fruto de justicia.

Los evangelios nos cuentan que antes del comienzo del ministerio de Cristo, “hubo un hombre enviado de Dios, el cual se llamaba Juan” (Juan 1: 6). Juan el Bautista fue enviado por Dios. El bautismo de arrepentimiento que predicó no fue el último acontecimiento para completar el Antiguo Pacto; fue el primer evento, el evento que prepare el terreno para el Nuevo Pacto. Juan fue enviado por Dios como precursor del ministerio de Cristo. Su único propósito fue sumergir al pueblo de Israel en una actitud de arrepentimiento (Hechos 19: 4). Se le encomendó “ir delante del Señor... y prepararle camino” (Marcos 1: 2-3).

El arrepentimiento siempre precede a la manifestación del Cristo vivo en la vida de una persona. Su propósito es “Preparar el camino” y “enderezar la senda. Asegurémonos de que lo entendemos con claridad: El arrepentimiento que predicó Juan el Bautista no hizo que los pecadores dijeran solamente “lo siento,” sino que estuvieran preparados y listos para el ministerio de Jesús.

El verdadero arrepentimiento revela totalmente el terreno del corazón para recibir una nueva siembra de conceptos y directrices. Y este es un aspecto de vital importancia en toda la esfera de la madurez espiritual. El mandato de Juan a los Judíos fue: “Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento” (Mateo 3: 8).

Notemos también que hasta que el arrepentimiento no produzca frutos no ha llegado a su fin. En efecto Juan estaba diciendo: “No abandonen su arrepentimiento del orgullo hasta que se deleiten en la humildad. Continúen arrepintiéndose del egoísmo hasta que amar a los demás sea algo natural en ustedes. No se detengan en la confesión de sus impurezas hasta que sean realmente puros.”  Demandó arrepentimiento hasta que este produjera fruto visible. Y si usted quiere ser santo, debe continuar en arrepentimiento hasta que lo sea.

Juan, el apóstol, nos dice que “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” (I Juan 1: 9). No se esconda de sus pecados, confiéselos. La gracia de Dios y el sacrificio de su hijo son suficientes para cubrirlos y perdonarlos todos y cada uno de ellos, pero tenemos que pedir el perdón. Tenemos que humillarnos y someternos otra vez a Dios de corazón. Sea sincero en la confesión de su pecado y el Señor lo limpiará de él.

Una exhortación: sea persistente en su arrepentimiento, sin dudar nunca de la generosidad de la misericordia de Dios. Si Dios nos pide que perdonemos incondicionalmente a aquellos quienes pecan contra nosotros (Mateo 18:21-22), sepa que Dios no pide de nosotros más que lo que El demanda de Si mismo. Si usted peca 490 veces en un día, cada vez clame a El por perdón. El lo perdonara y lo limpiara del efecto del pecado.

Durante una época de mi vida tropezaba repetidamente sobre el mismo problema. Doliéndome y dudando en mi corazón, clame, “¿Señor, cuánto tiempo más me soportaras?” En un instante de gracia y verdad me respondió, “Hasta que te haya perfeccionado.”

Las escrituras nos dicen, “camino de vida [son] las reprensiones de la instrucción” (Prov. 6:23 LBLA). No queriendo con esto abrumar a nadie sino a aquellos que rechazan la corrección. ¡Las reprensiones son el camino de vida! Jesus dijo, “'Yo reprendo y disciplino a todos los que amo; sé, pues, celoso y arrepiéntete” (Apoc 3:19). No es la ira de Dios la que nos habla del arrepentimiento; es Su bondad y misericordia. Se nos ha prometido, “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Fil. 1:6). Mientras continuemos anhelando ser como El, Su reprensión será una puerta hacia Su Presencia.

Sin embargo, si retrocede usted frente a la palabra arrepentimiento, es porque usted no quiere cambiar. Usted necesita este mensaje. Cuando el pensamiento de arrepentimiento no está envuelto en sombrías imágenes de cilicio y lágrimas, cuando la corrección inspira regocijo y exclamaciones de alabanza a la gracia de Dios, sepa que su espíritu se ha vuelto realmente puro. Es en este momento que usted está caminando por el camino que Dios llama santo.

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El mensaje precedente fue adaptado de un capitulo en el libro del Pastor Francis La Verdad, La Santidad y La Presencia de Dios. Disponible en la editorial “Arrow Publications”.

 
 
 
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