Introducción a la Guerra Espiritual

(English)
Quiero hablarle hoy sobre la guerra espiritual. Sin embargo, antes de continuar, tengo dos inquietudes. La primera tiene que ver con nuestra necesidad de sabiduría. Hay un antiguo proverbio europeo que es digno de atención. Dice: “La edad y la perfidia siempre derrotarán a la juventud y al celo.” Antes de comprometernos en la guerra espiritual, deberíamos saber esto sobre Satanás: es un enemigo viejo y extremadamente pérfido. Por otra parte, la fuerza de casi todos los cristianos está sobre todo en el idealismo y en un fervor que no ha sido puesto a prueba. No es necesario que transcurra mucho tiempo, por lo general de cinco a diez años en el ministerio, y casi todo el celo se habrá desvanecido. Imperceptiblemente, el llamado ministerial se deteriora pasando de un caminar con visión a un simple oficio rutinario.



Sucedió que el celo, por sí mismo, desafió a la falsedad del infierno y perdió. El brillo de la visión juvenil se empañó bajo los negros nubarrones de los ataques satánicos implacables. Con el peso del desaliento y la frustración creciente, se instalaron primero los términos medios y luego la atadura espiritual.



Pero el villano verdadero no ha sido el pecado, sino la ignorancia. Metemos al diablo en una caja doctrinal y esperamos que se quede allí. No lo hace. Socavó las relaciones y nuestro amor se volvió desconfiado y cauteloso. Nos resistió en la oración y nuestra fe se debilitó. La desilusión se ha instalado. Después de pasar mucho tiempo con pastores que están en esa lucha, he visto un rasgo común en la mayoría. Fracasaron en discernir los ataques del mal. Quedaron desprotegidos contra un enemigo viejo, mañoso y lleno de falsedad.



Jesús preparó a sus discípulos para todo, inclusive para la guerra espiritual. Le vieron expulsar demonios, claramente sabían que el diablo era real. De hecho, los envió a hacer lo mismo. Pero antes de hacerlo, les encomendó ser sabios y prudentes como “serpientes”, pero llenos de inocencia y sencillez como “palomas” (Mateo 10:16). Esta fusión de la sabiduría de Dios y la sencillez de Cristo, es la clave de toda victoria espiritual. Obviamente podemos derrotar al enemigo, pero la sabiduría debe preceder a la batalla y la virtud debe estar antes del triunfo.



En consecuencia, mi objetivo es capacitar a la iglesia en sabiduría y hacerle a esta un llamado a la sencillez. No desconoceremos lo aprendido con anterioridad; todavía viviremos por fe. Pero debemos conocer y aprender los caminos de Dios, lo cual quiere decir que debemos pensar con sabiduría. Y debemos ir en pos de la pureza de corazón, para que podamos ver a Dios y adquirir discernimiento.  Ciertamente, es la falta de discernimiento lo que nos hace vulnerable a los ataques satánicos.



 Con respecto a mi segunda inquietud, permítanme decir que no hay atajos para una guerra espiritual exitosa; los atajos son sólo modos de hacerla más larga y más peligrosa. Un camino hacia el peligro es ingresar en la lucha mientras se está cegado por la presunción.  Para una batalla espiritual efectiva, es necesario considerar el ser cuidadosos como la esencia de la victoria.

Cualquiera sea el inminente plan espiritual en el que cree estar, recordemos que Adán se encontraba en el Paraíso cuando cayó. Antes que nuestras experiencias religiosas y el aumento de nuestra sabiduría nos hagan estar confiados en exceso, recordemos que aunque Salomón escribió tres libros de la Biblia y en verdad pudo contemplar la gloria de Dios, también cayó. Sí, inclusive en nuestra más profunda adoración al Todopoderoso no olvidemos que en un pasado remoto Lucifer mismo estuvo una vez en el cielo, dirigiendo y cantando alabanzas a Dios.



Todos hemos visto a muchos que han caído. Jesús advirtió que el amor de muchos se enfriaría. No presumamos que no nos pueda suceder a nosotros. Nuestro enemigo ha estado engañando a la humanidad por miles de años. En cambio, nuestra experiencia es apenas breve. Es sabio reconocer que no sabemos todo lo que se debe saber con respecto a la guerra espiritual.



Por tanto, séa firme, pero nunca insolente o arrogante en su vida de oración. Use su autoridad espiritual administrándola bien, compasivamente, pero nunca en forma presuntuosa. Muchos cristianos con buenas intenciones pero ignorantes se han acercado al enemigo en actitud de petulancia y han sufrido en gran manera por eso. Estudie varios libros y busque la confirmación del Señor para sus estrategias. Como está escrito: “Los pensamientos con el consejo se ordenan; y con dirección sabia se hace la guerra” (Proverbios 20:18).



Así, nuestro propósito acá es ayudar a equiparlo para la batalla en tres áreas primarias: la mente, la iglesia y los lugares celestiales. Hay otros frentes de lucha o subcategorias en la pelea, sin embargo, es aquí donde casi todos enfrentaremos los conflictos.



 Una palabra final. Algunos de ustedes serán usados como instrumentos en para volver sus ciudades a Dios. Es nuestra oración que la verdad de la gracia de Dios lo equipe para este propósito y que otros se le unan en esa gracia a fin de ver un perdurable mover de Dios. La promesa del Espíritu dice: “Una pequeña ciudad y unos pocos hombres en ella; y viene contra ella un gran rey y la asedia y levanta contra ella grandes baluartes; y se halla en ella un hombre pobre, sabio, el cual libra a la ciudad con su sabiduría; y nadie se acordaba de aquel pobre hombre” (Eclesiastés 9:14-15).



Mientras muchos predicen la destrucción de nuestra nación y el colapso de nuestras ciudades, ellos no han tenido en cuenta el poder de Cristo en nosotros.  Mas recuerde, “Mejor es la sabiduría que la fuerza y...mejor es la sabiduría que las armas de guerra” (Eclesiastés 9:16,18).

                                                       —Francis Frangipane,
                                                                      Julio 1989
   adaptado de la Introducción a
Los Tres Campos de la Lucha Espiritual


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Traducción y Edición Gabriela Rabellino
www.frangipanehispano.org


 



Los Tres Campos de la Lucha Espiritual a 40% de Descuento


Los Tres Campos de la Lucha EspiritualCada vez que el Espíritu del reino de Dios verdaderamente se manifieste en la tierra, confrontara en última instancia a las fortalezas del infierno. Ciertamente, donde sea que los espíritus del mal posean un punto o una fortaleza, puede usted esperar que la iglesia sea comprometida en guerra espiritual, y espere asimismo que las puertas del infierno no prevalezcan contra la iglesia que Jesús edifica.

   
  


Este Best- Seller del Pr. Francis Frangipane explora las tres áreas de la guerra espiritual que enfrentara el cristiano en su maduración: la mente, la iglesia y los lugares celestiales. El mismo provee un fundamento de revelación, sabiduría y discernimiento sobre la naturaleza de la batalla y las llaves para la victoria.
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La Oración Hizo Que Dios Desistiera


(English)
La visible gloria de Dios descendió, luego se manifestó en la cumbre del Monte Sinaí. Seis millones de Israelitas escucharon la audible voz de Dios hablándoles desde el majestuoso fuego. La nación entera fue sacudida en temblor santo. En respuesta, los líderes Israelitas le suplicaron a Moisés que Dios no les hablara más a ellos directamente. Moisés estuvo de acuerdo, se volvió y subió a la cima de la montaña y entró en la aterradora hoguera, donde permaneció durante cuarenta días. (Ver Éxodos 19:17-20:19; 24:18.)

Increíblemente, cuando Moisés retrasó su regreso, los Israelitas comenzaron a rebelarse, haciéndose ídolos, un becerro de oro, similar a los ídolos de Egipto. Esto hicieron a la vista de la gloria de Dios, desafiando Su gloria con su escandalosa idolatría. (Ver 31:1-8.)

Nada enoja mas al Dios vivo que la idolatría del hombre, y este acto fue suficiente para haber destruido a todo Israel, tanto a los pecadores como a aquellos que vieron el pecado y no hicieron nada por detenerlo. En respuesta, el Señor le dijo a Moisés, “He visto a este pueblo, y he aquí, es pueblo de dura cerviz. Ahora pues, déjame, para que se encienda mi ira contra ellos y los consuma; mas de ti yo haré una gran nación” (Éxodo 32:9-10).

Este es un versículo increíble. Revela algo sobre el funcionamiento interno de la mente divina. En particular estoy pensando en la afirmación del Señor: “Déjame.”   La implicancia es que si “dejamos” al Señor --- esto es, sin un intercesor que apele a Su Misericordia--- la ira divina puede ser expresada en su plenitud. A la inversa, también lo contrario es verdadero: la ira puede ser restringida si nosotros, como intercesores, no renunciamos a nuestra súplica. Mientras Moisés no dejara la oración, una oportunidad de misericordia era posible.

El objetivo de un intercesor es permanecer en oración; o sea “no dejar” a Dios. No quiero con esto decir que nosotros somos más misericordiosos o más capaces de perdonar que Dios.  Esto sería más que falso. Pero lo que es verdad es que, alguna medida de misericordia divina y perdón- una razonable medida- está reservada en el corazón de Dios y es escoltada a la tierra a través de la intercesión humana. La santidad de Dios exige que el pecado sea penado; Su misericordia, sin embargo, triunfa sobre el juicio y puede obtenerse a través de la oración.

Nuestra búsqueda es volvernos uno con la misericordia de Dios. Por el contrario, el objetivo del diablo es crear una relación inversa entre nosotros y Dios, donde acusamos a la gente por sus pecados y fracasos. Satanás busca amargarnos contra nuestros seres queridos y socios, vecinos y nación de forma que nuestro deseos no sean redentores sino acusatorios y enjuiciadores.

Pedro advierte a los maridos que no permitan amargura contra sus esposas para que sus “oraciones no sean estorbadas” (1 Pedro 3:7). Subraye esta verdad: la amargura impide la intercesión. El Señor desea que ascendamos a sus propios pensamientos de extender misericordia a la tierra. Así, el intercesor enfocado en misericordia atrae toda la atención de Dios.

"Déjame," dijo el Señor. Aun así Moisés se negó. En cambio, le recordó al Señor Sus promesas para Israel así como Su relación con los antepasados de Israel: Abraham, Isaac y Jacob (Ex. 32:11-13). Muchos intercesores malinterpretaron el retroceso inicial y reportaron, erróneamente, que Dios había agotado Su misericordia.  No lo había hecho. De hecho, Sus misericordias son nuevas cada mañana. La respuesta de Moisés fue prevalecer sobre el amor de Dios. El le recordó al Señor Su propósito, repitió las promesas del Señor, y no dejó de orar por Israel.

Moisés se volvió en un intercesor maduro. Se mantuvo cerca de Dios, prevaleciendo en oración. Incluso cuando el Señor dijo que haría de Moisés una gran nación, Moisés ignoro la posibilidad. El supo que todo pueblo tendría tiempos de pecado y fracaso. Moisés había llegado muy lejos para comenzar de nuevo. Este viaje se trataba de un pacto hecho con los antepasados de Israel. 

Recuerde, la misión era llevar a un pueblo imperfecto con una promesa de parte de Dios hacia su cumplimiento.  El rol del intercesor es orar desde el inicio de ese viaje, a través de los valles del pecado y vueltas atrás, y continuar en oración hasta que se obtenga la promesa de Dios.

Puede que usted sea un pastor de una iglesia o un intercesor o un padre. No importa, por quien sea que usted este en oración, debe tener esta actitud: “Señor, respecto a este a quien amo, no te dejo.”

Cuando yo oro, nunca pido que caiga la ira de Dios; siempre oro por misericordia y gracia.  Me pongo de acuerdo con Dios en que la ira se justifica debido al pecado del hombre, mas aun suplico a Dios por misericordia y corrección.

El Resultado
El resultado de la intercesión de Moisés es absolutamente increíble: “Y el SEÑOR desistió de hacer el daño que había dicho que haría a su pueblo” (Éxodo 32:14).

¡Sea esto una revelación para todos nosotros!  ¡La Oración de Moisés hizo que Dios cambiase de idea!

 Mucho acerca de cómo Dios se relaciona con el futuro de una nación está basado en como ora la sociedad. El Espíritu ha hecho una verdad evidente para mí: El futuro de una sociedad no pertenece a los pecadores, sino que pertenece a los que oran.  Así, Jesus le dice a Sus discípulos que si dos se ponen de acuerdo sobre cualquier cosa que pidan (Mateo 18:19), les será hecho por mi Padre que está en los cielos. Dos o tres siervos de Dios que se nieguen a abandonar su fidelidad en oración pueden soltar la misericordia de Dios en su mundo.

Para Moisés y los Israelitas, el resultado fue profundo: “el SEÑOR desistió de hacer el daño que había dicho que haría a Su pueblo” (Éxodo 32:14).

Piense en ello: la oración hizo que Dios desistiera.

 Señor, gracias por estar siempre abierto a nuestro clamor.  Ayúdame a perseverar, a no darte descanso, hasta que Tú cumplas Tus más elevados propósitos con mi familia, iglesia y nación. Gracias porque no hay voz tan débil que Tu no puedas oír. Maestro, me paro en la brecha por aquellos que amo. Revélales tu misericordia. Amén.
                                              ---adaptado de un capítulo en el libro de Francis,
                                                                     “The Power of One Christlike Life”

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Donde un Alma Desolada Encuentra a Dios

(English)
A pesar de que irrumpimientos están ocurriendo en varias ciudades, mucha gente buena se ha cansado. Ellos están siguiendo simplemente por rutina. El profeta Daniel advirtió sobre un tiempo en el cual el enemigo… “quebrantaría a los santos del Altísimo” (Dan. 7:25). A fin de salir victoriosos en este día, debemos ascender a la realidad que Dios nos ha dado en el Salmo 91. Hay un lugar donde volver a llenarnos de vida – una fuente de vida eterna donde podemos habitar. La Biblia llama a este lugar el abrigo del Altísimo.

Elías: Un Hombre Como Nosotros
Elías fue un hombre con pasiones como las nuestras, y el peleó en una guerra espiritual similar a la nuestra. En su batalla por el alma de Israel, se paró contra las artimañas de Jezabel y su esposo, el Rey Acab. Aun así, su batalla más intensa no fue contra los enemigos visibles sino contra el desaliento personal.

Tan valiente como lo fue Elías, vivió como un fugitivo yendo desde cuevas hacia sitios donde ocultarse. Jezabel había matado a casi todos los profetas del Señor, reemplazando su influencia divina con la oscura opresión satánica que acompañaba a los sacerdotes de Baal y Asera. Sin embargo, una nueva iniciativa vino de parte del Señor: Tanto Elías como los profetas de Baal tenían que construir altares para cada una de las deidades que individualmente servían. El Dios que respondiera seria reconocido como Señor sobre la nación.

El Rey Acab y todo Israel acudieron a ver la confrontación. Por más que lo intentaron, los sacerdotes de Baal no pudieron obtener respuesta de su demoniaco ídolo, Baal. En dramático contraste, cuando Elías oró, inmediatamente cayó fuego del cielo y consumió su sacrificio. Esta fue la más grande victoria de Dios. Y cuando los Israelitas vieron el despliegue del poder de Dios, se postraron sobre su rostro y dijeron: “El SEÑOR, El es Dios; el SEÑOR, El es Dios.” (1 Reyes 18:39 - Biblia de las Américas).

Mas el Señor no había terminado. Luego que Elías ejecutó a los profetas de Baal, se fue al Monte Carmelo, y postrándose, oró siete veces por lluvia hasta que el Señor envió una gran lluvia que termino con tres años de devastante sequía. ¡En solo este día, tanto fuego como lluvia cayeron del cielo milagrosamente!

Quizá si este tremendo día hubiese ocurrido en casi cualquier otro momento de la historia de Israel, la nación se habría arrepentido, pero no lo hizo. La adoración a Baal debería haber terminado, pero continuó. De hecho, nada cambió. En lugar del avivamiento previsto por Elías, lo opuesto ocurrió: una Jezabel enfurecida juró matar al profeta del Señor, forzando a Elías a huir al desierto. Elías se desplomo allí, exhausto y abatido, debajo de un enebro. “Basta ya, oh Jehová, quítame la vida, pues no soy yo mejor que mis padres” (1 Reyes 19:4).

Elías había ofrecido al Señor su mejor esfuerzo. Este día había sido el evento culminante de su vida. Elías había orado que Israel conociera que el Señor era su Dios, y en respuesta, el Señor “volvería el corazón” de Israel a El. (1 Reyes 18:37). Aun así, al igual que los profetas anteriores a él, Elías no pudo desencadenar avivamiento para Israel. El desaliento le abrumo. Había tenido suficiente.

¿Ha llegado usted al punto de agotamiento espiritual o emocional que también ha dicho, “Es suficiente”? Quizá fue frustrado por su propia incapacidad de lograr un cambio positivo en su familia o usted ha orado y ayunado por su iglesia o sociedad pero ningún cambio visible ha ocurrido. Usted lo ha dado todo pero ha encontrado poco éxito. Descorazonado y cansado como Elías, todos sus recursos se agotaron.

Elías se acostó y durmió. Al hacerlo, un ángel lo toco y le dijo, “Levántate y come” (1 Reyes 19:5). A su cabecera había pan y agua. Elías, cansado de la vida misma, comió y se volvió a dormir.

Una vez más el ángel lo toco. “Levántate”, dijo. “…Come, por es muy largo el camino para ti” (v. 7). Así mismo para todas nuestras visiones, planes y programas, el viaje delante de nosotros es “muy largo”. Ciertamente nuestro camino está divinamente diseñado para ser largo para nosotros. El Señor no tiene plan en el que podamos tener éxito sin El. La vida está extremadamente construida para conducirnos a Dios.

Regresando a los Fundamentos

“Se levantó, pues, [Elías] y comió y bebió; y fortalecido con aquella comida caminó cuarenta días y cuarenta noches hasta Horeb, el monte de Dios” (1 Reyes 19:8).

El Señor le dio fuerza a Elías, no para enviarlo de regreso a la batalla sino para llevarlo de regreso a lo esencial. Si terminamos consumidos con nuestra tarea más de lo que lo estamos consumidos por nuestro amor a Dios, nuestras vidas finalmente se volverán frágiles y solitarias. A fin de restaurar nuestras almas, el Señor nos lleva de regreso a lo esencial de nuestra fe. Ciertamente, El podría aun detener nuestras tareas completamente y dirigirnos a las simples realidades de la oración, tiempo en la Palabra, y adoración. El nos recuerda que, de todo lo que El nos llama a alcanzar, Su mas grande mandamiento es amarlo con todo nuestro “corazón… alma…mente…y…fuerzas” (Marcos 12:30). Sin este foco, perdemos contacto con la presencia de Dios; estamos fuera del abrigo del Altísimo.

El Señor llevó a Elías a “Horeb, el Monte de Dios.” En Hebreo, Horeb significa “desolación.” [Hebreo: Charab- crear la desolación.]

El estéril ambiente reflejaba el alma de Elías. Aun así para Dios, Horeb fue realmente un lugar donde los asuntos del corazón del hombre fueron arrastrados a la superficie. No hay teatro en Horeb, no hay actuación. Es el lugar de honestidad sin maquillaje y completa transparencia de corazón.

¿Como Llegó Usted Aquí?
Quizá la más grande virtud de Elías fue su celo. Ciertamente, dos veces durante sus conversaciones con Dios, Elías hablo de estar “con celo” por el Señor. Pero el celo que no es acompañado de sabiduría eventualmente se convierte en su propio dios. Nos impulsa hacia expectativas que son irreales y fuera del tiempo y de la unción del Señor.

Para permanecer equilibrados, el celo debe ser refrenado y dirigido por estratégicos encuentros con el Dios vivo. De otra manera, nos tornaremos frustrados con la gente y desalentados con las demoras. Salimos fuera de nuestro lugar de fortaleza y protección espiritual.

Elías había venido a Horeb y se refugió en una cueva. Prontamente la Palabra de Dios vino a el: “¿Que haces aquí Elías?” (v. 9). Esta es una de las preguntas más importantes que Dios nos hará jamás. Su pregunta prueba la realidad de nuestro estado espiritual: “¿Como se torno seco y desolado tu servicio a Mi?” Dios quiere que sepamos que cuando fallamos en estimarlo como nuestro primer amor, siempre encontraremos un desierto esperándonos.

Nuestro propósito primario en la vida debe ser habitar en Cristo. De otra manera podemos terminar tan consumidos por la condición en deterioro del mundo que fallamos en ver la condición en deterioro de nuestra propia alma. En Su amor, el Señor nos detiene y nos fuerza a mirar honestamente a nuestro corazón: ¿Es esta existencia que vivo ahora la vida abundante que Cristo prometió para mí?

Hablemos francamente. No tenemos nada que probar ni necesidad de aparentar. Podemos abandonar los mecanismos internos de defensa y orgullo. Si estamos desilusionados, somos libres de expresarlo; si frustrados, podemos admitirlo. Debemos simple y sinceramente evaluar, sin racionalizar, nuestra verdadera condición espiritual.


La transparencia es la vestidura externa de la humildad, y la humildad atrae la gracia de Dios a nuestros corazones. ¿No es la intimidad con Dios la cosa misma que más desatendemos? Y ¿no es solamente el Señor la fuente de nuestra fuerza en batalla? Si el enemigo puede distraernos de nuestro tiempo a solas con Dios, nos aislara de la ayuda que viene solamente de Dios.



Acerquémonos, por tanto, al Dios vivo sin ninguna otra vestidura más que transparencia

Una Unción Fresca
Mientras las presiones de esta era aumentan, prontamente descubriremos que la unción de ayer no será suficiente para las batallas del hoy. El Señor trajo un nuevo comienzo a la vida de Elías en Horeb – uno que a la larga soltaría una “doble porción” de poder al sucesor de Elías, Eliseo. Bajo esta nueva unción, Jezabel seria destruida, la adoración a Baal abolida, y el único periodo de avivamiento que las tribus del norte experimentaron, comenzaría.

Alcanzar un lugar similar de irrumpimiento, tomara más que el ímpetu de nuestro propio celo. No deberíamos sorprendernos si Dios nos llama a pasar por nuestro propio Horeb.

¿Como reconoceremos este lugar? Horeb es la voz de la desolación personal; es la irresistible desesperación de nuestro corazón por poseer más de Dios. Debemos ahora escuchar cuidadosamente a la voz de Dios. Porque es en Horeb que El nos lleva profundamente hacia El mismo. Es aquí, bajo la cobertura de Su compasión, que descubrimos el propósito de nuestro quebrantamiento: nuestra desolación es, de hecho, un tiempo de preparación.

El Señor está por traer un nuevo comienzo para usted. Cuando regrese a la batalla, usted peleara desde el abrigo del Altísimo.

Señor Jesús, separado de Ti, mi vida está seca y desolada. Perdóname por intentar hacer Tu voluntad sin habitar en Tu presencia. Señor, te necesito desesperadamente. Este día, me comprometo en mi corazón a regresar a mi primer amor. Enséname, Señor, a considerar la intimidad contigo la más grande medida de mi éxito. Déjame ver Tu gloria; revélame Tu bondad. Guíame, Oh Espíritu Santo, hacia la fortaleza espiritual de la presencia de Dios. Amén.







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El mensaje precedente ha sido adaptado de un capitulo en el nuevo libro del Pr. Francis, revisado y actualizado, “The Shelter of the Most High” (El Abrigo del Altísimo de acuerdo a su traducción literal). Su versión previa fue publicada anteriormente en español bajo el titulo El refugio de Dios”.  

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino
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El Mayor en el Reino de Dios


Entre todas las virtudes, Jesus puso a la mansedumbre por encima de las otras. ¿Por qué la humildad? Es la puerta que da paso a la gracia, y no hay virtud alguna que pueda entrar a nuestras vidas si antes la humildad no reconoce nuestra necesidad y pide por esa virtud para ser recibida. Sin humildad, no vemos razón alguna para cambiar o para apropiarnos de gracia futura alguna.

Y aun así, la humildad no solamente alberga a las otras virtudes, sino que es asimismo la esencia de vida que las sostiene. Es la humildad la que reconoce cuando el amor se está enfriando y es la humildad la que confiesa nuestra necesidad de mayor pureza. Sin humildad, nuestras virtudes se endurecen y se vuelven estatuas sin vida; por fuera somos religiosos, pero incapaces de cambiar por dentro.

 La humildad es la raíz principal de la verdadera nobleza. Para ello ofrece aumento de plenitud, y vida y madurez a todas las demás virtudes. Es el antídoto contra el Fariseísmo y la cura para las actitudes Jezabelescas.

Un Niño
Considere: cuando los discípulos le preguntaron a Jesus, “¿Quién es el mayor en el reino de los cielos?” El colocó en medio de ellos a un niño. El dijo, “cualquiera que se humille como este niño, ése es el mayor en el reino de los Cielos” (Mat. 18:1,4).

¡Qué sublime maravilla! En el cielo, la dimensión de la grandeza se mide por la profundidad de la humildad de una persona.

Considere la afirmación de Jesus a través de la versión en ingles de la biblia, la “Wuest Expanded Translation”:

"Por lo tanto, el que posea tal naturaleza que se humille como este niño, haciéndose lo más pequeño en todo lo que el sea, pensando así en verdad y verdaderamente humillándose a sí mismo, esta persona es la mayor en el Reino del Cielo”

Jesus vino a establecer el Cielo en la vida de Sus seguidores. Así, “Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los Cielos” (Mat 5:3).

Amado, el Reino de los Cielos le pertenece a los “pobres en espíritu.” ¿Quienes son estos pobres? Son personas que “conocen su necesidad” (de acuerdo a la versión en ingles Goodspeed Translation). Amado, en el cielo hay gente que fue pecador en la tierra. Las calles del reino de Dios están llenas de personas que, en algún momento o en otro, fracasaron o se quedaron cortos. Hay adúlteros quienes fueron lavados y limpios por la sangre de Cristo, ex-traficantes de drogas y prostitutas cuyos corazones están llenos de alabanza a Dios- todos los que se enfrentaron cara a cara con su necesidad, se arrepintieron y encontraron perdón de sus pecados.

Pero no hay uno solo orgulloso en el cielo. Ni seres auto- justificados en el cielo.


Aquí en la tierra vemos el orgullo – el aire de importancia – manifiesto en líderes y celebridades. Nuevamente, observamos el aire de falsa superioridad en nuestros prejuicios culturales. Vemos orgullo sin arrepentimiento en los conflictos que llevan al divorcio y los primeros frutos del orgullo – la envidia y los celos – en el deseo desordenado de los hombres de ser glorificados delante de otros hombres.

¡Jesus dijo que el Reino de los Cielos pertenece a los pobres de espíritu! No a los perfectos, sino a los pobres. Sí, estamos llamados a estándares de perfección, y nos esforzamos por alcanzar ese llamado. Más aun, en el cielo la perfección se mide, no en grados de auto suficiencia, sino en grados de dependencia y rendición. Podemos buscar por toda la eternidad y observaremos una verdad: allí en todo el cielo no habita alma orgullosa alguna.

 Hoy en día, clamamos por avivamiento y oramos por irrumpimientos, y debemos perseverar. Más aun, los ojos del Señor están sobre ciertos individuos. El dice,

“Porque así dijo el Alto y Sublime, el que habita la eternidad, y cuyo nombre es el Santo: Yo habito en la altura y la santidad, y con el quebrantado y humilde de espíritu, para hacer vivir el espíritu de los humildes, y para vivificar el corazón de los quebrantados'" (Isa.57:15).

Los discípulos discutían sobre quien era mayor en el Reino. Jesus colocó a un niño en medio de ellos. Esta es la grandeza del Reino de los Cielos: poseer un corazón humilde.

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino



 

El Verdadero Jesús

(English)
Jesús no es solamente nuestros Salvador, también es el “autor y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12:2).   Tome con ambas manos el pensamiento de que El es el “perfeccionador de nuestra fe”.  La fe que Cristo inicio en usted, El está obrando para perfeccionarla.

El hecho de que Jesús sea el perfeccionador de nuestra fe es importante, porque aun si nos movemos en oración y en autoridad espiritual, aun si continuamos perseverando, aun si nos movemos con motivaciones purificadas en el amor, es el poder de la fe lo que apuntala todo.

La idea de que Cristo desea perfeccionar nuestra fe es bastante atractiva al oído, pero en la obra practica de nuestras vidas, resistimos la idea.  ¿Por qué? Porque sabemos que para que la fe sea perfeccionada, debe ser probada.

Cuando hablo de fe, no me refiero a toda una compilación de verdades de la Biblia o un asentimiento intelectual de nuestra necesidad de salvación, los cuales son elementos espirituales, pero no la sustancia.  Acumular conocimiento principalmente lleva tiempo; poseer una fe salvadora verdadera, se lo digo de nuevo, lleva coraje. Cristo desea que logremos una confianza en El que puede verdaderamente permanecer y superar las terribles tormentas de la vida, una fe que trae la realidad del cielo a la Tierra.

La fe, por tanto, es más que conocimiento intelectual, es anclarnos a la experiencia de la bondad y el poder de Dios para que, no importa lo que suceda allí afuera, internamente estemos seguros. Y no importa como luce el mundo externamente, tiene el potencial de ser transformado por nuestra fe. Como Hebreos 11 demuestra claramente, los que poseían fe verdadera cambiaron el mundo que los rodeaba.

 ¿Perfeccionar o Proteger?
Sabiendo que la fe es mucho más que doctrinas religiosas, me pregunto: “¿Realmente conocemos al Jesús de la Biblia y lo que El quiere darnos?”. Con frecuencia, pienso, deseamos un Salvador que, después de asegurarnos que tenemos vida eterna, nos deje tranquilos hasta nuestra próxima crisis. Queremos que nos consuele, pero nunca que nos convenza; deseamos que nos sane, pero no que habite dentro de nosotros. Queremos que el Espíritu Santo nos ayude a alcanzar nuestros sueños. Pero encontramos que, en cambio, ese Espíritu Santo quiere ayudarnos a cumplir el sueño de Dios: un hombre a la imagen de Cristo (vea Génesis 1:26).

Esto significa que el objetivo de Dios no es simplemente salvarnos, sino hacernos a la imagen de Cristo. Quiere perfeccionarnos, no solamente protegernos.  Para perfeccionar nuestra fe, Dios intencionalmente permite conflictos que azoten nuestras almas.  Sé que nos imaginamos a Jesús sosteniéndonos dulcemente, palmeándonos la espalda y diciéndonos: “Todo estará bien”.  Escuche, esa no es la voz de Jesús sino el eco de la voz de su madre. Gracias a Dios por las madres, pero Jesús trata de lograr que dejemos de ser bebes. El quiere que crezcamos y nos formemos conforme a su imagen y semejanza.

Recuerde que hablo del Jesús verdadero aquí, del que dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). Si el Jesús que está siguiendo no lo lleva al terreno de lo imposible para hacer cambios en su vida, probablemente este siguiendo al equivocado.

Les hacemos un mal a las personas cuando les decimos que le entreguen sus vidas al Señor porque El los librara de todo problema.  Eso no es cierto. Sería más honesto decir: “Entrégale tu vida a Cristo, y El te dará el poder para vencer los problemas y la adversidad”. Si, El lo cuidara. Pero  no lo hará poniéndolo en una burbuja de cristal para que nada lo dañe; en cambio, perfeccionara la virtud desarrollando el carácter en situaciones que requieran fe, todo lo cual crea un escudo espiritual de una vida transformada.

Una tormenta y ¿un fantasma o Jesús?
Acostúmbrese a la idea de que Dios quiere perfeccionar su fe. Planee el hecho de que probablemente El lo pondrá en situaciones imposibles para forzarlo a sacar su fe a la superficie.  Tarde o temprano el verdadero Jesús requerirá que mire a lo imposible directo a los ojos, y crea en el poder de Dios.

Considere el episodio cuando Cristo envió a sus discípulos que se le adelantaran en bote a cruzar el mar de Galilea, y El decide cruzarlo caminando sobre las aguas – vea mateo 14:22 – 23. El decide esperar hasta que la tormenta esta arr3eciando, con vientos contrarios y olas gigantes para venir sobre nosotros. Podía haber esperado un día calmo o simplemente haber llegado a la otra orilla sobrenaturalmente, sin pararse al lado de la barca, en medio del mar. No, El viene a los discípulos con algo en mente: viene a ensenarles una lección de confianza.

Por favor, tenga en cuenta que esta era una tormenta violenta, y que El no les había dado ninguna instrucción preliminar, no había un “Curso básico para caminar sobre las aguas”. No les hace practicar primero en un charco y esperar hasta el invierno para que puedan caminar sobre agua congelada para ensenarles a caminar sobre las aguas.  Luego, además de eso, no viene a la luz del día; viene en plena noche. Así que Jesús se les aparece a los discípulos en medio del mar, en medio de una tormenta, en medio de la noche, para ensenarles a caminar sobre las aguas. No les facilita las cosas. Pero este es el verdadero Jesús con sus verdaderos discípulos. Y al grado de dificultad existente podemos agregarle el hecho de que probablemente estuvieran cansados físicamente y bastante asustados por la tormenta.

Las Escrituras dicen que la visión de una figura caminando sobre las aguas, saliendo de entre el viento que soplaba y salpicaba en la oscuridad de la noche, transformo el miedo de los discípulos en terror. Gritaron: “Un fantasma”.  Discúlpeme, pero ¿no cree que algunas de las cosas que tildamos de “diabólicas” son en verdad el Señor tratando de agitar nuestras vidas para preparar el entorno para una lección de fe?

Cuando Jesús se aproxima a la barca, les dice: “¡Tened animo; yo soy, no temáis!”.

Cuando Jesús dice en el medio de su tormenta “Yo soy”, es un llamado a la fe. Cuando dice “No temáis”, es un llamado a la acción: la fe verdadera siempre, en algún punto, requerirá valentía.

Pedro dice: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”


Esto es hermoso, realmente. Aquí hay una muestra, no solo del Señor, sino también de la relación de Pedro con Jesús. Desde que Pedro ha conocido al Señor le ha pedido a el y a los otros discípulos que hiciesen cosas imposibles; sanar a los enfermos, alimentar multitudes con una vianda, levantar a los muertos. Una y otra vez Pedro ha visto a Jesús obrar milagros; una y otra vez Jesús le ha dado a Pedro el poder para hacer lo que El hizo.

Esa noche en el mar revuelto, Pedro tiene este asombroso discernimiento: “Si es realmente el Señor, El me dirá que haga lo que está haciendo imposible. Si este es el Jesús que yo conozco, en unos instantes me dirá que camine sobre las aguas también”. Y tenía razón; Jesús lo llamo a que fuera a El: “Ven”.

Ahora a Pedro no le importa caminar sobre las aguas, no realmente. Cuando sale del bote, camina sobre la palabra “Ven”.  Sabe que el poder para hacer lo sobre la cual se para.

Se trata de confiar en la integridad de la orden de Jesús. ¿Cree que Pedro siente el poder cuando apoya sus pies sobre el agua?  No creo que haya sentido nada más que la tormenta. No hubo “escalofríos de gloria”. Pedro se sienta sobre el borde de la barca oscilante y deja caer sus piernas sobre las aguas agitadas. Tratando de mirar entre el viento y la lluvia, logra ver a Jesús. Luego se desliza, se para firme sobre las aguas ¡y comienza a caminar!

¡Splash! Un paso, ¡Splash! Luego otro y otro más hasta que Pedro camina hacia Jesús. No es un pequeño tramo. Admitámoslo: cualquiera puede caminar sobre el agua el primer paso. Es el segundo paso y los demás lo que cuenta. Pedro camina hasta que las olas llaman su atención; entonces comienza a hundirse. Jesús lo salva, por supuesto, y cuando lo lleva de regreso al bote el viento cesa.

Quizá esperaríamos que el Señor dijera; “Pedro, ¡lo hiciste!”  Tal vez Pedro esperaba alabanzas por su pequeña caminata: pero no, Jesús lo reprende diciéndole: “¿Por qué dudaste?”

Cristo ve el comienzo de algo grandioso dentro de Pedro, y no quiere que se contamine con el orgullo ni la autocompasión. La mayoría de nosotros queremos una medalla cada vez que hacemos algo para Dios, pero El no va a dejar a Pedro ni a nosotros construir un monumento con nuestros logros, especialmente cuando estamos recién comenzando. Si este milagro de Pedro fuera hecho por alguno de nosotros hoy, en dos semanas organizaríamos visitas guiadas, haríamos camisetas y celebraciones conmemorativas del día en que caminamos sobre el agua. Pero Jesús no va a permitir eso para ninguno de sus discípulos. El ve grandeza emergiendo de Pedro y no presionara a ninguno de sus discípulos hacia nada que no sea la completa semejanza a su imagen.

Recuerde: la meta de Dios es que seamos como Cristo. El verdadero Jesús va a llamarnos a hacer lo imposible.  Eso significa que seremos llamados a hacer lo que nunca hemos hecho antes. Vera a Jesús delante de usted, probablemente en alguna clase de tormenta, pero será el comienzo de un milagro que lo cambiara a usted, y también al mundo que lo rodea

Señor, perdóname por buscar una vida segura en vez de una sobrenatural. Yo quiero más de ti. Llámame fuera de la barca de mi mundo predecible y conocido. Maestro, por causa de los perdidos, aumenta mi fe hasta que esté de pie junto a ti sobre las aguas del potencial divino. En el nombre de Jesús, Amen”.





—Francis Frangipane, 
   adaptado de “Alístese junto al Señor de los Ejércitos”



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