La Fortaleza de Dios

 

El que habita al abrigo del Altísimo Morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; Mi Dios, en quien confiaré. El te librará del lazo del cazador, De la peste destructora. Con sus plumas te cubrirá, Y debajo de sus alas estarás seguro; Escudo y adarga es su verdad. . . Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación     — Salmo 91: 1-4,9 —

Existe una morada en el corazón de Dios donde el alma del hombre puede ser a la vez protegida y restaurada. No dudemos, pues las palabras del antiguo himno viven todavía hoy en día: nuestro Dios es en realidad una poderosa fortaleza, Él es un baluarte que nunca falla.

El diccionario define a la palabra inmunidad como: la libertad o exención, tanto de una condena, carga, tarea o mal”. Esa es la forma en que el Dios viviente quiere que caminen sus hijos en libertad de la penas y cargas del pecado, libres de las tareas de la religión legal, protegidos y triunfantes de los asaltos del maligno.

Examina la Biblia. Encontraras cientos de ejemplos de la protección amorosa de Dios. Cada vez que el Señor llamo al pecaminoso Israel para que volviera a El, fue urgiéndolo a que retornara a la protección de Dios; cada vez que ellos respondían, nuevamente estaban seguros dentro de la Fortaleza de Dios. Las escrituras dicen,…”los envolvió en sus brazos, los instruyo y los cuidó como a la niña de sus ojos” (Deut. 32:10, niv).


El Cuidado de un Padre
Dios no es solo nuestro Creador, también es nuestro Padre. Como tal, es inconcebible que pueda dejar a sus hijos desprotegidos. En Mateo 6:8 Jesus dice que nuestro Padre conoce nuestras necesidades antes que se las pidamos. ¡Si nosotros, aun en nuestra condición caída, buscamos provisión para nuestros hijos, cuanto más Dios en su perfección busca abrigo y cuidado para los suyos!

Las Escrituras testifican que “todas las cosas que pertenecen a la vida y a la piedad nos han sido dadas por su divino poder, mediante el conocimiento de aquel que nos llamo por su gloria y excelencia” (2 Pedro 1:3).  Cuanto más poseamos el verdadero conocimiento del Todopoderoso, más accesible será su provisión para nosotros.  ¿Que nos da?  Nos ha preparado un lugar de habitación donde todo lo que necesitamos referente a la vida y a la piedad es nuestro. Es un lugar donde cada bendición espiritual es los lugares celestiales nos pertenece en Cristo (Efesios 1:3).

David conocía de esta fortaleza. El Escribió “Jehová roca mía y castillo mío…fortaleza mía…mi escudo…mi alto refugio” (Salmo 18:2).




Nuevamente, hablando a aquellos que temen a Dios, David oro: “En lo secreto de tu Presencia los esconderás de la conspiración del hombre; los pondrás en un tabernáculo a cubierto de contención de lenguas” (Salmo 31:20).  Y nuevamente: “Tu eres mi refugio; me guardaras de la angustia; con canticos de liberación me rodearas” (Salmo 32:7).



En su vida personal David conocía al Dios vivo como una Fortaleza spiritual y un lugar de seguridad de los conflictos. El rey estaba íntimamente familiarizado con este lugar especial en la Presencia de Dios. Fue allí, en la Fortaleza de Dios, que el alma de David fue refugiada.


Para Aquellos Que Siguen a Cristo

Esta fortaleza no es un lugar especial de provisión solamente para los profetas y los reyes Santos. Desde el día de la resurrección de Cristo, la entrada a esta ciudadela del Cielo fue abierta para todos los que seguirían al Mesías. Descubrir esta residencia donde Cristo literalmente nos inunda con su vida, no es meramente el tema de este libro; ¡es el objeto de nuestra existencia!

Como encontraremos este lugar spiritual? Simplemente comenzando por amar a Jesus. El dijo,…”el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amare, y me manifestare a el” (Juan 14:21). Si perseveramos en amar y obedecer, Jesus ha prometido revelarse a nosotros progresivamente. El resultado de la revelación de Dios para nosotros es que Él nos conduce a la morada de Su presencia.  El continuó,


“El que me ama, mi palabra guardara; y mi Padre le amara, y vendremos al, y haremos morada con El” (Juan 14:23).


Esta revelación de Jesucristo a nuestros corazones es el camino para la residencia de Dios. Este refugio del Altísimo es la Fortaleza de Dios. Amado, el Espíritu Santo desea guiarnos hacia la Fortaleza de la Presencia de Cristo. Si lo seguimos a Él, Él nos guiara hacia la fortaleza de Dios. 

Señor, junto al salmista clamo, “¿Cuanto entrare a las cortes del Dios vivo? ¡Tú eres nuestro Padre; no te escondas de nosotros tus hijos! ¡Llévanos a tu regazo, o Dios! Sostennos en tu Corazón, asegúranos con la llenura de tu Espíritu que tu verdaderamente, estas cerca. ¡Gracias Señor!



El mensaje precedente ha sido adaptado de un capítulo del libro de Francis, El Refugio de Dios. Disponible en www.arrowbookstore.com.



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Una Palabra a las Mujeres de Dios


(English)
Antes de comenzar este mensaje, permítame hacer un breve descargo: a pesar de que yo aliento a las mujeres a moverse libremente en medio del orden provisto por Dios en sus Iglesias locales, mi objetivo es exaltar y soltar una gracia especial que Dios ha específicamente colocado en las mujeres, la cual Dios ha usado en tiempos pasados para traer avivamiento.

Las Características distintivas en el Génesis
Cuando el Señor creo a la humanidad, puso dones únicos en el hombre y otros, pero igualmente únicos, en la mujer. Le dijo a Adán que pusiera nombre a todas las especies que estaban sobre la Tierra y “todo lo que Adán llamo a los animales vivientes, ese es su nombre” (Génesis 2:19). Este acto de poner nombre a las criaturas, era mucho más que llamar al perro “Pichicho”. Adán fue creado con una capacidad organizativa y administrativa que le permitía identificar y definir el mundo que lo rodeaba. Al ponerles nombre a los seres vivientes, Adán no solo los reconocía, sino que también introducía orden y estructura a la experiencia humana. En efecto, definía la realidad.

Dentro de la genética de este primer hombre, también existían las cualidades ponderosas – pero dormidas – de la mujer. Mientras Adán descansaba, el Espíritu tomo del hombre una costilla. Modelándola en una mujer, el Señor creó una compañera para Adán. No solo era apropiada para el sino que, además, era capaz de expandir poderosamente las capacidades creativas del hombre. De hecho, la mujer trajo muchos dones al mundo de Adán que no existían previamente, como ser, la capacidad de concebir y dar a luz nueva vida.

Es importante que recordemos lo siguiente: Dios creó al varón y la mujer a su imagen, conforme a su semejanza (Génesis 1:26). En cierto modo, por supuesto, tanto Adán y Eva como individuos poseían el reflejo de la naturaleza divina. Podían pensar, hablar, sonar y crear. Pero fue, sin embargo, en la unión de Adán y Eva, en su respeto mutuo de las fuerzas y los dones particulares de cada uno, que la humanidad poseería una más perfecta expresión de la naturaleza completa de Dios.

Cuando Adán contemplo a esta primera hembra, dijo: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne; esta será llamada Varona” (Génesis 2:23). El término “varona” era una delineación usada por Adán, identificándola como una variedad única en la especie del hombre. Mi esposa dice, “Piensa en ella como la versión mejorada”. En cierto modo tiene razón, porque la naturaleza de la mujer es doblemente refinada. Adán fue creado de la tierra; la mujer emergió no de la tierra sino del hombre. Es más compleja y emocionalmente más sofisticada.

Pronto Adán comenzó a entender el gran poder de su compañera: la capacidad de concebir y traer vida al mundo. Reconociendo esta cualidad, Adán la llamo Eva, que significa “vida”. Eva jugaría un papel importante en los nuevos comienzos de la vida. “Ella era madre de todos los vivientes” (Gen. 3:20).

Necesitamos Avivamiento
El Señor le dio a Adán una habilidad inicial para poner nombre y establecer la realidad; también le dio a la mujer la capacidad única de concebir y luego dar a luz esa realidad. La fuerza primaria de cada género es que el hombre establece, la mujer da a luz. Recuerde: estas cualidades no son simplemente “humanas”; son reflejos de lo divino. La capacidad del hombre de traer orden al mundo, de tomar lo que esta suelto y darle definición y estructura, es una facultad divina; la capacidad de la mujer de concebir e incubar la vida, y luego soltarla a través del nacimiento, es también un aspecto de la naturaleza divina.

Note, además, que Adán llamo a la mujer Eva – o “Vida” – antes de que hubieran tenido hijos. Dios le dio a la mujer no solo la habilidad de tener hijos, sino de soltar la vida en una innumerable variedad de expresiones. De hecho, una traducción dice que Eva significa “vivificar”. Solo, Adán hubiera estado decaído; no era bueno que Adán estuviera solo. Eva vivifico a Adán en formas que ninguna otra criatura hubiera podido hacerlo. Adán podía construir una casa; Eva lo hizo un hogar. Cuando Adán llamo a Eva “Vida”, no solo le estaba hablando proféticamente a la primera madre, sino que estaba declarando su propia experiencia: Eva trajo vida a la estructura del mundo de Adán.

Estamos hablando en forma general aquí, pero cuando observamos el ámbito espiritual vemos esa misma codificación reproducida en los ministerios del hombre y la mujer. Jesús puso el fundamento de la Iglesia con doce hombres a los que llamo a ser apóstoles. Eso no significa que nunca habría mujeres en el liderazgo, sino que una de las mejores habilidades que se le han dado al hombre era la capacidad de traer orden y poner estructura. Por el mismo principio, antes del nacimiento de Cristo encontramos a Ana, la profetiza, ocupada en mucha oración y ayunos. En mi opinión, es muy posible que esta mujer no estuviera sola en su intercesión. Pienso que es probable que ella fuera líder de su ministerio de oración profética que existía con anticipación a sus tiempos.

Las mujeres superan a los hombres en intercesión, en sensibilidad espiritual y la liberación de nuevos comienzos. Pero ¡eso no es excusa para los hombres para no orar! En verdad, ¡algunos de los mejores ejemplos de intercesión en la Biblia son hombres! Estamos hablando de generalidades en referencia a las tendencias espirituales de ambos sexos. Ninguna es más importante que la otra. Ambas son absolutamente vitales para el desarrollo de la voluntad de Dios sobre la Tierra.

Hoy, nos encontramos peleando contra el avance de Satanás en muchas áreas: tanto en las guerras y los ataques terroristas o la expansión creciente de la maldad en nuestro mundo, necesitamos un avivamiento. Para tener un despertar nacional, el poder de “dar a luz” que Dios ha depositado en la mujer debe ser liberado. Todos los esfuerzos del hombre para establecer leyes y gobernar justamente no transformaran verdaderamente nuestra cultura. Necesitamos algo mayor; necesitamos la presencia de Dios derramada. Me refiero a que Dios está levantando y ungiendo un ejército de oración de mujeres, a las que se les han de otorgar un poder mayor aun para interceder ante el trono de Dios por sus familias y naciones.

Las Oraciones de mi Madre
Conozco en forma personal el poder de las oraciones de una mujer, las de mi madre. Al final de la década de 1960, yo era un joven perdido que vivía en pecado y rebeldía. A juzgar por mi apariencia, era un caso perdido. Pero a pesar de las apariencias externas, mi amada madre católica se presentaba delante de Dios por mí. En mi Resistencia, el poder divino en respuesta a sus oraciones, comenzó a acorralarme. Su clamor fue incesante e implacable; con frecuencia oraba toda una noche. Estaba embarazada de las oraciones por su hijo. En el año 1970 Dios finalmente le respondió, y durante el despertar del “Movimiento de Jesús”, vine a Cristo.

Años más tarde le pregunte al Señor por este avivamiento. Como usted sabrá, ha sido parte de mi misión ayudar a engendrar unidad y establecer movimientos de oración en las ciudades, cosas que siempre preceden a un avivamiento. Pero, hasta donde sabia, no había ninguna u oración que haya encendido el “Movimiento de Jesús”. Entonces le pregunte al Señor como podía ser que un avivamiento ocurriese sin un movimiento de oración que lo originara. El Señor enseguida me rectifico diciéndome que había habido un inmenso poder de oración: El había oído las oraciones de un millón de madres; cada una de ellas clamaba por su propio hijo.

De todas las denominaciones, en una “unidad de desesperación”, Dios oyó el clamor de esas madres creyentes. Su Corazón fue tocado, y como resultado, multitudes de jóvenes pecadores encontraron arrepentimiento y salvación en Jesús. Ese es el ejercito que Dios desea lanzar nuevamente hoy, pero ahora con mayor visión, mayor poder del Espíritu Santo ¡y con el apoyo de los hombres también!

Mujeres de Dios: el hecho es que ¡el cielo las necesita! Han sido creadas por el Todopoderoso para dar a luz la Victoria en el planeta Tierra. Dios las ha diseñado singularmente con una habilidad latente de liberar la vida a través de su intercesión. Junto con ustedes, nosotros los hombres podemos edificar y establecer, y estamos aprendiendo a orar, pero ustedes tienen un don único y especial para soltar nuevos comienzos. Sea que el centro de su oración sean sus esposos o el liderazgo de la iglesia, sus hijos, su ciudad o su nación, ustedes poseen en su espíritu la semilla que puede ser liberada con la oración para traer vida a este mundo.

Si, ciertamente hay una batalla, todavía existe “enemistad entre ti [la serpiente] y la mujer” (Gen. 3:15). Satanás las odia especialmente, porque fue su simiente la que lo golpeo en la cabeza. Me sorprende que Dios haya elegido traer su Hijo al mundo, no a través de los cielos ni a través de una mujer embarazada por un hombre, ¡sino a través de una mujer que ha concebido de Dios! ¡Dios mismo vino a la Tierra a través del poder de una mujer de dar a luz!

Hoy el Señor está dando a las mujeres una nueva gracia, una nueva seguridad contra los poderes del infierno. Por la intercesión, esas mujeres santas darán a luz poderosos ministerios sobre la Tierra, tanto femeninos como masculinos. Lanzaran nuevos comienzos para el Cuerpo de Cristo.

También quiero alabar y personalmente agradecer a las muchas mujeres que componen ministerios y grupos de oración como Aglow y Fraternidad Lidia. Ha habido muchas, muchas veces en que he experimentado una protección divina repentina, o una Victoria inesperada. Cuando le he preguntado al Señor por esto, El me dijo: “Estoy contestando las oraciones de las mujeres de Aglow” – o de las mujeres de tal o cual ministerio -. A cada una de ustedes les debo un agradecimiento especial. ¡Que el Señor multiplique sus dones hacia ustedes y les conceda los deseos de su Corazón!

Apocalipsis 12 también habla de una “mujer vestida del sol”. Este pasaje no habla solo de Israel o de la Iglesia. También revela como Dios ve espiritualmente a las mujeres: ellas son honradas y coronadas con distinción; puras y vestidas con la Gloria de Dios. Con confianza, ellas aplastan los poderes de la oscuridad. Querido ejercito de mujeres de oración, es su destino inherente dar a luz lo que gobernara a las naciones.

“Padre Celestial: vengo en el nombre de Jesús. Señor, envía las mujeres de Dios. Libera el poder de la oración, la carga y el dolor de parto, a nuevos niveles. Padre, los terroristas islámicos desde afuera y la decadencia moral desde adentro, buscan destruir nuestra tierra y nuestras familias. Necesitamos que las oraciones de un ejército sean elevadas. ¡Ayúdanos, oh Dios, a orar hasta que tu propósito celestial se cumpla tanto en la Tierra como en el cielo! En el nombre de Jesús, amen”.

El mensaje precedente ha sido adaptado de un capítulo del libro de Francis, This Day We Fight versión en ingles (publicado por Chosen Books). Publicado en español bajo el título Alístese junto al Señor de los Ejércitos Editado por Editorial Peniel Argentina.

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Traducción y Edición Gabriela Rabellino

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El Don del Discernimiento

Si nos vamos a mover en verdadero discernimiento espiritual, nuestra percepción de la vida se debe limpiar de reacciones y pensamientos humanos. Debemos percibir la vida a través de los ojos de Cristo.


Para Discernir No Podemos Juzgar
El comienzo del discernimiento verdadero no se descubre, sino hasta cuando crucifi- camos nuestros instintos para juzgar. Toma muchos meses, y habitualmente años, desarraigar todos los sistemas de pensamiento que no se hayan plantado en el terreno divino de la fe y el amor por las personas. Para apropiarnos del discernimiento que está en la “mente de Cristo” (1 Corintios 2:16), primero debemos encontrar el corazón de Jesús. Su corazón y su amor se resumen en sus propias palabras: “no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo” (Juan 12:47).

El discernimiento espiritual es la gracia de ver dentro de lo invisible. Es un don del Espíritu para percibir lo que está en el espíritu. Su propósito es ver dentro de la naturaleza de lo que está velado. Mas el primer velo que se debe quitar es el velo de nuestro corazón. Debemos vernos nosotros mismos a la medida de nuestra necesidad. Pues la capacidad para ver dentro de lo que está en el exterior, viene de Cristo que revela todo lo que hay en el interior. Jesús pide que entendamos nuestra propia necesidad de su misericordia, de manera que además de la gracia que hemos recibido, con toda compasión podamos ministrar a otros. En este proceso descubriremos la depravación y el egoísmo de nuestra naturaleza carnal. Sabremos a cabalidad que el don de discernimiento no es una facultad de nuestra mente.

Siempre debemos estar conscientes que la meta de Cristo es salvar, no juzgar ni condenar. Somos Llamados a navegar en una angosta y bien escondida vía, dentro de la verdadera naturaleza de las necesidades de los hombres. Si realmente vamos a ayudarles, debemos recordar que seguimos al Cordero.

Este cimiento se debe poner correctamente, pues si discernimos, no podemos reaccionar. Para percibir, debemos hacernos ciegos a todo aquello que parece aparente. Los hombres pueden reaccionar contra nosotros, pero no debemos reaccionar contra ellos. Siempre deberemos permanecer con una naturaleza perdonadora, porque los demonios que expulsemos nos pueden hablar con voces de hombre, y se disfrazarán como ese mismo hombre. Por esta misma razón Jesús dijo: “A cualquiera que dijere alguna palabra contra el Hijo del Hombre, le será perdonado” (Mateo 12:32). Jesús estaba preparado en su corazón para perdonar a los hombres inclusive antes que siquiera hubieran pecado contra El. Sabía que su misión era morir por ellos, no condenarlos.

No sólo somos llamados a (vivir) la vida de Cristo, sino también a su misión. En efecto, el Señor dijo: “Como tú me enviaste al mundo, así yo los he enviado al mundo” (Juan 17:18). Somos llamados a morir para que otros vivan. Por tanto, debemos darnos cuenta que antes que nuestra percepción se desarrolle, nuestro amor se debe desarrollar hasta cuando nuestra actitud normal sea la de perdonar. Si Dios nos va a mostrar el corazón de los hombres y nos va a usar para liberarlos de la cautividad satánica, no podremos reaccionar a todo lo que digan. A medida que nuestra percepción crece, y viene a ser más como la del mismo Cristo y se nos revela el corazón de los hombres, ni siquiera podremos reaccionar a cuanto piensen. Si no nos movemos en el perdón divino, caminaremos en mucho engaño. Presumiremos de tener discernimiento, cuando en verdad sólo vemos a través del velo de un “espíritu de crítica.” Debemos vernos nosotros mismos antes de poder realmente ver a otros.

Debemos conocer nuestras debilidades, pues si somos ciegos a nuestros pecados, lo que pensamos que discernimos en los hombres no será sino el reflejo de nosotros mismos. Desde luego, si no nos movemos en amor, en realidad vendremos a convertirnos en una amenaza para el cuerpo de Cristo.

Esta es exactamente la enseñanza de Jesús cuando dijo:

“No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? “¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:1-5).

El arrepentimiento es quitar las “vigas” dentro de nuestra visión; es el comienzo de ver con claridad. Hay quienes suponen que reciben el discernimiento del Señor respecto a una y otra cosa, y quizás en algo lo reciben; solo Dios sabe. Pero hay muchos que simplemente juzgan a los demás y de manera atrevida lo llaman discernimiento. Jesús ordenó: No juzguéis. La misma mano eterna del Todopoderoso que en el Antiguo Testamento escribió la ley moral en tablas de piedra (Éxodo 31:18), escribe hoy la ley del reino en tablas de carne. Estas palabras “no juzguéis” son tan inmutablemente finales y definitivas como sus diez mandamientos. Todavía es DIOS quien habla.

La Meta Es Ver Con Claridad
La mente carnal, que siempre está juzgando, ve de manera constante la imagen de sí misma en los demás. Sin darse cuenta que se ve a sí misma, supone que percibe a otros. Jesús se refiere a la persona que juzga como “hipócrita.” El Señor no dice que debamos dejar de pensar respecto de las demás personas. Quiere que seamos capaces de ayudarnos unos a otros. El énfasis en el mandamiento de Jesús de “no juzguéis,” se resume en la nota con que construye este mandamiento “saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces versa bien para sacar la paja del ojo de tu hermano” (Mateo 7:5). El Señor desea que podamos ayudarnos entre nosotros mismos. Pero la forma como nos ayudamos no es por medio del juicio, sino al ver con claridad. Y no vemos con claridad sino hasta cuando hayamos sido lo suficientemente cuidadosos para ir en un arrepentimiento profundo y verdadero. Hasta cuando el instinto para juzgar según la carne, sea desarraigado por completo.

Hemos visto que Jesús hizo un paralelo cuando habló a la gente sobre sus pecados, respecto a quitar o sacar la viga del ojo propio. El ojo es la parte más tierna, más sensible del cuerpo humano. ¿Y cómo vamos a sacar algo como una paja del ojo de alguien? Con todo cuidado. Debemos ganar la confianza de esa persona. Esto significa que en forma consistente hay que demostrar una actitud que no juzga, que carece de la condenación instintiva. Para ayudar a la gente, debemos ver con claridad.

Debemos ser capaces de ver dónde está obstruida la visión de las personas, desarrollar confianza entre ellas y nosotros, y quitarles su paja, sin juzgarlas ni condenarlas. Si buscamos tener un corazón que no condene, si en verdad crucificamos nuestros instintos de juzgar, habremos puesto una base verdadera para recibir el don del discernimiento. Pues, entonces habremos preparado nuestro corazón para recibir visiones, profecías, sueños y profundidades de Dios que no estarán teñidos ni por la corrupción ni por el desvío humano.

El articulo precedente ha sido adaptado de un capitulo del “best seller” del pastor Francis, Los Tres Campos de la Lucha Espiritual – a la venta en www.arrowbookstore.com.

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