De pie tras nuestra pared - Parte 1

 La sensación de distancia que a menudo sentimos entre Cristo y nosotros es un engaño. Al entrar en los días de su presencia, el Señor eliminara esa falsedad. Su promesa es “en aquel día ustedes se darán cuenta de que yo estoy en mi Padre, y ustedes en mi, y yo en ustedes” (Juan 14:20).

Las Escrituras nos dicen que Cristo es la vid, y que nosotros somos sus ramas; El es la cabeza, Nosotros Su cuerpo; El es el Señor y nosotros somos Su templo. Desde el principio hasta el fin, la Biblia declara al Señor quien vive no solamente en los cielos, sino que existe de manera perpetua en redentora unión con Su pueblo. El foco siempre presente de Su actividad es guiarnos a la unidad con el mismo.


Así, en todo lo que el Espíritu Santo vino a establecer en nuestras vidas, ya sea mediante virtudes o dones espirituales, Su máximo propósito es llevarnos a la presencia de Jesús. El Espíritu Santo obra incesantemente para establecer intimidad entre nosotros y el Señor Jesús. Alguien dijo alguna vez que intimidad significa “ve dentro de mi”. Esta transparencia llena las letras y palabras de la Biblia con el palpitar del corazón de Dios. Verdaderamente escuchamos como las ovejas, la voz del Pastor que habla a nuestros espíritus, trayendo confort, corrección y dirección (Ver Juan 10:27).


No solamente somos privilegiados de conocer lo que Jesús enseño, sino que Él esta tan cercano que podemos discernir el tono de Su voz al darnos Sus instrucciones. Esta es intimidad de corazón a corazón. Escuchen Su maravillosa promesa:


"Yo soy el buen pastor; conozco mis ovejas, y ellas me conocen a mi, así como el Padre me conoce a mi y yo lo conozco a El, y doy mi vida por las ovejas” (Juan 10:14-15).


Jesús nos dice, "Yo conozco a los míos, y los míos Me conocen,” ¿Que tan íntima es esta relación? La unión entre Cristo y nuestros corazones es de la misma calidad que la unión de Él con el Padre. Él dice, “como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre.”


No obstante, la sensación de distancia entre Jesucristo y nosotros subsiste. Quizá usted le dijo en oración, “Señor, Tu dijiste que estas con nosotros para siempre, pero me siento solo. No puedo sentirte”. Si Cristo esta dentro de nosotros, ¿como podemos encontrar la llama viva de Su Presencia?


En el Cantar de los Cantares, a esta búsqueda por encontrar el lugar secreto de Su presencia, se le da una maravillosa expresión. La novia dice, “¡La voz de mi amado! He aquí él viene

Saltando sobre los montes, Brincando sobre los collados. Mi amado es semejante al corzo, O al cervatillo.” (Cantares. 2:8-9 RVR-60).

Este es nuestro Señor, ¡lleno de vitalidad! El “salta sobre los montes, y brinca sobre los collados”. Verlo sobre las montañas es contemplarlo de lejos. El esta todavía distante. ¿Como vivimos en el sentir de Su presencia morando en nosotros momento a momento? Y todavía preguntamos, “¿Donde dentro de mi, estas Señor?”


La novia continúa,


" Helo aquí, está tras nuestra pared, Mirando por las ventanas, Atisbando por las celosías”. (Cantar de los Cantares 2:9).


Sí, Cristo mora en nosotros, pero Él esta de pie detrás de nuestras “paredes”. Las paredes que se interponen entre nosotros y el Salvador son básicamente la obra de mentes no renovadas y corazones endurecidos. Nos hemos cerrado con barricadas detrás de temores y actitudes carnales; somos rehenes del pecado y de distracciones mundanas.


Pero aun así estas barreras pueden ser eliminadas. De acuerdo al grado en que son quitadas, poseemos la unidad con Cristo y experimentamos verdadero progreso espiritual.


Quitando las Paredes

Ahora mismo, busquemos quitar esas barreras. ¿Como? Imagínese que, aun mientras usted esta leyendo, el Señor mismo silenciosamente entró a una habitación contigua. Usted mira, y de pronto la habitación se vuelve viva y vibrante, brillando con ondas de luz. Instantáneamente, sus sentidos son inundados con Su santa presencia mientras luz viva penetra en usted y desciende a su corazón. Las tinieblas que como mortaja cubrían su naturaleza interior de pecado desaparecen y su corazón es expuesto.

Mi primera pregunta es: Sabiendo que Jesucristo esta en la habitación, ¿entraría usted a ella?


Si no pudiera usted ir hacia la habitación, ¿cual seria la razón? Si es porque siente que le ha fallado al Señor demasiadas veces, su vergüenza se ha convertido en una “pared” entre usted y Cristo. Si el temor lo mantiene alejado, entonces el temor es la barrera entre Dios y usted; si un corazón no arrepentido esta impidiéndole su intimidad con Cristo, entonces la dureza del corazón es la causa de su aislamiento.


Recuerde, los puros de corazón ven a Dios (Ver Mateo 5:8). Si nos arrepentimos de nuestras actitudes equivocadas y pecados; en lugar de vergüenza y temor, nos vestimos con los mantos de alabanza y salvación, las barreras entre nosotros y el Señor serán eliminadas.


Pero permítame hacerle una segunda pregunta: ¿Como entraría a usted a la presencia de Cristo?


Es mi opinión que no tomaremos nuestros panderos y danzaremos en Su Gloria. No. Cuando los más grandes apóstoles y profetas Le contemplaron, Su presencia hizo que cada uno cayera como hombre muerto delante de Él. Para mí, sería con gran temblor que me acercaría a la habitación de Su presencia. Me acercaría poco a poco.


¿Como podemos romper la sensación de distancia entre Cristo y nosotros? De la misma manera que nos arrepentimos del pecado y la vergüenza antes de entrar a la habitación, volvamos nuestra mirada hacia Su Gloria viva. En reverente obediencia, entremos al fuego de Su presencia, porque ciertamente, El está más cerca que en el cuarto contiguo. El está, ahora mismo, de pie tras nuestra pared.


Señor Jesús, Quito la pared creada por mis temores, pecado y vergüenza. Maestro, con todo mi corazón deseo entrar a Tu Gloria, permanecer en Tu presencia y amarte. Recíbeme ahora mientras me postro ante Tu Gloria.

El mensaje que antecede fue adaptado de un capitulo en el Libro de Francis, Los Días de Su Presencia – versión en ingles-.

www.frangipanehispano.org

No hay comentarios.:

Publicar un comentario