Manifiesta en nuestra carne mortal

                                             
¿Que tenía en mente Jesus para Sus discípulos cuando comenzó Su ministerio? ¿Cuál era Su objetivo sagrado?  Estoy absolutamente convencido que Cristo no solamente vino a buscar y salvar al perdido, sino que en un más alto nivel vino a replicarse en nosotros. Y sea que estemos apenas comenzando nuestro viaje espiritual o que seamos probados siervos de muchos años, el verdadero cristianismo no es nada menos que la viva manifestación de Cristo en y a través de nosotros (Gal. 2:20). De hecho, nuestro destino no encuentra una base segura hasta que la real vida de Cristo emerge a través de nosotros.

Cuando hablo de Cristo, me refiero a Su mansedumbre, Su amor y Su intención redentora. Estoy hablando de Su poder y Su profunda sujeción a la voluntad del Padre, la cual produjo Su expansiva autoridad sobre todas las cosas. Y cuando hablo de Cristo en nosotros, no me estoy refiriendo solamente a la correcta ubicación de preceptos teologicos, como si la salvación fuese solamente una prueba de doctrinas.  Nuestras doctrinas son importantes en la medida en que germinan en el carácter y el poder de Cristo que vive en nosotros.

Esta transformación interior y en la semejanza a Cristo de la iglesia, fue la más elevada preocupación de Pablo. Él escribió, “Queridos hijos, por quienes vuelvo a sufrir dolores de parto hasta que Cristo sea formado en ustedes" (Gal. 4:19).  Ustedes quienes tienen sustancial hambre espiritual, su alimento debe ser Cristo mismo, vivo en usted, conformándolo a Su imagen.

Considere asimismo las palabras de Pablo a los Corintios. El escribió, “porque nosotros que vivimos, siempre estamos entregados a muerte por causa de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal" (2 Cor. 4:11).

Amado, el cristianismo es ¡“la vida de Jesus,…manifiesta en nuestra carne mortal”! 

¿Qué significa esto? Significa que el Espíritu de Jesucristo, el amante y redentor de la humanidad, se revela a través de nosotros. Esta revelación de Cristo es lo único que satisface nuestra búsqueda por conocer la esencia de Dios. Cualquier cosa menor, o que no sea Cristo viviendo en nosotros es mera religión.

No es suficiente con condenar el pecado en el mundo; nuestro motivo debe ser redimirlo.  Jesus dijo, “Como [el Padre] me [envió] al mundo, así yo los he enviado” (Juan 17:18). Somos enviados como Él fue enviado, con la misma misión, la misma visión. Jesus quien murió por los hombres, viviendo nuevamente Su propósito y poder a través de nosotros.

Este mundo, con todo su mal, es la realidad misma que Dios ha elegido para perfeccionar nuestra conformidad a Cristo. Vea, discernir lo que está mal en el mundo requiere de poco crecimiento espiritual, pero ver a nuestras comunidades y barrios transformados requiere que crezcamos en madurez cristiana y visión.

Tenemos que pasar de la condenación del pecado a la entrega de nuestras vidas por los pecadores. Debemos aprender a como perseverar en oración, abrazar el ayuno, y tomar el compromiso de amar hasta que lo malo no sea solamente identificado sino transformado.

Sí, este mundo es perverso, más es el lugar perfecto para que Cristo se manifieste en nuestra carne mortal.


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Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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