Cuidado:¡Es fácil falsificar el cristianismo!



(English)
Nuestra experiencia del cristianismo tiene que ir más allá de ser otra interpretación de la Biblia; tiene que expandirse hasta que nuestra fe en Jesús y nuestro amor por él se conviertan en un pararrayos de Su presencia.

 

Poder en la santidad
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres... que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3: 1, 6). La santidad tiene poder. ¿Ha conocido alguna vez a un hombre o una mujer verdaderamente santo? Hay poder en su piedad. Pero para quien no ha conocido nunca a una persona que es semejante a Cristo, resulta sencillo falsificar el cristianismo. Recuerde siempre esto: la falsedad resulta ser algo natural en el corazón humano, y es solo con esfuerzo que logramos ser veraces y auténticos. A menos que estemos procurando alcanzar la madurez espiritual, La percepción que tengamos de Dios, será moldeada por nuestra inmadurez. Señalamos al todopoderoso y decimos: “Él ya no demanda que seamos piadosos”, cuando en realidad somos nosotros quienes hemos abandonado las normas de Su reino. Tenga por cierto que en el momento en que dejamos de obedecer a Dios, comenzamos a falsificar el Cristianismo.

 

Debemos entender que el ¨conocimiento del Señor¨ no es un curso de diez semanas que debemos aprobar; es una experiencia en permanente desarrollo con Jesucristo. Comienza con el nacer de nuevo y la fe en Jesus, pero continua hacia la santidad, poder y perfección misma de Cristo.

 

Y a medida que maduramos comenzamos a darnos cuenta que el Espíritu de Cristo está realmente en nosotros. La cruz emerge de la palabra escrita, se levanta ante nosotros y somos confrontados con nuestros propios Getsemaní, o nuestros propios Gólgota, - pero también con nuestras propias resurrecciones mediante las cuales ascendemos espiritualmente a la presencia real del Señor. Con el apóstol Pablo podemos decir: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí” (Gálatas 2: 20).

 

¡No se permita ser engañado! Responsabilice a su teología de la demanda de obrar su salvación eterna, porque depende de ella! Si Cristo mora en nosotros, debemos estar viviendo vidas santas y con poder. No existe ninguna excusa. Si no somos santos, o si no hay poder en la piedad que hay en nuestras vidas, no culpemos a Dios. Como está escrito: “...sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” (Romanos 3: 4). Perseveremos en buscar a Dios hasta que lo encontremos, hasta que descubramos “lo que todavía nos falta” (Mateo 19: 20-21) Prosigamos “...hasta asir aquello para lo cual fuimos también asido por Cristo Jesús” (Filipenses 3: 12).

 

¿Por cuánto tiempo debemos continuar buscando al Señor? Si gastamos toda nuestra vida y energías para conseguir tres minutos de genuina semejanza a Cristo, la habremos invertido bien. Diremos como el anciano Simeón: “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; porque han visto mis ojos tu salvación” (Lucas 2: 29-30). No queremos solo una aprobación mental a la doctrina cristiana; queremos ver, tener contacto con, y vivir en la realidad vital y experimental de la presencia real de Cristo. En el momento en que nos conformamos con algo menos, nuestro cristianismo comienza a ser una falsedad.
 

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  Traducción y edición en la adaptación: Gabriela Rabellino


 

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