Viendo al Invisible

(English)
Hay momentos cuando, para guiarnos hacia una mayor autoridad y bendición, Dios debe liberarnos del recipiente de nuestras experiencias anteriores. Considere el encuentro de Elias con el Altísimo en el monte de Horeb. Tres señales naturales tuvieron lugar. Pero el Señor no estaba en el viento, el terremoto o el fuego—los cuales eran símbolos conocidos para Elias. El Señor quien causó estas tres poderosas manifestaciones, no estaba en ellas.

Para Elias, las manifestaciones poderosas habían sido señal de la aprobación de Dios. Pero algo nuevo estaba próximo que requería una sumisión fresca al Dios vivo. ¡Una doble porción de poder venia!  Las distintivas características de esta nueva unción no solo se verían en manifestaciones sobrenaturales sino también en mayor sabiduría y compasión.

Terremotos, fuegos y tormentas – las señales que acompañaron a Elias – son también las señales de nuestra época. Pero para recibir la doble porción, debemos aprender a reconocer la cercanía de Dios cuando no hay “terremotos” o “tormentas” que capten nuestra atención. El Señor nos exige que entremos a una más refinada relación con Él, una que esté basada en Su amor y el susurro de Su voz, no solamente en fenómenos espirituales o desastres naturales.

 Luego de la ultima señal, allí vino “un silbo apacible” (1 Reyes 19:12). La versión King James dice, “un silbo apacible y delicado”. En silencio santo la Presencia de Dios estaba regresando; en el medio del silencio, el susurro de la voz de Dios. Elias “…cubrió su rostro con su manto” (v. 13). Quizá fue cerca de este mismo lugar que Moisés, quinientos años atrás, se escondió al pasar el Señor. Ahora era el turno de Elias.

Nosotros también debemos aprender a escuchar la voz de Aquel que raramente habla de manera audible y observar las acciones de Aquel quien es invisible. Elias obtendría el coraje de resistir la ira de Jezabel de la misma manera que Moisés enfrento la ira  de Faraón: “se sostuvo como viendo al Invisible” (Heb. 11:27). Debemos aprender a detectar, sin grandes señales, el silbido apacible de Dios.

El Señor no peleara por nuestra atención; El debe ser buscado. El no nos va a asustar, debemos percibirlo. No se necesitó de ninguna habilidad especial para “discernir” el terremoto, el fuego o la gran tormenta. Pero para sentir la quietud santa de Dios, nuestras otras actividades deben cesar. En nuestro mundo de grandes presiones y continuas distracciones, la atención de nuestro corazón debe elevarse al mundo invisible del espíritu de Dios. Debemos aprender a ver a Aquel quien es Invisible y escuchar a Aquel que es raramente audible.

 Oh Maestro, cuan fácilmente caigo en hábitos religiosos sin vida y  embotamiento espiritual. Señor, anhelo conocer Tus caminos, tener ojos que realmente vean y oídos que claramente escuchen. Enséname, Señor Jesus, las intimidades de Dios. Remueve el misterio que te rodea para que pueda realmente conocerte. Perdóname por buscar señales en vez de escuchar Tu voz. Oh Dios, como anhelo morar en Tu gloria. Restaura a Tu iglesia la doble porción que has prometido, y guíanos hacia la plenitud de Tu amor. En el nombre de Jesus. Amén.

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El mensaje precedente fue adaptado de un capitulo en el libro del Pastor Francis El Refugio de Dios. Disponible a la venta en www.arrowbookstore.com


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Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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