La luz radiante de la santidad


Cuando existe verdadera santidad en la vida de un cristiano, ella produce a su alrededor una luminosidad y un resplandor. Los bebés y los niños pequeños, cuyos espíritus son todavía puros e incontaminados, y que por lo tanto están más cerca de la presencia real de Dios, también emanan esta luz. Su luz es visible por cuanto sus corazones son transparentes y veraces. Para nosotros, el camino a la luz radiante de la santidad es esta misma senda de transparencia y verdad. Ella es la vía que nos lleva al oro puro del reino de Dios.


Cuando nuestro enfoque es claro
Desde el momento en que Cristo entra en nosotros, somos santos, separados para Dios. Este tipo de santidad es la misma santificación que hizo que los utensilios utilizados en el servicio del templo fueran santos: santos porque fueron usados en el servicio del Señor. No tenían virtud alguna en sí mismos; el material del cual estaban hechos no sufrió ningún cambio. En ese sentido es que el cristiano, en general, es santo. Pero la santidad que buscamos es la realización de nuestra separación. Pretendemos una santidad que refleje en nuestras vidas la presencia de Dios en los cielos. Queremos tener ambas cosas: Su naturaleza y su calidad de vida.


Siendo que la verdadera santidad produce en nosotros la vida real del Espíritu Santo, debemos estar seguros de saber lo que es el espíritu. El espíritu de Dios es amor, no religión. Dios es vida, no ritualismo. El Espíritu Santo hace en nosotros mucho más que sencillamente “hablar en lenguas” o testificar. El Espíritu nos guía a la presencia de Jesús. Mediante nuestra unión y comunión con Jesucristo recibimos nuestra santidad.


Repito que la santidad que procuramos tener no es un conjunto de normas legales o legislativas, sino la calidad de vida del mismo Cristo. El Espíritu Santo obra en nosotros no solamente un nuevo deseo de amar, sino que nos imparte el mismo amor de Jesús. Desarrollamos mucho más que una fe común en Jesús. En realidad comenzamos a creer como él, con su misma calidad de fe. Es Dios en nosotros quien nos hace santos. Dejemos que él nos sacuda, que nos baje de nuestras cómodas perchas, hasta que con gran temblor y gozo, con profunda adoración y temor santo nos aproximemos a la realidad divina, a Dios mismo, quien nos ha llamado a ser suyos por su propia voluntad y propósito.


“¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros?” (1 Corintios 3: 16). El Espíritu de Dios habita en nosotros. A la luz de esta verdad, hagámonos otra vez la antigua pregunta: “¿Qué es el hombre?” Sabemos cómo lucimos ante las demás personas, pero si en verdad Dios mora en nosotros, ¿cómo nos ven los ángeles o los demonios? ¿Qué luz nos señala en el mundo espiritual, qué iluminación nos rodea, qué gloria declara al mundo invisible: “Tenga cuidado, este es un hijo de Dios?” Piense en ello: El Espíritu del creador, quien desde el principio tuvo el propósito de hacer al hombre a su imagen, está en usted…ahora.


La santidad es un cuerpo lleno de luz
Hay límites. Hay condiciones. Usted no puede servir a dos señores. No puede servir a la luz y a las tinieblas, al pecado y a la justicia, al yo y a Dios. La luz está en usted, pero lo rodean las tinieblas. Nuestro mundo es un mundo en oscuridad. Nuestras mentes carnales siguen siendo un teatro de las tinieblas. En un mundo de opciones debemos optar por la luz. Por eso es que Jesús enseñó que debemos tener determinación y ser de un solo propósito si deseamos llegar a ser hijos de luz plenamente maduros. Él dijo: “La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas” (Lucas 11: 34).


Si su voluntad y su corazón están enfocados en Dios, su cuerpo está lleno de luz, y está expresando con plenitud la gloria de Dios en usted. Pero si es de doble ánimo, si está viviendo en pecado o consintiendo pensamientos pecaminosos, su luz se disminuye proporcionalmente hasta que su cuerpo se llena de tinieblas. Jesús continuó advirtiendo: “Mira, pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas” (Lucas 11: 35).


Si usted no hace nada por su salvación, si no busca a Dios, o decide desobedecerlo, está en oscuridad. No se consuele con una esperanza carente de propósito de que algún día, y de alguna manera, será mejor. ¡Ármese de determinación! Porque si la luz que hay en usted son tinieblas, qué terrible serán las mismas tinieblas. Mi querido hijo o hija de luz: ¡usted debe odiar las tinieblas! Porque ellas son las sustancia del infierno; son el mundo sin Dios.


Pero nuestra esperanza es luz, no oscuridad. Sus pies están andando la senda de los justos, que “como la luz de la aurora va en aumento hasta que el día es perfecto” (Proverbios 4: 18). “Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor” (Lucas 11: 36). Este versículo nos muestra un cuadro muy claro de la apariencia de la santidad en su madurez: nuestros cuerpos son radiantes de gloria, así como cuando una lámpara alumbra en su plenitud. ¡Qué tremenda esperanza que podamos ser íntegramente iluminados con la presencia de Dios, que no haya “parte alguna de tinieblas” en nosotros! Un manto de luz y de gloria espera a los que son espiritualmente maduros, a los Santos de Dios, un manto similar al que Jesús lució en el Monte de la Transfiguración. Un esplendor no para la eternidad sino para lucirlo aquí “...en medio de una generación maligna... en medio de la cual resplandecemos como luminares en el mundo” (Filipenses 2: 14-15).


“Porque en otro tiempo eráis tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz” (Efesios 5: 8) Ahora usted es un hijo o hija de luz. Estas no son solo figuras de retórica, o frases literarias. ¡La gloria de Dios está en usted, y lo rodea y circunda! Esa es una realidad espiritual. ¿Pero qué de las tinieblas que todavía hay en usted? Pablo continúa diciendo: “Y no participéis en las obras infructuosas de las tinieblas, sino mas bien, reprendedlas; porque vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en secreto. Mas todas las cosas cuando son puestas en evidencia por la luz, son hechas manifiestas; porque la luz es lo que manifiesta todo” (Efesios 5: 11-13).


No oculte sus tinieblas, expóngalas a la luz. No las excuse con simpatía; confiéselas. Ódielas. Renuncie a ellas. Porque en la medida que las tinieblas continúen ocultas, continuarán dominándolo. Pero cuando la oscuridad la exponemos a la luz, se transforma en luz. Cuando usted toma sus pecados secretos y con confianza los lleva al trono de la gracia de Dios en confesión, él lo limpia de toda iniquidad (1 Juan 1: 9). Si peca otra vez, arrepiéntase otra vez. Hágalo hasta que el hábito del pecado se rompa en su vida.


Como los buscadores de oro de tiempos pasados: reclame el derecho de propiedad de su mina en el reino de Dios, y esté listo a defender ese derecho sobre el “oro puro” del cielo (Apocalipsis 3: 18). Y cuando acampe frente al trono de la gracia, algo eterno comenzará a brillar en usted como carbones encendidos en un horno. Y al persistir con el todopoderoso, el fuego sacro de su presencia consumirá la madera, el heno y la hojarasca de sus antiguos caminos. Poder como el que Jesús tenía habitará en su ser interior. Los ángeles se asombrarán porque su oro será refinado, sus vestidos serán luz, y su vida será santa.

~~~~~~~~~~~

Este mensaje fue adaptado de un capitulo en el libro del Pastor Francis La santidad, la verdad y la presencia de Dios – publicado en español por Editorial Asociación Buena Semilla – Disponible a la venta en Editorial Arrow Publications Inc.”


~~~~~~~~~~~

Acuerdo de Reimpresión
Su interés en duplicar y re enviar este material es un gozo para nosotros. Solo le pedimos que provea la información del sitio en la red de los Ministerios Francis Frangipane. Como única excepción si el artículo es en realidad un extracto de un libro publicado por otra editorial. En este caso ellos nos han pedido ser nombrados como referencia. Finalmente, cualquier pregunta sobre las enseñanzas de Francis Frangipane puede ser enviada a mensajes@frangipanehispano.org.


Francis Frangipane Derechos de Autor 2013
Todos los Derechos Reservados



Indulto para un pueblo impenitente

(English)
Moisés envió doce espías a Canaán a traer un informe sobre la tierra. Al regresar, diez dijeron que, a pesar de que la tierra era buena, Israel seguramente sería derrotado por sus habitantes. Aunque Josué y Caleb argumentaron que ciertamente Israel podía expulsar a sus enemigos, el pueblo gimió, se quejó, y se rebeló, aún buscando apedrear a Josué y Caleb y volver con nuevos líderes a Egipto. La ira del Señor se encendió contra ellos y amenazó con traer juicio (Núm. 13-14).


Fielmente, una vez más Moisés intercedió:

“Ahora, pues, yo te ruego que sea magnificado el poder del Señor, como lo hablaste, diciendo: “Jehová, tardo para la ira y grande en misericordia, que perdona la iniquidad y la rebelión, aunque de ningún modo tendrá por inocente al culpable; que visita la maldad de los padres sobre los hijos hasta los terceros y hasta los cuartos” (Núm. 14:17-18).

Tal como había orado Abraham siglos atrás, Moisés se enfocó en dos cosas: la integridad del Señor y Su gran misericordia. Cuando la escritura dice que Dios “de ningún modo tendrá por inocente al culpable (v. 18), habla de aquellos que pecan pero no se arrepienten.  Sin embargo, incluso en tales circunstancias, el Señor es capaz de ser persuadido.

Recuerde, los Israelitas se habían rebelado; ni siquiera eran conscientes de que su pecado los había colocado en el umbral de la ira de Dios. Por un lado, el Señor miró a una nación impenitente, pecaminosa, y por el otro lado, Él vio a un hombre, Moisés, orando. A pesar de que el profeta reconoció que el Señor no “tendría por inocente al culpable”, aun Moisés oró que Dios perdonara a Israel: " Perdona ahora la iniquidad de este pueblo según la grandeza de tu misericordia, y como has perdonado a este pueblo desde Egipto hasta aquí” (Núm. 14:19).

Observemos con admiración la respuesta del Señor a la oración por misericordia de Moisés. Él dijo: "Yo les he perdonado conforme a tu palabra" (v. 20). ¡Increíble!

Tres millones de israelitas no se habían arrepentido, ni rasgado sus corazones, ni confesado sus pecados a Dios o los unos a los otros. Ni uno solo de los que habían pecado poseía un espíritu quebrantado y contrito. Sin embargo, el Señor dijo: "Yo les he perdonado". Esta respuesta es absolutamente increíble para mí. El Señor concedió el perdón a Israel, “conforme a la palabra de Moisés”. ¡Estremecedor!

Un hombre con el favor de Dios trajo misericordia a tres millones de personas quienes no se habían arrepentido.

Pero después, en caso de que podamos pensar que este es un tipo de gracia fácil, el Señor reafirmó Su propósito para todas las naciones, comenzando con Israel. El dijo, “pero ciertamente, vivo yo, que toda la tierra será llena de la gloria del Señor” (v. 21).

La integridad del Señor no es negociable. El dijo, en efecto, “Aunque perdone, no voy a cambiar Mis planes. El mundo será lleno con Mi gloria.”

 Cuando le pedimos a Dios por misericordia, no estamos pidiéndole que comprometa Sus intenciones o Sus normas. Pedimos solamente que Él perdone los pecados del pueblo, mostrando Su misericordia hasta que pueda cumplir su propósito. En verdad, estamos en total acuerdo con Sus justos juicios. Anhelamos profundamente que Su gloria cubra a América del Norte, del Sur y Central; que corra a través de Europa, África y Asia; que reviva a Israel y toque al Medio Oriente, Australia, y al resto del mundo. Gritamos un rotundo “¡Sí!” al propósito de Dios. “¡Llena la tierra con Tu gloria, Señor!”

Pero también oramos, “Hasta que Tus propósitos sean perfeccionados, revela Tu misericordia. Perdona, Oh Dios, los pecados de Tu pueblo”

¿Necesita una visión del destino final de Dios para su nación? La voz del Señor ha prometido: "Vivo yo, que toda la tierra será llena de [Mi] gloria" (Núm.14:21).  Su nación, formando parte de la tierra, está incluida en el corazón de Dios. Él oirá nuestras oraciones por misericordia, mientras nos extendemos con Él, hacia Su objetivo final.
~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~

Este mensaje fue adaptado de un capitulo en el libro del Pastor Frangipane, The Power of One Christlike Life  (El poder de una vida semejante a Cristo) publicado por Arrow Publications, Inc. (No publicado en español)

~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~
 
Acuerdo de Reimpresión
Su interés en duplicar y re enviar este material es un gozo para nosotros. Solo le pedimos que provea la información del sitio en la red de los Ministerios Francis Frangipane. Como única excepción si el artículo es en realidad un extracto de un libro publicado por otra editorial. En este caso ellos nos han pedido ser nombrados como referencia. Finalmente, cualquier pregunta sobre las enseñanzas de Francis Frangipane puede ser enviada a mensajes@frangipanehispano.org.

Francis Frangipane Derechos de Autor 2013
Todos los Derechos Reservados

ICIT En Español - Escuela en Línea
www.frangipanehispano.org



El Señor cuya espada está desenvainada


De todos los nombres que el Padre Celestial pudo haber dado a su Hijo, lo más significativo fue la elección del nombre “JESUS,” pues JESUS es la forma griega de la palabra hebrea JOSHUA (Josué). Josué, como general hebreo, condujo a su pueblo a la guerra. A fin  de estar preparados para mayores victorias, necesitamos una mayor revelación de Jesucristo; necesitamos verle como se revelará en los últimos momentos de la presente edad: un guerrero santo, vestido para la batalla.

¿Reconoceremos a Jesús cuando venga?
“Estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio un varón que estaba delante de él, el cual tenía una espada desenvainada en su mano. Y Josué, yendo hacia él, le dijo: ¿Eres de los nuestros o de nuestros enemigos?” (Josué 5:13).

Hay algo en el momento justo antes del mover de Dios, que hace que muchos se pregunten si el Señor en realidad está a favor o en contra de ellos. El parece que nos enfrentara, muy “distinto” de aquel en quien hemos aprendido a confiar. Sin embargo, durante los últimos años, esa es exactamente la situación en las relaciones del Señor con la iglesia. El Señor ha estado de pie ante nosotros, con su espada desenvainada. El nos está llamando a seguirlo a la guerra.

Quizás nosotros mismos hemos tenido un tiempo donde la espada del Señor parece como dirigida hacia nuestro corazón. Tengamos la certeza que Dios está por nosotros. De hecho, su propósito expreso es liberar esa misma espadas del Espíritu, que es la Palabra de Dios (Efesios 6:17), por medio de nuestras palabras y oraciones. Pero antes que la espada del Señor salga por nuestra boca, debe pasar primero por nuestro corazón.

Pero no nos retiremos, ni nos asustemos por esta nueva revelación del Hijo de Dios, pues El esta, de hecho entrenándonos para la batalla. Cuando llegue el tiempo en que estemos completamente preparados, seremos en su ejército guerreros intrépidos y sin miedo. Sin embargo, debemos ser realistas acerca de nuestra actual condición: la mayoría hemos sido indisciplinados y mimados. No hemos entendido que el día de la batalla se apresta delante de nosotros.  Ni estamos preparados para la ira de Satanás, a medida que su tiempo se acorta (Apocalipsis 12:12.)

Isaías nos dice que, “Jehová saldrá como gigante, y como hombre de guerra despertará celo; gritará, voceará, se esforzará sobre sus enemigos” (Isaías 42:13). Hemos conocido al Señor como nuestro Salvador y como nuestro Pastor. Estas revelaciones de nuestro Amado no son menos ciertas porque se vaya a mostrar un nuevo aspecto de su naturaleza. Simplemente, esta nueva dimensión será sorprendentemente distinta de las formas como le conocemos hasta ahora. Pero, animémonos porque este pavoroso Rey Guerrero, con su espada desenvainada, con el grito de lucha en sus labios, es el mismo bendito Salvador que murió en la cruz por nuestros pecados.

Pero, en verdad, no podemos atenuar el impacto de esta siguiente revelación del Señor Jesús. Nuestro desaliento inmediato no será en ninguna forma menos dramático, que el que experimentó Josué cuando Jesús se le apareció en las llanuras de Jericó. Nuestros conceptos temblarán y tendremos que enfrentar temores.
Observando nuevamente a Josué, ciertamente el había ya conocido al Señor en una forma íntima y maravillosa en el tabernáculo del desierto. Pero ahora, de pie ante él, había una nueva revelación de Cristo. El Hijo de Dios mismo vino como Principe del Ejército para llevar a Su pueblo a la guerra.

Al fin de cuentas, esos refugiados de Egipto y sus hijos del desierto, derrotarían a muchos pueblos más Fuertes y más numerosos que ellos (Deuteronomio 9:1). Iban a hacer hasta lo imposible gracias al poder del Señor.

A pesar que al principio Josué estaba alarmado, tanto Josué como la gente que le acompañaba para esa batalla, estaban más listos de lo que pensaban. El tiempo en el desierto los había preparado para la guerra.

De modo similar, el desierto donde hemos estado, no ha sido un castigo, sino
un tiempo de entrenamiento y de aprendizaje de obediencia. Con temor hemos visto la muerte espiritual de líderes de la iglesia que desobedecieron al Señor. Pero no hemos tropezado sobre su desobediencia; hemos aprendido de ella.  Hoy usted camina en el temor de Dios y no esta cegado por el pecado de la presunción.

Antes que Jesus regrese, quienes han pasado las pruebas del desierto, recibirán otra revelación: Cristo se les revelará como “Príncipe del Ejército.” Estarán listos para seguir al Cordero dondequiera que El vaya.

“Entonces Josué, postrándose sobre su rostro en tierra, le adoró; y le dijo: ¿Qué dice mi Señor a su siervo? Y el Príncipe del ejército de Jehová respondió a Josué: Quita el calzado de tus pies porque el lugar donde estás es santo. Y Josué así lo hizo” (Josué 5:14-15).

Esta nueva revelación del Señor es santa. De un día para otro el Señor derribo el ateo comunismo soviético, así cientos de millones de personas de diferentes naciones encontraron la salvación en el Hijo de Dios.  Dios está tocando muchas naciones. No contradigamos ni critiquemos lo que no podemos entender completamente. Estamos comenzando a percibir al Señor tal como es El y como será revelado en los últimos días. El es el Señor de los Ejércitos.

La promesa del Señor, que leímos anteriormente, es que, “el Señor Jehová saldrá como gigante y como hombre de guerra... voceará, se esforzará sobre sus enemigos.” (Isaías 42:13).  Dentro de las filas de la iglesia que avanza, Jesús está levantando un grito de batalla. ¿Podemos oír el grito de guerra de Jesús en la intercesión? Hay una nueva autoridad que se levanta, una nueva generación cuya voz truena con el clamor de la oración profética. Por medio de la iglesia, Cristo mismo prevalece sobre sus enemigos. Ciertamente, las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia que Jesús construye (Mateo 16:18). Ha llegado la hora para que la iglesia crezca en todos en aquel que es [nuestra] cabeza, esto es, Cristo” (Efesios 4:15), ¡el Rey Guerrero!


~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~




 

El mensaje precedente fue adaptado de un capítulo en el libro del Pastor Francis "Los Tres Campos de la Lucha Espiritual" - Publicado por Editorial Desafío y disponible para la venta en Arrow Publications Inc. Por derechos de reimpresión por favor contactar a la editorial.


~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ ~ 

 
Acuerdo de Reimpresión
Su interés en duplicar y re enviar este material es un gozo para nosotros. Solo le pedimos que provea la información del sitio en la red de los Ministerios Francis Frangipane. Como única excepción si el artículo es en realidad un extracto de un libro publicado por otra editorial. En este caso ellos nos han pedido ser nombrados como referencia. Finalmente, cualquier pregunta sobre las enseñanzas de Francis Frangipane puede ser enviada a mensajes@frangipanehispano.org.

Francis Frangipane Derechos de Autor 2013
Todos los Derechos Reservados

ICIT En Español - Escuela en Línea
www.frangipanehispano.org