Guerreros de oración - Parte 1


En estos tiempos en los que todo cambia tan rápidamente, la gente se desespera por conocer su futuro. Apenas nos ajustamos a los últimos cambios cuando nuevas realidades estallan en nuestro mundo.

En respuesta a los temores comunes que provocan los cambios, la sociedad ha visto una plétora de recursos demoniacos y ocultismo tales como adivinadores, astrólogos y líneas telefónicas de contacto con síquicos; todos ellos pretendiendo ser capaces de conocer el misterio del mañana. Ciertamente, cuántas personas que parecen inteligentes consultan, al menos ocasionalmente su “signo astrológico” para conocer su futuro!

Lo que no comprendo es por qué alguien consultaría a otro quien no puede predecir su propio futuro. Casi todos estos adivinadores viven generalmente en la más absoluta pobreza. ¿No debería ésta habilidad de conocer el futuro al menos funcionar para ellos? Ellos podrían invertir en la bolsa de valores y aún elegir el número de lotería ganador. Ellos ni siquiera pueden predecir o conocer su propio futuro, y aún así hay personas que acuden a ellos para discernimiento.

¡Tremendo poder en un Cristiano!
En cuanto a los cristianos, Dios condena éste demoniaco deseo carnal de sondear en el futuro. ¡De hecho, como intercesores, El nos ha llamado a no especular sobre el futuro, sino a crearlo a través del conocimiento de Su palabra viva y oración! Nuestro Padre nos ha dado acceso al futuro ahora mismo. Usted se pregunta, “¿Cómo sabemos que orar? El Señor Jesús nos dice claramente:

“Vosotros, pues oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.” - Mateo 6:9-10

Podemos ver las condiciones actuales del mundo y debilitarnos, o bien podemos ver las posibilidades de Dios y llenarnos de fe. Traer avivamiento es orar para que la realidad del reino de Dios se manifieste en nuestro mundo. ¡Jesús no les estaba dando a sus discípulos un enfoque de oración para dentro de mil años, porque el gobierno del Reino de Dios está viniendo sea que lo queramos o no! Pero Cristo nos llama a orar para que el Reino de Dios se manifieste en nuestro mundo hoy.

Cómo se vería el mañana si Dios contesta la oración que Cristo nos dio? Leamos los evangelios. Lo que vemos en la vida y poder de Jesucristo es una imagen de la fe del reino de Dios. Jesús dijo que nosotros podemos tener la misma manifestación total y completa. De hecho, El nos ha ordenado orar para que el cielo se desate!

La Matriz de la Oración
La realidad que Dios ha planeado se manifestará siempre primero en la vida de oración de Sus intercesores. Cuando usted oye a Dios y luego ora de acuerdo a Su palabra, usted está impactando la esencia de la vida aún no manifiesta de la vida, con el Espíritu de Dios mismo! Así, Dios nos llama no solo a conocer Su palabra, sino a orar de acuerdo a ella. Debemos ir de conocer intelectualmente la palabra de Dios a ser impregnados por ella.


Yo se que las iglesias tienen áreas especiales donde los intercesores pueden orar o las personas meditar. Pero tal vez debemos cambiar el nombre de “sala de oración” a “sala de concepción”. Porque todo lo bueno y santo que vemos de manifiesto en las personas, en las iglesias y en la vida, se conciben primeramente y luego nacen, en la matriz de la oración.

Tenemos respuestas a oraciones a todo nuestro alrededor. El lugar en el que vive es una respuesta a oración. Su iglesia es una respuesta a una oración, también sus pastores, maestros y jóvenes trabajadores. Como miembro de una iglesia, su asistencia y participación es una respuesta a la oración de sus pastores, líderes e intercesores.


Pablo escribió,

“Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuales las riquezas de la gloria de su herencia en los santos, y cual la supereminente grandeza de su poder para con nosotros los que creemos, según la operación del poder de su fuerza.” -Efesios 1:18-19

Si usted es cristiano, hay un poder acompañando su vida que es mayor que lo mayor: la “supereminente (insuperable) grandeza de Su poder”. No se trata de un poder humano sino del mismo “poder de su fuerza”. Dios demostró éste poder¨ para con nosotros los que creemos¨ primeramente, ¨en Cristo, resucitándole de los muertos y sentándole a su diestra en los lugares celestiales¨ (Efesios 1:19,20)

En otras palabras, el poder de la fuerza de Dios es el poder de Su resurrección. ¿Qué significa resurrección? Significa que, las cosas que se ven muertas, huelen a muerte y se comportan como muertas pueden ser tocadas por Dios y ser devueltas a la vida!


Ahora piense en esto: El poder de la resurrección que Dios nos ha dado es el mismo poder que demostró Dios cuando levanto a Jesús de la tumba. Ahora mismo debido a que la fuerza del Omnipotente esta adjuntada a nuestra vida de oración, podemos ver cosas que están absolutamente muertas y orar para que vengan a vida eterna!

Nuestra misión es traer resurrección a situaciones que están muertas. Si el diablo desafía su oración recuérdele que está sentado junto con Cristo, “sobre todo principado y autoridad y poder y señorío, y sobre todo nombre que se nombra, no solo en éste siglo, sino también en el venidero.”(Efesios 1:21) La autoridad de Cristo es la definitiva. Pero el Padre no solo “sometió todas las cosas bajo sus pies, Lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia, la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en todo.” (Efesios 1:22-23).

Note que el Señor utiliza metáforas anatómicas para explicar la base de la autoridad: Cristo es la “cabeza” de un “cuerpo” que tiene todas las cosas puestas bajo sus “pies”.

Este es el más profundo entendimiento de nuestro rol: Lo que la cabeza, la cual es Cristo ha conseguido, los pies de la iglesia lo transitan. En otras palabras, Dios ha posicionado a la iglesia como el puente viviente entre las terribles condiciones en la tierra y las maravillosas soluciones del cielo!

Así como nosotros, verdadera, apasionada y confiadamente nos sometemos a Cristo en oración, el reino del cielo constantemente entra a nuestro mundo ahora creado por medio de la oración. La clave por supuesto es conocer la palabra de Cristo. Nosotros no tenemos autoridad; Cristo tiene autoridad. Lo que nosotros tenemos es revelación y sumisión. Pero mientras nos sometemos a la Palabra y perseveramos en oración, podemos ver el futuro conformado a la voluntad de Dios. 



El diablo sabe que si puede callar su vida de oración, el mantiene distante la mano de Dios.
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El mensaje que antecede fue adaptado de un capítulo del libro del Pastor Frangipane Alístese junto al Señor de los Ejércitos.
 

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Si no desmayamos



El profeta Daniel advierte sobre un tiempo en el cual Satanás “quebrantara a los santos del Altísimo” (Dan. 7:25). Como ocurrirá esto en las últimas horas de esta era, está por verse, pero esta batalla ya está ocurriendo hoy en día. El efecto final de lo que parecen ser retrasos sin fin es que los creyentes son agotados.

¿Conoce a alguien que está agotado de su batalla? ¿Usted mismo está agotado?  Yo conozco a muchos que parecen atrapados en situaciones que deberían haberse solucionado meses e incluso años atrás, pero la batalla contra ellos continúa. Situaciones y personas, con frecuencia impulsadas por resistencia demoníaca, se paran oponiéndose al progreso del pueblo de Dios. Como resultado de la constante oposición demoniaca, muchos cristianos gradualmente aceptan una silenciosa, mas pesada, opresión sobre sus almas.

 Esta batalla para agotar a los santos puede tener sus raíces en conflictos con hijos o cónyuges, quizá sea algún asunto sin resolver o de división dentro de su iglesia. Puede tratarse de un conflicto en el trabajo o una batalla en el área de la salud, que continúa y se prolonga vez tras vez. Como un ladrón hábil y magistral, el enemigo roba todos los días la alegría, fuerza y pasión de los cristianos, y muchos ni siquiera se dan cuenta de que o cuánto han perdido.

La dimensión en realidad es más grande que nuestros problemas personales. Tenga en cuenta los diversos conflictos en el mundo. Algunos han continuado durante generaciones. Podemos entender por qué, incluso en medio de una gran adoración y alabanza por parte de los redimidos, hay un lugar bajo el altar en el cielo donde los santos siguen preguntando, "¿Hasta cuándo, Señor?" (Apocalipsis 6:10). Cincuenta y ocho veces en la Biblia, de principio a fin, la frase hasta cuando surge desde aquellos que se cansaron de esperar.

A veces las demoras son ordenadas por Dios a fin de perfeccionar la fe y el carácter. Por otro lado, hay también ocasiones cuando Satanás busca resistir el cumplimiento de los planes de Dios hasta que desmayamos y renunciamos. Satanás es el dragón cuyo objetivo es continuar arrastrando la batalla con agotadores retrasos y que drenan. Él persiste hasta que nos desgastamos, nos rendimos y dejamos de orar.

Además, cuando las situaciones van más allá de conclusiones razonablemente previsibles, el cansancio del alma también puede exacerbar la situación original, dando lugar a reacciones carnales o simplemente a reacciones exageradas, que también necesitan resolución. Perdemos la paciencia, buscando eventualmente alivio en lugar de victoria. Esto compromete las normas de Dios y la conciencia.

Perseverancia
Hay una razón por la que el libro de Apocalipsis menciona la palabra perseverancia siete veces. Una y otra vez vemos a aquellos que perseveraron y vencieron. Una cosa es tener visión, otra tener motivos piadosos, pero ninguno de ellos nos van a llevar por si mismos hacia nuestros objetivos. Tenemos también que perseverar.


La raíz de la palabra perseverancia es la palabra severa. Debemos enfrentar el hecho de que en el camino a la victoria nuestras pruebas pueden volverse severas. Del mismo modo, es con severa fe --- constancia severa o extrema --- que heredamos las promesas de Dios (Heb. 10:36). Santiago nos dice: "Hermanos míos, tened por sumo gozo, cuando os halléis en diversas pruebas, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna." (Santiago 1:2-4).

Resistencia. Perseverancia. Constancia. Estas son las cualidades que dan lugar al carácter, que transforman la doctrina de Cristo en una forma de vida. "Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos." La clave de la verdadera madurez, de una vida a la que "no le falta cosa alguna", es la perseverancia.

Carácter antes del Irrumpimiento
Hemos mencionado anteriormente a Daniel como un profeta que advirtió sobre la estratagema de Satanás para desgastar a los santos. Dios le dio una visión del fin del mundo. Esto es lo que escribió: "Miraba yo que este cuerno hacía guerra contra los santos, y los vencía" (Daniel 7:21). Esta es la naturaleza de la batalla. Hay momentos en que sentimos que la guerra arrecia contra nuestras almas, dominándonos. Pero el profeta dijo que la sensación abrumadora continúa solo "hasta que vino el Anciano de Días, y  juicio fue pasado a favor de los santos del Altísimo, y llegó el tiempo cuando los santos tomaron posesión del reino" (v. 22).

Hay un principio aquí que, una vez entendido, conducirá a la victoria en nuestras batallas. Inevitablemente, llegará un momento en que nos sentiremos abrumados. Sin embargo, si nos mantenemos firmes, si subimos más alto en Dios, si nos negamos a perder la confianza en Dios, llegará un momento en que el Anciano de Días, entrara en nuestras circunstancias. Mirando a nuestro nuevo desarrollado carácter, el que se ha fortalecido a través de la perseverancia, Él pasara juicio a favor de nuestra causa. Dios mira nuestro carácter, forjado en el fuego de dominantes retrasos y la batalla, y dice: "Bien, esto es lo que yo esperaba."

Sea cual sea su batalla, si usted está orando por su país o de pie por sus hijos, si su clamor es por los perdidos o por la finalización de un conflicto local o personal, recuerde: no es suficiente con sembrar las semillas adecuadas ni siquiera tener la tierra adecuada. Solamente segaremos, " si no desmayamos" (Gálatas 6:9).

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El extracto precedente ha sido tomado del libro Alístese junto al Señor de los Ejércitos, por el Pastor Frangipane.



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Traduccion y edición:
Gabriela Rabellino
 



Protegido por Su palabra


(English)
La obediencia a la Palabra de Dios nos da más que mandamientos para obedecer; la Palabra también crea un lugar donde habitar. De hecho, la Palabra nos guía hacia la presencia del Padre; es la presencia del Padre que nos da tanto poder como protección.
Jesus dijo,

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre”. (Juan 10:27-29).


Nadie es más fuerte que nuestro Padre celestial. Cuando seguimos a Cristo, Él nos pone en la palma de la mano de Dios. Aquí, la muerte no nos puede dominar. Cualquier batalla que enfrentamos, nunca la enfrentamos solos.

"El eterno Dios es tu refugio, Y acá abajo los brazos eternos; Él echó de delante de ti al enemigo, Y dijo: ¡Destruye!” (Deut. 33:27).

No hay nadie como nuestro Dios. Debajo de cada uno de nuestros pasos están los brazos eternos de Dios. Así, cuando atravesamos conflictos y pruebas espirituales, estamos caminando sobre terreno eterno, continuamente guardados por el poder de la indestructible vida de Cristo. (Heb. 7:16). Incluso cuando pasamos a través de la sombra de muerte misma, los poderes de la muerte no nos pueden retener. Son mantenidos a raya por orden de Dios.

“Porque estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni lo presente, ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús Señor nuestro". (Rom. 8:38–39).


Aquellos que nunca verán muerte
Se ha afirmado que el rescate es el patrón constante de la actividad de Dios; Su acto final de victoria sobre la muerte fue Su resurrección.

 Considere la promesa de Cristo: " De cierto, de cierto os digo, que el que guarda mi palabra, nunca verá muerte” (Juan 8:51).

Los judíos a los que Jesus se dirigió se sintieron ofendidos por esta afirmación. Les faltó lógica divina y ver la vida desde la eternidad. No conocían el poder de resurrección concedido a cada seguidor de Cristo.

No obstante, antes de juzgarlos tan duramente, preguntémonos, “¿Nos ofende la promesa de Cristo?” Debido a que todos los que siguieron a Jesus en el siglo primero murieron, ¿nos sentimos avergonzados por las aparentes contradicciones de esta promesa? ¿Realmente creemos que nunca veremos muerte?

Los Judíos también estaban perplejos. Ellos respondieron diciendo, “Ahora conocemos que tienes demonio. Abraham murió, y los profetas; y tú dices: El que guarda mi palabra, nunca sufrirá muerte.” (Juan 8:52). Pero Jesus no dijo que Sus seguidores nunca sufrirían muerte; El dijo que nunca verían muerte.

Es cierto que hay momentos en los que parecemos sumidos en la tristeza, atrapados en una incubadora de la muerte misma. Sin embargo, esta es la gloria de nuestra fe: cuando morimos, no vemos muerte, vemos vida. Vamos a sufrir muerte, pero como cristianos ingerimos vida. Sí, si guardamos la palabra de Cristo durante la prueba, Su promesa a nosotros es que "nunca veremos muerte". Para los que viven de toda palabra que sale de la boca de Dios, el resultado final de cada lucha no es muerte sino vida en abundancia.

Jesus dijo,


"
Mas seréis entregados aun por vuestros padres, y hermanos, y parientes, y amigos; y matarán a algunos de vosotros; y seréis aborrecidos de todos por causa de Mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá”. (Lucas 21:16-18).


El dijo que puede que nos maten, mas aun ni un cabello de nuestra cabeza perecerá. ¿No es la muerte la finalización de la vida? Si la muerte se debe a enfermedad, ¿ no es una progresiva disminución de vida? Más en Cristo, cada oscuro, sombrío valle al cual desciende nuestra experiencia humana está predestinado a surgir en un campo amplio de vida. Sufrimos muerte pero no la vemos.

David dijo, "Aunque ande en valle de sombra de muerte, No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tú vara y tu cayado me infundirán aliento.” (Salmo 23:4). Tan aterradora como la muerte parece, para los que guardan la Palabra del Señor la muerte no es más un obstáculo sino una sombra. Porque lo que muere en nosotros es lo que estaba predestinado a morir - la cáscara de nuestra vieja naturaleza. Si bien la muerte al yo es una decisión diaria, nuestra nueva naturaleza interior no muere.

“Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre exterior se va desgastando, el interior no obstante se renueva de día en día" (2 Cor. 4:16). Sí, en la experiencia de nuestros corazones tenemos la demostración del poder de resurrección de Dios, eficaz, tanto ahora como en el futuro. Al guardar la Palabra de Cristo, nuestras dificultades siempre culminarán en vida eterna. Nos unimos a Pablo en dar gracias a Dios, “el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento” (2 Cor. 2:14).

Frente a las muchas caras de la muerte, a pesar de nuestros fracasos, enfermedades y dificultades, permanece un bastión viviente y sagrado en la presencia de Dios. Es aquí, en nuestro retener la palabra de vida que el Señor "[nos] guarda, y el maligno no [nos] toca” (1 Juan 5:18).

Habrá un momento en que, desde el punto de vista del cielo, vamos a revisar la experiencia de nuestra vida. En gloriosa retrospectiva veremos todas las ocasiones en que la muerte y la destrucción se pararon contra nosotros. Y, también veremos que en estas mismas dificultades, ¡Cristo reveló en nosotros Su poder de resurrección! A pesar de que caminamos por el valle de sombra de muerte, no morimos, sino que hemos aprendido a no temer ningún mal. Desde el cielo, con reverente asombro diremos cada día: "En verdad, nunca he visto muerte."

Señor, es verdad. Yo se que Tú has obrado todas las cosas para bien en mi vida.  E incluso en las áreas donde todavía tengo que entender Tus propósitos, confío esto también a Ti. Porque sé que, por Tu gracia, incluso lo que parece tener como finalidad la muerte, será transformado; y en todas las cosas solamente conoceré el poder de Tu vida de resurrección. Amén.

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El extracto precedente ha sido tomado del El refugio de Dios . Disponible en www.arrowbookstore.com. 

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