Llevando cautivo todo pensamiento a Cristo



Mientras podemos encontrar cierta comodidad en ser cristianos, el hecho de serlo no nos ha vuelto perfectos. Hay todavía muchas fortalezas dentro de nosotros. Por tanto, identifiquemos algunas de esas fortalezas espirituales. Raro es el creyente que no está limitado por lo menos por una de las siguientes fortalezas: incredulidad, amor frío, temor, orgullo, falta de perdón, concupiscencia, codicia, o cualquier combinación de ellas, así como de muchas otras.


Debido a que nos excusamos tan rápidamente es difícil discernir las áreas de opresión en nuestra vida. Después de todo, estos son nuestros pensamientos, actitudes y percepciones; y justificamos y defendemos nuestras ideas con el mismo grado de intensidad con que justificamos y defendemos nuestro propio yo. Como está escrito: Porque cual es su pensamiento en su corazón [del hombre] tal es él(Proverbios 23:7). En otras palabras, la esencia de lo que somos está en nuestra vida de pensamiento. Por tanto, antes que cualquier liberación se pueda cumplir, de cierto, debemos reconocer y confesar con toda honestidad nuestras necesidades. Debemos dejar de pretender que todo está bien. Debemos humillarnos y buscar ayuda. Desde luego, como hemos mencionado anteriormente, la primera fortaleza que Dios debe quitar es el orgullo. Pues hasta cuando no se tenga voluntad para admitir que se necesita liberación, nunca será libre de las fortalezas.


A fin de reconocer lo que está equivocado en nosotros, debemos percibir el patrón de lo que Dios considera como recto. David en el cenit del éxtasis y Job en lo más profundo de la miseria, así como todos los hombres en un momento u otro de la vida, hicieron la misma antiquísima pregunta: “¿Qué es el hombre?” El escritor de Hebreos también la hizo, pero la respuesta que recibió nos elevo a ver el rostro de Dios, “vemos… a… Jesús” (Hebreos 2:9).  Desde la perspectiva del Padre, el misterio de la identidad del hombre es revelado en la vida de Jesucristo. Cristo es “el primogénito entre muchos hermanos”. (Romanos 8:29). El es el primogenitor de un génesis celestial; El es el plan del Padre para la humanidad. Cuando consideramos el misterio de la humanidad, encontramos nuestra respuesta en contemplar a Jesucristo. El no es solamente nuestro Salvador, es el modelo de aquello que Dios considera típico para el hombre como nueva criatura (Efesios 4:23-24). El no es solamente nuestro Salvador. Él es también el que mora en nosotros, que nos conforma a sí mismo (Hebreos 2:10; Romanos 8:29).


Démonos también cuenta que solamente Jesús puede ser como Jesús. A medida que cedemos a El en grados crecientes de rendimiento, a medida que permanecemos en El y que Su palabra permanece en nosotros, El nos trae una clase de vida que no es simplemente como la suya, sino que es ¡su misma propia vida! Cristo mismo vive dentro de nosotros para cumplir el propósito eterno de Dios, que es hacer al hombre a su imagen. Esta presencia constante en nosotros, la presencia del Señor Jesucristo, hace poderosas las armas de nuestra lucha espiritual, dándole poder a nuestras palabras con autoridad, a medida que derribamos las fortalezas.


Por tanto, debemos aprender a mirar de manera más que objetiva y fría todo pensamiento y toda actitud que fallen en conformarse a la semejanza y a las enseñanzas de Jesús. Se deben capturar y crucificar esos pensamientos y esas actitudes erróneas. Debemos hacer en nosotros mismos un camino para la venida del Señor. Debemos permitir el aumento de Su presencia para que crezca hasta cuando estemos tan absortos en su Espíritu que no solamente creamos en El, sino que creamos como El. Su amor, sus pensamientos, y sus deseos deben fluir desde nuestro interior tan naturalmente como el fruto desde una viña.


En consecuencia, cuando busquemos identificar y destruir las fortalezas demoníacas, la segunda fortaleza que debemos aniquilar es la fortaleza de incredulidad. Es este sistema de pensamiento, el cual nos dice que la semejanza con Cristo es imposible, que mantiene cautivo todo subsiguiente crecimiento espiritual. Esa mentira y las cadenas que coloca sobre nuestro corazón, deben ser rotas de nuestra vida, porque la semejanza a Cristo no es solamente posible, es nuestro destino.


Así, tomemos este momento para orar. Que el Espíritu Santo salga a la superficie e inunde nuestros corazones. Si sufrimos de esta fortaleza que nos dice que nunca seremos como Cristo, tal engaño puede comenzar a romperse ahora mismo.


Señor Jesús, me someto a ti. Declaro, de acuerdo con la Palabra de Dios, que a causa de tu poder para sujetar todas las cosas bajo tus pies, las armas de mi batalla son ponderosas para derribar fortalezas (2 Corintios 10:3-4). Me arrepiento de usar la mentira: “nunca seré como Jesús,” como una excusa para pecar y para ceder en mis convicciones. En el nombre de Jesús, renuncio a mi antigua naturaleza pecaminosa, llena de defectos, y por la gracia de Dios y el poder de tu Espíritu Santo, derribo la fortaleza de incredulidad que existe en mi mente. Declaro que debido al perfecto sacrificio de Jesús, soy una criatura nueva. Y creo que iré de gloria en gloria, y seré constante y continuamente transformado en la imagen de Jesucristo a medida que camino con Dios en Su gracia.


Adaptado del libro del Pastor Frangipane “Los tres campos de la lucha espiritual” – Disponible para la venta en Arrowbookstore en versión impresa y formato electrónico.


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 Edición Gabriela Rabellino



Protección legal

 
Hace aproximadamente dos mil años se emitió un decreto desde el trono de juicio de Dios. Este decreto otorgaba protección ¨legal¨ a la iglesia contra el diablo. De hecho, cuando Jesús murió por nuestros pecados el “gobernante de éste mundo” fue juzgado.

Nuestras deudas fueron clavadas en la cruz de Cristo y canceladas; principados y potestades fueron desarmados (ver Juan 16:11, Col 2:13-15) Por Jesús, nosotros tenemos no solamente el derecho legal de ser protegidos del enemigo, sino a triunfar sobre él.

El sacrificio de Cristo fue tan completo y la decisión judicial de Dios sobre Satanás fue tan decisiva, que la protección divina, suficiente para cubrir aún a toda la iglesia de la ciudad, ha sido otorgada

La muerte de Cristo es la plataforma legal sobre la cual la iglesia se levanta para hacer guerra espiritual; Su Palabra es la espada eterna que se levanta contra la perversidad. Habiendo dicho esto, debemos reconocer que la iglesia raramente ha caminado en ésta victoria desde el primer siglo. ¿Por qué? La respuesta es ésta: Para obtener la protección de Dios la iglesia debe abrazar la intercesión de Cristo.

Debemos volvernos una casa de oración.

De hecho, la historia de la iglesia comienza con un liderazgo dedicado a la palabra de Dios y a la oración. (ver Hechos 2:42, 6:4)Todos los días los líderes se reunían a orar al Señor (Ver Hechos 3:1). Con ésta claridad de visión y propósito sencillos, la iglesia de Jesucristo nunca tuvo más poder y capacidad de hacer verdaderos discípulos. Estos hombres y mujeres revelaron la pureza del reino de Dios.

El día de hoy, sin embargo, nuestros requisitos para el liderazgo incluyen casi todo, menos la dedicación a la palabra de Dios y oración. Se espera que los líderes sean organizadores, consejeros, personas con personalidad de un ganador cuyo gran carisma por sí solo atrae a la gente.

En Lucas 18: 8, Jesús desafía nuestras tradiciones modernas. El pregunta: ¿Cuando el hijo del Hombre venga encontrará fe en la tierra? Su pregunta es una advertencia para los Cristianos que limitan el poder de Dios para el fin de los tiempos .Jesús nos está llamando ahora a resistir la contraria corriente de nuestras tradiciones. El nos está preguntando como individuos, “¿Encontraré fe en ti?”

Antes de responder notemos que Jesús asocia “fe” con “oración de día y de noche”  Lucas 18:7) El no está preguntando “ ¿Encontraré la doctrina correcta en ustedes? La pregunta del Señor no tiene tanto que ver con el conocimiento correcto sino con la fe correcta.

Lo que creemos es importante, pero cómo creemos es vital para asegurar la ayuda de Dios.

De hecho, el procurar la ayuda sobrenatural de Dios es exactamente el punto de Jesús en la parábola de Lucas 18.

Su intención era mostrarnos que “en todo tiempo” nosotros “debemos orar sin que nuestro corazón desfallezca” (Lucas 18: 1).Para ilustrar la calidad de fe que El busca, El continuó su amonestación con una parábola acerca de la viuda que solicitaba “protección legal” a un endurecido juez (v 3). Aunque el juez al principio estaba mal dispuesto, dado a su continuo ir y venir (v 5) ella obtuvo lo que era legalmente de ella.

Jesús concluye diciendo que si un juez injusto responde a la persistencia de una viuda, “¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles?  Os digo que pronto les hará justicia” (ver Lucas 18:1-8)

Comprendiendo las demoras de Dios
Nuestro Juez Celestial no se demorará mucho sobre Su elegido, pero se tardará .De hecho la definición de Dios para “rápidamente” y la nuestra no siempre son sinónimos. El Señor incluye la demora en su plan divino: La demora forja perseverancia en nosotros.

La Resistencia es tan crucial en el desarrollo de nuestro carácter que Dios está dispuesto a demorar aún respuestas importantes a oraciones para facilitar nuestra transformación.

Así que, nosotros no debemos interpretar demoras divinas como señales de rechazo divino. Las demoras son armas para perfeccionar la fe .Cristo está buscando encontrar una tenacidad en nuestra fe que prevalezca a pesar de las demoras y retrasos. El busca crear una perseverancia dentro de nosotros que prevalezca sobre la prueba del tiempo y que realmente se haga fuerte con el paso del tiempo. Cuando el Padre ve esta cualidad de persistencia en nuestra fe, esto toca de tal manera Su corazón que El concede “protección legal “a su pueblo.

La desesperación produce cambio
Es significativo que Jesús comparó a Sus elegidos con la viuda abusada por un enemigo. La imagen es realmente liberadora, porque tendemos a visualizar a los héroes de la fe como los David o los Josué, –individuos cuyos triunfos opacaron su humildes comienzos. Pero cada siervo de Dios tiene, como la viuda, una antigua vida rebosante de excusas y ocasiones para flaquear.

Observe a la viuda: Ella tiene razones legítimas para darse por vencida, sin embargo ella persevera .De hecho ella rechaza excusar sus altas posibilidades simplemente por su condición humilde. Ella no se disculpa por su falta de dinero, conocimiento o carisma. Al no permitirse una razón para fallar, ella sin vergüenza expone su caso ante el juez frente al que ella alega y recibe lo que le pertenece: protección legal de su oponente.

¿Cómo es que una viuda común obtuvo tal fortaleza de carácter? Podemos imaginarnos que debe haber habido un tiempo en que bajo la presión tan tremenda de su adversario, ella se desesperó – y aquí la desesperación trabajó a su favor. La desesperación es el martillo de Dios: Destruye las fortalezas del miedo y golpea las cadenas de nuestras excusas. Cuando la desesperación excede nuestros temores, el progreso comienza.

Hoy en día, la fuerza que mueve a muchos cristianos hacia una unidad y oración más fuerte no ha sido la dulzura de la amistad; más bien ha sido el ataque del enemigo. Estamos en tiempos de desesperación. Cuando se trata de tocar el corazón de Dios, más que por algunas verdades esenciales, la unidad de desesperación ha sido más crucial que la unidad de doctrina. Consideremos el grado de decaimiento de nuestra moral nacional: Durante el tiempo que le lleve leer esto, diez bebés habrán sido abortados en los Estados Unidos .Basado en estadísticas recientes este año habrá aproximadamente 34 millones de crímenes cometidos. De ese número casi 600,000 serán crímenes violentos, de los cuales el 72% de ellos se habrán cometido contra nuestros jóvenes. ¿Cuál es el lugar en el que más frecuentemente un joven es asaltado, abusado o asesinado? ¡Los actos más violentos son cometidos contra nuestros jóvenes en sus escuelas!

El elegido de Dios
Nuestra nación está sufriendo un profundo colapso moral y social .Si alguna vez hemos necesitado la unción de Dios, es ahora –pero dónde están los elegidos de Dios? Dónde está el pueblo que menciona David “conoce a su Dios” y “se esforzará y actuará”? ( Daniel 11:32)

Es que no hay alguien con el poder divino que pueda derrotar a los Goliat de nuestra época? Tal vez estamos buscando en los lugares equivocados. Tal vez solo tenemos que ver en el espejo de nuestro baño. Si tú crees en Jesús y estás desesperado por Dios, tú calificas como uno de los elegidos de Dios. Recuerda, en la parábola mencionada anteriormente la viuda ejemplifica al escogido de Dios.

Nosotros hemos sostenido erróneamente la idea de que los escogidos por Dios no serán atacados por el adversario, y mucho menos llevados a la desesperación o a la oración de día y de noche .Pero ésta desesperación muy frecuentemente es crucial en la manera en que los elegidos de Dios son forjados. Jesús refleja éstas características metafóricamente en el retrato de la viuda; El revela el medio a través del cual el elegido triunfa en la batalla al final de los tiempos.

Cuando todo sea dicho y hecho, es también posible que ésta viuda no solo represente una figura individual sino a un grupo de personas—una iglesia “viuda”- Unidos en Cristo en una oración desesperada por protección contra el adversario.

Necesitamos la “protección legal” que un avivamiento nacional provee. Pero no vendrá sin una oración constante. Se pregunta: ¿Dónde estaba la oración detrás del avivamiento carismático? El Señor habló a mi corazón indicando que el avivamiento carismático era Su respuesta a las plegarias de millones de mujeres-madres que se habían negado a entregar a sus hijos a las drogas y al diablo.

Es nuestro turno de orar. Nosotros somos la viuda que no se puede dar el privilegio de perder; Dios contestará nuestra oración de día y de noche. Vayamos a Su trono a favor de nuestras ciudades y naciones. Ciertamente, cuando perseveramos en fe, el Señor nos concederá protección legal sobre nuestros enemigos.

Padre del cielo, perdónanos por nuestra falta de oración y por auto asignarnos excusas para fracasar. Señor, te damos gracias por hacernos desesperar. Ayúdanos ahora a prevalecer, a alcanzar la “protección legal” que Tú nos has provisto contra nuestro adversario. En el nombre de Jesus. Amén.


Adaptado del libro del Pastor Frangipane “ La oración de pacto” – Disponible para la venta en www.arrowbookstore.com

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