Cuidado:¡Es fácil falsificar el cristianismo!



(English)
Nuestra experiencia del cristianismo tiene que ir más allá de ser otra interpretación de la Biblia; tiene que expandirse hasta que nuestra fe en Jesús y nuestro amor por él se conviertan en un pararrayos de Su presencia.

 

Poder en la santidad
“También debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres... que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella” (2 Timoteo 3: 1, 6). La santidad tiene poder. ¿Ha conocido alguna vez a un hombre o una mujer verdaderamente santo? Hay poder en su piedad. Pero para quien no ha conocido nunca a una persona que es semejante a Cristo, resulta sencillo falsificar el cristianismo. Recuerde siempre esto: la falsedad resulta ser algo natural en el corazón humano, y es solo con esfuerzo que logramos ser veraces y auténticos. A menos que estemos procurando alcanzar la madurez espiritual, La percepción que tengamos de Dios, será moldeada por nuestra inmadurez. Señalamos al todopoderoso y decimos: “Él ya no demanda que seamos piadosos”, cuando en realidad somos nosotros quienes hemos abandonado las normas de Su reino. Tenga por cierto que en el momento en que dejamos de obedecer a Dios, comenzamos a falsificar el Cristianismo.

El valle de la fertilidad - Parte 2


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¡Cuán bienaventurado es el hombre cuyo poder está en ti, en cuyo corazón están los caminos a Sion! Pasando por el valle de Baca lo convierten en manantial¨ (Salmo 84:5-6).

¿Lo ha aislado el enemigo, haciéndolo dudar del amor de Dios?  No se olvide, mientras aun éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. Incluso sus cabellos están contados. A El le importa. Es Su amor por nosotros que redime nuestras dificultades, el no solamente trae algo bueno de lo que se propuso para mal sino que asimismo nos capacita para librar a otros.

El valle de la fertilidad - Parte 1


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Las batallas que enfrentamos con frecuencia son intensos tiempos de debilidad, aflicción y confusión.  Si se hicieran graficas de los eventos en nuestras vidas, estos serian los puntos más bajos. Más aun así Dios no es menos con nosotros durante las dificultades que en otro tiempo. De hecho, estos valles a menudo son tan parte del plan de Dios como nuestras experiencias en lo alto del monte.

Hay una historia en la Biblia que claramente habla de esta verdad. Israel acababa de ser derrotada por los arameos en una batalla en el monte. En 1 Reyes, capitulo 20, leemos:

 “Vino luego el profeta al rey de Israel y le dijo: Ve, fortalécete, y considera y mira lo que hagas; porque pasado un año, el rey de Siria vendrá contra ti.  Y los siervos del rey de Siria le dijeron: Sus dioses son dioses de los montes, por eso nos han vencido; mas si peleáremos con ellos en la llanura, se verá si no los vencemos.

En el umbral de la gloria - Parte 2

 
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El Dios de gloria

Casi todos los cristianos que conozco creen hoy que vivimos en los tiempos finales de esta era. Qué tan cerca está el fin, nadie lo sabe; y cuándo regresará Jesús, nadie puede adivinarlo. Si nuestra esperanza realmente viene del cielo, la iglesia de Jesucristo, hambrienta y dedicada a la oración, estará a punto de entrar en un período de extraordinarias manifestaciones de la gloria de Dios. Estamos por entrar en lo que los eruditos bíblicos llaman un accionar «dispensacional» del Espíritu de Dios. Durante tales tiempos, el Señor siempre se ha manifestado en gloria.
 
Es cierto que nadie vio la gloria del Padre, pero Dios Hijo se manifestó en gloria en numerosas ocasiones en el pasado. Abraham vio la gloria de Cristo mientras estaba en Mesopotamia. Ezequías la vio el año en que murió el Rey Uzías. Ezequiel se postró en presencia del Viviente a orillas del río Quebar. Daniel, David, Habacuc, Salomón, Zacarías y Hageo, todos vieron la gloria del Señor. ¡En realidad, la Biblia fue escrita por personas que vieron la gloria de Dios!

En el umbral de la gloria - Parte 1


Antes de que Jesús regrese para ser glorificado en la tierra, vendrá para ser glorificado en la iglesia.

Nuestra salvación nos garantiza algo más que membresía en la iglesia y una perspectiva conserva- dora. En realidad, seremos uno con Cristo. El Señor Jesús es la cabeza, nosotros, su cuerpo; Él es nuestro esposo, nosotros, su esposa; Él es la vid de la cual nosotros, sus ramas, extraemos la vida y virtud. Estas metáforas y muchas más hablan de manera abierta y apasionada de nuestra unión eterna con el Hijo de Dios.

No obstante, en un plano personal, solamente vimos un destello de su infinito poder al obrar en nosotros. Oramos, pedimos, nos esforzamos, «pero dimos a luz tan sólo viento» (Isaías 26:18). La mayoría de nuestros enfermos reciben justamente la gracia suficiente para soportar el sufrimiento, pero no son sanados. A escala nacional, sólo en los momentos cumbre de los avivamientos o despertamientos espirituales vio la iglesia realmente el brazo del Señor revelado y la sociedad transformada significativamente.

Dos cosas; tan solo dos cosas

Existen tantas cosas que ocupan nuestras mentes, tantos libros, tantos ejemplos, y tantas buenas enseñanzas que merecen nuestra atención, que dicen: “Aquí hay una verdad.” Pero mientras he servido al Señor en estos años pasados el me ha guiado a buscar dos cosas, tan solo dos cosas: Conocer el Corazón de Dios en Cristo, y conocer mi propio Corazón a la luz de Cristo.

Conociendo el Corazón de Dios
He estado procurando conocer a Dios, escudriñando para conocerlo y conocer la profundidad de su amor hacia su pueblo. Yo quiero conocer el Corazón de Cristo y la compasión que lo motiva. Las Escrituras lo dicen claramente: Jesús amaba a la gente. El evangelio de Marcos nos cuenta que después de que enseno y sano a multitud de enfermos, la gente tuvo hambre. Cristo en su compasión la vio como “ovejas que no tenían pastor” (Mateo 6:34). Para el no fue suficiente ensenarles y sanarlos. Se hizo personalmente cargo de las necesidades de cada uno. Tanto el bienestar físico, como su alimento eran importantes para Él.

Un chico con cinco panes y dos peces proveyó lo suficiente para que Jesús obrara otro milagro, pero este milagro tenia que ser realizado por el cuerpo dispuesto cansado de Cristo. Considere: Cristo había llevado a Sus discípulos a un lugar aparte a descansar; “Porque eran muchos los que iban y venían, de manera que ni aun tenían tiempo para comer” (Marcos 6:31).

La fortaleza del justo: La humildad


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La fortaleza del justo: la humildad
Satanás teme a la virtud. Le aterroriza la humildad y la aborrece. Ve a una persona humilde y siente escalofríos por la espalda. Se le paran los pelos cuando los cristianos se arrodillan, porque la humildad es rendir el alma a Dios. Satanás tiembla ante el manso, pues en las mismas áreas donde una vez tuvo acceso ahora se levanta el Señor y él se aterra de Jesucristo.
 

¿Realmente contra quién luchamos?
Se recordará que, en la caída del hombre en el huerto del Edén, el juicio de Dios contra el demonio fue que él “comería polvo.” Recordemos también que del hombre Dios dijo: “Eres polvo” (Génesis 3:14-19). La esencia de nuestra naturaleza carnal – de todo lo que sea carnal en la naturaleza – es polvo. Es necesario ver la conexión aquí: Satanás come nuestra naturaleza carnal, terrenal, hecha de “polvo.” Satanás cena sobre aquello que rehusamos a Dios.
 

Un ejército de adoradores


Cuando las escrituras se refieren a los “huestes celestiales”, generalmente pensamos en un “coro de ángeles”. La palabra “hueste” en la Biblia, significo “ejercito” (Josué 5: 13-14) Es una verdad importante: las huestes del cielo son ejércitos adoradores. Sin lugar a dudas, ninguno que no sea primero un adorador de Dios, puede hacer guerra espiritual.

El asunto central en la tribulación: la adoración
Uno no tiene que ir profundo dentro de la revelación de Juan en Apocalipsis para descubrir que tanto Dios como el diablo están buscando adoradores. (Ver Apocalipsis 7:11; 13:4; 14:7,11). Vez tras vez, nuevamente la línea se traza entre aquellos que “adoran a la bestia y a su imagen “y aquellos que adoran a Dios.

En la última gran batalla previa al regreso de Jesús, el resultado de la vida de cada hombre será medido de acuerdo al grado de adoración: en medio de la batalla espiritual y las luchas ¿ante quién me inclinare, Dios o Satanás?