Para que los sueños se hagan realidad


(English)
Hace unos años atrás el Señor me habló a través de un sueño. Vi un templo en un campo abierto. Yo lo veía de costado desde una distancia aproximada de doscientas yardas. No podía ver su frente, aun así debía estar completamente abierto ya que una gran luz se proyectaba hacia afuera desde su interior. Palpitaba como un relámpago, y aun era solida como la luz del sol. Yo sabía que esta luz era la gloria de Dios.

 

El templo estaba tan cerca, que yo supe que con un pequeño esfuerzo podía entrar a la gloria de Dios. Su santa presencia estaba claramente a mi alcance. Había asimismo otros enfrente de mí que reconocí como personas de la iglesia. Todos parecían muy ocupados. Y mientras el templo y su luz eran visibles y completamente accesibles a todos, cada cabeza estaba inclinada hacia abajo y dados vuelta lejos de la luz; cada uno ocupado con otras cosas.

La fortaleza de la semejanza a Cristo - Parte 2

(English)
El más alto propósito de Dios
La mayoría de los cristianos solo se comprometen en la batalla espiritual con la esperanza de aliviar sus problemas del momento, o para alcanzar existencias "normales". Sin embargo, el propósito de todos los aspectos de la espiritualidad, inclusive el de la batalla, es llevarnos a la imagen de Cristo. Nada, ni la alaban­za, ni la guerra, ni el amor, ni la liberación, se obtienen en verdad, si fallamos en ese objetivo singular de nuestra fe: la semejanza con Cristo.
 
Recordemos que Dios libero a los antiguos hebreos y los sacó de Egipto para poder llevarlos a la tierra prometida. De manera similar, El nos libero y nos salvo del pecado, no para permitirnos vivir para nosotros mismos, sino para que pudiéramos llegar a la seme­janza con Jesus. Lo que llamamos “salvación” es la primera fase del ser conformados a Cristo. Si fracasamos en ver esto, fácilmente nos  encontraremos metidos en los mismos pecados que nos oprimieron en primer lugar.

La fortaleza de la semejanza a Cristo - Parte 1


(English)
La victoria comienza con el nombre de Jesus en nuestros labios. Se consuma por Ia naturaleza de Jesus en nuestro corazón.

Hay una época, cuando el Señor nos llama a derribar las fortalezas del infierno sobre nuestras iglesias y sobre nuestras comunidades. Sin embargo, también hay otra época cuando comprometernos en mucha batalla es una distracción de nuestra obediencia a Dios. Jesus derroto a Satanás en Getsemaní y en la cruz, no al atacarlo directamente, sino al cumplir el destino para el que había sido llamado al Calvario. La más grande de las batallas que nunca jamás se haya ganado, se realizo con la muerte aparente del vencedor, sin siquiera una palabra de reprensión contra su adversario. Al príncipe de este mundo se le juzgo, y a sus potestades y principados se les desarmo, no al enfrentarlos en batalla directa, sino mediante la rendición de Jesucristo en la cruz.

¡Domina en medio de tus enemigos!


La verdadera paz es el fruto de tener confianza en el amor de Dios; nace de la revelación de que, a pesar de la batalla, “mayor es el que están en nosotros que el que está en el mundo” (1 Juan 4:4).  No se trata de la confianza en usted, sino de la confianza en Dios.
 
El Dios de paz aplastará a Satanás
Para sostener una lucha espiritual efectiva, debemos entender y hacer uso de la autoridad espiritual. Sin embargo, la autoridad espiritual, no consiste en imponer a la fuerza nuestra voluntad sobre otra persona.  Cuando usted tiene autoridad espiritual, usted ha establecido la paz de Dios en un área que alguna vez estuvo llena de conflicto y opresión. Por lo tanto, para poder verdaderamente movernos en autoridad, debemos primero tener paz.