Identificado con los pecadores


(English)
A lo largo de su vida, Jesus se extendió a las personas rechazadas por otros. Amo a todos, pero especialmente a aquellos despreciados, dejados de lado y excluidos. Sin embargo, Su práctica de comer con conocidos malhechores ofendió a los fariseos, y ellos confrontaron a los discípulos de Jesus con esta pregunta: “¿Por qué come vuestro Maestro con los recaudadores de impuestos y pecadores?” (Mat. 9:11). Al  oír  Jesus esta pregunta, respondió,


“Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los que están enfermos. Mas id, y aprended lo que significa: “Misericordia quiero y no sacrificio”; porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores”. (Mat. 9:12-13).

Jesus le dijo a los Fariseos que “fuesen y aprendiesen” lo que Dios quiso decir  cuando dijo, “Misericordia (compasión) quiero y no sacrificio”. Una religión sin amor es abominación para Dios. La iglesia necesita aprender: Dios desea amor y compasión, no simplemente una adhesión a rituales y sacrificios.

 Una casa de oración
 La verdadera oración nace del amor y llega en medio del pecado y la necesidad. Viene no para condenar sino para cubrir. Todas las naciones pecan. Todas las culturas tienen temporadas de decadencia moral y malestar espiritual. Sin embargo, estos períodos pueden llegar a ser puntos de inflexión si, en tiempos de angustia, los intercesores claman a Dios por misericordia. Así, la oración semejante a la de Cristo trae del desastre, redención.

Vea usted, la iglesia se crea no para cumplir la ira de Dios, sino para completar Su misericordia. Así Él nos llama a ser una "casa de oración para todas las naciones...". Considere apasionadamente esta frase: “oración por". Jesús enseñó a sus discípulos a “orar por” aquellos que nos persiguen o ultrajan (Mateo 5:44). Cuando Job "oró por sus amigos:" Dios lo restauró por completo (Job 42:10). Debemos "orar por la paz de Jerusalén" (Sal. 122:6), y "orar " unos  “por”  otros de manera que podamos ser sanados (Santiago 5:16). Pablo escribió que Dios quiere que todos los hombres sean salvos (1 Tim. 2:4). Por lo tanto, exhorto a "que se hagan rogativas y oraciones,… por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en autoridad” (vv. 1-2).

Sin embargo, los discípulos estaban saliendo de la dispensación del Antiguo Testamento. Por eso, cuando buscaron  llamar fuego sobre sus enemigos, por más apropiado que a ellos les pareció,  Jesús los corrigió. El dijo que no vino a destruir a Sus enemigos, sino  "a salvarlos" (Lucas 9:56).

"Pero," argumenta usted,  "Dios necesita juzgar a los pecadores por lo que están haciendo”. Puede que así sea. Quizá el mundo necesita una buena dosis de  ira de Dios para despertarse. No obstante, solamente Una persona en el Cielo y en la Tierra es digna de iniciar la ira de Dios: el Cordero que fue inmolado, Quien se pone de pie en intercesión delante del trono de Dios (Apocalipsis 5:6-14).

Jesús es el Cordero, el sacrificio por el pecado. Porque Él pagó el precio más alto por la redención, podemos estar seguros de que Él no dará a conocer la furia divina hasta que  Él haya agotado por completo la misericordia divina. Yo no quiero dar a entender que el mundo continúe  adelante sin reproche o dificultades. No, el Señor usará los desastres y la inestabilidad financiera para atraer a los hombres a Sí mismo. Y aun entonces, cuando finalmente Sus juicios lleguen, ellos serán guiados por Su misericordia, dando tiempo para que los pecadores se arrepientan.

 En cuanto a nosotros, hasta que Cristo rompa los sellos que lleven a la ira, debemos ponernos de pie en  intercesión ante Dios como embajadores del Cordero. No minimizamos el pecado al maximizar la misericordia de Cristo. Hay una diferencia entre blanquear el pecado y  cubrirlo con la sangre.

La realidad que impulsa  el corazón de Dios, la cual  es un principio fundamental de nuestra propia redención, es la siguiente: "la misericordia triunfa sobre el juicio" (Santiago 2:13). Vivir  una vida de misericordia se corresponde perfectamente con el corazón de Dios. La misericordia cumple en forma precisa el propósito divino: transformar al hombre en la imagen del Redentor.

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La enseñanza que antecede ha sido adaptada de un capitulo en el libro del Pastor Francis, The Power of One Christlike Life. (Solamente en ingles). A la venta en oferta especial en editorial Arrow Publications en  www.arrowbookstore.com.

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Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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