El llamamiento

Es triste, pero muchos cristianos como empantanados esperan nada mejor que una breve reprimenda por sus pecados y la auto condenación. ¿Debe, la vulgaridad de nuestro pecaminoso estado tener poder sobre la grandeza de las promesas de Dios?  ¡De ninguna manera!  Porque la escritura nos asegura que nuestro llamamiento, aun con lo poco que nos sentimos a veces, es una escalada que se basa en la fe en la capacidad de Dios y la confianza en la redención del Señor. No estamos encadenados a nuestros defectos y debilidades; antes bien, ¡estamos unidos espíritu a espíritu al poder de la resurrección del Hijo de Dios! Nuestro llamado no es solamente a ir a la iglesia sino a caminar con Dios, cuya meta eterna nos ha predestinado a ser “hechos conforme a la imagen de Su hijo” (Rom.8:29).


Sí, arrepintámonos profundamente de nuestros pecados y aprendamos a caminar humildemente con nuestro Dios, pero no asumamos que la fe debe irse para que surja la humildad. No, nuestra adopción como hijos e hijas nos ha hecho coherederos con Cristo. Vea, todo lo concerniente a nuestra salvación y los dones de Dios en nuestras vidas nos llega no como algo que obtenemos  sino como una herencia que recibimos.

“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios, y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo” (Rom. 8:16–17).

Permítame reiterar este  pensamiento: una herencia no es algo que obtenemos; es algo que recibimos. Es riqueza dada en base a la productividad y éxito de un padre, en nuestro caso, los logros de Jesucristo.
Por lo tanto, pongamos nuestra esperanza en las promesas de Dios. Aunque caigamos, el Señor nos levantara (Prov.24:16; Miqueas 7:7–8). La gracia de Dios no se marchitara porque seamos débiles. Más y más el obrara en nosotros la conformidad a Cristo. Si, traigamos nuestra fe a la fuente de la maravillosa gracia del Padre, mas la fe misma es un don que El nos ha dado. Por tanto, creamos  por completo que Dios nos puede ayudar a alcanzar la mente de nuestro Redentor, Jesucristo.


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 El extracto precedente fue adaptado del libro Spiritual Discernment and the Mind of Christ, por el Pastor Frangipane. Este junto a otros materiales actualmente a precios especiales. Adquiéralo en www.arrowbookstore.com


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Traducción y edición: Gabriela Rabellino


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