El verdadero Jesus

(English)
Jesús no es solamente nuestros Salvador, también es el “autor y consumador de nuestra fe” (Hebreos 12:2).   Tome con ambas manos el pensamiento de que El es el “perfeccionador de nuestra fe”.  La fe que Cristo inicio en usted, El está obrando para perfeccionarla.

El hecho de que Jesús sea el perfeccionador de nuestra fe es importante, porque aun si nos movemos en oración y en autoridad espiritual, aun si continuamos perseverando, aun si nos movemos con motivaciones purificadas en el amor, es el poder de la fe lo que apuntala todo.
La idea de que Cristo desea perfeccionar nuestra fe es bastante atractiva al oído, pero en la obra practica de nuestras vidas, resistimos la idea.  ¿Por qué? Porque sabemos que para que la fe sea perfeccionada, debe ser probada.

Cuando hablo de fe, no me refiero a toda una compilación de verdades de la Biblia o un asentimiento intelectual de nuestra necesidad de salvación, los cuales son elementos espirituales, pero no la sustancia.  Acumular conocimiento principalmente lleva tiempo; poseer una fe salvadora verdadera, se lo digo de nuevo, lleva coraje. Cristo desea que logremos una confianza en El que puede verdaderamente permanecer y superar las terribles tormentas de la vida, una fe que trae la realidad del cielo a la Tierra.

La fe, por tanto, es más que conocimiento intelectual, es anclarnos a la experiencia de la bondad y el poder de Dios para que, no importa lo que suceda allí afuera, internamente estemos seguros. Y no importa como luce el mundo externamente, tiene el potencial de ser transformado por nuestra fe. Como Hebreos 11 demuestra claramente, los que poseían fe verdadera cambiaron el mundo que los rodeaba.

 ¿Perfeccionar o Proteger?
Sabiendo que la fe es mucho más que doctrinas religiosas, me pregunto: “¿Realmente conocemos al Jesús de la Biblia y lo que El quiere darnos?”. Con frecuencia, pienso, deseamos un Salvador que, después de asegurarnos que tenemos vida eterna, nos deje tranquilos hasta nuestra próxima crisis. Queremos que nos consuele, pero nunca que nos convenza; deseamos que nos sane, pero no que habite dentro de nosotros. Queremos que el Espíritu Santo nos ayude a alcanzar nuestros sueños. Pero encontramos que, en cambio, ese Espíritu Santo quiere ayudarnos a cumplir el sueño de Dios: un hombre a la imagen de Cristo (vea Génesis 1:26).

Esto significa que el objetivo de Dios no es simplemente salvarnos, sino hacernos a la imagen de Cristo. Quiere perfeccionarnos, no solamente protegernos.  Para perfeccionar nuestra fe, Dios intencionalmente permite conflictos que azoten nuestras almas.  Sé que nos imaginamos a Jesús sosteniéndonos dulcemente, palmeándonos la espalda y diciéndonos: “Todo estará bien”.  Escuche, esa no es la voz de Jesús sino el eco de la voz de su madre. Gracias a Dios por las madres, pero Jesús trata de lograr que dejemos de ser bebes. El quiere que crezcamos y nos formemos conforme a su imagen y semejanza.

Recuerde que hablo del Jesús verdadero aquí, del que dijo: “Si puedes creer, al que cree todo le es posible” (Marcos 9:23). Si el Jesús que está siguiendo no lo lleva al terreno de lo imposible para hacer cambios en su vida, probablemente este siguiendo al equivocado.

Les hacemos un mal a las personas cuando les decimos que le entreguen sus vidas al Señor porque El los librara de todo problema.  Eso no es cierto. Sería más honesto decir: “Entrégale tu vida a Cristo, y El te dará el poder para vencer los problemas y la adversidad”. Si, El lo cuidara. Pero  no lo hará poniéndolo en una burbuja de cristal para que nada lo dañe; en cambio, perfeccionara la virtud desarrollando el carácter en situaciones que requieran fe, todo lo cual crea un escudo espiritual de una vida transformada.

Una tormenta y ¿un fantasma o Jesús?
Acostúmbrese a la idea de que Dios quiere perfeccionar su fe. Planee el hecho de que probablemente El lo pondrá en situaciones imposibles para forzarlo a sacar su fe a la superficie.  Tarde o temprano el verdadero Jesús requerirá que mire a lo imposible directo a los ojos, y crea en el poder de Dios.

Considere el episodio cuando Cristo envió a sus discípulos que se le adelantaran en bote a cruzar el mar de Galilea, y El decide cruzarlo caminando sobre las aguas – vea mateo 14:22 – 23. El decide esperar hasta que la tormenta esta arr3eciando, con vientos contrarios y olas gigantes para venir sobre nosotros. Podía haber esperado un día calmo o simplemente haber llegado a la otra orilla sobrenaturalmente, sin pararse al lado de la barca, en medio del mar. No, El viene a los discípulos con algo en mente: viene a ensenarles una lección de confianza.

Por favor, tenga en cuenta que esta era una tormenta violenta, y que El no les había dado ninguna instrucción preliminar, no había un “Curso básico para caminar sobre las aguas”. No les hace practicar primero en un charco y esperar hasta el invierno para que puedan caminar sobre agua congelada para ensenarles a caminar sobre las aguas.  Luego, además de eso, no viene a la luz del día; viene en plena noche. Así que Jesús se les aparece a los discípulos en medio del mar, en medio de una tormenta, en medio de la noche, para ensenarles a caminar sobre las aguas. No les facilita las cosas. Pero este es el verdadero Jesús con sus verdaderos discípulos. Y al grado de dificultad existente podemos agregarle el hecho de que probablemente estuvieran cansados físicamente y bastante asustados por la tormenta.

Las Escrituras dicen que la visión de una figura caminando sobre las aguas, saliendo de entre el viento que soplaba y salpicaba en la oscuridad de la noche, transformo el miedo de los discípulos en terror. Gritaron: “Un fantasma”.  Discúlpeme, pero ¿no cree que algunas de las cosas que tildamos de “diabólicas” son en verdad el Señor tratando de agitar nuestras vidas para preparar el entorno para una lección de fe?

Cuando Jesús se aproxima a la barca, les dice: “¡Tened animo; yo soy, no temáis!”.

Cuando Jesús dice en el medio de su tormenta “Yo soy”, es un llamado a la fe. Cuando dice “No temáis”, es un llamado a la acción: la fe verdadera siempre, en algún punto, requerirá valentía.

Pedro dice: “Señor, si eres tú, manda que yo vaya a ti sobre las aguas.”


Esto es hermoso, realmente. Aquí hay una muestra, no solo del Señor, sino también de la relación de Pedro con Jesús. Desde que Pedro ha conocido al Señor le ha pedido a el y a los otros discípulos que hiciesen cosas imposibles; sanar a los enfermos, alimentar multitudes con una vianda, levantar a los muertos. Una y otra vez Pedro ha visto a Jesús obrar milagros; una y otra vez Jesús le ha dado a Pedro el poder para hacer lo que El hizo.

Esa noche en el mar revuelto, Pedro tiene este asombroso discernimiento: “Si es realmente el Señor, El me dirá que haga lo que está haciendo imposible. Si este es el Jesús que yo conozco, en unos instantes me dirá que camine sobre las aguas también”. Y tenía razón; Jesús lo llamo a que fuera a El: “Ven”.

Ahora a Pedro no le importa caminar sobre las aguas, no realmente. Cuando sale del bote, camina sobre la palabra “Ven”.  Sabe que el poder para hacer lo sobre la cual se para.

Se trata de confiar en la integridad de la orden de Jesús. ¿Cree que Pedro siente el poder cuando apoya sus pies sobre el agua?  No creo que haya sentido nada más que la tormenta. No hubo “escalofríos de gloria”. Pedro se sienta sobre el borde de la barca oscilante y deja caer sus piernas sobre las aguas agitadas. Tratando de mirar entre el viento y la lluvia, logra ver a Jesús. Luego se desliza, se para firme sobre las aguas ¡y comienza a caminar!

¡Splash! Un paso, ¡Splash! Luego otro y otro más hasta que Pedro camina hacia Jesús. No es un pequeño tramo. Admitámoslo: cualquiera puede caminar sobre el agua el primer paso. Es el segundo paso y los demás lo que cuenta. Pedro camina hasta que las olas llaman su atención; entonces comienza a hundirse. Jesús lo salva, por supuesto, y cuando lo lleva de regreso al bote el viento cesa.

Quizá esperaríamos que el Señor dijera; “Pedro, ¡lo hiciste!”  Tal vez Pedro esperaba alabanzas por su pequeña caminata: pero no, Jesús lo reprende diciéndole: “¿Por qué dudaste?”

Cristo ve el comienzo de algo grandioso dentro de Pedro, y no quiere que se contamine con el orgullo ni la autocompasión. La mayoría de nosotros queremos una medalla cada vez que hacemos algo para Dios, pero El no va a dejar a Pedro ni a nosotros construir un monumento con nuestros logros, especialmente cuando estamos recién comenzando. Si este milagro de Pedro fuera hecho por alguno de nosotros hoy, en dos semanas organizaríamos visitas guiadas, haríamos camisetas y celebraciones conmemorativas del día en que caminamos sobre el agua. Pero Jesús no va a permitir eso para ninguno de sus discípulos. El ve grandeza emergiendo de Pedro y no presionara a ninguno de sus discípulos hacia nada que no sea la completa semejanza a su imagen.

Recuerde: la meta de Dios es que seamos como Cristo. El verdadero Jesús va a llamarnos a hacer lo imposible.  Eso significa que seremos llamados a hacer lo que nunca hemos hecho antes. Vera a Jesús delante de usted, probablemente en alguna clase de tormenta, pero será el comienzo de un milagro que lo cambiara a usted, y también al mundo que lo rodea

Señor, perdóname por buscar una vida segura en vez de una sobrenatural. Yo quiero más de ti. Llámame fuera de la barca de mi mundo predecible y conocido. Maestro, por causa de los perdidos, aumenta mi fe hasta que esté de pie junto a ti sobre las aguas del potencial divino. En el nombre de Jesús, Amen”.

---adaptado de un capítulo en el libro de Francis, 
Alístese junto al Señor de los Ejércitos

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