Un verdadero Israelita

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Refiriéndose a Natanael Jesús dijo: “He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1: 47-51). ¿Qué clase de hombre era este joven discípulo a quien Jesús elogió?  Era un hombre en cuyo corazón había sinceridad y no había engaño. ¡Ah, cómo deberíamos desear esta pureza en nosotros! Natanael tenía “visión interior.” Se conservaba libre del auto-engaño. Cuando usted se adhiere interiormente a la verdad, la percibirá exteriormente. También Natanael miró a Jesús y pudo declarar: “Tú eres el Hijo de Dios; Tú eres el Rey de Israel” (Juan 1: 49).

Jesús a su vez le dijo: “Cosas mayores que estas verás... De aquí en adelante verás el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre” (Juan 1: 50-51). Por la sinceridad de corazón de Natanael, Jesús concluyó que éste inevitablemente tendría una visión más amplia. Una visión amplia y clara es la consecuencia de tener un corazón puro. Usted que batalla contra el pecado, que detesta la falsedad, que procura habitualmente y con humildad la santidad, a usted le digo que su lucha es una preparación para ver a Dios. Usted verá los cielos abiertos.


Por la torpeza de nuestro corazón hemos llegado a aceptar la ceguera espiritual como la desafortunada situación de este mundo. La verdad es que en el Antiguo Testamento uno de los juicios o castigos de Dios por el pecado era que los cielos se volvían de “bronce” (Deuteronomio 28:23).  De manera similar la mayoría de cristianos ven los cielos cerrados. Pocos ven con visión abierta en los ámbitos celestiales, o aún dentro de sus propios corazones. Los cielos serán siempre de “bronce” para un corazón endurecido. Pero el Señor prometió: “...¡verás el cielo abierto, y a los ángeles de Dios...”!

Dios quiere que tengamos una verdadera visión espiritual. Una señal de que el Espíritu Santo está involucrado en una ...iglesia es que “...los jóvenes verán visiones, y los ancianos soñarán sueños” (Hechos 2: 17). Existe continuidad entre el reino de Dios en los cielos,  y su reino aquí en la tierra.

Oh, sí; hay quienes dicen que lo sobrenatural estuvo limitado estrictamente  a los cristianos del primer siglo, que nosotros hoy « andamos por fe, no por vista » (II Corintios 5: 7). Sí, a menudo damos pasos de fe y caminamos sin un previo conocimiento de lo que cada paso significa. ¡Pero le sentimos a El quien está con nosotros! La nuestra no es una confianza ciega; es una confianza probada y con visión. Andar por fe y tener visión espiritual no son situaciones que se excluyan la una a la otra, o que sean incompatibles entre sí. Precisamente, momentos antes de que afirmara que andaba por fe, el apóstol Pablo escribió: “...miramos las cosas que no se ven... las cuales son eternas...” (II Corintios 4: 18). El apóstol tenía revelación y percepción del mundo espiritual. Vió el cuerpo espiritual eterno que estaba preparado para él y que lo esperaba en los cielos (II Corintios 5: 1, 4). Conoció a un hombre que “...fue arrebatado al paraíso, donde oyó palabras inefables...” (II Corintios 12: 3-4).

Podríamos seguir hablando de la comprensión espiritual de Pablo, pero el hecho es que debido a la amplia visión que tenía de Cristo, escribió una tercera parte del Nuevo Testamento. ¿Cómo o por qué pudo ver las cosas que vio? Inmediatamente después de afirmar que “...a cara descubierta... miramos la gloria de Dios...” (II Corintios 3: 18), escribió: “...renunciamos a lo oculto y vergonzoso” (II Corintios 4: 1-2). Y después continuó: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios” (II Corintios 7: 1). Su corazón purificado y su santidad perfeccionada le permitieron tener una amplia visión de la gloria de Dios. Tenga esto en mente: no estamos buscando experiencias; procuramos tener un corazón puro. No corremos detrás de visiones; queremos santidad. Aunque los fenómenos sobre naturales fueron algo esperado en la iglesia del primer siglo, también lo fue la pureza de corazón como una condición normal en el cristiano.

Por lo tanto, no sea como los tontos que andan en busca de visiones. Usted debe procurar la santificación y cuando esté listo, si Dios así lo quiere, le hablará en maneras sobrenaturales (Hechos 2: 17-18). No se esfuerce por tener una “experiencia” con Jesús. Procure más bien tener un corazón puro, permitiendo que Cristo lo examine y lo purifique diariamente. Y a medida que lo lava con su palabra y lo purifica con su santidad, lo introducirá a su presencia, y abrirá sus ojos a las “cosas externas e internas.”

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El mensaje que antecede fue adaptado de un capítulo de La Santidad, La Verdad y La Presencia de Dios por Francis Frangipane. Publicado en español por Editorial Desafío. Este junto a otros materiales actualmente a precios especiales. Adquiéralo en www.arrowbookstore.com

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Traducción y edición en la adaptación: Gabriela Rabellino



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