¡Así en la tierra como en el cielo!

(English)
Lo recitamos en privado y oramos al unísono; incluso lo hemos cantado con reverencia  domingos por la mañana. Ha sido una oración conocida en sombríos eventos culturales. Sin embargo, me pregunto si realmente comprendemos lo que había en el corazón de Jesús cuando Él enseñó a sus discípulos la oración del Señor.

Los discípulos le preguntaron: "Señor, enséñanos a orar" (Lucas 11: 1). En respuesta, el Señor les dio una oración, no sólo para ayudarles a hacer frente, sino algo que era militante en naturaleza. Esto fue más que una oración – fue una proclamación.

Durante siglos las realidades santas de la oración del Señor han sido oscurecidas por las tradiciones de la incredulidad religiosa, como si la repetición ritual de esta oración acumulara una bendición especial en el más allá. El engaño fue que todo de lo que Jesús estaba hablando se había extinguido en la eternidad, como si esta oración no tuviese la habilidad de afectar  condiciones en la tierra ahora. En los últimos años, sin embargo, la verdad está nuevamente llenando las palabras de este himno celestial, así "¡Venga Tu reino! ¡Hágase Tu voluntad!" está cargada de significado y acción.


Las palabras de esta oración se entienden mejor como declaraciones enfáticas. Deben ser puntuadas con signos de exclamación. Esta es la ¨Jura de la bandera del Cielo. En su esencia, la oración del Señor es un decreto de fe que la voluntad de Dios, a través de nuestra unión vital con Cristo, debería cumplirse hoy en la tierra. ¿Dónde hay  lugar para transigir  en esas palabras? Jesús está diciendo que, con milagroso poder, abundante alegría abundante e inquebrantable misericordia, la voluntad de Dios debe cumplirse "¡en la tierra como en el cielo!"

A esto le llamamos la oración del Señor, sin embargo, más apropiadamente, podría ser llamada la oración del Discípulo u oración del reino, ya que es algo que Jesús dio para encender fuego en los corazones de Sus seguidores. De hecho, esta oración es revolucionaria.

Hemos sido demasiado amables con Dios. No quiero decir que debamos ser irrespetuosos o irreverentes;  estoy diciendo que la oración del Señor no es una débil oración de suplica. Sí, hay un tiempo para suplicar a Dios, pero esta es una oración profética. En ningún lugar hay un por favor.

Ya sabemos que “le ha placido al Padre” darnos Su Reino (Lc. 12:32). Jesús no nos está instruyendo a mendigar  por una bendición o dos; El nos está ordenando clamar para que el reino de Dios gobierne en la tierra: en las zonas de guerra, en lugares de pobreza o de plagas o de hambruna, y especialmente en nuestras vidas y circunstancias.


Esta es una oración de autoridad. El Hijo de Dios quiere que oremos como fuimos creados para traer el Cielo a la tierra. Nuestra oración simplemente nos alinea con lo que ya es el beneplácito de Dios darnos.


Por supuesto, es vital que abracemos el arrepentimiento de nuestros pecados y los pecados de nuestros antepasados. Pero esta es la oración de aquellos ¡plenamente comprometidos con la visión de Dios! Encarna la extensión de lo que Jesús vino a establecer. Aunque tanto los hombres como las mujeres son  llamados a proclamar las palabras de este decreto, el tono de esta oración es decididamente masculino. Estas son palabras de lucha.

Recuerde, esta forma de oración no es idea mía; es idea de Cristo. El le dijo a vacilantes, torpes, a menudo pecadores discípulos que orasen como si fuesen maduros, victoriosos guerreros. Él no dijo que esta oración debe ser orada sólo cuando se hayan convertido en perfectos. No. Él estaba diciendo que así es como debemos orar ahora mismo, incluso mientras somos imperfectos. Sí, nos humillamos; sí, confesamos nuestros pecados. Más aun, debemos aprender a orar con desenvainada autoridad espiritual, con fe heroica y con el fuego de las posibilidades divinas ardiendo en nuestras almas.

Amados, la hora viene, cuando el pueblo de Dios haya alcanzado la profundidad de su arrepentimiento. Las rodillas dobladas y desgastadas por el peso de estar arrodillados mucho tiempo lentamente crujirán enderezándose. Las cabezas se levantarán y luego las manos. Al igual que el retumbar de un volcán ya no adormecido, el grito de "Venga tu reino" comenzará a juntarse y luego elevarse desde lo profundo del espíritu de los redimidos.

Sí, incluso ahora, los ejércitos de Dios en el Cielo están comenzando a unirse con los ejércitos de Dios en la tierra. Un poder como de relámpago está comenzando a llenar la columna vertebral de los redimidos. ¿Puedes sentirlo? Desde todas las naciones, un remanente santo deberá mantenerse en pie ante el Altísimo. En sus bocas estarán las palabras enseñadas a ellos por el Hijo de Dios mismo: "¡Venga tu reino Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo!"




Traducción y edición: Gabriela Rabellino





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