Quitando la carga de la lamentación

(English)
"¿Por qué desobedecí al Señor?"

"Si solo me hubiese mantenido callado."


"Si tal cosa o tal cosa no hubiese ocurrido, mi vida sería mucho mejor."

El lamentarse. Nada nos encadena a nuestros fracasos del pasado como el lamentarse.

Yo conozco demasiados cristianos que iban bien, sin embargo en algún momento cayeron en pecado. Lo peor es que ellos sabían que estaba mal. Ellos no ignoraban las artimañas de Satanás sin embargo cayeron. El resultado de su caída fue que, en el mismo lugar donde su alegría alguna vez brillaba, ahora en cambio existe una pesada opresión. Esta opresión se ve como  parte del arrepentimiento, pero no lo es. Es demoníaca. Se trata de una visión forjada en los fuegos del infierno.


No estoy diciendo que no debemos lamentarnos nunca o que el lamentarse no tiene un lugar legítimo en nuestro arrepentimiento. Sí, debemos tener remordimiento y un lamentar piadoso por las cosas que hemos hecho mal, pero hay una diferencia entre la pena piadosa y la opresión demoníaca. Si nos hemos arrepentido de nuestros pecados, y si realmente nos hemos dolido por ellos, hay un momento de entregar la carga al Señor. Es tiempo de soltarlo, así como la Escritura nos ordena entregar nuestra ansiedad al Señor “porque El tiene cuidado de nosotros” (1 Pedro 5:7).

Que nunca olvidemos: Jesús no es solamente el Salvador de aquellos nuevos conversos; El permanece siendo nuestro Salvador, comprometido y fiel a lo largo de nuestras vidas.

A liberar a los cautivos
Aun así, no podemos permitir que el lamentarse se torne en un arma demoníacamente manipulada y utilizada contra nosotros.  Paralizara nuestro caminar con Dios. Estoy pensando en padres que sienten que han fracasado en la educación de sus hijos o líderes de iglesia o cívicos que han tropezado y caído en pecado. Estas son grandes personas que han caído –que han estado enterrados espiritualmente bajo el peso de la auto- condenación y la lamentación.


Cristo vino a liberar a los cautivos, incluso a aquellos que se han provocado a si mismos un lío.  Considere al Rey David quien, reflexionando sobre su vida, escribió, “Joven fui, y he envejecido, Y no he visto justo desamparado. . ." (Salmo 37:25). Recuerde, este es el mismo hombre que, en medio de tiempos “de juventud’ y ahora “envejecido”, cometió el más atroz de los pecados de adulterio con Betsabé, y luego, para cubrir su pecado, ordenó matar a Urías, su esposo.

Sin embargo, mirando atrás a su tiempo de arrepentimiento, David se dio cuenta que, a pesar de la disciplina y el juicio que cayeron sobre el, el no “quedó derribado.”  A través de todo eso el Señor sostuvo firmemente “su mano” (v. 24). Considere: ¡incluso en el pecado de David, el Señor no lo abandono!

En vez de rechazar a David, el Señor obró para restaurarlo. Sí, hubo consecuencias. El Señor advirtió que debido al pecado de David “no se apartará jamás de [su] casa la espada” (2 Sam. 12:10). Mal se levantaría contra [el] “de [su] misma casa”. (v. 11).  Esto se cumplió con el hijo de David, Absalón quien cometió sus propios crímenes contra David.
Mas todavía, incluso cuando David huyó de Jerusalén, incluso en su quebrantamiento y pena y siendo maldecido por sus enemigos (2 Sam. 16:5-15), vemos una notoria calidad en el corazón de David.  Afligido y humillado delante de los hombres, David se fortaleció delante del Señor.  Abriéndose camino hacia el Señor, escribió una canción llena de confianza en Dios.  Con todos los problemas y dolor que se acarreo a sí mismo, he aquí un hombre quien pecó pero que no estaba viviendo preso de  la lamentación.

 El subtitulo del tercer salmo nos dice que es el “ Salmo de David, cuando huía de delante de Absalón su hijo."


!!Oh Jehová, cuánto se han multiplicado mis adversarios!
Muchos son los que se levantan contra mí.
 Muchos son los que dicen de mí:
No hay para él salvación en Dios. Selah
 Mas tú, Jehová, eres escudo alrededor de mí;
Mi gloria, y el que levanta mi cabeza. 



Me parece increíble que, incluso después de todas las cosas que David hizo mal, el Señor seguía siendo un escudo a su alrededor. Y cuando abatido, el Señor fue quien levantó su cabeza.


Un nuevo pacto de gracia
Cuando venimos a Cristo, venimos a Quien nos ha prometido nunca dejarnos ni desampararnos (Heb. 13:5).  Usted y yo, aun como Gentiles, hemos sido escogidos por Dios quien personalmente prometió reedificar y restaurar el tabernáculo de David (Hechos 15:15-17).  Para quienes son de Cristo, El promete “
Os daré las misericordias fieles de David" (Hechos 13:34).

Estoy diciendo que es tiempo de levantarnos otra vez- con mas sabiduría, mas discernimiento, pero completamente libres de las cadenas que nos han atado. Estoy pensando asimismo en Noemí, la suegra de Rut, en la genealogía de David. Noemí sufrió la pérdida de tanto, sin embargo en sus últimos años, de nuevo encontró la bendición del Señor tal que las mujeres alabaron al Señor como el redentor de Noemí y oraron “Sea él también para ti restaurador de tu vida y sustentador de tu vejez” (Rut 4:15).


Y esta es mi oración por usted también, que el Señor sea a usted el “restaurador de vida” y Quien le “sustenta” incluso en “su vejez.”  Aun mientras crece en sabiduría y más humildad, quite el Señor de usted la carga de la lamentación.

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Traducción y edición: Gabriela Rabellino





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