Reparadores de portillos

(English)
"Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los profetas insensatos, que andan en pos de su propio espíritu, y nada han visto! Como zorras en el desierto fueron tus profetas, oh Israel. No habéis subido a las brechas, ni habéis edificado un muro alrededor de la casa de Israel, para que resista firme en la batalla en el día de Jehová," (Ezequiel 13:3-5).

En contraste con aquellos que simplemente encuentran faltas, el Señor está levantando seguidores de Cristo verdaderos. Cuando ellos ven una necesidad en la iglesia o en sus comunidades o naciones, en vez de simplemente criticar, ellos “suben a las brechas” y se paran firmes en la brecha. Ellos no son solamente críticos; ellos son agentes de redención enviados por el cielo.

Es fácil encontrar faltas y hacer nada. El hecho es que todas las iglesias son imperfectas. El asunto no es si podemos ver lo que está mal, sino si ¿nos pararemos en amor y oración hasta que lo que está mal sea corregido?

Quizás usted puede estar pensando: "No entiendes tengo la revelación del mover de Dios del tiempo final. Esas iglesias escasamente creen en Jesus". Incluso si una iglesia es débil, el corazón del Señor es tal que El no apagara “el pabilo que humeare” (Isaías 42:3).



Aun si consideramos que somos más espirituales que otras iglesias, esa no es razón para posicionarnos lejos de su necesidad. Hebreos nos dice que: "...sin discusión alguna, el menor es bendecido por el mayor" (Hebreos 7:7). Si en verdad somos “mayores” que ellos, sin pretender orgullo buscaremos formas de bendecir a otras iglesias en sus luchas. Nuestro amor, a semejanza del de Jesus, los portara durante sus batallas.

Si verdaderamente tenemos el corazón de Cristo, desearemos ver edificado todo el cuerpo de Cristo, no tan solo nuestra congregación local (Lc.13:34). Respetaremos y valoraremos las diversas formas en la cuales Cristo se revela a Si Mismo en la iglesia. No estoy diciendo que debamos transigir acerca de la verdad, ni que debamos adulterar el amor ni la visión de lo que Cristo ve para los creyentes en nuestras ciudades.

Por supuesto, hay un solo evangelio y las iglesias que no aceptan la verdad de Cristo ni su rol único como el unigénito Hijo de Dios, no son parte del reino de Dios. Por el contrario, no hemos acaparado el mercado de la verdad de Dios. Hay que dejar espacio para la diversidad de la expresión. Recuerde, el Señor inspiro a cuatro individuos bien diferentes – Mateo, Marcos, Lucas y Juan – para presentar la perspectiva de ellos acerca de la vida y enseñanzas del Mesías. Así como las cuatro versiones de los Evangelios, se complementan unas a otras, así necesitamos nosotros la variedad de nuestras iglesias para alcanzar a la variedad de personas y personalidades en nuestro mundo.

Si no ajustamos nuestros corazones para comprender el corazón de Cristo acerca de nuestra unidad, seremos incapaces de permanecer firmes contra el enemigo. Ciertamente, el día en que vivimos no es un día de paz; es un tiempo de guerra, y una casa dividida no puede permanecer. Dios nos está juntando no solamente con El, sino también contra las fuerzas espirituales de maldad en toda región. Por tanto, las brechas que haya entre nosotros se deben llenar, se deben reparar los muros, y debemos aprender a permanecer juntos y firmes en el día del Señor.

Seamos el pueblo
Algunos de nosotros hemos clamado por años, “¿Donde están los hombres que nos llevaran a la plenitud de Cristo?" Hemos supuesto que Dios tenía otros en mente. Sin embargo, lo que el Señor está diciendo, es, "Ustedes son los hombres o mujeres a quienes los otros buscan". Sean los pacificadores, los hijos de Dios que traen sanidad y orden y amor a Su iglesia.

La responsabilidad está sobre cada uno de nosotros. Hay un tremendo trabajo por delante, pero el Señor mismo ha prometido: "Y los tuyos edificaran las ruinas antiguas; los cimientos de generación en generación levantarás, y serás llamado reparador de portillos, restaurador de calzadas para habitar" (Isaías 58:12).

¡Pongamos nuestra vida bajo un compromiso de fe, de tal calidad que en el espacio de nuestra existencia en esta tierra y en nuestras comunidades, la iglesia corporativa de Jesucristo sea restaurada, unida y preparada como una novia para su Amado!

Adaptado del libro
Los tres campos de la lucha espiritual por Francis Frangipane.

Traducción y edición: Gabriela Rabellino






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