El perdón y el futuro de su ciudad

Cuando miro a las condiciones de nuestro mundo - las profundas divisiones raciales y políticas,  problemas de inmigración, amenazas terroristas, deuda nacional, guerras y anarquía en nuestras ciudades - un profundo presentimiento invade mi alma. Como cristianos, todos creemos que el llamado de 2 Crónicas 7:14 ofrece esperanza, pero que ¿si no hay respuesta al llamado a humillarnos y orar? ¿Hay algo que podamos hacer para restaurar  la esperanza y la estabilidad ?

Hay una situación mencionada en la Biblia que ofrece una solución. Nabucodonosor, rey de Babilonia, " y todo su ejército, con todos los reinos de la tierra que estaban bajo su dominio y todos los pueblos, estaban luchando contra Jerusalén " (Jer. 34: 1). Debido al pecado de Israel, el Señor aparentemente se había retirado. Por cerca de cuarenta años, Jeremías suplicó al pueblo de Dios que se arrepintiese, pero ellos no quisieron. Israel era casi apóstata, y las repetidas advertencias de Jeremías estaban a punto de ocurrir.

Sin embargo, escondido en los caminos de Dios había un plan, una estrategia redentora que revertiría la dirección de Israel. Si los Judíos implementaban un "año de la remisión " (Deut. 15: 1-18), Dios les mostraría a ellos la misma misericordia que ellos mostraban el uno al otro. Lo que se pedía era que " cada hombre dejara en libertad a su siervo y cada hombre a su sierva para que nadie…para que nadie mantuviese, a un Judío su hermano, en esclavitud. . . “(Jer. 34: 9).

No sólo estuvieron de acuerdo en este año de remisión, sino que  " todos los jefes y todo el pueblo obedeció. " Luego,  en ferviente fe, " entraron  en el pacto… de modo que nadie los mantuviera más en servidumbre; obedecieron y los pusieron en libertad” (Jer 34:10.).

La Biblia dice que los judíos luego cortaron en dos un becerro y pasaron " entre los pedazos" (Jer 34:18). Este fue el mismo tipo de ritual de pacto que Abraham había siglos antes hecho con el Señor (ver Génesis 15:10, 17-18.). El plan redentor de Dios era el siguiente: Si los hijos de Israel liberaban a sus esclavos, ellos no serían tomados como esclavos. Si ellos mostraban misericordia, Dios se mostraría misericordioso con ellos también. A pesar de que eran, sin lugar a dudas, casi apóstatas, el acto de liberación de las deudas de los demás habría evitado la destrucción de sus ciudades, porque ¡" la misericordia triunfa sobre el juicio " (Santiago 2:13)!

A medida que se liberaban los unos a los otros, ocurrió algo maravilloso. Sobrenaturalmente el Señor llamó " al rey de Babilonia... lejos " (. Jera 34:21). En el mismo momento en el que el pueblo estaba liberando las deudas de los demás, Dios estaba reduciendo la deuda de ellos con Él. ¡Lo que hacían en la tierra en realidad se estaba replicando para ellos en el cielo!

En todos los años desde el establecimiento de la ley, Israel nunca había celebrado un año de liberación. Sin embargo, ahora, incluso con sus enemigos dentro de un rango de ataque, Israel hizo un pacto con Dios para liberar a cada hombre esclavo.

La falta de perdón en la Iglesia
¿De qué manera esta historia se relaciona con nosotros? Hoy también nosotros enfrentamos a enemigos abrumadores. Nuestra sociedad está plagada de corrupción y la iglesia no es mucho mejor que el mundo. Los profetas advierten del juicio, y, a veces, parece como si Dios ha dejado de escuchar nuestras oraciones.

Sin embargo, creo que si podemos perdonar sinceramente a aquellos que son para nosotros deudores espirituales - incluso capaces de comenzar con los de nuestros hogares y familias - si extendemos el perdón a nuestros vecinos y proclamamos libertad a los que dejaron  nuestras iglesias, si los negros podrían perdonar a los blancos y los blancos perdonar a la gente de color, la misericordia de Dios comenzará a caer de nuevo en nuestra tierra.

Permita que el Señor le revele todos aquellos con quienes usted tiene falta de perdón. Permita que los alcaldes anuncien un día de liberación. Permita que la policía blanca y personas de la comunidad negra oren unos por otros, pidiendo perdón por los errores y los abusos. Si mostramos misericordia, Dios mostrará misericordia también.

Recuerde, Jesús enseñó que si estamos en el altar y recordamos a alguien que tiene falta de perdón hacia nosotros, tenemos que dejar nuestra ofrenda y reconciliarnos (Mat. 5: 23-24). La reconciliación es más importante que el ritual, de acuerdo con el Señor. ¡Sí, hagamos pacto con Dios por nuestras comunidades e incluso por nuestra nación!

De hecho, demos un paso más allá: liberemos a aquellos que han votado a favor de los candidatos con los que discrepamos fuertemente. Es hora de deshacernos de toda deuda que sentimos que otros nos tienen con nosotros. Y comencemos de nuevo a reconstruir nuestras vidas en Cristo y reunirnos en el poder de la redención. Llevemos el pacto de perdón de Cristo a nuestras relaciones inter -raciales, y vamos, cada uno, a perdonar a los demás tan completamente como Dios en Cristo nos ha perdonado a nosotros.

El triste final de Jeremías 34
A pesar del gran avance que experimento Israel, su historia termina mal. Porque cuando el enemigo se fue y la presión fue levantada, cada hombre " tomo de nuevo " a sus siervos y siervas y " reduciéndoles a servidumbre " (ver vv. 13-16).

Amado, escúcheme por favor: si los Judíos solamente hubiesen continuado y mantenido su pacto, ¡el libro de Lamentaciones nunca habría sido escrito! La misericordia habría triunfado y permanecido, pero ese no fue el caso.

Sin embargo, para nosotros, los capítulos finales de nuestros tiempos están todavía por ser escritos. Podemos aprender del ejemplo que vemos en Jeremías 34. Si abrazamos  la misericordia, si podemos liberarnos  sinceramente unos a los otros, escaparemos de las terribles expectativas que vienen a encontrar a nuestra pecaminosa sociedad. Nuestras acciones hoy, incluso ahora mismo, determinarán si nuestra sociedad es bendecida o juzgada. Vamos, por lo tanto, a perdonar las deudas de cada hombre y a pactar por misericordia para nuestra tierra.

Padre del Cielo, recordamos las palabras de Jesús, tu Hijo. El dijo de la frecuencia con que Él deseaba reunir al pueblo, pero no lo obtenía. Advirtió que sus casas quedarían desoladas. Oímos esto y disponemos nuestro corazón a perdonar y a mantener el perdón. Pedimos ser reunidos, para perdonar y para ser sanados de la carga de nuestro pasado. Dios tenga misericordia de nosotros, mientras extendemos misericordia a los demás. En el nombre de Jesús. Amén.

Adaptado del libro del pastor Francis, When the Many Are One. Disponible en
www.arrowbookstore.com

Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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