Poseyendo la plenitud de Cristo

(English)
Hemos instruido a la Iglesia en casi todo menos en volverse discípulos de Jesucristo. Hemos llenado a la gente con doctrina en vez de la Deidad; les hemos dados manuales en vez de a Emanuel. No es difícil reconocer a alguien de origen Pentecostal, Bautista, Carismático o de la iglesia tradicional. Casi todas las congregaciones parecen desarrollar un sesgo particular o sistema de tradiciones, algunas de las cuales en última instancia ocultan la sencillez y pureza de la devoción a Cristo. Podemos honrar nuestras tradiciones, pero no debemos ser  limitados por ellas. Para nosotros, nunca serán suficientes. Estamos tratando de ser como Jesús, no como los hombres. Queremos  el reino de Dios, no el típico cristianismo americano.

Por lo tanto, como un hombre de Dios, debo estar atento a someterme, por encima de todas las cosas, al Espíritu y las palabras del Señor Jesús, incesantemente extendiéndome a los santos estándares  del reino de Dios. Considero que cualquier enfoque u objetivo que no sea Cristo mismo en plenitud se convertirá en una fuente de engaño en los días venideros.


Mire lo que hizo Jesús con  gente común. En sólo tres años y medio hombres y mujeres comunes fueron transformados en valientes discípulos, literalmente llenos del Espíritu de Dios. No hicieron mueca de dolor delante del sufrimiento; no se retiraron del sacrificio. Estas personas una vez comunes  fueron equipadas con autoridad espiritual sobre  demonios y ejercitaron poder sobre las enfermedades. Fueron la prueba viviente de que Cristo transforma a las personas.

¡Tres años y medio de un Jesús sin diluir producirán en nosotros lo que hizo en ellos: el reino de Dios!

Los primeros discípulos fueron tan comunes y corrientes y tan humanos como nosotros. La diferencia entre ellos y nosotros es Jesús. Él es la única diferencia.

 Uno puede argumentar que esto ocurrió hace dos mil años. Es cierto, pero “Jesucristo es el mismo ayer,  hoy, y por los siglos" (Heb. 13: 8). Usted puede decir: "¡Pero en realidad ellos escucharon a Jesús hablar, vieron Sus milagros!”. El mismo Espíritu que obró a través de Jesús en el primer siglo se derrama sobre nosotros hoy.
El Espíritu Santo no ha envejecido ni debilitado; Él todavía está siendo derramado hoy. Las palabras que Jesús pronunció en el primer siglo  todavía son "viva y eficaz " hoy (Heb 4:12), hasta el " fin del mundo." (Mateo 28:20). Vea usted, no tenemos excusas.

El Eterno Quien estableció Su reino en los hombres hace dos milenios atrás es completamente capaz de producirlo en nosotros hoy. Todo lo que necesitamos es a Jesus sin diluir ni inhibición. Todo lo que necesitamos son  corazones que no estarán satisfechos  con algo o alguien que no sea Él.

Permítame dejarlo bien claro: Dios no está levantando "ministerios”; Él está levantando siervos. Una vez que  reconozcamos  que el objetivo no es el ministerio sino una esclavitud alegre, empezaremos a ver el poder de Cristo restaurado a la Iglesia.

Así, el modelo para el liderazgo en los próximos años es simple: los líderes deben ser personas cuya ardiente pasión sea la conformidad a  Jesucristo. Por lo tanto, ore por sus líderes; ore con gracia.

¿No es esta la más elevada pasión de su corazón,  poseer la semejanza a Cristo? Desde el punto de vista del cielo, el problema con nuestras congregaciones no es simplemente  un procedimiento sobre otro; la preocupación es, ¿seremos personas que buscan a Cristo con denuedo?

No discuta sobre el gobierno de la Iglesia
Dios puede usar prácticamente cualquier estructura de iglesia si la gente en esa congregación está genuinamente buscándole. El día antes del Pentecostés, el Señor tenía una pequeña iglesia de ciento veinte personas en el aposento alto, pero que había estado seriamente buscando a Dios. En Antioquía había profetas y maestros que  juntos en un mismo corazón buscaban a Dios (Hechos 13: 1). A través de los últimos dos mil años, el Señor tuvo personas apasionadas por la búsqueda de Dios, y Dios usó a hombres y mujeres comunes para traer avivamiento y despertar.

La forma exterior no es el problema con el Todopoderoso; el verdadero asunto es la postura del corazón humano ante Él. ¿Queremos cristianismo o la semejanza a Cristo? ¿Estamos apasionados por poseer la plenitud de Cristo?


Adaptado del libro When the Many Are One por el Pastor Frangipane.

Traducción y edición: Gabriela Rabellino.


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