La obsesión divina


(English)
Hay tres categorías básicas de cristianos. El grupo más numeroso está formado por personas que, a pesar de que tratan de evitar la oscuridad en el mundo, no tienen esperanza de que el mundo pueda ser redimido.
Asumiendo que el regreso de Cristo es inminente, se apartan hacia lo que parece un refugio de apatía con respecto al mundo no cristiano que les rodea. Sin embargo, la mayoría no son en verdad apáticos. Sus almas, como la de Lot, son atormentadas por la conducta de hombres sin principios (2 Pedro 2: 7-8). Su compasión, sin embargo, aunque limitadamente está encendida. Limitado. Rara vez se extienden más allá de las necesidades de su familia inmediata y amigos más cercanos. Ellos aman al Señor, pero no saben cómo o qué hacer para cambiar la sociedad o incluso positivamente impactar sus vecindarios.

El segundo grupo de cristianos se compone de los que prefieren vehementemente denunciar las tinieblas que adaptarse a ella. Aunque mucho menor en número que los primeros, no son  de ninguna manera apáticos; de hecho, aparecen como lo exactamente opuesto. Se enfurecen  por la depravación de los impíos y protestan por la audacia de los malos. Golpean el púlpito y el pavimento;  tanto vocal como visiblemente. Sin embargo, su capacidad de transformar su cultura es, en su mayor parte, neutralizada por  su negatividad y  rabia. Son despedidos como extremistas enjuiciadores. La mayoría de los pecadores simplemente no pueden soportar la dureza de su enfoque.


Ambos grupos sinceramente desean  ver nuestra cultura transformada. Sin embargo, les aqueja el mismo problema: se sienten atribulados de que el mundo no es cristiano sin preocuparse de que  sus propios corazones no lo son. No perciben la prioridad del corazón de Dios, que es la transformación de la iglesia a la imagen de Cristo (Rom. 8: 28-29).

Se necesita de aquellos que cambien el mundo
Es esta misma pasión de  ser conformados a Cristo que separa al tercer grupo de los otros. Aunque pequeño en número, sus miembros son los más eficaces. A lo largo de la historia, estos han sido los que han cambiado al mundo. Estas son las personas que han entendido la prioridad de Dios. Ellos saben que la mayor pasión del Padre es contemplar a su Hijo revelado en el alma de un creyente. Por mucho que sean movidos a compasión por los perdidos, su misión primaria  no es tocar los corazones de sus vecinos, sino, ante todo, tocar el corazón de Dios. Ellos saben que si despiertan el beneplácito del Padre, el poder de Su Espíritu acompañara sus esfuerzos.

Me asombra el considerar que si abrazo el proceso de transformación personal - si Cristo se manifiesta a través de mí - voy a despertar el beneplácito de Dios Todopoderoso. Aquí, en mi transformación, está el poder para tocar ciudades y redimir culturas, porque se requiere de gente transformada para transformar naciones.

Adaptado del libro de Francis Frangipane, The Power of One Christlike Life.

Traducción y edición: Gabriela Rabellino

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